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Cuando un niño sale de su casa en compañía de sus padres, lo hace con la seguridad de que ellos cuidarán de él, no tiene que preocuparse de nada, salvo de permanecer cerca. Si alguien extraño se acerca, su primera reacción será refugiarse en sus padres, pero una vez que le digan quién es la persona, cambiará de actitud porque confía en la protección de sus progenitores.

No es algo que se piense, por lo que podríamos decir que es innato en un niño, y es precisamente de esta forma que debemos confiar en Dios, sin necesidad de analizarlo o sin tener que llegar a una conclusión.

“Gracias a Cristo y a nuestra fe en él, podemos entrar en la presencia de Dios con toda libertad y confianza.”

Efesios 3:12 (NTV)

En la Biblia encontramos muchas referencias de que debemos acercarnos con confianza a Dios, es decir, con la seguridad de que seremos escuchados, fortalecidos, consolados, protegidos, etc., según sea la situación que atravesemos.

Así como un niño no duda de que recibirá todo lo que necesita de sus padres, debemos acercarnos al Señor, con seguridad y confianza de que Él tiene el cuidado necesario para cada uno.

“Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos.”

Hebreos 4:16 (NTV)

Si has notado que a tu relación con Dios le falta el ingrediente de la confianza, comienza a trabajar en fortalecer tu comunión con Él, así como no puedes confiar en un extraño, no podrás confiar en el Señor si no buscas conocerlo. Para ello, es necesario que leas y estudies Su Palabra, además de buscarlo en oración.


Por Cesia Serna



El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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