La elección de un político es un acto de fe. Esta persona puede haber prometido cumplir un sinnúmero de propuestas, pero solo cuando ya ejercen el cargo se puede saber si todo lo que afirmaban en sus campañas electorales era verdad. Muchos creen que la solución a sus problemas depende de la administración del Gobierno; y aunque esto puede influir en cierta medida, esta percepción es errónea.

Los políticos triunfan y fracasan, al igual que todas las demás personas; y cuando uno pone su fe en otro ser humano, lo lógico es que en algún punto se vea defraudado. Hay muchos que se quejan de los gobernantes y del mal ejercicio que hacen de sus funciones, pero olvidan que en vez de criticar, debemos orar por ellos. 1 Timoteo 2:2 dice: “Recomiendo que se ore por los gobernantes y por todas las autoridades, para que podamos vivir en paz y tranquilos, obedeciendo a Dios y llevándonos bien con los demás.” (TLA)

Por otra parte, es un grave equivocación creerle más a una persona que a Dios (Salmos 118:8). Sin embargo, nunca es tarde para rectificar nuestra error y empezar a dejar que nuestro Creador tome el control de nuestra existencia. Sin importar las circunstancias, y por más que la vida parezca difícil, Él sabe qué es lo mejor para nosotros. Él ve más allá de nuestras limitaciones y tiene planes a largo plazo. Creerle a Dios es poner nuestra fe en algo que durará por la eternidad, y no conformarnos con algo pasajero.

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“La buena noticia nos enseña que Dios acepta a los que creen en Jesús. Como dice la Biblia: «Aquellos a quienes Dios ha aceptado, y confían en él, vivirán para siempre.” Romanos 1:17 (TLA)

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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