Nadie puede hablar de cosas celestiales con la autoridad con la que lo hacía Jesús. Para hablar de cosas tan profundas, se requiere un íntimo conocimiento de ellas. Como nadie ha ascendido al cielo y regresado, no hay nadie capacitado para hablar de estas cosas sino Él que descendió del cielo. Jesús estaba diciendo que sólo Él era quien había visto al Padre, y solo Él estaba calificado para declarar a Dios y darlo a conocer (Juan 1:18).

“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8).

Dios fue muy misericordioso con la antigua Israel, aunque finalmente la juzgó, y continúa siendo misericordioso hasta hoy en día, al punto de haber muerto por nuestros pecados. Pero aun cuando él vendrá a juzgar, su misericordia prevalece (Santiago 2:13). Es la misma misericordia que posee el Padre (2da Juan 1:3).

¡Saber que el Dios del Antiguo Testamento fue el mismo que llegó a ser Jesucristo deja en evidencia la falsa idea de que el carácter del Dios del Antiguo Testamento y el de Jesucristo en el Nuevo Testamento eran distintos! Ellos son uno solo y el mismo. 

Esto no significa que nadie nunca había ido al cielo o había sido salvado, porque Enoc y Elías habían sido llevados allí (Génesis 5:24Hebreos 11:52 Reyes 2:11) y Abraham, Isaac, Jacob y otros estaban allí.

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Yo pienso que Él siempre quiso y sigue queriendo que todos compartamos la eternidad a Su lado. Es por eso que aún no hemos visto el regreso de Jesús, y antes se requería el sacrificio de animales y el seguir las leyes…que luego las aumentaron los filisteos y los saduceos y eran demasiado estrictos para con lo demás y ellos las transgredían, tal vez a escondidas y por eso Jesús tuvo tanto conflicto con ellos. Él vino a liberarnos y darnos la verdad absoluta. Él vino a ser el único y último sacrificio por nuestros pecados, e incluso por los de quienes estuvieron en el pasado y eran fieles creyentes de Dios. La gracia de Dios se hace presente con Jesús. Él nos otorga a quienes recibamos a Jesús en nuestros corazones, la gracia de ser aceptados con nuestros pecados lavados por la sangre de Jesús. Nuestro rey se presenta ante Dios, delante de nosotros cuando venga el momento de presentarnos ante Él.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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