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Eres quien los demás dicen que eres

Estudiosos del comportamiento humano descubrieron que nuestra conducta y autoestima está dictado por nuestra propia predicción de cómo seremos percibidos por los demás. Esto significa que nos amoldamos de acuerdo a cómo creemos que otros nos ven. Y aunque no parezca cierto, esto se ve reflejado en nuestras acciones de la vida diaria e incluso las redes sociales.

Por ejemplo, en redes sociales como Facebook o Instagram podemos parecer divertidos, sociables y relajados. Mientras que en LinkedIn proyectamos una imagen más seria y profesional; y en Pinterest nos vemos más artistas y creativos. Según los estudiosos, todos tenemos varios ≪yo cibernéticos≫: versiones de nosotros mismos que elegimos presentar en internet. Sin embargo, esto no sólo sucede en el mundo virtual sino también en el real.

Por ejemplo, si nos mudamos de ciudad o ingresamos a un nuevo centro de estudios o trabajo, creemos que las personas esperan que actuemos de una forma y hacemos lo posible para cumplir esos estándares. A este fenómeno se le denomina ≪el espejo del yo≫ y lo aplicamos a diario sin darnos cuenta. Los expertos afirman que ≪las personas buscan constantemente crear coherencia entre sus mundos internos y externos y, por lo tanto, continúan percibiendo, ajustándose y luchando por el equilibrio a lo largo de sus vidas≫.

La ventaja de esto es que, por un lado, puede ayudarnos a ser mejores. Sin embargo, por otro, hace que constantemente estemos buscando la aprobación de los demás. Nosotros mismos creamos estándares en base a lo que creemos el resto espera de nosotros, y es así como llegamos a convertirnos en alguien que no somos.

Debemos tener un balance entre el esmero por ser mejores y no perder la esencia de quiénes somos. Caso contrario nunca estaremos satisfechos con nosotros mismos y pasaremos el tiempo intentando complacer las demandas de quienes nos rodean.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Lesley University. (2019). Perception Is Reality: The Looking-Glass Self. Recuperado el 9 de mayo de 2019, de https://www.zmescience.com/other/offbeat-other/perception-is-reality-the-looking-glass-self/

¿Discriminado?

No sé si en alguna ocasión te sentiste excluido, en mi caso sí; recuerdo que cuando era adolescente fue por mi apariencia física y mi condición social, esto me afectó en mi personalidad y me generó temores.

Es un sentimiento desagradable, te lleva a pensar que eres menos que los demás; sin embargo la realidad es otra, porque nuestra identidad no se basa sólo en lo que los demás dicen o ven, ya que cada persona ha sido creada por Dios como un ser único e importante.

El Señor no nos cataloga por nuestra apariencia, estatus social, situación de salud, o cualquier otra cosa, nos ve con ojos de amor y con alta estima. Esto debe ser una firme convicción en nuestro ser para que cuando atravesemos alguna situación de este tipo no nos afecte y también consideremos a los demás como seres valiosos.

Piensa que Dios con todo su poder y sabiduría dedicó tiempo para crearte, lo dice Salmos 139:13-14 (NTV): “Tú creaste las delicadas partes internas de mi cuerpo y me entretejiste en el vientre de mi madre. ¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo! Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien.”

Tener una relación personal con Jesús me ayudó a amarme como Él lo hace y también a considerarme valiosa. Si tú en algún momento creíste más la opinión de los demás te animo a que creas a Dios y lo que su Palabra dice de ti.

Mírate como alguien valioso y ¡Ámate como Dios te ama!



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¿Alguna vez has sentido envidia?

Una persona siente envidia cuando se compara a otros, teniendo un sentimiento de inferioridad. Por esta razón, algunas características de las personas envidiosas son: autoestima dañada, compararse constantemente, desear el mal de los demás, burlarse de otros, hacer falsos halagos, etc.

La envidia es un sentimiento humano, por lo que es posible que tú lo hayas sentido en alguna oportunidad; sin embargo,  se convierte en un problema cuando te entristeces constantemente por el bien ajeno y sufres como si se tratara de una desgracia ¿Te ha pasado?

Porque antes también nosotros éramos insensatos y rebeldes; andábamos perdidos y éramos esclavos de toda clase de deseos y placeres. Vivíamos en maldad y envidia, odiados y odiándonos unos a otros. 

Pero Dios nuestro Salvador mostró su bondad y su amor por la humanidad, y, sin que nosotros hubiéramos hecho nada bueno, por pura misericordia nos salvó lavándonos y regenerándonos, y dándonos nueva vida por el Espíritu Santo.” (DHH) Tito 3:3-5

Si aún el sentimiento de envidia está gobernando tu vida, es posible que no hayas conocido la nueva vida que el Señor quiere darte. Por esta razón, te animo a pedirle que Dios sane tu corazón, de esta manera puedas disfrutar del propósito que tiene para ti, y dejar de sufrir por lo que otros tienen.

Por último quisiera darte algunos consejos para superar la envidia:

Si un ser querido o amigo tuyo recibiera un premio estarías feliz, así mismo debes mirar a las personas que te rodean: ¡como hermanos!; entonces podrás alegrarte por ellos e incluso felicitarlos por su éxito.

No mires a la persona por la que sientes envidia como un enemigo, de lo contrario querrás ser mejor y competir, produciendo solamente amargura en tu interior. Cambia de mentalidad y míralo como parte necesaria en tu equipo de trabajo; además, declara la admiración que tienes por él o ella.

Si quieres ser feliz deberás superar la envidia, abandonar la competencia y amarte tal como eres  ¡Acércate a Jesús y permite que sane tu interior y te muestre el plan valioso para tu vida!

 

 

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¿Te preocupa no ser suficientemente bello?

Una tendencia popular en internet es la de enviar la fotografía de una persona y pedirle a varios artistas o diseñadores gráficos que hagan los cambios que consideren necesarios para que ella luzca hermosa, de acuerdo a los estándares de su país. Al ver las fotografías editadas es increíble ver cuán distintos son los conceptos de belleza en diversas partes del mundo. Hay preferencias por el peso, la forma del rostro y del cuerpo, el tono de piel, el tipo de maquillaje, el color del cabello y los ojos, la forma de los labios y demás características.

En cada lugar existen estándares de belleza que no son iguales a las de otros países. Esto se denota especialmente cuando son países de diversos continentes. Pero estas tendencias de belleza no solo varían de acuerdo a la localidad, sino que también han cambiado con el paso de los años. Lo que era atractivo antes, no lo es ahora, pero probablemente vuelva a serlo de aquí a unos años.

Todos estos hechos demuestran que solo una pequeña parte de la población puede alcanzar los estándares de belleza. Sin embargo, la publicidad, las redes sociales y los medios de comunicación venden otra realidad. Ofrecen miles de opciones que supuestamente permiten ser más atractivos por fuera, pero teniendo en cuenta los costos de esos procedimientos y lo inestable que es una tendencia de belleza, es casi imposible que todas las personas sean bellas según la sociedad. Incluso si logran serlo, tendrían que estar constantemente reinventándose a sí mismos para estar a la par con las tendencias.

Esto significa que es casi imposible ser hermosos ante los ojos de la gente; sin embargo, no es algo que debería preocuparnos.

Hay cualidades y virtudes que son mundialmente atractivas. Éstas se cultivan en el interior y reflejan en el exterior; nunca pasan de moda y son aceptadas en todas las culturas. Las buenas cualidades tales como la amabilidad, bondad, alegría, compasión, honestidad, entre otras, son las que hacen que una persona tenga una belleza incomparable. Ésa es la clase de hermosura a la que debemos aspirar. Esto no implica descuidar el aspecto externo, sino hacer que el interior concuerde con el exterior. Para lograrlo se debe encontrar el balance entre ambos y no dejar que las modas y cambios culturales afecten la belleza interna.

 

 

 

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¿Te cuesta identificar tus fortalezas?

Cuando alguien te pide identificar tus fortalezas, ¿te resulta fácil? A algunos les parece más sencillo mencionar sus defectos que sus fortalezas, y según muchos psicólogos, esa es una señal de baja autoestima. Sin embargo, este comportamiento tiene una explicación que podría ayudarte a entender el por qué muchas veces no puedes reconocer tus propias virtudes. Las cuatro razones más comunes son:

Tus fortalezas son aquello que te parece fácil

El motivo más común por el cual te cuesta identificar tus fortalezas es porque es algo que haces con facilidad. Cuando una destreza se convierte en parte de tu vida, empiezas a verlo como normal y no como extraordinario. El problema es que asumimos que porque nosotros podemos hacerlo, no tiene nada de especial y los demás también tienen la misma habilidad. No obstante, las prácticas que nos parecen comunes, son en realidad, nuestras mejores fortalezas.

Te comparas con los demás

La comparación actúa como una venda que te impide ser imparcial. Y es que cuando te mides con los demás, crees que tus habilidades son insignificantes o inexistentes comparadas a las de ellos. Esto hace que identificar tus fortalezas te sea difícil o te cueste aceptar. En lugar de ponerte en una balanza para medir tus propias capacidades con las de otros, aprende a reconocer que tienes fortalezas y que no tienen que ser iguales a las del resto. Esto no significa ser orgulloso y menospreciar a los que te rodean, sino ver lo bueno en cada uno de acuerdo a sus propias capacidades.

Tienes una percepción muy cerrada con respecto a las fortalezas

Un obstáculo que no te deja ver tu potencial es tener una percepción cerrada con respecto al tema. Al tener cierto estándar de cómo deben ser o qué se consideran fortalezas, podrías estar dejando de lado aquello que mejor haces bien. Por ejemplo, muchos creen que ser extrovertido es una fortaleza ideal y ser introvertidos es una debilidad. No obstante, tanto la extroversión como la introversión son fortalezas para quienes las utilizan de esa manera. Por lo tanto, si quieres encontrar

Las personas te ven diferente a cómo te ves tú mismo

¿Te has dado cuenta que es más fácil identificar lo bueno en los demás que en ti mismo? Eso es porque nuestra autopercepción es diferente a la percepción que tienen los demás acera de nosotros. Los que te rodean pueden ver virtudes y defectos que tal vez sean desconocidos para ti. Si alguna tienes dificultades para identificar tus fortalezas, intenta preguntándole a alguien cercano a ti. ¡Te darás cuenta que tienes más habilidades de lo que crees!

 

 

 

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¡Eres valioso!

“Cinco pajaritos apenas valen unas cuantas monedas. Sin embargo, Dios se preocupa por cada uno de ellos. Lo mismo pasa con ustedes: Dios sabe hasta cuántos cabellos tienen. Por eso, ¡no tengan miedo! Ustedes valen más que muchos pajaritos.” Lucas 12:6-7 (TLA).

Los pajaritos en los tiempos de Jesús, eran una mercancía barata, casi sin valor. Sin embargo, Dios no se olvidó de ninguna de ellos, ni tampoco lo hará con nosotros que somos mucho más valiosos, al punto que hasta los cabellos de nuestra cabeza están contadas.

Tal vez en algún momento de tu vida hayas sido víctima de bullying ya sea en una escuela, trabajo o hasta en tu hogar. Esto puede afectar la autoestima al punto en que uno quiere aislarse, simplemente para que no lo hieran más. Quizás y aún después de muchos años, sigues cargando con esas heridas, pensando que no tienes valor, pero quiero que sepas que Dios anhela devolverte el valor que te quitaron y sanar tus heridas, pues para Él vales mucho y te ama de una manera profunda.

No permitas que otras personas definan tu destino, acércate a Dios para que Él sea quien lo haga.

Dios quiere devolverte tu valor para que tengas una sana autoestima.

Por Giovana Aleman

 

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Ni más ni menos

¿Cómo te llevas con los que te rodean? Estudios demuestran que la autoestima influye en la relación con los demás, la mayoría de las personas que presentan un valor positivo de sí mismos, mantienen relaciones saludables, a diferencia de los que tienen una autoestima dañada.

“Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Mateo 22:37-39 (RVR 1960)

El Señor nos da dos mandamientos fundamentales: amar a Dios y al prójimo, quizá debería haber un tercer mandato que mencione el amarse a uno mismo; sin embargo, en este pasaje se menciona como si estuviera sobreentendido, en otras palabras Jesús nos dice: “como ya te amas a ti mismo, así también amarás a tu prójimo” Si alguien no se ama, difícilmente amará a un tercero.

El concepto que cada uno tiene de sí mismo consiste en quién y qué pensamos que somos, las ideas positivas y negativas que tenemos siempre influirán en nuestro comportamiento, la manera de ser y presentarnos ante el mundo. Por tanto, una buena autoestima provocará un efecto positivo en la vida personal, laboral, familiar y social de cada individuo.

Un dato curioso es que la mayoría de las veces nuestro concepto de nosotros mismos está distorsionado. Una estrategia fundamental del enemigo es dañar nuestra autoestima, para que nosotros mismos seamos el obstáculo para triunfar, evitando tener relaciones saludables y además desobedecer el mandato de Dios, porque al no valorarnos, no podremos valorar a otros.

De igual forma, es primordial que la autoestima esté equilibrada, porque esto también puede ser un obstáculo. La palabra de Dios dice: “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” Romanos 12:3 (RVR1960).

Una persona egocéntrica tampoco verá el valor en los otros, esto impedirá que presente buenas relaciones con los que le rodean,  en la mayoría de los casos son ellos los  que humillan y maltratan, e incluso se creen superiores al Señor.

¿Qué piensas de ti mismo? En la infancia es cuando empezamos a construir nuestro carácter e ideas sobre nosotros mismos. Es posible que en la actualidad sea difícil para ti valorarte, quizá porque te han lastimado en tu niñez, pero el Señor puede sanarte, tienes un valor incalculable que Dios quiere que conozcas.

 

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¡Quítate esa máscara!

Una máscara es una pieza, normalmente adornada, que oculta total o parcialmente la cara para disimular los rasgos de la misma; utilizada desde la antigüedad con propósitos ceremoniales y prácticos.

En la actualidad, y de forma consciente, muchos se ponen máscaras que no tienen nada que ver con ellos para tapar sus debilidades, se sienten a salvo y logran que los demás no se den cuenta de su problema.

La falsa autoestima es una de ellas,  la cual creamos a manera de protección para que no nos hagan daño y, sobre todo, para aparentar que no tenemos problemas de inseguridad. Esto llega a ser el producto de una sociedad que constantemente está avergonzándonos, mostrando nuestros errores y defectos, los cuales nos hacen sentir en la obligación de utilizar máscaras.

Jeremías era uno de ellos, tenía serios problemas con su autoestima, por mucho tiempo vivió con el temor a  ser rechazado y desaprobado por la gente. Cuando Dios lo llamó a su servicio, se sintió incapaz de lograrlo, entonces dijo: Yo soy un niño. Por lo visto tenía la máscara del “no puedo, soy un niño”. En ese momento, parafraseando Jeremías 1:5,  Dios le respondió: Jeremías sácate esa máscara porque antes que te formase, yo te conocí, la gente podrá decirte lo que desea, pero yo te escogí, te llamé, te levanté como profeta a las naciones y mi presencia ha estado siempre contigo.

Esa es una gran promesa, porque si la presencia de Dios va con nosotros podemos estar seguros que nada, ni nadie nos detendrá para cumplir su plan.

Nadie debe determinar quién eres, sólo Dios puede hacerlo, porque Él es el único que te conoce a la perfección.

A pesar de que Jeremías puso tantas limitaciones en su vida, tenía un corazón humilde y dispuesto a su servicio. Dios tuvo que corregir sus pensamientos negativos sobre sí mismo para que su plan sea cumplido a la perfección.

Permite hoy que Dios trate con tu vida y saque todas las máscaras que te pusiste para esconder el dolor, la inseguridad, etc. Deja que Dios tome control de tu vida, Él  te dirá quién eres en realidad. Recuerda  que nadie te podrá hacer frente porque todos los que peleen contra ti sin duda perderán.

 “Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte.” Jeremías 1:19 (RVR).

Por Ruth Mamani

 

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Criticando muestras inseguridad

Hay personas que se pasan mucho tiempo criticando casi todo. Critican tanto, que quien los escucha debe pensar que ellos que tanto critican, harán todo perfecto.

Tristemente no es así. Por lo general, quienes critican, si, muchas veces tienen la auto-estima muy alta, pero otras tantas veces es lo contrario. Resultan ser personas que tienen un número tan grande de inseguridades, que critican a otros para desviar la atención hacia los errores que comenten los demás o hacia la forma de hacer las cosas de otros.

Se habla de críticas constructivas y críticas destructivas. Las destructivas llevan normalmente un mensaje de decepción y calificación, sin dar ningún comentario de nada bueno o aceptable. Es como decirle a alguien: “No hiciste ese trabajo nada bien, pero claro, es que en realidad nunca lo haces bien”. Una crítica constructiva sería: “Disculpa, el trabajo que hiciste hoy no me pareció tan bueno como la mayoría de tus trabajos. Pienso que si le dedicas un poco más de tiempo a la planificación, te podría salir mucho mejor”. En este caso además se estaría dirigiendo directamente a la persona. Pero la mayoría de los “críticos empedernidos” se encargan de criticar a los demás a sus espaldas, es decir, comentando con otros.

Otro factor a resaltar es que una persona que critica a todo el mundo, cuando los llegamos a escuchar, nos invade el pensamiento de que con los demás nos criticará a nosotros también. ¿No es cierto?

Debemos cuidar lo que decimos, porque con la misma medida que medimos seremos medidos.

Recordemos estos pasajes Bíblicos:

Lucas 6:45 “El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien; pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca”.

Proverbios 15:4 “La lengua que brinda alivio es árbol de vida; la lengua insidiosa deprime el espíritu”.

Proverbios 10:19 “El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua”.

Mientras más moderamos seamos, en menos problemas nos meteremos. Como siempre digo: todo en exceso es malo. Es el lema del espacio que tengo en CVCLAVOZ los lunes a las doce hora de Miami, “Ni Más Ni Menos” con Elluz Peraza… ¡Porque todo en exceso es malo!

 

 

 

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2 preguntas que debes hacerte antes de publicar un selfie

Los autorretratos o selfies se han popularizado por todas las redes sociales. El significado y consecuencias de este fenómeno continúan siendo materia de investigación para los estudiosos, quienes tienen diferentes puntos de vista al respecto. Algunos sostienen que los selfies son una muestra de narcisismo, pero tampoco se ha demostrado que tenga consecuencias negativas en el autoestima. Sin embargo, el que no haya una posición unánime con respecto a este tema significa que debamos pensar antes de publicar un selfie. Dos simples preguntas que nos ayudan a examinar nuestras motivaciones son:

¿Mis selfies se han convertido en el significado de mi valor como persona?

Para muchas personas, los comentarios y la cantidad de me gusta se han convertido en una forma de medir su autoestima. Si un selfie tiene muchos likes y comentarios que dicen lo bien que se ve, entonces la persona se siente bien consigo misma, y si ocurre lo contrario, le lleva a despreciar o incluso odiar su apariencia. Aunque en cierto modo los comentarios positivos ayudan a levantar el ánimo de alguien que no se siente particularmente bien; por otro se convierte en algo contraproducente pues puede llevar a que alguien pierda el significado de su verdadero valía. Esto quiere decir que medirá su valor de acuerdo a lo que dicen otros de su apariencia externa y le llevará a continuar produciendo fotografías que cumplan las expectativas de los demás.

No tiene nada de malo preocuparse por la apariencia, arreglarse ni hacer lo posible para sentirse bien con uno mismo, el problema viene cuando le damos más importante a la belleza externa que a la interna. Una persona que sabe su valor, se ama y entiende que es una obra de arte creada por Dios, no necesita de me gusta ni comentarios que le digan lo hermoso que se ve. Por lo tanto, antes de publicar un selfie, hazte esta pregunta y preocúpate primero en ser más bello por dentro para que esto se refleje por fuera.

Si quieres aprender a amar tu apariencia, lee el artículo 6 pasos para amar tu apariencia.

¿Estoy mostrando mi verdadero yo?

Hay una gran diferencia entre demostrar quienes somos verdaderamente y mostrar quienes queremos ser. Hoy en día hay una variedad amplia de aplicaciones y softwares que nos permiten modificar nuestra apariencia de la forma que más nos gusta. Aunque todos tenemos marcas, imperfecciones o rasgos con los que no nos sentimos a gusto, nuestras fotografías deben reflejar el estilo de vida real que llevamos y cómo realmente somos. Esto no implica que no debemos utilizar filtros o adornos para mejorar nuestras imágenes, sino que no debemos modificarlas tanto que se alejen de quienes somos en realidad.

El mundo está lleno de fotografías falsas que nos hacen creer que así es la vida real, y ellas pueden influir en nuestra forma de percibirnos a nosotros mismos. Sin embargo, no hay un molde ni un estándar fijo de belleza que diga con precisión cómo debe lucir una persona hermosa y exitosa. Y, de hecho, esto es porque Dios hace arte y Él creó a cada persona con belleza propia; por lo cual nadie puede estandarizar aquello que es diferente.

¿Quieres saber más sobre los ideales de belleza? Entonces lee ¿Cómo es el cuerpo perfecto?

 

 

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Él es tu creador

“Entonces Dios miró todo lo que había hecho, ¡y vio que era muy bueno!” Génesis 1:31. (NTV)

Hay millones de personas que viven en este mundo, pero ninguno igual a ti. Dios te creó único, con un don espectacular y un propósito especial. El problema es que a veces, no tienes conocimientos de eso y crees que no eres capaz de lograr algo.

Dios dijo: “Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen, para que sean como nosotros. Ellos reinarán sobre los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, todos los animales salvajes de la tierra y los animales pequeños que corren por el suelo. Así que Dios creó a los seres humanos a su propia imagen. A imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó.” Génesis 1: 26-27 (NTV)

Tú no eres cualquier creación, eres un ser único creado a imagen y semejanza de Dios. “Me viste antes de que naciera. Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro. Cada momento fue diseñado antes de que un solo día pasara.” Salmos 139:16 (NTV) Por lo tanto, no hagas caso a opiniones de los demás. Valora tu vida y todo el potencial que Dios te ha dado. Tú no naciste para ser cola, sino cabeza. No estás en este mundo para vivir derrotado, sino para que camines de victoria en victoria.

No mires tus errores ni le des importancia a las acusaciones de tu mente, el perdón y el amor de Dios no dependen de nuestro comportamiento. Dios nos escogió, no por nuestras virtudes ni méritos, pues “…siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. Romanos 5:8.

Sigue adelante y no hagas caso a ninguna voz que no sea de Dios. “…el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6). El Dios que te creó te llevará el resto del camino porque tiene un compromiso inquebrantable contigo. “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.” Josué 1:9.

“Yo soy Dios, tu creador; yo te formé desde antes que nacieras, y vengo en tu ayuda…” Isaías 44:2 (TLA)

Oremos:

Padre que estás en los cielos, gracias por crearme, sé que cumplirás tus propósitos en mí, terminarás la buena obra que has iniciado en mi vida y será glorificado tu nombre. Eres fiel a tu palabra y confió en lo que harás en mí. Gracias por tu amor y misericordia.  Te amo Señor. Amén

 

 

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El valor de cada cosa

A mediados del siglo XIV estalló una rebelión entre los agricultores chinos porque estaban siendo obligados a construir diques de riego entre los ríos principales para favorecer sólo a unos cuantos.

El emperador fue derrocado y los campesinos eligieron como líder a un pobre monje budista llamado Zhu Yuanzhang, iniciando de esa manera la afamada dinastía Ming. Su linaje dirigiría el destino del imperio más extenso de su época durante casi tres siglos y conduciría a China a su periodo de mayor estabilidad caracterizado por un gran esplendor cultural, desarrollo social y económico sin precedentes en la historia del país.

Pronto llegaron a tener un gran poder militar y las obras de ingeniería civil cobraron gran valor debido a la construcción de varios puentes, palacios y sobre todo por la edificación de la icónica Muralla China que sigue en pie hasta hoy.

Por todo lo que representa ese periodo, una vasija de esa época realizada por un alfarero de la familia real puede llegar a costar hasta 26 millones de dólares. Aunque sabemos hoy en día que la cerámica es solamente sal y arcilla mezclada en proporciones adecuadas, el costo tan elevado de un artículo tan simple no se debe a sus componentes primarios, sino a quien le perteneció en su momento.

Una valoración similar es la que tiene el hombre al acercarse a Dios.

La Biblia dice en Efesios 2:10 “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” Versión Reina-Valera 1960

El valor que tenemos no tiene lugar en los títulos profesionales, procedencia social, nivel económico, inteligencia o capacidad, sino en el precio que Dios decidió pagar en rescate por nosotros. La Biblia dice que cuando aceptamos el sacrificio de Jesús como única forma de llegar al Padre, pasamos a ser nuevas criaturas.

En ese momento nuestra procedencia de una naturaleza caída se termina y nace el nuevo hombre gracias al poder del Espíritu de Dios.

Un jarrón de la dinastía Ming es sólo arcilla y sal mezclada, pero su valor está el lugar al que alguna vez perteneció. Nuestro valor no está en nada terrenal, sino en Dios cuando reconocemos que somos hechura suya.

 

 

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