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Jesús reflejaba su poder a través de sus palabras. Podemos observar a lo largo de cada capítulo que relata su ministerio que Él sanaba, liberaba, resucitaba a los muertos, diciendo palabras que tal vez podrían sonar  simples pero estaban llenas de poder de lo alto.

Debemos tener en cuenta que, al igual que Jesús, nosotros, como hijos de Dios y llenos del Espíritu Santo, también tenemos ese poder en nuestras palabras, pero no las usamos como lo hacía Jesús.

Nuestras palabras pueden sanar, restaurar, animar, bendecir, alegrar, consolar y dar vida; pero también, destruir, desanimar, lastimar y matar. Muchos de nosotros hemos estado haciendo un mal uso de ese poder que tenemos en lo que decimos, no son sólo palabras las que salen de nuestra boca, también son declaraciones que pueden afectar y hacerse reales en la otra persona a la que nos dirigimos.

“Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina.” Proverbios 12:18 (RVR-1960)

¿Qué ha estado saliendo de tu boca? Hoy es un buen momento para darnos cuenta de lo que hemos estado diciendo, reconsideremos nuestra forma de hablar y que nuestro corazón y nuestra mente realmente se llenen del amor de Dios para que todo lo que digamos a otros bendiga, restaure y dé vida al igual que hizo Jesús.

Si tu vida está llena de Cristo y en ti habita el Espíritu Santo tu lengua solamente reflejará lo que hay y las intenciones de tu corazón.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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