Crisis de Coronavirus

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Henry David Thoreau escribió una breve obra titulada “El deber de la desobediencia civil”, que empieza con estas palabras: “De todo corazón acepto el lema de que ‘el mejor gobierno es el que gobierna lo menos posible’, y me gustaría ver que esto se lograra pronto y sistemáticamente”.

Extrañas suenan estas palabras en este tiempo. La época se caracteriza por gobiernos que intentan abarcar todos los campos de la vida civil y controlar lo más posible a sus ciudadanos. Argumentos no le faltan. Aducen la defensa de la democracia, la libre determinación frente a amenazas externas, la estabilidad económica, la justa distribución de los ingresos, el control social en tiempos de crisis (inmigración, pandemias, catástrofes naturales).

El estado tiene, sin duda, la obligación de garantizar la observancia de un orden de cosas que sea justo para todos, que haya paz e igualdad. Pero tiene que abstenerse de extender su acción más allá de estos objetivos. Debe evitar la tentación es ejercer un poder absoluto. Si no lo hace, tarde o temprano le gente entenderá la desobediencia civil como un deber.

Un caso de desobediencia civil en la Biblia

Y no oyó el rey al pueblo; porque era designio de Jehová para confirmar la palabra que Jehová había hablado por medio de Ahías silonita a Jeroboam hijo de Nabat.Cuando todo el pueblo vio que el rey no los había oído, le respondió estas palabras, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. !!Israel, a tus tiendas! ¡Provee ahora en tu casa, David! Entonces Israel se fue a sus tiendas.

1 Samuel 12:15-16 (RVR 1960)

Algo que no suelen contarnos los estudiosos de la Biblia es que la gloria de Salomón significó un duro yugo sobre la cerviz de Israel. La construcción de sus suntuosos palacios, el templo y su espléndida vida exigió el trabajo forzado de muchos de sus súbditos, aparte de pesados impuestos.

Cuando el pueblo solicitó a su sucesor Roboam que les aliviara el peso de este yugo, el muchacho, en vez de atender a esta demanda, respondió con soberbia. El caso fue que el pueblo entendió y ejerció la desobediencia civil como un deber.

No se agolparon en la plaza ni se se pelearon con la policía; no salieron a romper vidrieras ni a incendiar tiendas. Nada más desobedecieron y se apartaron. La historia siguiente cuenta los resultados de la estupidez de un gobernante que no respondió a las exigencias de su cargo.

Por qué la desobediencia civil es un deber

En una época obsesionada con los derechos, muchos de los cuales se exigen a expensas de los derechos de los demás, el deber es un ejercicio escaso. El deber tiene cierta característica poco reconocida: se concentra en lo que hace bien a los demás antes que en uno mismo.

Thoreau define la desobediencia civil como un deber porque implica el riesgo de la represalia del poder. Nadie obsesionado con los derechos parece muy dispuesto a pagar precios. Es oportuno recordar los casos de Gandhi, Mandela y Luther King. La desobediencia civil se enfoca en la necesidad de respetar y cautelar el bien de los que más sufren la tiranía y la opresión.

La desobediencia civil puede tener un alto costo. Solamente quienes la entienden como un deber y no como un derecho tendrán el honor de ser recordados como héroes y no como víctimas.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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