Al vivir situaciones negativas podemos llegar a tener actitudes pesimistas con respecto a la vida. Hasta cierto punto, esto puede ayudarnos a tomar medidas de precaución, pero cuando se convierte en un hábito afecta nuestra salud y hasta nuestra esperanza de vida.

Diversos estudios científicos han demostrado que existe una estrecha relación entre la actitud de una persona y su salud. Por una parte puede prevenir enfermedades, y por otra, ayuda en el proceso de recuperación. Por ejemplo, investigadores de la Universidad de Illinois1 descubrieron que las personas optimistas tenían entre 50 y 76 por ciento más probabilidades de obtener buenos puntajes en los exámenes médicos y además tuvieron el doble de probabilidades de obtener una puntuación en el rango ideal de salud cardíaca.

Asimismo, ser optimista también alarga la esperanza de vida. Un estudio publicado en Journal of Personality and Social Psychology2 encontró que las personas que tienen una autopercepción más positiva con respecto al envejecimiento viven 7.5 años más que aquellos que son pesimistas. «Los hallazgos sugieren que las autopercepciones de los grupos estigmatizados pueden influir en la longevidad», sostienen los investigadores.

Es importante notar que las personas optimistas no están libres de los problemas, sino que saben afrontar las situaciones con un pensamiento positivo. Su forma de ver la vida los lleva a manejar mejor el estrés y a practicar hábitos saludables. Todo esto ayuda a que su salud sea mejor y vivan por más años.

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El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

1Hernandez, R., Kershaw, K., Siddique, J., Boehm, J., Kubzansky, L., & Diez-Roux, A. et al. (2015). Optimism and Cardiovascular Health: Multi-Ethnic Study of Atherosclerosis (MESA). Health Behavior And Policy Review, 2(1), 62-73. doi: 10.14485/hbpr.2.1.6
2Levy, B., Slade, M., Kunkel, S., & Kasl, S. (2002). Longevity increased by positive self-perceptions of aging. Journal Of Personality And Social Psychology, 83(2), 261-270. doi: 10.1037/0022-3514.83.2.261

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