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Andrés,

En todos los últimos años me hecho el propósito de año nuevo de mejorar mis finanzas, pero nada ha cambiado. ¿Cuál es el ingrediente secreto para que el 2016 sea el año donde mis finanzas cambien?

Javier,

Brownsville, TX

 

Hola Javier,

Te cuento que crecí en un hogar donde tenemos la tradición de comer doce uvas cuando el reloj marca las doce en la víspera de año nuevo.  Cada una de esas uvas representa un propósito por cada mes del año. En el pasado, me comía las doce uvas rapidito, entre un abrazo y otro, pero sin haber pensado detalladamente en los propósitos. Más que todo, era solo una de esas tradiciones que hacen divertido el inicio del año.   Era tan alegre ver a nuestra familia llenarse la boca de uvas o andar con maletas vacías, entrando y saliendo, por toda la casa.  Me viene una gran sonrisa al rostro cuando recuerdo eso. Aunque me pone a pensar que eso era lo único que se nos ocurría hacer para impactar lo que nos esperaba en el nuevo año.

Los propósitos son como los sueños, vienen por segundos o minutos y, a veces, hasta por un par de días, pero se esfuman. A medida que aprendía sobre el crecimiento personal, me di cuenta que para que la vida cambie hay que convertir nuestros propósitos en metas. Básicamente, hay que ponerles ropa de trabajo a esos sueños para que se hagan realidad. ¿Qué significa eso?

Primero que todo, los propósitos o metas tienen que ser tuyos, y no lo que tu cónyuge quiere para ti. Si tu esposa quiere que pierdas 20 libras, pero tú no estás convencido, no lo harás, aunque te paguen. El plan tiene que ser específico y medible. El error que muchos cometen es decir, por ejemplo: “quiero empezar a leer”. Un plan sería: “quiero acumular $1,000 dólares para mi fondo de emergencia en los próximos 30 días, y después, salir de mis deudas en los próximos 10 meses. Como ves, además, tienen que tener un límite de tiempo; de otra manera, no sucederá. Ayúdate poniendo recordatorios en la agenda de tu teléfono.

Por último, tienen que estar por escrito. Algo mágico sucede cuando te sientas y escribes tu plan. Si eres casado, no lo hagas por tu cuenta. Causa mucha separación que uno, que normalmente es el más organizado, tenga sus planes y esté bien, y que el otro le deba a todo mundo. En un matrimonio, las finanzas se deben llevar en conjunto. Siéntense y conversen acerca de lo lindo que sería administrar sus finanzas como matrimonio. Si en esa plática encuentran esa unidad, saquen un papel y empiecen a trazar metas, de mutuo acuerdo.

No hay nada que inventar ni probar porque el plan financiero ya existe.  Además, miles de familias han comprobado que funciona para aquellos que se comprometen a ponerlo en práctica. Hagan que el 2016 sea el año en el que se libran del fango financiero y avanzan rumbo a la paz financiera.

Andrés

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