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Edades 1

Edades

Entre los veinte y los sesenta y cinco años me di cuenta que cuarenta y cinco no son nada y son todo.

Transité la distancia que hay de tarde en tarde a de nunca en nunca. Es posible que valga más nunca que tarde. Con el tiempo la vida – y últimamente los medicamentos – ya me caben en una valija y la mochila.

Los libros que no voy a escribir los voy a donar a la biblioteca de Nunca Jamás. Los que he comprado los voy dejando en mis residencias de paso. Los que escribí devienen modestas muestras de museo.

Ya regalé todos mis antiguos trajes y corbatas. Tiré sin más trámite algunos aparatos inútiles. Voy adquiriendo la manía de reducir cada vez más las cosas de mi propiedad.

De todas las edades posibles quizá termine prefiriendo la que no he vivido aún: Tarifa reducida, elevadores exclusivos y servicios especiales en el Metro. Atención gratuita en los centros de salud del Estado. Cajas preferenciales en bancos, supermercados y centros de pago. Para algo que sirva la vejez.

La vida, ese monumento a la fragilidad. La loca pasión de la esperanza. La insanable inutilidad de los rencores. La persistencia de los incompetentes altamente entusiastas. La consuetudinaria presencia de la soledad y el placer de su compañía.

Los inevitables y trágicos residuos del sistema. La pesadilla de la ciudad que nunca duerme. Los desamparos y la intemperie. El sublime desparpajo con el que los hechos desmienten el discurso. Un pesimista es un optimista con experiencia, escuché el otro día en una película.

El alivio de viajar sin mucho equipaje. El gusto adquirido. Los lugares comunes, esos salvavidas contra la importunidad. Los riesgos calculados y los otros. Las cosechas tardías. Las cosas juzgadas. El amparo, a veces. Los números en azul, también a veces.

La tentadora atracción del no hacer nada. La grata condición de pasajero en tránsito. La dulzura de las pocas amistades que uno logró conservar o adquirir. Mis listas de reproducción, esa serie de notas al pie de Samba pa ti. Mi lapicera y mi cuaderno, nunca superados por aparato alguno.

Debéis disculpar: somos muchachas del campo […] fuera de funciones religiosas, triduos, novenas, trabajos del campo, trillas, vendimias, fustigaciones de siervos, incestos, incendios, ahorcamientos, invasiones de ejércitos, saqueos, violaciones, pestilencias, no hemos visto nada.” (Italo Calvino, El caballero inexistente).

Versículos acerca de la vejez 2

Versículos acerca de la vejez

Todo ser humano envejece. No hay nadie que pueda librarse de la vejez (a menos que fallezca antes); sin embargo, la mayoría no piensa en qué ocurrirá cuando lleguen a esa etapa. La Biblia nos ofrece algunos pensamientos interesantes con respecto a este tema y nos anima a confiar en Dios y en las ventajas de llegar a una edad avanzada. Estos son algunos versículos bíblicos sobre la vejez.

≪Te pondrás de pie en presencia de un anciano y lo tratarás con respeto; de esta manera honrarás a tu Dios. Yo soy el Señor.≫

Levítico 19:32 (BLPH)

≪Entre los ancianos se halla la sabiduría; en los muchos años, el entendimiento.≫

Job 12:12 (NVI)

≪No me desampares, Dios mío, aunque llegue a estar viejo y canoso, hasta que haya anunciado tu gran poder a las generaciones que habrán de venir.≫

Salmos 71:18 (RVC)

≪Si las fuerzas nos ayudan, podemos vivir setenta años, y aun llegar a los ochenta; pero no tiene sentido que vivamos tanto tiempo: esa vida de angustias y problemas pasa pronto, lo mismo que nosotros.≫

Salmos 90:10 (TLA)

≪Enséñanos a entender la brevedad de la vida, para que crezcamos en sabiduría.≫

Salmos 90:12 (NTV)

≪El orgullo de los padres son los hijos; la alegría de los abuelos son los nietos.≫

Proverbios 17:6 (TLA)

≪La gloria de los jóvenes es su fuerza; las canas de la experiencia son el esplendor de los ancianos.≫

Proverbios 20:29 (NTV)

≪Aun en la vejez, cuando ya peinen canas, yo seré el mismo, yo los sostendré. Yo los hice, y cuidaré de ustedes; los sostendré y los libraré.≫

Isaías 46:4 (NVI)

≪Cuando esto haya pasado, les daré a todos mi espíritu: hombres y mujeres hablarán de parte mía; a los ancianos les hablaré en sueños y a los jóvenes, en visiones.≫

Joel 2:28 (TLA)

≪Nosotros, en cambio, somos ciudadanos del cielo, y esperamos que de allí vuelva nuestro Salvador, el Señor Jesucristo. Nuestros débiles cuerpos serán destruidos, pero él los transformará en cuerpos gloriosos como el suyo. Esto lo hará con el mismo poder con que controla todo el universo.≫

Filipenses 3:20-21 (TLA)

≪Cuando corrijas a un anciano, no lo regañes; al contrario, aconséjalo como si fuera tu propio padre. Trata a las ancianas como a tu propia madre, a los jóvenes como a tus hermanos, y a las jóvenes como a tus hermanas, es decir, con todo respeto.≫

1 Timoteo 5:1-2 (TLA)

≪A los ancianos, enséñales que sean moderados, respetables, sensatos, e íntegros en la fe, en el amor y en la constancia. A las ancianas, enséñales que sean reverentes en su conducta, y no calumniadoras ni adictas al mucho vino. Deben enseñar lo bueno y aconsejar a las jóvenes a amar a sus esposos y a sus hijos, a ser sensatas y puras, cuidadosas del hogar, bondadosas y sumisas a sus esposos, para que no se hable mal de la palabra de Dios.≫

Tito 2:2-5 (NVI)


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Arte de vivir 3

Arte de vivir

Llamamos pensamiento al esfuerzo que hace el hombre para adivinar o prever, combinando símbolos e imágenes, los efectos que producirán sus actos entre las cosas reales.

(El arte de pensar, en el libro “Un arte de vivir” de André Maurois)

Una vez vino un señor a mi casa a ver unos libros que yo quería vender. Eran mis días de locura y de pobreza y pensaba liquidar una parte de la biblioteca que me había legado el tío Carlos. El comprador era un personaje avanzado en años, de mirada serena y movimientos pausados. Después de un rato eligió un solo libro. Quise regalárselo pero no me lo permitió. En un momento dijo algo que nunca olvidaré: “Basta mirar algunos títulos para saber de qué persona se trataba su tío Carlos.” Hasta hoy pienso que debí preguntarle a qué se refería pero era demasiado joven e impaciente. Hoy daría no se qué con tal de saberlo, pero aquel señor hace mucho tiempo que no debe estar entre nosotros.

Uno de los autores favoritos del tío era André Maurois. Por lo cual, a los diez o doce años yo ya había leído Ariel o la vida de Shelley, Los silencios del coronel Bramble, Balzac, Disraeli y Climas.

Hoy, vencido por el deseo de la relectura, conseguí uno de los libros que más recuerdo y atesoro: Un arte de vivir, en el cual elabora algunas páginas sobre el pensamiento, el amor, el trabajo, el mando y la vejez.

Y me quedo al iniciar este viaje de regreso al viejo André con la frase consignada al principio de estas líneas: adivinar o prever los efectos de nuestros actos entre las cosas reales. ¿Se puede hallar una manera más preciosa de definir el arte de pensar? Siempre reducimos el pensamiento a una actividad racional. Pero Maurois vincula el ejercicio de la mente con la vida, con las “cosas reales”. A veces nos cansa la abstracción de los pensadores; nos devanamos los sesos tratando de entender qué rayos es lo que quieren decir y cómo eso se relaciona con la existencia cotidiana. Seguramente los entendidos lo captarán. Pero no nosotros.

En cambio, el señor André habla con una claridad, una pureza, una como ingenuidad que nos abraza y nos conmueve. Anoche le decía a algunos amigos que lo que me cautiva de él es que habiendo escrito este libro hace más de sesenta años, su mirada nos sumerge en el presente con una lucidez que orienta y tranquiliza.

Análisis (sub)estructural 4

Análisis (sub)estructural

Las penas son de nosotros; las vaquitas son ajenas

(El arriero va, Atahualpa Yupanqui)

De adentro vienen las pulsiones fundamentales, los pensamientos heredados, las reflexiones originales.

Las pasiones martirizaban gloriosamente la piel. La encendían de latidos, sudores, prisas. No había tiempo para requiebros y dilaciones: todo era ahora, ya. Eran una candorosa y maravillada tropelía.

Los colores se fueron yendo, haciéndose más difusos y algunas manchas fueron anunciando su muda pero visible crónica del tiempo.

Hay tantas maneras de documentar la vejez…

La herencia de los pensamientos. La pesada herencia – nada que ver con esas otras que fogonean el ardor de las querellas. La batalla de la mente con los hallazgos de las lecturas, mis clases de teología apofática, las antiguas grietas de la mente ilustrada, la mirada crítica a los clásicos y los diálogos imaginarios con los epónimos que reinaron en mi cabeza y en mi agenda personal por tantos años.

Las reflexiones originales son un bien escaso, no por falta de imaginación sino por una excesiva exposición a los libros, revistas, periódicos y películas no comerciales. Siempre tiene uno la impresión que aquella idea que nos sorprende desde un algún remoto punto interior de la conciencia no es otra cosa que un déjà vu, una redefinición, una recreación, la crónica de un encuentro anterior.

Ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos (Heráclito)

Pobre Heráclito. Hoy habría sido condenado por el establishment dictatorial de la ideología de género; tendría que haber dicho seres humanes o gente. A propósito, me hace gracia que la palabra género sea de género… masculino. No debe estar lejos la propuesta de cambiarla a génere :)

Estas palabras de Heráclito hallan un correlato en un fragmento de Neruda:

Tal vez llegará un día en que un hombre y una mujer, iguales a nosotros, tocarán este amor, y aún tendrá fuerza para quemar las manos que lo toquen. Quiénes fuimos? Qué importa?

En todo, nosotros los de antes ya no somos los mismos. Conservamos la misma piel, el mismo esqueleto, la misma complexión – envejecida. Pero adentro, como el barco de Teseo, somos otros a fuerza de tantas claudicaciones, tantas tomas de conciencia, tantos arrepentimientos, tantas penas, tantas broncas, tan pocas alegrías…

3 mitos acerca de envejecer 5

3 mitos acerca de envejecer

Todos vamos a envejecer, es nuestra naturaleza y desde que nacemos vamos envejeciendo. Pero hay muchos mitos acerca de este suceso inevitable para todos.

1. Cuando envejeces te vuelves senil

No es así de simple y no hay por qué condenar a todos los que nos vamos haciendo “maduros” con esa afirmación.

Cuando se envejece se van olvidando algunas cosas, pero yo soy así desde chica. Dicen que es porque tengo demasiadas cosas en mente.

Hay estudios que dicen que puede ocurrir más fuerte en los años maduros debido a deficiencias vitamínicas. Por eso es necesario mantener una dieta balanceada para que no haya deficiencias.

2. Las cremas y productos hidratantes rejuvenecen la piel

No existe nada que realmente vuelva las células más jóvenes. Los productos de uso tópico inciden en el índice de rotación celular de la epidermis e influye en que las capas superiores se vean más frescas al hidratarlas y es eso lo que hace que la piel parezca más joven.

La piel no rejuvenece por usar cremas, pero cuidándonos del sol, manteniéndonos hidratados, manteniendo la piel hidratada y alimentándonos con una dieta balanceada va a lucir más sana.

3. A medida que se envejece es más difícil adelgazar

Esa afirmación es falsa.  Muchas personas de la tercera edad pueden estar sintiendo que es difícil bajar de peso por medicamentos que les prescriben y pueden tener ese efecto secundario.

Lo que si puede influir en que les cueste bajar de peso es que dejan de ejercitarse o quieren seguir comiendo como adolescentes. Ahí si viene el problema. Piensan que el ejercicio les puede lesionar. Hay pocas cosas tan saludables como el ejercicio y una dieta balanceada en esta edad. Se puede hacer natación, caminar, ir al gimnasio y usar las máquinas con poco peso. Muchas veces las personas mayores rebajan justamente porque van perdiendo masa muscular. Evidentemente no se va a hacer un entrenamiento para triatlones ni van a practicar Zumba o Cross Fit. Ejercicio moderado, pero que haga circular la sangre y los mantenga ágiles, flexibles y activos.

Cuando nos mantenemos en un peso saludable, nos ejercitamos, socializamos, difícilmente envejeceremos con problemas. Los años pasan y evidentemente nuestro cuerpo cambia, pero si nos cuidamos tendremos mejor calidad de vida cuando lleguen los muchos años.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

6 consejos para envejecer con estilo 6

6 consejos para envejecer con estilo

Es un hecho certero que, si no morimos antes, todos llegaremos a la vejez. Queramos o no, esta etapa de la vida es lo más natural del mundo y nos ocurrirá a todos sin excepción; sin embargo, pocas veces pensamos en ella, especialmente cuando somos jóvenes. En ocasiones notamos que los años pasan con rapidez, pero no siempre caemos en cuenta que esto significa que estamos envejeciendo. Este hecho no es algo para entristecerse, en realidad, son buenas noticias porque quiere decir que tenemos tiempo para planear con anticipación nuestra senectud. Algunas prácticas sencillas pueden salvarnos la vida en el futuro y hacer que sean años de gran alegría.

Arregla todos tus asuntos pendientes y no los dejes para después

Una de las aflicciones más grandes de las personas mayores es tener asuntos inconclusos. Puede ser una rencilla o discusión que tuvieron con alguien hace años, una ofensa que no perdonaron, una deuda que no pagaron, un hijo a quien no abrazaron, etc. Estas cosas, por más simples que parezcan, tienen mucha relevancia en la vejez. El dolor que produce no haber arreglado una situación incluso puede convertirse en una enfermedad. Para evitar esta situación, desde ya debemos procurar tener todos nuestros problemas solucionados y no tener asuntos pendientes con nadie. Esto no solo para tener paz cuando seamos ancianos, sino también para evitar llevar cargas que después pueden hacerse más pesadas.

Preocúpate por tu salud

El metabolismo de un joven y la aparente inmunidad a las enfermedades no dura para siempre. Cuando somos jóvenes podemos comer lo que se nos ocurra, sin tener que preocuparnos por las consecuencias; no obstante, esto solo es una ilusión pues los efectos de nuestros descuidos se pagan en la vejez. Una alimentación saludable y adecuada es la clave para vivir tranquilamente en el presente y prevenir enfermedades y dolor en el futuro.

Ejercítate… pero con cuidado

Se habla mucho de los beneficios del ejercicio, los cuales son ciertos, pero a veces confiamos demasiado en nuestras fuerzas y nos excedemos. Cualquier tipo de actividad mal realizada puede ser contraproducente si no se hace con cuidado. Por ejemplo, levantar pesas puede ser perjudicial para la columna vertebral y el cuello. Si existe una desviación de la forma original de esos huesos, se pueden originar muchas otras enfermedades. Para hacer ejercicios de manera adecuada y sin poner en riesgo la salud, lo ideal es consultar con un profesional y seguir su consejo.

Practica tu pasatiempo preferido

Los pasatiempos constructivos, como practicar un deporte, tocar un instrumento musical, leer, hacer manualidades, etc., ayudan a mantener la mente activa en cualquier etapa de la vida. En la vejez es especialmente productivo porque ayuda a la memoria y a mantener al cuerpo ágil. Es por ello que, incluso cuando los ancianos están muy enfermos, su memoria y capacidad de hacer aquello que siempre han hecho no se desvanece. Además, la constancia en algo le enseña a nuestro organismo a luchar hasta el final para conseguir una meta.

Rodéate de personas de buena influencia

Está comprobado que la soledad es dañina para la salud (para más información, leer el artículo ¡La soledad agrava las enfermedades!), pero rodearnos de gente de mala influencia puede ser aun peor. El comportamiento, las costumbres, e incluso sueños pueden resultar contagiosos cuando se pasa mucho tiempo con otras personas. Si estas son de provecho para nuestra vida, podemos mejorar, y si no, podemos ir de mal en peor. Tener buenos amigos y ejemplos a seguir no solo sirve en la juventud, sino también en la vejez.

Entrégale tu vida a Dios

No hay nada mejor que se puede hacer que entregarle nuestra vida a Dios hoy. Él no es para ancianos ni gente que no tiene nada que hacer. Todo lo contrario, obedecer los mandamientos de Dios durante la juventud es asegurar una senectud tranquila y placentera. Además, es estar seguros de tener una vida eterna cuando llegue la muerte.

“No dejes que la emoción de la juventud te lleve a olvidarte de tu Creador. Hónralo mientras seas joven, antes de que te pongas viejo y digas: «La vida ya no es agradable». Sí, acuérdate de tu Creador ahora que eres joven, antes de que se rompa el cordón de plata de la vida y se quiebre la vasija de oro. No esperes hasta que la jarra de agua se haga pedazos contra la fuente y la polea se rompa en el pozo. Pues ese día el polvo volverá a la tierra, y el espíritu regresará a Dios, que fue quien lo dio.”
Eclesiastés 12:1, 6-7 (NTV)

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Precariedades 7

Precariedades

Me han otorgado hace unos meses una residencia definitiva que vence cuando cumpla ochenta años. Como ven, realmente una residencia definitiva. Me explica solemnemente el funcionario que puedo estar fuera del país hasta dos años sin perderla. Me pregunto dónde pasaría dos años seguidos sin regresar y no encuentro dónde.

Antes de eso tuve una residencia temporal que controlaba mis salidas a fin de no sumar más de seis meses afuera. Y la primera que tuve se llamaba “residencia precaria” y me encantaba decir precaria porque si hay algo precario en la vida… es la vida. Una especie de residencia condicional.

Ayer me dieron el mensaje de un amigo que desea urgentemente hablar conmigo. Sufre un cáncer terminal y quiere verme… luego. 

Hay una línea en una película “Robin Hood, el Príncipe de los Ladrones” (Kevin Costner, María Elizabeth Mastrantonio y Alan Rickman) en la que éste último dice, acariciando la cabeza de un niño: So young, so alive, so unaware of how precarious life can be… (Tan joven, tan vivo, tan inconsciente de cuán precaria la vida puede ser…).

Hay que ser muy irresponsable como para ignorar este hecho si uno tiene más de sesenta años. Me incomoda bastante la gente que quiere hacerme mirar la vida con optimismo, con espíritu joven, con entusiasmo. Está bien eso hasta los cuarenta quizá. Después de eso, se pueden ahorrar sus buenos deseos. Tal vez a veces pueda pasar un buen rato, disfrutar de un paisaje, una comida, una tertulia; pero de ahí a ensayar años dorados como si el horizonte fuera invisible, no.

Alguien me advierte que mis artículos sobre la vejez y la muerte están demasiado sombríos. Debe tratarse de una persona joven o muy unaware of how precarious life can be. Le hago ver la cantidad impresionante de artículos, mensajes, videos y canciones que celebran la vida abundante. Tanta alegría bien vale un artículo sombrío. Algo de perspectiva será necesaria, se me ocurre.

Miro la fotografía de mi amigo y me estremezco. Lo recuerdo tan vital, tan emprendedor, tan entusiasta con la casa que había construido en el campo. No es ni lejanamente la persona de la fotografía.

Pero es…

Meditaciones crepusculares 8

Meditaciones crepusculares

Las tres eras que parecían tan definidas a veces se mezclan un poco. El tiempo juega con la memoria, despinta el rastro de las últimas alegrías y estaciona un dolor recurrente en las rodillas. No era todo tan claro a fin de cuentas. Las conclusiones se debilitan con los golpes de la duda. Los recientes optimismos se disuelven en el mar de la evidencia. Para algunas cosas definitivamente es tarde.

Ciertos entusiasmos del cuerpo ya no encuentran eco y la mirada muere en el techo. Las manos hallan alguna ocupación en el libro y a veces, más tristemente, en los botones del control remoto. La mente rememora antiguas exploraciones y encuentra de tanto en tanto algunos rincones hasta ahora ignorados; pero son vetas pequeñitas, los últimos vestigios de la gran minería del pasado. Se halla refresco en algunos párrafos leídos pasada la medianoche y terminan siendo un suave inductor del sueño.

En estos últimos años las grandes broncas ya no tienen que ver con los importantes acontecimientos del pasado sino con la cola del Cobro Express y el escape libre de las motos, impune destructor  de la última paz que nos quedaba, herramienta homicida de una fauna que abandona los últimos vestigios de lo humano.

Con la vejez no es que tenés bronca, me dice una alumna; es miedo directamente. No le da vueltas al asunto, me doy cuenta. Habrá que dejar el tema de lado por un tiempo, supongo. A nadie le interesa la filosofía geriátrica. O les incomoda, me pregunto. En fin, este es solamente un breve resumen del estado de cosas.

Habrá que poner un par de cuadros en la pared de la salita y comprar media docena de vasos y tazas. Creo que con eso será suficiente para completar el menaje necesario. La reducción de los artilugios de la vestimenta ya está casi terminada y sólo falta deshacerse de un par de zapatos y unas remeras. Otro asunto importante es borrar una enormidad archivos innecesarios y seguramente una cantidad de fotografías que no tienen nada más que decir.

Y cuando llegue el día del último viaje, y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar… Yo, para todo viaje —siempre sobre la madera de mi vagón de tercera—, voy ligero de equipaje.

(Antonio Machado)

No me soltarás 9

No me soltarás

“No me rechaces en el tiempo de la vejez; no me desampares cuando me falten las fuerzas”. (Salmos 71:9 RV60)

Llegar a la vejez en pareja es alentador y hermoso, es cuando el “juntos para siempre” se cumple a plenitud; pero cuando el cónyuge fallece o abandona el hogar, alcanzar esa etapa de la vida se complica, los hijos (as) vuelan del nido y muchas veces se puede caer en depresión y soledad.

La fortaleza en la vejez depende de la alimentación, el afecto, la salud y el sustento económico, si falta alguno de estos factores la salud decae con rapidez, más aún con la falta de cariño y afecto familiar ¿Cuánto cuesta dar un abrazo? ¿Un beso? ¿Elogiar? Es gratis y muchos no hacen esto con sus padres.

Envejecer es como volver a la infancia, las preguntas surgen, los olvidos se notan, los ancianos llegan a depender de los hijos para realizar sus actividades porque su fuerza no es como era en su juventud. Debemos  aprender a escucharlos y serles pacientes ya que en muchos casos ello  lo fueron con nosotros en la niñez.

¿Compartes tiempo con tus padres? ¿Eres un hijo agradecido? Muchos hijos pelean por la herencia, otros desalojan a su madre o a su padre de su casa con engaños o usando la fuerza, otros les reprochan por sus errores pasados. Al final lo que se siembra se cosechará, siembra amor y recibirás amor, perdona y serás perdonado.

“Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad, y tu potencia a todos los que han de venir”. (Salmos 71:18 RV60)

Dios no te soltará en la vejez, el guardará tus pasos, te dará salud y oportunidades para que compartas el amor del Padre Celestial, tienes la seguridad de vivir en su reino para siempre y la esperanza de que Cristo guíe a  tu familia.

Por Carlos E. Encinas

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La Calificación de Vejez Varía Según Nuestra Edad 10

La Calificación de Vejez Varía Según Nuestra Edad

Así como lo costoso de algo que vamos a comprar, depende de cuánto dinero tengamos disponible, también calificamos de “viejos” o “mayores” a quienes nos llevan más edad según la cantidad de años que tengamos.

Si recuerdas, probablemente cuando tenías ocho o diez años, alguien de treinta ya era viejo.

De hecho, siempre cuento un episodio que me ocurrió cuando tomé clases de submarinismo…algo que recomiendo a todo el mundo que haga; eso sí, con un buen instructor como el que yo tuve. Resulta que después de las clases de teoría, nos tocaba ir un día a hacer práctica en una piscina. Para ir, nos pidieron que fuéramos en la menor cantidad de autos posibles por la falta de lugares para estacionar. A mi me tocó irme con una pareja jovencita de novios, y le pregunté a ella, porque era muy linda, si no había pensado en ser modelo o si no había hecho comerciales o algo por el estilo. A lo que ella me respondió, que sí, que estaba en una academia de una mujer muy conocida allá en Venezuela, pero que se salió porque la querían poner con las viejas de 35 años….(PUÑO EN LA CARA) justo la edad que yo tenía en ese momento. ¡Ay, cómo duele! Pero me reí…ella no pensaba que yo tenía esa edad. (Qué bueno).

En fin, a medida que nos vamos haciendo mayores, alejamos más la edad para la cual calificaríamos a alguien de “viejo”.

Hay quienes dicen mayores, lo cual es más bonito. Hay quienes prefieren que les digan “más experimentadas (os)” pero lo cierto es que yo siempre he dicho que uno debe disfrutar cada edad al máximo y tratar de mantenernos activos. La juventud no se lleva en el cuerpo y en la manera de vestir, aunque vestir un poco más casual ayuda a vernos más al día. Es el espíritu el que a muchos nos mantiene jóvenes. ¡Mi mamá tiene 99 años! Sí, me tuvo ya grandecita…pero su espíritu es muy joven y es lo que la mantiene jovial a pesar de todas las inhabilidades físicas. Para mí aparte de tomar su cuidado como uno de mis propósitos en esta vida, es también un gran aprendizaje. Ver su fragilidad nos hace más amorosos y más dispuestos a servirlos y atenderlos con el mayor gusto del mundo. Yo digo que es mi bebé grandota. Me llena mucho cuidarla y atenderla.

Pero volviendo al tema de la calificación de vejez, les recomiendo primeramente respetar la experiencia, la madurez y las canas. No hablen de vejez, más bien de años de vida, de la hermosa madurez a la que todos al fin y al cabo vamos a llegar. ¡No lo olvides!

Una vejez observada 11

Una vejez observada

Puedes contemplar en mí esa estación del año en que las hojas amarillas, unas cuantas o tal vez ninguna, penden de las ramas, tiemblan bajo los vientos fríos, coros desnudos y desolados, donde poco ha cantaban, gentiles ruiseñores…

(Sonetos, Shakespeare)

          No procuro esquivar tu venida inexorable. Te veo acercarte en medio de las cosas que me ocupan. En la multitud reconozco tu semblante gris. Tu rostro sin máscara me mira y no me escondo de ti. Conozco tu nombre. He visto tu abrazo frío, tu aliento de hielo en los que se fueron, en los que se están yendo. A la hora señalada nos vamos a encontrar y entonces nada más misterio y silencio.

Será por eso que la memoria del tiempo pasado se hace más intensa en mis sueños, en lo que escribo, en las horas vacías de la noche. Tanta vida, el trajín incesante de la palabra, los apuros de la pasión y el éxtasis, el agotamiento feliz de la aventura, del arte, del viaje, el desborde de los sentidos, el derroche del vigor – no haberlo ahorrado aunque fuera un poco…

“¿Cuántos son los días de los años de tu vida?”, le preguntaron hace milenios a cierto patriarca: “Pocos y malos”, respondió. Ahora que lo pienso, no creo que fueron pocos y malos. Es que la vejez reconoce lo que malgastamos en la juventud. Y nos inunda cierta bronca por no haberlo hecho mejor. “No me arrepiento de nada” dice una famosa canción. Me cuesta creerlo. Siempre me ha parecido que en esas palabras hay una soberbia que procura ahogar secretos remordimientos.

Mi hermana me envió una fotografía de mi mamá que duerme en una cama de hospital en lo que parecen ser según los médicos sus horas o sus días finales. Es posible que sea así. Es posible que se recupere, no lo sé. Lo que sí sé es que no encuentro nada bello en esa imagen. Me enoja. La muerte me enoja porque en alguna parte de mí siento que esa no era la idea original, pero que la elegimos en un instante de locura.

Sé también que hay quienes son dichosos en la vejez, porque uno elige cómo quiere vivir. Pero por alguna razón la evidencia de los años, la progresiva adversidad entre mente y cuerpo me va doliendo un poco más a medida que pasa el tiempo.

Hoy es viernes. Perdón por la tristeza…

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Tono menor 12

Tono menor

“En mi mente y mi corazón me siento y sigo siendo joven” dice una señora de cierta edad en una conversación informal con unos amigos. Comento que eso me parece muy bien siempre y cuando no se trate en esa suerte de negación social que impera en la cultura acerca de la vejez y de la presencia inocultable del deterioro del cuerpo. Después pensé que tal vez no era oportuno decir eso ahí mismo.
Me voy a mi casa y pienso en este asunto otra vez. Cuando cumplí sesenta años, el hecho me golpeó como ninguna otra transición de década en el pasado. Las inevitables evidencias del paso del tiempo están ahí, no las puedo ignorar. Por más jogging que haga, por más alimentación sana y ejercicios, el cuerpo es absolutamente honesto con el tiempo. No me sale vestirme con ropa deportiva y zapatillas air o lucir rozagante con ropa juvenil.
Sin duda que mi mente es más fuerte, más amplia, más educada. Los años han agregado algo de sabiduría pero también de conciencia de mis recurrentes carencias en las relaciones humanas, en la sensibilidad, en las costumbres, en los miedos. También se va haciendo más fácil pedir perdón o darme cuenta que le hago daño a veces a las personas y todavía busco maneras de aliviar esas aristas y esas debilidades.
Resisto con toda mi alma esa tendencia general a negar la vejez como una realidad. Suena lindo eso de los años dorados, de la mejor época de la vida, de que el tiempo es un estado mental. Pero el hecho es que efectivamente la vejez reduce los espacios y las posibilidades. Lo sabio parece ser aprender a gozar de las cosas que sí se pueden hacer todavía; sin embargo no hay que tener mucha inteligencia para entender que no se puede vivir con la misma intensidad de hace treinta años atrás.
Calidad en vez de cantidad también suena lindo, pero tiene un resabio de resignación parecido a aquel que contaba Benedetti en “La tregua”: cuando respondes a la pregunta de cuántos años tienes la gente te suele decir, “Pero usted es joven todavía”. Ese “todavía” suena como una sentencia.
La sabiduría, la paz, ese ablandamiento del carácter son, sin duda, algunas bendiciones de los años. Pero el cuerpo no es el mismo.
Qué quiere que le diga…

Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

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