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Los medios de comunicación le confirmaron la trágica noticia. Dana, su hija menor, acababa de morir en un ataque terrorista. Tenía 22 años.

 

– En la radio sólo dijeron que una joven israelí había fallecido debido a un mortero disparado por terroristas en Gaza. No mencionaron su nombre, pero la noticia coincidía con los datos que me dio el novio de Dana cuando me llamó. Así que atamos cabos – recordó con dolor Natan Galkowicz, judío de origen brasileño, que vive en Israel junto a su esposa e hijos desde 1979.

 

La trágica muerte de Dana ocurrió el 14 de junio de 2005, un par de meses antes de su boda con Amir. Él estaba esperando a que ella llegara de sus clases de comunicación. Dana llegó en su carro y mientras caminaba a su encuentro, le cayó el mortal misil que acabó con su vida y el sueño de Amir de hacerla su esposa.

 

Aquel mortero también acabó con los sueños de su padre de verla convertida en una periodista, de entregarla en el altar y de conocer eventualmente a sus futuros nietos. En un instante todo desapareció. Se esfumaron sus sueños, de la misma manera que se disipó en el aire el humo del misil que acabó con su vida.

 

Ha pasado más de una década y Natan Galkowicz mantiene fresco en su memoria los detalles del brutal acontecimiento. Él desea compartir su dura experiencia, a diferencia de la decisión que tomaron sus padres, quienes prefirieron enterrar su pasado. Ellos llegaron de Polonia a tierras brasileñas huyendo de los campos de concentración. Fueron de los pocos judíos que sobrevivieron al holocausto; pero como era de esperarse, no se salvaron de los estragos causados por los nazis en la Segunda Guerra Mundial.

 

– Para ellos fue una experiencia tan traumática que prefirieron ignorarla. Como si nunca hubiera pasado – explicó Natan, agregando que con el paso de los años pudo conocer indirectamente una parte de la historia, y entendió que sus padres decidieron empezar una nueva vida, olvidando el dolor físico y el sufrimiento mental y emocional que les habían causado.

 

Conversamos por casi una hora y nunca salió de su boca alguna expresión de odio en contra de los criminales nazis que deshumanizaron a sus padres o los terroristas de Hamás que mataron a su hija. Sin embargo, el tono de su voz delataba una inmensa frustración.

 

Para él los años pasan y la situación no mejora. Ha mejorado el sistema de seguridad, pero los atentados continúan.

 

Los ataques en la frontera con Gaza se han incrementado desde el 2007, fecha en que Hamás comenzó a gobernar la Autoridad Nacional Palestina de la Franja de Gaza. Durante los últimos años, más de 14 mil misiles han sido lanzados desde Gaza al territorio Israelí de la frontera.

 

Y allí, en medio de esa zona de conflicto entre israelíes y palestinos me encontraba yo, llena de muchas preguntas y sospechas, como ‘en estado de alerta’.

 

Llegué a Israel un 4 de diciembre de 2015 como parte de la comitiva de la organización Fuente Latina, que elige a distintos periodistas, para que conozcan Israel y se informen de primera mano sobre la situación que atraviesa el país. El grupo estaba compuesto de siete comunicadores de origen latinoamericano.

 

A pesar de que cada uno tenía un trasfondo cultural diferente, coincidimos en afirmar que estábamos mal informados. Esto se debe a que la mayoría de los medios de comunicación les importa más contar el raiting que contar la verdad.

 

No me mal interpreten, el conflicto es real. El segundo día en Israel, mientras estábamos cenando en un restaurante en Jerusalén, nos enteramos que un palestino apuñaló a tres judíos. Pero lo más alarmante es que a diferencia de nuestros países latinoamericanos, ellos no fueron asaltados para robarles sus pertenencias, sino que los atacaron por el simple hecho de ser judíos.

 

En general y a pesar de ese lamentable suceso, me sentía segura y con una tranquilidad que hasta parecía “sospechosa”. Me refiero a que algunas veces el silencio asusta. Aquellos que tienen hijos sabrán a qué me refiero. Estamos tan acostumbrados a escuchar a nuestros hijos reír, llorar y jugar con tanta algarabia, que cuando se quedan callados nos preocupamos porque “sospechamos” que están haciendo alguna travesura.

 

Durante los primeros días en Israel tuve esas “sospechas”, como a la expectativa de que algo malo nos iba a pasar. Pero luego de recorrer 5 ciudades y varios sitios religiosos, pude comprobar que hay mucha seguridad y sobre todo, que así como el terror es contagioso, he confirmado que la paz también lo es.

 

15 segundos antes de la mala hora

 

El sentimiento de tranquilidad, se quebrantó el 9 de diciembre cuando llegamos al kibutz Mefalsim. Este asentamiento comunal fue el primero fundado por judíos procedentes de América Latina, principalmente de Argentina, Uruguay y Brasil. Está ubicado a unos 90 kilómetros al sudoeste de Jerusalén, a orillas del desierto del Negev y pegado a la frontera con Gaza. Todavía quedan algunos descendientes de los pioneros que llegaron a esta granja colectiva en el año 1949.

 

Ariel Cohen, es uno de ellos. Actualmente es el encargado de la seguridad del kibutz Mefalsim. Después de la Segunda Guerra Mundial, su padre junto a un grupo de amigos que tenían entre 21 y 25 años de edad, dejaron atrás sus familias, trabajos y estudios en Argentina, «con el propósito de levantar el estado de Israel».

 

Nos contó la historia, mientras visitábamos una de las casas del kibutz que, a modo de museo, exhibe con orgullo decenas de fotos en blanco y negro que narran sus precarios comienzos.

 

En 1956, durante la crisis del Canal de Suez, nació Ariel. Todavía, medio siglo después, el suelo que pisa continúa en guerra. A lo largo de los años, en diferentes lugares y épocas, el pueblo judío ha sido perseguido. Tal vez por eso, se han acostumbrado a vivir ‘en estado de alerta’.

 

Esto lo pude comprobar al iniciar el recorrido por el kibutz Mefalsim. Allí, 15 segundos, o menos, es el tiempo que tienen los israelíes para buscar un refugio después de que suene la alarma “color rojo”, que le avisa a la población que un cohete va en camino a esa zona.

 

Cuando suena la alerta se activa simultáneamente la “Cúpula de Hierro”, el sistema móvil de defensa antimisiles de Israel que intercepta en el aire los misiles lanzados desde Gaza. De acuerdo con Gabriel Choron, soldado de las Fuerzas de Defensa de Israel, «la Cúpula de Hierro ha tenido entre un 80% y 90% de éxito, desde que se comenzó a utilizar en el 2011. Pero lamentablemente los pueblos que están cercanos a la Franja de Gaza, no tienen suficiente tiempo para entrar al refugio».

 

Las palabras del soldado Choron, – a quién había entrevistado un par de horas antes de llegar a Mefalsim – hicieron eco en mi mente al ver a varios niños jugando en las calles de este asentamiento agrícola. Se me hacia difícil comprender que estuviéramos caminando tranquilamente en medio de esa zona de peligro.

 

Y como si hubiera leído mi mente, Ariel Cohen, quien nos acompañaba y guiaba durante el corrido, nos recordó:

 

– Ahora todo está tranquilo, pero las cosas pueden cambiar en cualquier momento. Si suena la alarma tenemos 15 segundos para correr a uno de los refugios – nos advirtió, mientras señalaba con su mano derecha una caja de 9 metros cuadrado, hecha a base de cemento blindado, de aproximadamente 30 a 40 centímetros de espesor.

 

Él afirma que los habitantes no quieren acostumbrarse a vivir bajo esas circunstancias, pero que la triste realidad es que allí todos, niños y ancianos, están familiarizados con los ataques y las medidas de protección que deben seguir para estar a salvos.

 

Refugios de esperanza

 

Aquel refugio que nos mostraba Ariel estaba pintado de alegres colores y tenía dibujado en una de sus paredes a dos mujeres bailando. La mayoría de los refugios que vimos durante nuestra visita eran igual de pintorescos. Algunos estaban pintados con hermosos paisajes, cielos radiantes y arcoíris de vibrantes colores. Parecían murales de arte urbano, en vez de refugios antimisiles.

 

Por ley, desde 1992, todo edificio o casa que se construye en Israel debe tener su refugio. Adicionalmente, algunos hospitales han empezado a blindar partes de sus instalaciones, y hay lugares donde toda la construcción esta blindada, como es el caso de los colegios y jardines infantiles de la zona fronteriza con Gaza.

 

De acuerdo con Aiala Minaker, asesora del Miembro del Parlamento de Israel, Haim Jelin, desde el 2008 hasta el 2015 se construyeron 10 mil refugios en toda la zona de la frontera con la Franja de Gaza. Las construcciones fueron financiadas por el gobierno Israelí con un costo de 1.5 billones de shekels.

 

Estos refugios han salvado muchas vidas, de la misma manera que la Cúpula de Hierro ha interceptado miles de misiles que iban rumbo a territorios poblados de civiles. Es por eso, que los terroristas que viven la Franja de Gaza, comenzaron a buscar vías alternas para cumplir sus objetivos.

 

Tras tomar el control en Gaza, Hamás inició un proyecto para construir un laberinto de búnkeres subterráneos de hormigón conectados con túneles y con múltiples entradas y salidas por debajo de las áreas residenciales de Gaza.

 

Esto causó mucho miedo en la población Israelí, que había aprendido qué hacer ante los ataques con misiles, pero que ahora debía prepararse para otro tipo de combate: los subterráneos.

 

– Mientras nosotros invertimos en tecnologías de defensa, Hamás invierten en armas, misiles y túneles – enfatiza el soldado Gabriel Choron.

 

Por ese motivo, en el verano de 2014, durante la operación Margen Protector, las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) se propuso encontrar los túneles que se encontraban alrededor de la zona de Gaza. Lograron su cometido, destruyendo 32 túneles, que aproximadamente costaron 96 millones de dólares en construir.

 

Muchos de los túneles que encontraron conectaban con viviendas. Además de las casas, también encontraron escuelas y hospitales que los terroristas de Hamás utilizaban como centro de control, para lanzar misiles y guardar su artillería.

 

Antes de proceder al ataque, las Fuerzas de Defensa de Israel afirma que alertó a la población con llamadas, mensajes de texto y través de panfletos, pidiendo a los habitantes que evacuaran el área.

 

– Hicimos todo lo posible para minimizar el daño a la población civil del otro lado. Pero al final del día estamos hablando de un conflicto asimétrico; porque acá hay un ejercito que tiene que seguir las leyes internacionales y del otro lado hay una organización terrorista – afirmó Choron, argumentando que Hamás en vez de proteger a los ciudadanos palestinos, les pidió que se mantuvieran en sus lugares.

 

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, lo explicó de la siguiente manera: nosotros usamos misiles para defender a los civiles, mientras que ellos usan a sus civiles para defender a sus misiles.

 

Es por eso, que durante este enfrentamiento, lamentablemente murieron miles de palestinos, no solo soldados sino civiles, mujeres y niños, que Hamás usó y continúa utilizando como “escudos humanos”.

 

Han pasado los años, y las escenas de terror y destrucción se ven en ambos lados de la frontera. Y se ha extendido a otros territorios del mundo, como hemos visto en Estados Unidos, Londres, Sidney y París, entre otros.

 

Hace 11 años, cuando falleció Dana, la hija del brasileño-israelí Natan Galkowicz, no existía la Cúpula de Hierro, las barreras eléctricas, muros y miles de refugios como los hay hoy en día en Israel.

 

– El problema es que la tecnología nunca va a poder combatir con la alta motivación con la que son educados los hijos de los terroristas palestinos – argumentó Natan, agregando que por eso es que aunque ha disminuido el lanzamiento de misiles desde Gaza, va en aumento el número de acuchillamiento y atropellamientos intencionales a judíos.

 

Para él, la solución al conflicto no está en mejores armas sino en un mejor dialogo. Por ese motivo, desde la muerte de su hija, se ha dedicado a promover la paz por medio de la educación, enfatizando en que no está bien enseñar a los niños a vivir como terroristas haciéndoles creer que morirán como héroes.

 

De igual manera, también dedica gran parte de su tiempo a brindar un poco de alegría a las personas que llegan a comer al restaurante que inauguró en honor a Dana, a quien le encantaba su comida. Le puso por nombre Mides, como se llamaba la perrita que su hija tanto quería.

 

Desde el Restaurante Mides, ubicado en el Kibutz Bro-Chai, a 3 kilómetros de la Franja de Gaza, Natan sirve los ricos platillos de la gastronomía brasileña, acompañado de música alegre.

 

Además de mantener viva la memoria de su hija, su deseo es recordarle a los visitantes que a pesar del dolor debemos sembrar la esperanza en los corazones para cosechar un futuro mejor. De esta manera, en vez de vivir ‘en estado de alerta’, los israelíes podrán finalmente vivir en un estado donde reine la paz.

 

Por: Fayra Castro

 

 

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