Hay verdades que son difíciles de decir. Algunas personas no tienen delicadeza para decir ciertos asuntos; y en nombre de la sinceridad, hieren y ofenden sin sentir la mínima culpa. Existen maneras sabias de decir la verdad, pero en ocasiones, se destruye a los demás en el afán de ser honestos. Estas son dos de las maneras más comunes:

1. La verdad cruda:

Es aquella verdad que se dice sin tapujos ni censura. Es falso creer que esta es la mejor manera de ser honestos, y algunos justifican esta acción al decir que después de todo están diciendo la verdad. No obstante, esta dura forma de actuar no solo hiere a la otra persona, sino que también puede dañar nuestras relaciones interpersonales.

Por más que un hecho sea evidente, y nos veamos en la obligación de decir las cosas tal y como son; siempre debemos evaluar el impacto que tendrá en la otra persona. No todos reaccionamos igual; por lo tanto, debemos ser cautelosos y ponernos en el lugar de los demás.

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2. La verdad a medias:

Es común querer esconder cierta información y decir solo lo que nos conviene. Pero escoger fragmentos de la verdad hace que el problema se agrande en vez de solucionarse. La verdad dicha de manera incompleta, no es verdad.

Es cierto que hay momentos en los que es mejor guardar cierta información que puede herir a los demás, pero tampoco podemos ocultar la verdad por siempre. Lucas 8:17 dice “No hay nada escondido que no llegue a descubrirse, ni nada oculto que no llegue a conocerse públicamente.” Por lo tanto, debemos elegir el tiempo y momento adecuados para decir la verdad completa, sin retener datos que luego podrían ser malinterpretados.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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