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Tiempo de lectura: 2 minutos

Una vez leí en un marcador de libros lo siguiente: La lectura es peligrosa porque te puede dar ideas. Me volví a encontrar con un libro que tengo en mi biblioteca hace muchos años y releí estas palabras:

El modesto gueto de los lectores sobrevive penosamente a las diversas agresiones que procuran su aniquilamiento. La agresión de las clases dominantes… mantiene a oscuras a sus subordinados porque todo lector es un disidente en potencia.

María Elena Walsh, Infancia y bibliofilia, citada en el libro Literatura y periodismo, compilado por Alejandro Safi, Ediciones Cántaro: Buenos Aires. (Las cursivas son mías)

Hay otra cita fundamental respecto de este tema:

Los que queman libros, los que expulsan y matan a los poetas, saben exactamente lo que hacen. El poder indeterminado de los libros es incalculable 

George Steiner, Los logócratas, Fondo de Cultura Económica/Siruela, México, 2014 (segunda reimpresión).

Los buenos libros te van a meter en problemas

Bien, ahora vamos al punto. Es por esta razón que, tanto las dictaduras como las iglesias a través de la historia, se han ocupado de que la gente no lea libros ajenos a la doctrina o al espíritu del poder reinante.

La lectura es peligrosa. Te hace pensar. Y como me dijo aquel jefe mío hace muchos años: “No es tan bueno que la gente piense”.

Hubo una época en que la iglesia cristiana prohibió que los fieles leyeran la Biblia por sí mismos. Hoy, aunque posiblemente no lo prohiban severamente, estimulan sólo la lectura de libros “cristianos”.

Esta clase de literatura es absolutamente complaciente con la doctrina predominante; hay excepciones, pero son raras. Mayormente, son una continua variación sobre los mismos temas. Raramente confrontan los fundamentos del poder que otorga la doctrina a la institución.

Entra en otros libros a tu propio riesgo

Sin embargo, esto no es un  ataque gratuito a la institución cristiana. Esto pasa en todas las agrupaciones humanas. Solamente quiero proponer esta idea: los libros que no son complacientes con la dirigencia y la doctrina, te abren espacios de pensamiento crítico.

El pensamiento crítico, por supuesto, no es grato a la dirigencia. Para ellos, mientras más dóciles y obedientes son los feligreses o correligionarios, más segura es la estabilidad del sistema institucional. Y, claro, más segura es la posición de los dirigentes.

Los otros libros, ajenos a las alabanzas del sistema y al servicio de la intelligentsia dominante, exploran causas, razones, consecuencias, peligros y posibilidades del pensamiento abierto.

Muchos de nosotros leemos esos libros, pero no nos atrevemos a exponer los pensamientos que nos provocan. Preferimos la tibia y agradable estación de la anuencia. Nos guardamos lo que pensamos y hablamos de lo que es políticamente correcto. Sabemos que la lectura es peligrosa y a veces necesitamos sobrevivir, esquivando el conflicto.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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