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The remain of the day

La imposibilidad del amor sin condiciones, sin querellas, sin reproches, sin resentimientos, sin preguntas, sin la inevitable pulsión del yo. Un poco de consideración, un poco de respeto, una pizca de generosidad, un tiempo de silencio, un pacto de no agresión, una moratoria, a ratos cierta compasión y por qué no algunos olvidos.
Más misericordia que verdad incontestable, más obras que excelentes razones, más interés que mera curiosidad, más paciencia que irritación, más compañía que solo intensa comunión.
Información sobre la naturaleza de algunas cosas, como la reverberación del sol en el verano a la hora de la tarde, o respecto de la tristeza fundamental de las tardes de invierno en La Coruña 5044 hace cuarenta y dos años o sobre por qué uno se casa a los veinte años sin entender nada de lo que está pasando, sólo que hay que hacerlo aunque todavía no termina de cerrarse la mollera.
Respuesta a las consultas silenciosas del cuerpo que desconoce su nueva realidad, que cada vez admite menos y exige más, o a los requerimientos de la noche que no ceja en su empeño por no pasar desapercibida y que niega el absoluto imperativo del descanso o a los secretos cuestionamientos de la conciencia que se pregunta mil veces sobre la diversidad de los caminos elegidos.
Hacinar el esqueleto cada mañana para carpe diem, erguido y tenaz en comenzar los artilugios de la rutina, repasar los asuntos perentorios del trabajo y los costos sociales de ser el caballero que habla, que escribe para el agrado y el desagrado de la invisible audiencia.
Porque las responsabilidades ya no son un asunto preferente; a esta edad ya se jugaron todas las cartas, o casi todas, y no hay nada nuevo que agregar a un curriculum vitae que se quedó demodé y ya las jóvenes almas ocupan toda la plaza, alzan sus flameantes banderas y cantan sus himnos de triunfo.
Nosotros, nosotros no tenemos más que viejos estandartes, mil recuerdos de gloria, una mirada un poco cínica, un pesimismo subyacente, varios libros por leer, remordimientos que ya no se quieren reconocer, luces tenues del alma que se va apagando sin remedio.
Nunca un aire acondicionado y una llave del lavaplatos que por fin funcionen bien fueron asuntos tan importantes en la vida como en este anochecer…

Esperar

Jacob fue uno de los patriarcas más importantes de la historia Judía. Siendo nieto de Abraham e hijo de Isaac, recibió como herencia varias promesas de Dios para todos sus hijos que luego se convertirían en las 12 tribus de Israel.

Uno de los momentos más sobresalientes de su vida fue cuando logró que su hermano Esaú le entregara su primogenitura y luego, con la ayuda de Rebeca su madre, logró engañar a su padre Isaac (ciego en ese momento) para ser bendecido con la promesa que Dios le hizo a Abraham de hacer de su descendencia una nación grande y fuerte. Esos eventos desencadenaron una serie de problemas familiares que incluso obligaron a Jacob a huir de su propio hogar.

Recordemos que muchos años antes, cuando Esaú y Jacob aún estaban en el vientre de Rebeca, Dios ya había designado al que sería primero entre ellos.

Génesis 25:23 dice: “Y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor.” Versión Reina-Valera 1960

Dios ya había elegido a Jacob como patriarca, pero todo se complicó cuando él y Rebeca decidieron involucrarse apresurando el cumplimiento de esa promesa.

Romanos 9:11-13 dice: “Y antes que ellos nacieran, cuando aún no habían hecho nada, ni bueno ni malo, Dios anunció a Rebeca: «El mayor será siervo del menor.» Lo cual también está de acuerdo con la Escritura que dice: «Amé a Jacob y aborrecí a Esaú.» Así quedó confirmado el derecho que Dios tiene de escoger, de acuerdo con su propósito, a los que quiere llamar, sin tomar en cuenta lo que hayan hecho.” Versión Dios Habla Hoy

La Biblia está llena de promesas: algunas como la salvación sólo necesitan que las aceptemos para recibirlas, otras exigen trabajo y dedicación, pero también están las que requieren paciencia para ver su cumplimiento. El llamado al ministerio o el tiempo de conversión de un ser querido por ejemplo.

Dios nos da la libertad de elegir entre esperar o tomar el control, esta segunda opción casi siempre requiere la manipulación de las circunstancias para ver que se cumpla lo que se espera, pero muchas veces sólo provoca calamidades.

Las promesas de Dios siempre traen satisfacción y paz para quien espera pacientemente. Habacuc 2:3 dice: “Aún no ha llegado el momento de que esta visión se cumpla; pero no dejará de cumplirse. Tú espera, aunque parezca tardar, pues llegará en el momento preciso.” Versión Dios Habla Hoy

Sigue orando pacientemente y confiando en Su fidelidad.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Estás ansioso y preocupado?

“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.” 1 Pedro 5:7 (RVR1960)

La ansiedad y la preocupación generalmente representan una carga que nos hace sufrir. Esperamos ser librados de ellas, pero a veces la respuesta tarda en llegar y nos exasperamos al punto de perder la paciencia. Cuando esto sucede, es posible que tomemos decisiones apresuradas, de las cuales quizás tengamos que arrepentirnos más tarde.
Si bien hay problemas inevitables, aún así podemos entregárselos al Señor en oración. Dios nos dará la fuerza necesaria para atravesar toda situación y terminar en victoria, porque Él tiene cuidado de nosotros.

Por Giovana Aleman

 

 

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La Resistencia

Los atletas se preocupan por aumentar su velocidad y fuerza, pero hay otro factor importante que es fácil de olvidar en la práctica física: la resistencia, que ayuda mantener la energía durante largos periodos de tiempo.

Las pruebas son las oportunidades que uno tiene para conocer y demostrar el nivel de su fe y confianza en Dios. Existen dos tipos de personas a la hora de atravesar conflictos:

 – Persona 1: Se deja inundar por la preocupación, la duda y tristeza y por ende se rinde.

 – Persona 2: Decide seguir confiando y haciendo todo lo necesario para salir de ese problema.

La resistencia es entendida como la acción o capacidad de aguantar y tolerar a pesar del dolor o del cansancio.

¿Hasta qué punto puedes llegar a resistir?

El apóstol Pablo comprendía lo que lo significa tener problemas y nos enseñó que es en ese campo lleno de dificultades cuando desarrollamos nuestra resistencia, “También nos alegramos al enfrentar pruebas y dificultades porque sabemos que nos ayudan a desarrollar resistencia” Romanos 5:3 (NTV).

Cuando los problemas vienen con fuerza sobre nuestras vidas es cuando nuestra capacidad para soportar se pone a prueba o se entrena. Dios quiere sacar lo mejor de sus hijos y por ello quiere que aprendan a resistir en toda circunstancia.

Alguna vez oíste o te hiciste estás preguntas: ¿Por qué Dios no me ayuda? ¿Por qué tengo que pasar tantos problemas? ¿Dios es indiferente a mi sufrimiento?

Dios jamás será insensible a tu sufrimiento y tampoco te llevará más allá de lo que puedas resistir, su objetivo no es destruirte sino hacer de ti un hijo fuerte y estable por ello es que siempre habrá una puerta de salida en medio del problema, “Ustedes no han pasado por ninguna prueba que no sea humanamente soportable. Y pueden ustedes confiar en Dios, que no los dejará sufrir pruebas más duras de lo que pueden soportar. Por el contrario, cuando llegue la prueba, Dios les dará también la manera de salir de ella, para que puedan soportarla” 1 Corintios 10:13 (DHH)

¿Estás dispuesto a resistir a pesar del dolor o el cansancio?

Por Judith Quisbert.

 

 

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El valor de esperar

A un niño al que le gustaban las plantas, le regalaron la semilla de una flor de luna, la plantó y cuidó, esperando ansioso poder verla florecer. Pasó el tiempo y vio que brotaba una rama pequeña y delicada, entonces el niño la arrancó y la puso en un vaso con agua esperando que brotara la flor pensando que ya era su tiempo, pero la rama murió.

Al igual que este niño que no pudo esperar para ver la flor, muchos actuamos de la misma manera, caemos en desesperación y angustia cuando las cosas no están sucediendo como queremos y en el tiempo que planeamos y dejamos que la frustración y la ira nos invadan, llegando incluso a dudar de Dios y de su existencia.

El ritmo que lleva este mundo, impulsa al ser humano a buscar los medios para saciar el deseo que tiene, sin importar el tiempo o si está preparado para recibir lo que anhela.

El apóstol Pablo nos enseña acerca del valor de esperar, “Por lo tanto, no desechen la firme confianza que tienen en el Señor. ¡Tengan presente la gran recompensa que les traerá! Perseverar con paciencia es lo que necesitan ahora para seguir haciendo la voluntad de Dios. Entonces recibirán todo lo que él ha prometido” Hebreos 10:35-36 (NTV).

¡Qué difícil es esperar! hoy varias personas caen en la desesperación por tener un compañero de vida, una casa, estabilidad económica, hijos, profesión, etc. y corren presurosos para alcanzar aquello que sueñan, sin importar lo que pueden perder en el trayecto a su objetivo.

Cuando la desesperación toma el control puede causar grandes e irremediables daños a uno mismo y a las personas que uno ama; Dios conoce cada anhelo y sueño que sus hijos tienen y como buen Padre desea complacerlos y darles mucho más de lo que imaginan, pero es necesario esperar para ver su obra.

¡Si la confianza está en Dios, no existe lo inmediato, sino el momento justo!

La paciencia es necesaria si realmente uno desea tener una vida plena; todos tenemos anhelos, metas y sueños que necesitan tiempo, algunos más de lo que planeamos, pero esperar es muestra de confianza en Dios.

Él promete recompensar tu paciencia “(…) Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente ha imaginado lo que Dios tiene preparado para quienes lo aman” 1 Corintios 2:9 (NTV)

El período de espera es un tiempo de preparación para recibir lo que anhelas, no procures lo inmediato, camina en el tiempo de Dios y da pasos según su ritmo.

¡Esperar traerá su recompensa!

Por Judith Quisbert

 

 

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¡De inmediato!

¿Cuántas veces “esperar” te ha desesperado?

Aunque se trate de realizar una actividad entretenida como ir al cine, al parque o a un concierto, nos desespera tener que esperar el ingreso porque queremos ser atendidos de inmediato. La realidad es que en diferentes sucesos de nuestra vida tendremos que aprender a ser pacientes, en especial si queremos recibir algo mayor.03

“No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.” Hebreos 10:35-36 (RVR 19960)

Esperar demasiado desanima y a veces se pierde la esperanza, pero el Señor menciona que nuestra confianza tiene un gran premio; por lo que es necesario que seamos pacientes, haciendo la voluntad de Dios para conseguir la promesa.

Por muchos años he orado por la conversión de mi padre, siempre anhelaba verlo bautizarse de blanco y clamaba al Señor todo el tiempo por esta petición. Hace una semana pude festejar con mi familia su bautizo en agua. Esperar no fue fácil, a veces perdía las esperanzas, pero el Señor me ayudó a ser paciente para recibir su hermosa promesa.

“Mirad como el labrador espera el fruto precioso de la tierra siendo paciente en ello hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía”. Santiago 5:7 (RVR 19960)

Si tienes una petición en tu corazón como: la salvación de tu familia, sanidad, ser libre de alguna dependencia u otros, debes ser como el labrador que espera el tiempo de la cosecha, después de haber trabajado tanto para sembrar los frutos. Recuerda que la paciencia tiene un gran premio, por tanto, no te desanimes.

¡No te desesperes! Recuerda que es necesario “esperar” antes de obtener lo que quieres.

 

 

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9 características que todo cristiano debe tener

Ser cristiano significa seguir el ejemplo de Jesús. Cuando lo aceptas en tu vida, Dios se convierte en el dueño y Señor de todo lo que tienes; y por lo tanto, tu vida cambia. Gálatas 5:22-23 (TLA) dice: “El Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser humildes, y saber controlar nuestros malos deseos. No hay ley que esté en contra de todo esto.” De este versículo se entiende que todo cristiano que verdaderamente tiene a Jesús en su corazón, debe reflejar las siguientes características:

Es imposible que alguien diga que es cristiano y no refleje amor. Esto en sí ya es una contradicción directa, pues, Dios es amor. La Biblia no nos dice que amemos cuando el amor es recíproco, o cuando la otra persona lo merece; sino que amemos a otros de la misma manera en que lo hacemos con nosotros mismos. Sin embargo, para amar a otros, primero debemos amar a Dios. Marcos 12:30 dice: “Ama a tu Dios con todo lo que piensas, con todo lo que eres y con todo lo que vales”, una vez que cumples esa parte, amar a los demás es un simple reflejo de lo que ya llevas dentro: “Cada uno debe amar a su prójimo, como se ama a sí mismo” (v. 31 TLA).

Demostrar alegría no significa sonreír todo el día. Cuando eres cristiano, entiendes que tu lugar no está en la Tierra y que, por lo tanto, las cosas que aquí ocurren son pasajeras. Cada aflicción, problema, tristeza, o preocupación es nada comparado con la eternidad que nos espera. Colosenses 3:2 nos dice que fijemos nuestra atención en lo eternal; y cuando piensas en el cielo que Dios nos tiene preparado, la alegría que Él pone en nuestros corazones se muestra en cada área de nuestra vida.

“Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense!” (Filipenses 4:4, NTV).

Ser cristiano no significa estar libre de problemas, sino tener la paz y seguridad de Dios cuando estas cosas ocurren. Juan 16:33 (NTV) dice: “Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” Hay muchas técnicas y ejercicios que prometen traernos paz; sin embargo, la paz que Dios da no se iguala a ninguna otra, pues, su paz no es circunstancial, sino que es duradera.

La paciencia es algo que todo cristiano debe reflejar, independientemente de su personalidad. Ser paciente demuestra confianza, esperanza, amor, fe e inteligencia (Proverbios 14:29). Si alguien no es paciente, se puede perder las más grandes bendiciones que Dios tiene para su vida.

Ser amables implica demostrar un genuino interés por la otra persona. Filipenses  2:3-4 (DHH) dice: “..que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo. Ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien de los otros.” Uno puede practicar la amabilidad desde pequeños gestos y esforzarse para hacer que otros vean el fruto del amor que Dios nos da.

Hay distintas maneras de demostrar buen trato y una de ellas es con las palabras. Efesios 4:29 nos advierte que debemos decir palabras que edifiquen a la comunidad y traigan beneficios a quienes las escuchen. Debemos de tratar bien a otros, incluso cuando ellos no hacen lo mismo con nosotros. En Mateo 5:43-44 (TLA) también nos recomienda a orar por aquellos que no nos desean lo mejor: “Amen a sus enemigos y oren por quienes los maltratan. Así demostrarán que actúan como su Padre Dios, que está en el cielo.”

Dios nos pide depositar toda nuestra confianza en Él, sin importar los momentos difíciles que pasemos, así como dice Hebreos 11:1 (TLA): “Confiar en Dios es estar totalmente seguro de que uno va a recibir lo que espera. Es estar convencido de que algo existe, aun cuando no se pueda ver.” Dios sabe recompensar a quienes le tienen fe, pues, al hacerlo le estamos demostrando fidelidad. Al ser fiel a Dios, le estás poniendo por sobre todo lo demás en tu vida; y cuando lo haces, todas las cosas siempre trabajan para bien.

La humildad no puede faltar en los cristianos. Efesios 4:2 (TLA) dice: “Sean humildes, amables y pacientes, y bríndense apoyo, por amor, los unos a los otros.” Ser humilde es aceptar que sin Dios no podemos ser nada, y que, gracias a Él lo tenemos todo. Humildad no es sinónimo de baja autoestima ni pobreza, sino de dejar que Dios sea más importante que nuestro yo.

1 Corintios 10:23 (TLA) dice: “Algunos de ustedes dicen: «Yo soy libre de hacer lo que quiera.» ¡Claro que sí! Pero no todo lo que uno quiere, conviene; ni todo fortalece la vida cristiana.” Dios nos ha dado la libertad para elegir entre el bien y el mal. Cada elección que hagamos tiene una consecuencia. A diferencia de los animales, Dios nos entregó dominio propio para que aprendamos a controlar nuestros malos deseos. Quien necesite ayuda para gobernar sus impulsos, puede acudir a Dios para que Él le dé la fortaleza necesaria.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La tristeza se convertirá en gozo

Juan 16:20 “….pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo….”

Cuantas veces, nos toca vivir tiempos de angustia, tristeza y desolación. Son esos momentos donde no vemos salida en incluso a veces, caemos en el error de compararnos con otros.

Vemos que gente que conocemos prospera, progresa, viven una vida aparentemente feliz, y esto si continúa, nos lleva a pensamientos de desánimo y la consiguiente depresión.

Pero qué bueno es leer, esta promesa bíblica de que la tristeza, se convertirá en gozo.

La Biblia hace una comparación de estos momentos, con los de una mujer que está a punto de parir. Siente dolores cada vez más fuerte, el temor, la ansiedad, la preocupación de que todo salga bien, la angustia etc. Sin embargo cuando nace un nuevo ser, todo este sufrimiento es rápidamente olvidado por la alegría del hijo que nació.

De igual manera sucede en nuestras vidas, nos toca pasar por momentos de dolor y sufrimiento, pero son solo dolores de parto, son señales de que algo nuevo está a punto de nacer en tu vida.

Puede que estés pasando momentos, de angustia, tristeza, y depresión, pero no desmayes, pronto verás el nacimiento de lo que Dios quiere hacer.

Prepárate y vive por adelantado, la alegría de una gran victoria.

Por: Daniel Zangaro.

 

 

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¿Cómo calmar a alguien enojado?

En nuestro diario vivir nos encontramos con distintos tipos de personas y debemos tratar de llevarnos bien con todos ellos. Algunos tienen un temperamento muy volátil y pueden enojarse con facilidad; esto puede crear conflictos y problemas cuando no sabemos cómo calmarlos. Si bien cada uno reacciona de distinta manera acorde al origen de su enfado, estos consejos te ayudarán a saber reaccionar cuando tengas que lidiar con alguien enojado.

Mantén la calma:

“La respuesta amable calma el enojo; la respuesta grosera lo enciende más.” Proverbios 15:1 (TLA)

Evita decir palabras que aviven la discusión en vez de aplacarla. Controla tu lengua y escucha con atención. Cuando sea tu turno de responder, hazlo con un tono calmado y tranquilo. De esta manera harás que la otra persona no se exalte y se apacigüe de poco en poco. ¡Recuerda que tus palabras tienen mucho poder!

No digas nada:

“Hasta el tonto pasa por sabio si se calla y mantiene la calma.” Proverbios 17:28 (TLA)

Hay personas que prefieren que se les deje solas cuando están enojadas, y en ocasiones, éste es el mejor remedio. Si ves que alguien necesita de un tiempo para calmarse, déjalo por su cuenta y no intentes presionar en el tema. Una vez que esté tranquilo, verás que pueden volver a conversar sin tener que enojarse.

Busca una solución:

“Si se enojan, no permitan que eso los haga pecar. El enojo no debe durarles todo el día, ni deben darle al diablo oportunidad de tentarlos.” Efesios 4:26-27 (TLA)

Identifica cuál es el origen del enojo de alguien y no hagas más énfasis en ello. En lugar de seguir con el tema o responder a sus ataques, busca soluciones y sugiere tus ideas. No permitas que la situación se haga mayor solo porque continúan enfocándose en el problema; en cambio, orienta la conversación para hallar una salida.

No guardes rencor:

Si ya enojarse es malo, guardar rencor es peor.” Eclesiastés 7:9 (TLA)

Cuando alguien está enfadado se expresa con palabras que no utilizaría normalmente; por lo tanto, no debes creer todo lo que escuches. Deja que la otra persona se exprese y no intentes responder con palabras aún más hirientes. Recuerda que, si lo haces, estarás agrandando el problema en vez de eliminarlo. Evita resentirte o guardar rencor a esa persona y procura conversar con él o ella después que pase su enojo. Esto te ayudará a sentirte libre y perdonar si es necesario.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No es suficiente

Una mujer decidió emprender un pequeño negocio en la calle vendiendo comida rápida. Cuando empezó a generar ingresos no se conformó con esto, sino que alquiló un lugar grande; como su comida era deliciosa logró crecer rápidamente y decidió comprar su propio comedor, pero no se conformó, actualmente tiene varios restaurantes propios y reconocidos.

Cuando queremos ser mejores en algo no nos conformamos con lo que tenemos, nada es suficiente mientras vas a la cima. De igual forma sucede con un hijo de Dios. La Palabra de Dios dice:

Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.

Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. 2 Pedro 1:5-8

En la vida cristiana el Señor nos pide que seamos cada vez mejores, creciendo y no siendo ociosos e improductivos en la obra de Dios:

Después de creer en Jesucristo como nuestro salvador nos pide añadir a la fe “Virtud” que se define como: excelencia moral, es decir, vivir de acuerdo a los principios bíblicos, la capacidad de hacer lo bueno y lo que es correcto. Ser excelente para Dios.

A la virtud añadir “conocimiento”: Es decir, un interés en saber y comprender en forma práctica los caminos de Dios. No es suficiente escuchar la palabra, sino estudiar, profundizar y practicar.

Al conocimiento añadir “dominio propio”: esta es la capacidad de dominar nuestros impulsos, control, el freno que nos sujeta y nos conduce en la voluntad de Dios.

Agregar “paciencia” es la virtud que hace a las personas tolerar, comprender, padecer y soportar los contratiempos, las enfermedades, las carencias y limitaciones con fortaleza. Es decir, firmeza en la fe a pesar de la prueba y el sufrimiento.
A la paciencia añadir “Piedad” que significa: Reverencia y respeto a Dios. Hacer todas las cosas con una mirada orientada a Dios, vivir sólo para agradarle.

A la piedad añadir “Afecto Fraternal” es decir, un interés genuino por nuestros hermanos. A éste  aumentar el “Amor”. Cuando una persona es capaz de amar como ama Dios está dispuesta a dar la vida por el otro.

Para el que quiere ser mejor nunca es suficiente lo que tiene ¿has empezado a añadir excelencia en lo que haces? ¿Estás practicando lo que aprendes? ¿Cuánto tiempo dedicas al estudio de la palabra de Dios para tu conocimiento? ¡Tenemos muchísimo trabajo por hacer! Te animo a decidir ser mejor y crecer como Dios quiere.

¡Recuerda que las bendiciones no son para los que duermen, sino para los que tienen frutos!

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Auto sacramental

Detrás de púlpitos y plataformas asoman las desnudeces del hombre. La débil talla de los dioses caídos se yergue y circula simple como el agua de los estanques. Las máscaras yacen abandonadas en un rincón. El feble esqueleto de los tinglados se arrumba entre mesas desvencijadas y sillas rotas. Esa es la otra cara de la imagen. El reverso del lustre, de las reverencias y de los títulos nobiliarios liquidados de a tres por mil en la universidad de los inventos. Es la magnífica parafernalia del poder y la fama que asombra a los incautos y adormece las conciencias con milenaria y sutil diligencia.

Las palabras se repiten. Las consignas desatan la emoción de la muchedumbre ahíta de sensaciones y huérfana de toda reflexión. El lugar común, la frase hecha, el argumento predecible, las arengas vibrantes convencen a los últimos renuentes y mete todo en la batidora de la unidad y el destino manifiesto.

En la orilla de los caminos, lejos de cenáculos y asambleas, los pálidos profetas vagabundos reviven las viejas imprecaciones, advierten a los desprevenidos peregrinos, preparan un camino por el que nadie transitará hasta que caigan los muros y las grandes construcciones sean destruidas, hasta que no quede esperanza alguna y ya sea demasiado tarde para las contriciones y los lamentos.

Taumaturgos, prestidigitadores, saltimbanquis, trovadores, colombinas, arlequines, bufones y tahures todavía tienen su agosto disponible en las santas convocaciones. Virtuosos de la alegoría y la anécdota convierten en imágenes de talla las viejas cuestiones fundamentales o las administran en cápsulas solubles en agua para aliviar un rato el dolor de la evidencia, la bofetada de la realidad que se halla justo a la salida de los inmensos edificios.

El cansancio de los dioses todavía no desborda la redoma de la paciencia. A pesar del hartazgo de entonaciones y palabras, de los gritos de la fiesta, queda en la suprema corte alguna esperanza o algún designio secreto que le da todavía algo de tiempo a la sinrazón. Alguna misericordia que permita ver si al menos emerge un vestigio de cordura, un retorno, aunque tenue, a la fortaleza de la antigüedad.

           “Quién nos diera un albergue de caminantes, una cabaña lejana donde restañar la sangre de la conciencia y que pudiésemos llorar sin reproches inoportunos la caída de los emblemas y la tragedia – que es nuestra tragedia – de las almas perdidas…”

Me trataste mal ¡Ahora me vengaré!

José y María eran compañeros de trabajo y amigos. Por distintas circunstancias de la vida comenzaron a tener conflictos que causaron fuertes discusiones entre ellos. Conforme el tiempo pasó, su relación se resquebrajó más y más y llegó al punto de crear fuerte tensión entre ellos. Un día, María fue promovida de cargo y llegó a ser superior en cargo que José. Cuando esto sucedió, ella decidió buscar la manera de vengarse de José.

Este relato ficticio es un ejemplo que nos ayuda a entender lo que sucede con algunas personas. Hay relaciones amicales, de trabajo, sentimentales, etc. que terminan de una manera tan abrupta que son dolorosas y dejan profundas heridas en los involucrados. Esta situación se ve vuelve más compleja cuando uno de los dos adquiere mayor poder sobre el otro y busca venganza.

Tener una posición de poder sobre la persona que nos hirió y querer aprovechar este cargo puede ser una idea tentadora. Pero obtener venganza no produce ninguna satisfacción; sino más bien, genera más hambre de ella. La venganza no cura las heridas, las crea. Y tal vez en el momento en que uno se siente lastimado, crea que el perdón es algo imposible de alcanzar; pero en realidad, es la mejor opción posible. El perdón no es fácil y lleva tiempo; sin embargo, vale la pena.

Si tienes algún problema con alguna persona, procura solucionarlo antes que se multiplique. La venganza no es el mejor recurso para remediar un conflicto. En vez de eso, procura perdonar y pedir perdón. De esta manera no solo estarás reparando las relaciones rotas, sino también sanando las heridas causadas. Después de todo, no puedes pedir perdón si no lo practicas primero con los demás (Mateo 6:14-16).

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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