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Tiempo de lectura: 2 minutos

Cuando leo la historia de Jacob y Esaú en Génesis 27, no deja de asombrarme las distintas y peculiares reacciones de ambos. Esaú era el primogénito y en el contexto bíblico esto le daba preeminencia y autoridad sobre aquellos que venían después de él en su familia. Sin embargo y como sabemos, Esaú no valoró este privilegio y se lo vendió a su hermano a cambio de un simple plato de lentejas.

Si profundizamos un poco más en esta historia, podríamos decir que Esaú representa a las personas que pese a tener el derecho legal de ocupar una posición, no lo hacen o la desprecian. Dejan pasar las oportunidades que otros estarían muy felices de aprovechar. Son personas a las que Dios le has dado mucho, dones, talentos y hasta posición de liderazgo, sin embargo caminan por la vida como si nada hubieran recibido. Muchas veces suelen ser quejosos y desagradecidos ya que no son capaces de ver y disfrutar de todo lo que Dios les ha dado.

En el otro extremo de esta historia se encuentra Jacob, quien usando de su astucia y en confabulación con su madre, engañó a un anciano Isaac que difícilmente podía distinguir con certeza entre un hijo y otro. Sin embargo y a pesar de nuestro desacuerdo con la mentira, Jacob puede darnos un ejemplo positivo, él supo pelear por lo que quería, aunque claro está usando de malas artes, pero también es cierto que estuvo atento para tomar lo que su hermano despreció.

Jacob representa a otro grupo de personas, aquellos que luchan incansablemente por conseguir las metas que se proponen. Ellos no se quedan con la palabra no como si fuera una ley inalterable, sino que pelean por su bendición hasta obtenerla. Son aquellos que legalmente no son los primogénitos pero actúan como si lo fueran.

Al igual que Jacob hay muchas personas que tienen metas y trabajan esforzadamente para conseguirlas, pero sus métodos no son lícitos, son aquellos que pregonan el fin justifica los medios. Jacob y su madre parecían adherir a esta manera de pensar, sin embargo la mentira, el engaño y el pecado, pronto traerían sus dolorosas consecuencias.

Jacob representa a los que toman atajos, a los que se creen más astutos que los demás y hasta cierto punto parecen obtener una buena retribución a su comportamiento. Sin embargo muchos años de enemistad y persecución tuvieron que ser padecidos por causa de su engaño.

Un momento especialmente importante y del cual podemos sacar enseñanza se da cuando Jacob pelea contra el ángel del Señor: «Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices». (Génesis 32:26). Algo muy importante que podemos sacar de esta historia es la tenaz persistencia de Jacob en ser bendecido. Entonces podríamos preguntarnos ¿Tenemos la misma determinación para lograr lo que anhelamos?. Te animo en este tiempo a que al igual que Jacob, sigas peleando incansablemente en oración, dejando de lado todo desánimo para obtener tu bendición.

Por Daniel Zangaro

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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