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A los niños pequeños les encantan los juegos, hay uno que me llama la atención por la inocencia de ellos;  es el juego de las escondidas, a pesar que son tan obvios de encontrar suelen esconderse tapando sus ojos o su cabeza con algo, y claro que nosotros les hacemos creer que no los encontramos.

Como estos niños también nosotros solemos intentar escondernos de Dios cuando le fallamos o pecamos; aunque en el fondo de nuestro corazón queremos estar en paz con Él la vergüenza nos aleja.

Puede que hayas hecho algo que te avergüenza y te ocultas de Dios, dejas de orar poco a poco, dejas su Palabra y crees que así Él no sabrá nada de ti, sin embargo es un engaño; el Salmo 139 habla respecto a la omnipresencia y omnisciencia de Dios, el versículo 7 dice: ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? y continua indicando los lugares posibles donde esconderse: subir al cielo o bajar a lo profundo de la tierra, o ir al este o al oeste, o esconderse en la obscuridad de la noche pero ninguna es apta para esconderse. Dios está en todo lado por más que intentemos ocultarnos de Él.

Antes de escondernos de Dios sería mejor ser humildes y reconocer nuestro error confiando en Su perdón: “Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos.” Hebreos 4:16 (NTV)

Así como es imposible ocultarnos de Dios cuando le fallamos es también imposible escondernos de su gracia y amor, aunque huyamos Él nos hablará de diferentes maneras para que volvamos a su camino.

¡Su amor nos alcanzará!

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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