Un pensamiento que se ha hecho popular en muchos países es la creencia de que Dios prospera económicamente a todo aquel que dona dinero a las iglesias, líderes o ministerios. Esta corriente se volvió tan famosa que incluso las iglesias comenzaron a implementar este tipo de enseñanzas en sus servicios sin que los asistentes se den realmente cuenta. Frases como: “Si das un dólar, Dios te devolverá hasta 10 veces más esa cantidad.”, se escuchan con tanta frecuencia que las personas han comenzado a tomarlas como verdaderas.

Debemos comprender que Dios no está en contra de las riquezas, pero sí cuando éstas se convierten en el dios de nuestras vidas (1 Timoteo 6:10; Eclesiastés 5:10; Hebreos 13:5). Cuando amamos al dinero más que a Dios, estamos otorgando nuestra confianza y devoción a las riquezas; por lo tanto, Dios deja a ser el Señor de nuestra vida. Matthew 6:24 (PDT) dice: “Nadie puede servir a dos patrones al mismo tiempo. Odiará a uno y amará al otro, o se dedicará a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y a las riquezas.” Sin embargo, que Dios no esté en contra del dinero significa que nos hará ricos solo por donar a una iglesia, líder o ministerio.

Pensar de esta manera es despreciar el sacrificio de Jesús en la cruz. Es decirle “no me importa que hayas tomado mi lugar y muerto por mis pecados; si no me prosperas económicamente, no eres realmente Dios.” El regalo más grande que Dios nos ha dado es la salvación, pero cuando pensamos únicamente en nuestra economía estamos siendo desagradecidos, egoístas, e inmaduros espiritualmente. Alguien que espera recibir porque se cree en con el derecho de exigirle cosas a Dios, es una persona que no ha comprendido en realidad el evangelio de Dios.

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Eso no quiere decir que no debemos preocuparnos por el dinero y dedicarnos a hacer nada. Proverbios 10:4 dice:Si no trabajas, te quedas pobre; si trabajas, te vuelves rico.” Por lo tanto, debemos también ser responsables y buscar una manera honrada y digna de obtener dinero. No obstante, nuestra preocupación por las cosas materiales no deben ser nuestra prioridad. Recordemos que no fuimos diseñados para vivir eternamente en la Tierra, pues una vez que aceptamos el regalo de la salvación de Jesús, tenemos una nueva vida que debemos vivir acorde a los preceptos de Dios.

“Dios les dio nueva vida, pues los resucitó juntamente con Cristo. Por eso, dediquen toda su vida a hacer lo que a Dios le agrada. Piensen en las cosas del cielo, donde Cristo gobierna a la derecha de Dios. No piensen en las cosas de este mundo.”
Colosenses 3:1-5 (TLA)

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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