Las historias románticas son populares pues apelan a la necesidad natural de todo ser humano: el amor. La mayoría de personas puede verse a sí mismas siendo parte de una apasionada o dramática historia de amor, en donde la pareja siempre tiene un final como de cuento de hadas. Sin embargo, esta idea puede ser una razón por la cual muchas relaciones fallan.

“Se enamoraron y vivieron felices por siempre

En las películas o cuentos seguimos el proceso de cómo dos personajes se enamoran, luchan con conflictos internos y externos, y al final su amor vence todas las adversidades y son felices por siempre. No obstante, lo que estas historias no cuentan es cómo se mantiene a flote la relación. Enamorarse es la parte fácil pero una vez que se tiene un compañero en la vida, los problemas son inevitables.

El romance que vemos en películas o en libros no lidia con las situaciones diarias que todos enfrentamos. Allí solo se observa la parte en que ambos se enamoran mas no contempla factores como el trabajo, la familia, creencias, economía, cultura, entre otros. Estos agentes pueden parecer minúsculos ante el poder del amor; pero en la realidad, afectan mucho más de lo que se cree.

Traduciendo el “felices por siempre”:

No existen los finales como los cuentos de hadas y no debemos tener falsas expectativas sobre ellos. Para construir una relación saludable hay que trabajar en equipo y eso requiere tiempo. Una pareja que lleva tres años de matrimonio no puede decir que lo ha superado todo en comparación a otra que lleva más de 25.

Nadie puede obtener nada si es que no trabaja para ello, y lo mismo sucede con las parejas. Vivir felices por siempre implica que ambos deben poner de su parte para hacer que la relación funcione y el amor que se tienen crezca. También implica no dejar que las pequeñas situaciones diarias afecten la relación y estar en constante comunicación con la otra persona.

Sé protagonista de tu propia historia de amor:

En vez de anhelar tener una historia de amor como las de ficción, disfruta del desarrollo de tu propia aventura. El romance, al igual que la vida, tiene sus altos y bajos, pero eso no implica que debes rendirte con facilidad.

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