Un joven de apenas 15 años estaba en un autobús cuando sintió que Dios tocó su corazón, se levantó de su asiento y comenzó a hablar en voz alta a los pasajeros sobre la venida de Cristo, enseguida un hombre que estaba sentado detrás le gritó:

– ¡Cállate y siéntate! el joven se sentó avergonzado.

De pronto volvió a sentir que Dios le pedía que volviera a decir las mismas palabras, el hombre amenazó con darle una paliza si no se sentaba y callaba; entonces el joven de nuevo se detuvo. Pero sintió una vez más que Dios le motivaba a hacer lo mismo, se puso de pie y gritó que Jesús se acercaba.

El hombre que lo había amenazado tenía un niño en su regazo, se levantó y fue hacia el joven para atacarlo, cuando su pequeño niño le dijo:

– Papá no lo golpees, no hagas eso. ¡Él es un enviado de Dios!

El hombre se puso a llorar y el joven le preguntó:

– ¿Por qué llora señor?

Con lágrimas en su rostro, arrodillado y abrazando a su hijo le respondió:

– ¡Mi pequeño era mudo y ahora está hablando!

Cuando recibimos a Jesús como nuestro Salvador y empezamos a dar nuestros primeros pasos como cristianos, no sentimos vergüenza al compartir con otras personas lo que Él hizo y está haciendo en nuestras vidas. Lo que sucede muchas veces, es que permitimos que los afanes de este mundo consuman esa pasión y empezamos hacer todo por rutina.

El amor es una decisión y no un sentimiento, por esa razón es que no debemos permitir que nada ni nadie apague ese fuego ardiente que Jesús puso en nuestros corazones el día que decidimos seguirlo.

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.” Romanos 1:16 (RVR)

Si sientes que has perdido esa pasión por servirlo, te animo a que le pidas a nuestro Señor que te la devuelva, para que cumplas con amor y gratitud, el propósito con el que te llamó. Debemos llevar a cabo la gran comisión que nos encomendó: “Ir y hacer discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19) y seguir compartiendo el mensaje de esperanza y salvación con todos aquellos que no lo conocen y creen que ya no tienen una razón para vivir.

Jamás permitas que nadie te impida hablar de Jesús ni de compartir su amor a otras personas, porque mientras lo hagas, Él estará obrando y haciendo milagros a través de ti, aún sin que te des cuenta.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Deja un comentario