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¿Estás en una relación tóxica?

Una relación tóxica, es aquella en la cual ambos o una de las partes hace daño, se hacen daño. Puede ser una relación de pareja, pero también ocurre entre amistades, entre compañeros de trabajo y hasta dentro de la familia.

Si la relación en la que te encuentras te hace sentir manipulado, amenazado, acosado, maltratado o sientes que no te están respetando, que te hacen sentir inferior, analiza y toma la decisión que debas tomar para salir de ella.

Hay casos en los que una persona se aprovecha de la otra, es decir, todo lo hace de acuerdo a sus propios intereses y por lo general es una persona dominante y se disgusta cuando no tiene el control sobre toda decisión en la relación.

Este tipo de relación se da, cuando una persona es de carácter fuerte, dominante y la otra es susceptible a las culpas, es más sensible y vulnerable. Sin embargo, no siempre son muy evidentes los métodos para controlar a la otra persona. Por eso hay que estar muy atentos.

Existe la relación en la que una de las partes tiende a denigrar, menospreciar e irrespetar a la otra. A veces lo hacen como bromas que causan gracia, pero en el fondo las bromas llegan a burlas o faltas de respeto. Es una manera de vejar al otro disimuladamente. También se da el caso en que una de las partes se enfurece por que le haces una crítica aunque sea constructiva o porque no estés de acuerdo con el o ella en algo. Al molestarse, está manipulando, chantajeando emocionalmente. Este tipo de personas por lo general echa la culpa de su enojo a los demás.

Hay relaciones en las que una de las personas lleva su independencia tan lejos que no hablan ni de lo que van a hacer ni de lo que hicieron en el día y se molestan si les preguntas. No hay manera de tener una conversación cordial, ya que cualquier intento de iniciar una conversación lo toman como que les estás averiguando la vida.

Otro tipo de relación tóxica es aquella en la que utilizan al otro  para obtener lo que desean y la otra parte siempre está complaciendo los deseos del ese.

Esta persona llega a perder las amistades, y hasta su propia personalidad. Es el tipo de relación en la que la persona pasiva llega a pensar que no tiene vida si el otro o la otra, sea familia, amiga, etc., se van.

Muchas relaciones tóxicas, sin embargo, te hacen sentir bien porque luego del maltrato tal vez vengan muchos días de amor y detalles. La mayoría de las personas piensan que con el tiempo todo va a cambiar y mejorar. La realidad es que si estás en una relación así, te debes alejar. Debes analizar si estás haciendo actividades para ti, si te estás cuidando, si tienes amistades con las que puedes interactuar, salir, compartir sin tener problemas con la otra persona. Pregúntate si tu vida sería mejor sin esa relación.

Las relaciones tóxicas son dañinas a nivel espiritual y a nivel físico también llegan a serlo. Puede mermar la auto estima y también llegar al abuso físico. Este tipo de relaciones hay que eliminarlas. Si sientes que estás en una relación tóxica, es bueno que busques ayuda si no logras convencerte tú mismo (a) de que te debes alejar. La mayoría continúa en este tipo de relaciones por temor a no conseguir algo mejor. Son casos difíciles, pero todo se debe a la complejidad del ser humano. ¡Desintoxícate!



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Cinco segundos

“Hay cinco segundos para retener la atención de chicos y chicas que nacieron entre 1994 y 2010…

Lo de los cinco segundos no sorprende: es una generación cuya cultura está definida por el instante, la fugacidad, la velocidad y la fragmentación.”

Las citas anteriores corresponden a una nota de prensa que da cuenta del tiempo de atención que otorga la generación centennial (que tiene hoy entre 14 y 20 años) antes de pasar a otro asunto.

Aunque el artículo se refiere mayormente a la atención prestada a los contenidos de la pantalla del celular podríamos aventurar que lo mismo se da en otros aspectos de la vida: la casa, la escuela, las juntadas, el trabajo.

Por una razón simple. “No es cierto que se puedan hacer varias tareas a la vez. Para hacer una nueva el cerebro tiene que desenfocarse de lo que está haciendo, y eso opera en detrimento de la primera”, advierte en el artículo una especialista en cultura juvenil.

Cuando uno ve a los chicos y chicas mirando televisión, atendiendo a su celular, hablando con sus amigos y amigas, todo eso simultáneamente, resulta evidente que el tiempo de atención que otorgan a las cosas es mínimo.

La palabra clave en las citas que hemos anotado al comienzo es fragmentación. Este fenómeno comenzó hace muchas décadas pero cristalizó en la primera parte del siglo XX con la radio y la televisión.

La cultura de la fragmentación se caracteriza por la desagregación de los contenidos que hacen al conocimiento. Se pierde la perspectiva. Los “árboles” no dejan ver el bosque. Las personas han perdido la habilidad de relacionar, discriminar e interpretar contenidos por lo cual son mucho más susceptibles de manipulación y engaño.

Las fake news no tendrían efecto alguno en una cultura de pensamiento crítico porque el público simplemente las cotejaría con todos los aspectos involucrados. Pero esto es prácticamente imposible hoy – no sólo para la generación centennial sino para la mayoría de la gente.

Vivimos en un mundo fragmentado. La velocidad, la fugacidad y el instante cubren todo convirtiendo la realidad en un movimiento virtual, una experiencia de orden esotérico, un acontecer onírico.

Eso, sin mencionar el aburrimiento, la impaciencia y el bajísimo nivel de tolerancia a la frustración que experimenta todo el mundo.

No se vislumbra un retorno a la cordura del pensamiento crítico y el conocimiento construido. Navegamos a toda vela en la vida líquida.

Boca de ganso

Mi mamá, cuyo vocabulario era rico en refranes camperos, solía decir que cierta persona hablaba por boca de ganso. Es decir, hablaba algo que había escuchado o que le había sido dicho por otra persona.

Cada día se hace más evidente que me estoy poniendo viejo. A medida que pasa el tiempo me sensibilizo respecto de cuestiones que viví o que entendí hace tantos años. Y me doy cuenta que algunas de ellas constituyen ricas y tremendas verdades acerca del mundo y la vida por lo que hay que visitarlas de nuevo.

Una vez un profesor de mi primer año de universidad nos dijo que prácticamente todas las ideas que teníamos acerca de cualquier cosa las habíamos adquirido de otros. Le pregunté si era esa una idea propia o la había recibido de alguien más.

Traigo esto a cuento porque el otro día vi un debate en YouTube acerca de tolerancia y religión. Uno de los invitados se refirió casi todo el tiempo a autores y pensadores que había leído o escuchado.

Su “oponente”, alguien que conozco hace muchos años, debe haber citado uno o dos autores. El resto del tiempo elaboró sus argumentos sin referencia a importantes escritores.

No quiero decir que estuviera mal referirse a ellos; estaban bastante bien citados. Pero me resultó difícil separar las citas de lo que elaboraba el invitado.

Nadie piensa a partir de cero. Siempre hay algo que estimula, sorprende o ilumina. Pero llega el momento en que ese conocimiento debe ser interrogado. Debe ser cuestionado a la luz de nuevos estímulos o de otros conocimientos que lo desafían.

Digamos que está bien si uno dice: Como dijo Baltasar Gracián, lo bueno, si breve, dos veces bueno. Pero no sería tan bueno pasarse la vida diciendo lo mismo. En algún momento hay que hacerse algunas preguntas respecto del asunto.

Eso no quiere decir que las palabras de Gracián estén mal. Lo que uno esperaría es que ellas lo impulsen a uno a seguir preguntando y ampliando la perspectiva.

Una cierta verdad no tiene que dejar de ser verdad si uno la confronta. (Aunque si deja de serlo tal vez es porque no era). Lo que ocurre con el pensamiento crítico es que uno desarrolla una visión más propia de las cosas.

Entonces, uno está menos expuesto a la manipulación y no anda hablando cosas por boca de ganso.

¿Eres controlador?

El querer controlar nuestra vida es un deseo natural en el ser humano. El problema está cuando empezamos a expandir esa autoridad e intentamos ejercerlo sobre otros; a este tipo de personas se les denomina “controladores”. El psicólogo clínico del Departamento de Salud Mental del Condado de Los Ángeles, Seth Meyers, afirma que los controladores necesitan estar al mando en todo porque temen que su vida se desmorone si no lo hacen; él también asegura que “la necesidad de un alto nivel de control en situaciones a menudo no es psicológicamente saludable porque mucho en la vida está más allá de nuestro control.”

En ocasiones, nosotros mismos podemos serlo aún sin darnos cuenta, pero debemos estar en constante revisión de nuestro propio comportamiento para darnos cuenta de los posibles efectos. Éstas son algunas señales que te ayudarán a darte cuenta si eres controlador:

 

Consejos para no ser controlador:

La psicoterapeuta, Amy Morin, recomienda practicar el control de las emociones propias en lugar de lo que ocurre alrededor; asimismo, practicar aceptar que no todas las cosas saldrán según lo planeado.” Por otra parte, en Lucas 12:22-28 dice que no debemos preocuparnos por las situaciones diarias, sino que más bien, depositemos nuestra confianza en Dios. Él es el único que sabe lo que ocurrió en el pasado, lo que sucede en la actualidad, y lo que acontecerá en el futuro. Aún cuando nuestros planes no salgan de acuerdo a lo que pensamos, debemos de tener fe de que Dios siempre está en control de todo; y si Él está al mando, todas las cosas cooperan para el bien (Romanos 8:28).

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Motivación vs. Manipulación

El funcionamiento de un equipo depende de la colaboración de sus miembros, pero también del liderazgo de la persona a cargo. Muchas veces, en el intento de hacer que el grupo logre la meta deseada, se traspasa la línea entre motivación y se llega a la manipulación.

Lo que necesitamos entender es que al trabajar con un equipo, estamos tratando con personas, y no con simples objetos que podemos utilizar a nuestra conveniencia. El fin no justifica los medios. Debemos recordar que de nada vale obtener buenos resultados, si para tenerlo hemos roto relaciones y lastimado a los demás. Entonces ¿cuál es la diferencia entre motivar y manipular?

  1. La motivación se preocupa por el trabajo y la persona. La manipulación sólo se preocupa por el trabajo.
  2. La motivación está alimentada por el amor. La manipulación se alimenta del orgullo.
  3. La motivación empodera a las personas. La manipulación controla a las personas.
  4. La motivación valora a las personas. La manipulación devalúa a las personas.
  5. La motivación es un gran liderazgo. La manipulación es un mal liderazgo.
  6. La motivación fomenta la lealtad. La manipulación fomenta el resentimiento.
  7. La motivación se basa en el contenido. La manipulación se basa en el estilo.

Si eres líder y has caído en la manipulación, aún no es tarde para comenzar a motivar a tu equipo y restaurar sus lazos.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Actitudes que pueden llevarte al divorcio (Parte 1)

Cuando se da el gran paso del matrimonio, la mayoría está con la ilusión de vivir una historia de amor, cumplir la promesa “para toda la vida”. Sin embargo, con el tiempo todo cambia, algunos para bien, pero muchos para mal, y esto derivado de actitudes que en lugar de ayudar a fortalecer la relación matrimonial, la desgastan. Aquí diez actitudes que pueden llevar al fracaso, siempre y cuando no se haga nada para mejorar.

1) Egoísmo

Es muy triste, pero real, el hecho de que al casarse muchos cambian la mentalidad de siervos por egoísta. En el noviazgo las parejas buscan agradarse uno al otro. Su prioridad es hacer sentir bien a la pareja; pero después del “sí acepto” algo sucede que empiezan hacerse flojos en el amor, y en lugar de decir ¿qué voy hacer por él o ella? cambia a ¿qué va hacer él o ella por mí. Primero que me sirvan. Lo contrario a esto es una actitud de servicio en la vida cotidiana para que la relación perdure en amor.

2) Manipulación

Una actitud manipuladora busca persuadir o exigir al cónyuge no tanto por avanzar juntos, si no para sacar provecho a sus propios intereses, sin importar sacrificar los deseos del otro. No permitirle que haga esto o aquello, simplemente porque le incomoda o no va acorde a las ganas del otro, se priva constantemente a una persona de hacer lo que le gusta, lo cual tarde o temprano puede provocar un desgaste emocional que lo llevará al desinterés por su pareja. Mejor es motivarlo hacer lo que le gusta y que lo haga bien para su crecimiento personal.

3) Desinterés

La falta de atención es una de las principales causas por las que un matrimonio va perdiendo interés. Sea porque dejan que las dificultades los agobien, los sentimientos de enfado se acumulen, entran en una monotonía u otros factores que hacen dejar los detalles que enamoran día a día. Se pierde un sencillo pero emotivo buen día con un gran beso o un fuerte abrazo. Contrarrestar esa actitud, es estar al pendiente de las necesidades físicas y emocionales de la pareja, el volver a tomarse de las manos, mirarse a los ojos y hacerse saber que están ahí para cuando lo necesitan, en las buenas y las malas. Disfrutar de una cita juntos, sin hijos, solos, por lo menos una vez a la semanal para ir a un lugar que ambos disfruten mucho.

4) Soberbia

Esto sucede cuando uno de los cónyuges siente muy seguro al otro, porque lo ve por encima del hombro, dado que tiene un sentimiento de gran valoración ya sea por su físico, poder económico, inteligencia, u otras características que le dan satisfacción de orgullo propio, y de manera errónea considera a su pareja inferior y sin él o ella no haría gran cosa. Incluso, rara vez admite errores y no acepta argumentos. No se esfuerza por su pareja. Considera que con el simple hecho de estar a su lado es más que suficiente. El problema con esta actitud es que tarde o temprano pierden relaciones, no solo familiares, si no de trabajo y de amistad. Todo lo contrario a esto es la humildad.

5) Irrespetuosa

La falta de respeto lleva a no frenar las palabras, pensamientos y acciones llenos de ira, amargura y frustración con el cónyuge. De ahí el maltrato verbal, físico y/o psicológico; también el sarcasmo y la critica. Lamentablemente cuando se transgrede esta línea del respeto, se pierde la base fundamental más importante de una relación y familia. Cuando no existe respeto, se pierde autoestima, deseo hacia la pareja, y la esencia del matrimonio que es el amor. Hay que valorar a la pareja, jamás hacerlo sentir menos; en caso de un desacuerdo, se debe comunicar en tiempo y forma prudente sin ofender.

Si te identificaste con alguna de estas primeras actitudes que afectan a una relación matrimonial, recuerda que nunca es tarde para cambiar. Dios da la oportunidad de empezar de nuevo y reescribir el resto de tu historia, porque el matrimonio no se hizo para sobrellevar en sacrificio, sino para disfrutar en servicio, amor y respeto.

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