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Tiempo de lectura: 2 minutos

Un estudio de la universidad de Cambridge en el Reino Unido, logró determinar la forma en la que algunos animales reconocen sus crías dentro de una numerosa manada.

Tras varios meses de observación, la respuesta fue obtenida a través del comportamiento de las ovejas: Cuando tiene lugar el alumbramiento, la madre comienza a lamer a la cría, acción que tiene como resultado la ingestión de gran parte de los líquidos amnióticos que impregnan el pelaje del cordero, logrando que la madre alcance una conexión olfativa y gustativa con su cría. Aun después de este evento, la madre sigue lamiendo al pequeño corderito y a algunos miembros de su mandada, con el fin de fortalecer sus relaciones afectivas.

Sin embargo, en ese mismo estudio se tomó otra oveja y justo después del parto le retiraron la cría, la limpiaron por completo y cuando la regresaron con su madre, no la reconoció y la rechazó por completo. (Si estás hablando de “la cría” ¿no deberían tener el mismo género el resto de los artículos?)

Resulta muy interesante la forma que tienen las ovejas para reconocer a los miembros de su mandada a partir del olor que cada uno pueda tener. La Biblia hace una referencia similar a los que son de agrado a Dios y a los que no lo son.

“Nuestras vidas son la fragancia de Cristo que sube hasta Dios, pero esta fragancia se percibe de una manera diferente por los que se salvan y los que se pierden. Para los que se pierden, somos un espantoso olor de muerte y condenación, pero para aquellos que se salvan, somos un perfume que da vida…” 2 Corintios 2:15-16 versión Nueva Traducción Viviente

La Biblia siempre elogia a quienes tienen humildad en el corazón, a los que sirven, a los honestos, a los que viven una vida recta delante de Dios, a los que guardan sus mandamientos, a los que viven en santidad, etc. Todas estas acciones de justicia suben hasta el trono de Dios como olor fragante, pero también hay acciones malas que pueden ser desagradables.

Amós 5 relata la rebeldía de Israel. Ellos no escuchaban a los hombres enviados por Dios y comenzaron a vivir deshonestamente los unos con los otros. Su vida de egoísmo los privó de amar su prójimo, eran injustos con los más necesitados y callaban a los que trataban de corregirlos.

A éstos Dios les dijo que no recibiría sus sacrificios ni escucharía sus alabanzas, porque al igual que el holocausto de Caín, sus vidas eran la ofrenda de un fruto despreciable. Pero el versículo 24 de Amos 5 dice: “…que fluya como agua la justicia, y la honradez como un manantial inagotable.”

¿Quieres que Dios te escuche en tus momentos de alabanza y oración? Que el aroma de tus acciones sean la obediencia y fidelidad, para que destilen un olor agradable que llegue hasta Su trono en los cielos.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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