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“Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió.” Juan 11:33 (RVR1960)

Este versículo muestra que Jesús no es inmune al dolor de sus hijos. Cuando Jesús llegó a Betania su amigo Lázaro ya estaba muerto. Lo habían enterrado cuatro días antes. Y cuando la hermana del difunto salió al encuentro de Jesús se postró delante de Él. “Jesús entonces, al verla llorar, se estremeció en espíritu y se conmovió”

Jesús sabía que levantaría a Lázaro de entre los muertos; sin embargo, Él lloró junto con María y los demás. Así es el Señor, llora con todos aquellos que lloran, con cada madre o padre que derrama lágrimas en las noches por su hijo pródigo o su hija rebelde. Llora con cada pecador que se arrepiente, con cada hijo (a) que tiene el corazón dolido.

Si en este momento estás atravesando momentos difíciles en tu vida y hay un dolor profundo en tu corazón, quiero que sepas que no estás solo ni sola en esto, Jesús, nuestro Rey de reyes y Señor de señores está contigo y no te abandonará. Su presencia, el Espíritu Santo, está ahí para consolarte y fortalecerte.

La Biblia nos dice que: “Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran” Romanos 12:15. No podemos pensar que Jesús podía hacer menos de lo que nos manda hacer. ¡Qué maravilloso es saber que Jesús llora con nosotros en todos nuestros dolores!

Tenemos un Dios lleno de amor que no nos abandona en ningún momento. “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados”. Mateo 5:5

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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