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Tiempo de lectura: 4 minutos

Las 3 historias que narramos a continuación están marcadas por asesinatos, adulterios y falta de carácter, entre otras muchas faltas. Sin embargo, cada una de ellas se encuentra con un Dios amoroso y dispuesto a trabajar mano a mano con sus protagonistas para mostrar Su gracia. Aquí te contamos qué hombres que hallaron gracia delante de Dios a pesar de sus errores.

Son muchas las historias bíblicas de personas que hallaron la gracia de Dios, después de leer las siguientes recuerda que tú también puedes recibir ese gran regalo.

Hombres que hallaron gracia delante de Dios

Jacob

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Su nombre nos habla del carácter tramposo que tenía. Jacob significa ‘usurpador’. De joven planificó con su madre engañar a su padre y robar la bendición de su hermano mayor Esaú, conforme a la tradición hebrea (Génesis 25:27-34). Engañó a su padre Isaac (Génesis 27:14-29) y luego a Labán, su suegro (Génesis 30:29-43). Se convirtió en un manipulador con la mala reputación de conseguir lo que quería por las buenas o por las malas.

Sin embargo, su pasado lo alcanzó, y en vez de seguir huyendo de sus malas decisiones, decidió dar la cara. Jacob decidió luchar con sí mismo, enfrentar sus errores y darle la cara a Dios. Jacob luchó con el angel, enfrentó su pasado y se aferró a Dios, rogando desesperadamente una bendición (Génesis 32:24-26).

Dios lo hizo, lo bendijo cambió su nombre a Israel, demostrando una vez más que Su gracia perdona nuestros pecados pasados, presentes y futuros. Jacob es uno de los hombres que hallaron la gracia de Dios.

El cambio del nombre es importante. Es posible que antes nos llamaran «El ladrón», «El vago», «La querida»; sin embargo, al acercarnos a Dios y recibir su gracia embriagadora —como a Jacob— nuestro nombre también cambiará. Pasamos a ser «hijos», «especial tesoro», «la niña de los ojos de Dios».

Moisés

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Un asesino en medio del pueblo de Israel, ese era Moisés. Moises había cometido un error. A pesar de haberse criado entre la nobleza egipcia, y de ser rescatado y adoptado por la hija del faraón, Moisés tenía una identidad hebrea. Se dolía con su gente y en un momento determinado trató de solucionar una injusticia sin la ayuda de Dios. Vio a un egipcio maltratando a un hebreo y lo asesinó (Éxodo 2:14).

Huyendo a las consecuencias de sus actos, corrió a esconderse en el desierto. De nobleza egipcia a pastor de ovejas en el desierto. De nobleza con una brillante trayectoria a vil fugitivo. Un viejo asesino. Y es a este Moisés de 80 años que Dios llamó para liberar a su pueblo de la esclavitud egipcia (Éxodo 3:11). Un Moisés a quien Dios tuvo que convencer de que él sí podia y era capaz de cumplir la tarea de libertador. Con la gracia de Dios lo podía lograr. Moisés fue otro de los hombres que hallaron la gracia de Dios.

El tiempo que pasamos en el desierto de la vida puede parecer irreversible. Con canas, vergüenza y muchos más años, Moisés enfrentó al gran Yo Soy. En este encuentro, Dios no lo reprendió por su crimen. Tampoco le sacó los años en cara. Dios no menospreció nada de lo que Moisés consideraba que lo definía. Moisés se veía como un simple pastor de ovejas en el desierto, viejo y avergonzado de sus acciones pasadas. Pero la gracia de Dios lo abrazó. Dios lo vio como el escogido para libertar a su pueblo. Lo llamó, lo empoderó y lo acercó a su propósito.

David

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Otro hombre que encontró la gracia de Dios fue el rey David. Un rey asesino y adúltero. Él no empezó su carrera con estos problemas; todo lo contrario, era un joven que cuidaba responsablemente las ovejas de su casa y le llevaba almuerzo a sus hermanos al frente de batalla. Es precisamente en ese campo de batalla que su encuentro con el gigante Goliat lo catapultó a la vida pública e inició su trayectoria al palacio.

La historia de David hasta el momento que llegó al palacio está llena de episodios cargados de valentía. Hasta un día en que ya era rey, no quiso ir a la batalla y se quedó en su palacio. Y en las alturas las cosas se ven diferentes, mirando hacia abajo todo es más pequeño: las personas, las asignaciones, tu relación con Dios. Y esto fue lo que él descuidó: su relación con Dios; esto le hizo olvidar su lugar de líder. Se quedo atrás, ocioso, y vio una mujer casada bañándose en su azotea. La vio, la deseo, la envió a buscar. La tuvo, la embarazó; y cuando ella quedo embarazada, después de muchas artimañas finalmente ordenó la muerte de su marido en batalla.

El humilde joven se convirtió en un rey altivo que no se negó la mujer de su prójimo. Este acto de lujuria le costó. Sin embargo, a través de la reprensión de Natán, David admitió su pecado y se arrepintió (2 Samuel 12:13). No argumentó, no se justificó: admitió su pecado y encaró las consecuencias.

Encontrando gracia delante de Dios

«He pecado contra el Señor», admitió el rey David. Y Dios le salió al encuentro.

La Biblia nos dice:

Pero si reconocemos ante Dios que hemos pecado, podemos estar seguros de que él, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad.

1 Juan 1:9 (TLA)

Jacob, Moisés y el rey David son algunos ejemplos de que la gracia de Dios nos encuentra donde estemos. Y nunca nos deja en el mismo lugar. Necesitamos acercarnos a Él como Jacob, estar dispuesto a creerle y seguirle como Moisés, y reconocer nuestros pecados y arrepentirnos como David. Y Dios, que es fiel, nos abraza con Su gracia.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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