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Tiempo de lectura: 2 minutos

Cualquiera puede quitarte tu posición pero nadie puede quitarte tu lugar. En la sociedad de hoy día las estrellas son muchas, y más aún si son fugaces. Existen muchas tendencias que son sensación de la noche a la mañana. Sin embargo son las raíces las que logran que un árbol permanezca en tiempos de tormenta, y son las raíces que logran la estabilidad y éxito en una persona.

El árbol de bambú es  un perfecto ejemplo de cómo al principio se siembra una semilla, se abona, y  se riega constantemente, sin que sucede nada impresionante por los primeros años. De hecho se estima que el bambú no crece en absoluto durante los primeros 7 años. Pero llega el séptimo año y en unas semanas crece casi 30 metros.   Las personas que no han vivido el proceso de la planta podrían pensar que el crecimiento se dio en unas breves semanas pero la realidad es que tomo años para ver un resultado. 

De ahí que muchas carreras exitosas no están basadas solo en ingenio, talento, buena suerte o apariencia física sino en una constancia y un arduo esfuerzo que toma tiempo. 

Me preguntaba hace poco ¿cuál es el común denominador de los que llegan a la cima de su carrera y se mantienen con éxito por largo tiempo?  La respuesta más directa fue el proceso de madurez, mientras más profundo más extensa es la permanencia.

La Biblia nos habla que nosotros somos “como árboles plantados junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae”.  Bien pudo haber dicho Dios que daríamos fruto “fuera de tiempo” después de todo utiliza esa frase en otros temas, sin embargo  nuestro creador acota que existe un espacio determinado para dar  frutos.  Ese proceso por el que todos tenemos que pasar se llama tiempo.  Una vez establecido el crecimiento con la ayuda de Dios afirmas tu lugar.

Si tenemos sabiduría podremos sembrar, abonar, regar, y si permanecemos ver los frutos de nuestra labor recompensados.  Tratar de correr una carrera para llegar a la cumbre sin primero asegurarnos de tener raíces bien cimentadas es plantar una palmera en tiempo de huracán para ver tristemente como se la lleva el viento. 

Arraigarnos a Dios y permitir que el nos ayude a crecer es más que posicionarnos es tener un lugar. 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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