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“El Occidente ha creado una sociedad semejante a la máquina. Obliga a los hombres a vivir en su seno y adaptarse a sus leyes mecánicas… Cuando los hombres se parezcan a ellas, hasta el punto de identificarse completamente, entonces dejará de haber hombres en la superficie terrestre.”

(C. Virgil Gheorghiu, La hora veinticinco)

Estas palabras, proféticas para mi entendimiento, fueron pronunciadas por el autor hace unos setenta años.

Seguro pensaría en la maquinaria industrial, el sistema burocrático o la ingeniería de la entonces reciente segunda guerra mundial.

Sin embargo son palabras precisas para definir el tiempo actual. Hay que ofrecer eso sí alguna contextualización a las generaciones jóvenes.

La máquina hoy no se entiende sólo como motores o equipos industriales sino como todo instrumento producido por seres humanos.

Eso incluiría computadoras, teléfonos celulares, televisores y otros equipos de alta complejidad.

Esas nuevas máquinas crean para los usuarios algo que se llama realidad virtual: una simulación de interacciones como si de personas se tratara.

Se habla de inteligencia artificial, algoritmos y otros componentes que convierten a las máquinas en un verdadero imperio social.

Semejante complejidad enmascara un hecho tan simple como inadvertido: la máquina ha sido, es y será siempre máquina.

Hay interesantes y hasta conmovedoras historias de ciencia ficción que otorgan a la máquina algo como un alma o una existencia consciente.

Pero siempre será materia más energía más complejidad. Es máquina.

Pero el mundo de hoy está tan sumido en la operación y la dedicación a la máquina que corremos el peligro que advierte Gheoghiou:

“… Cuando los hombres se parezcan a ellas, hasta el punto de identificarse completamente, entonces dejará de haber hombres en la superficie terrestre.”

Eso se puede ver ya en muchos momentos de la vida. Gente inmersa perdidamente en la máquina – léase celulares y computadoras.

Realidad virtual es una novedosa frase. Pero puede conducir perfectamente a un mundo tipo Ready Player One.

En un mundo así la gente puede ser lo que no puede o no quiere ser en la realidad real. Basta recorrer las posibilidades de Black Mirror.

No sé si alguna vez ocurrirá que las máquinas se apoderen del mundo e instalen un imperio cibernético.

The Matrix es ciencia ficción. Pero podría suceder que terminara siendo sólo ciencia en la cual ser humano no sea más que un componente de la máquina.

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