Como seres humanos hemos experimentado enamorarnos. Muchas veces las personas que podemos creer en el amor a primera vista, terminamos decepcionados cuando de la misma manera, rápida, fácil, nos rompen el corazón.

Entramos en el duelo, nos sentimos terribles, no entendemos por qué, algo que parecía tan mágico, de pronto dejó de funcionar.

Nos cuestionamos. ¿Será que fui demasiado expresiva(o)? ¿Qué pasó? Miles de preguntas nos vienen a la mente y luego nos podemos encerrar y proteger de una futura relación por temor al dolor. Es como que nos metemos en una jaula para protegernos.

Somos muy complicados los seres humanos. Y si, a la mayoría de los hombres, les gusta la “conquista”, a todos los seres humanos, (pareciera que somos un poco masoquistas) nos gusta lo que se nos hace más difícil de lograr. Porque es un reto, porque lograrlo entonces nos da más satisfacción. ¿Será eso lo que sucede cuando una relación comienza muy rápido porque hay química y luego se apaga igual de rápido? Puede ser… Eso es un punto importante. Nos dejamos llevar por “sensaciones”, por la “química” y eso no es constante, eso no es amor, eso no hace una relación.

Por eso siempre recomiendo ser precavidos, ser amigos primero, conocerse bien, compartir tiempo juntos, con otras personas, salir a diferentes actividades acompañados…fijarse el uno en el otro, en su comportamiento y no dejarse llevar por esa “química” que solo nos mete en problemas.

Incluso las parejas de casados, pueden en algún momento sentir una atracción, una “química” hacia otra persona que no es su pareja, pero ahí está la madurez y el discernimiento que nos da Dios para analizar y huir de una simple atracción. Cuando las personas se dejan llevar por esa sensación, es cuando ocurre la infidelidad. Y al igual que cualquier otra relación que comienza con ese tipo de atracción, se termina rápido.

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Tenemos que diferenciar la atracción del enamoramiento verdadero. Cuando uno se va conociendo y va admirando y respetándose mutuamente, se va enamorando también más profundamente y la relación es más duradera.

Es importante entender la diferencia entre atracción, química, sensación, enamoramiento y amor. La atracción es muy fácil de darse, pero tomemos las riendas de esas sensaciones y no nos dejemos llevar por ellas. Propongámonos conocer bien a las personas, ver cuáles son sus intenciones, sus planes de vida, cómo son realmente como seres humanos, cuán espirituales son, cuán comprometidos con nuestra religión. Salgamos primero en grupos para evitar tentaciones y conozcámonos bien. Así nos ahorraremos el dolor, que sí, trae el enamoramiento.Y nunca olvidemos no buscar la perfección, porque no somos perfectos y nadie lo es. Debemos enamorarnos de la persona tal cual es, no con la idea de que algo no nos gusta y pensemos que luego los podremos cambiar… no. Si tienen algo con lo que no podemos vivir, démonos cuenta y no sigamos con la relación, pero nunca debemos ir con la idea de cambiar a alguien.

Y también es cierto que luego podremos decir, que lo vivimos, que nos enamoramos como locos,  pero nos va a doler y nos va a dejar heridas que luego vamos a tender a proteger muchas veces excesivamente de otra persona que tal vez se acerque con mejores intenciones.

Pero protegerse es bueno. Debemos cuidar nuestro corazón, cuidar nuestro espíritu y mucho más nuestro cuerpo, que es el templo del Espíritu de Dios y lo debemos cuidar para que ese maravilloso Espíritu nunca nos deje. Démosle las riendas a Dios, pensemos bien antes de actuar, consultemos con Él antes de dejarnos llevar por sensaciones que aunque maravillosas, nos pueden traer consecuencias dolorosas.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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