Cuando damos lo mejor de nosotros y tenemos altas expectativas de una situación, siempre esperamos tener excelentes resultados. No obstante, en ocasiones nuestros anhelos se ven frustrados cuando sucede lo contrario a lo esperado.
En estos casos es muy fácil caer en el pesimismo y no volverlo a intentar. Otro pensamiento común es creer que no merecemos el éxito y nos consideramos inferiores a otras personas.

2 Crónicas 15:7 dice: “Pero ustedes, ¡manténganse firmes y no bajen la guardia, porque sus obras serán recompensadas.” Entonces, si ya hemos perdido, ¿qué podemos hacer?

1. No dejar que los malos pensamientos nos invadan:

Estamos acostumbrados a medir nuestra valía de acuerdo a nuestros hechos, y dejamos que los malos pensamientos nos hagan creer que valemos menos que otros. Sin embargo, olvidamos que Dios nos creó, y para Él, somos únicos y especiales (Jeremías 1:5). Por lo tanto, cuando no cumplas tus expectativas, no te tengas en poco, porque para Dios no lo eres.

2. Evaluar qué podemos aprender:

A veces las derrotas sirven para aprender de nuestras fallas. Si examinas tus errores y debilidades, encontrarás la clave que te ayudará a mejorar la siguiente vez. A esto se le llama, aprender del fracaso.

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3. Intentarlo otra vez:

En estas Olimpiadas Río 2016, han participado muchos deportistas que no ocuparon puestos relevantes en las olimpiadas pasadas. No obstante, esto no ha sido motivo para que dejen el deporte, sino para que entrenen más, mejoren su técnica y consigan una medalla. Al igual que en el deporte, no debemos darnos por vencidos con facilidad y dar lo mejor de nosotros para intentarlo una siguiente vez.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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