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Sin límites

“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” Juan 8: 31-32 (RVR1960).

Muchos solemos creer que la libertad es no tener que rendir cuentas a nadie, hacer o decir lo que queramos; sin embargo, aquel que no conoce a Jesús, no conoce la verdad, porque Él es la verdad y sólo a través de ella podemos liberarnos de la condición pecaminosa en que vivimos. Acércate a Jesús y experimenta una libertad sin igual.

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Lectura y lágrimas

Eran las seis de la mañana. Todos los retornados del exilio con sus mujeres, hijas e hijos se habían reunido hacía un buen rato en la plaza de la destruida ciudad y aguardaban en silencio. De pronto, un hombre vestido a la usanza de los escribas se subió a un modesto cajón de madera, rompió el silencio y comenzó a leer de un rollo algo que jamás ellos habían oído. Entre la gente, representantes del clero respondían a las preguntas que las personas hacían sobre el contenido que se les estaba dando a conocer.
Poco a poco un lamento comenzó a cundir en medio de la multitud. Lágrimas brotaron de sus ojos y comenzaron a llorar y a gritar, “¡Amén, amén!” Los clérigos les pedían que no lloraran, éste es un día para alegrarse, les decían, porque por primera vez después de setenta años la ley de Dios era leída para aquellos que nunca la habían conocido. Al mediodía el escriba bajó de la improvisada plataforma y se unió al grupo de sacerdotes que le pedían a la gente que no llorara, que era día de fiesta, que había que ir a casa a comer, a beber y a alegrarse.
Esta escena, relatada en el libro de Esdras en la Biblia, contrasta dramáticamente con la indiferencia que la mayoría de los cristianos evidencian hacia la lectura de la palabra de Dios. Si leen con atención el fragmento citado, van a descubrir que Esdras no predicó nada. La sola lectura produjo un impacto intelectual y emocional inmenso en la gente. Si observan atentamente un culto donde se lee la palabra de Dios, no verán síntoma alguno de reverencia, asombro o quebrantamiento frente a la sola lectura.
La diferencia con los judíos que oyeron a Esdras esa madrugada, pienso yo, se debe que de tanto oír predicaciones – aproximadamente 10.000 horas para un cristiano que asiste a la iglesia por 20 años – se ha diluido la potencia de la pronunciación de la palabra. La ley de Dios ha sido desplazada por el apetito de la velocidad, la brevedad y la imagen por sobre la letra que impera en el mundo de hoy.
¿Quién estaría dispuesto a leer las más de 770 mil palabras que contiene la Biblia y experimentar la profunda perturbación interior que produce a la conciencia y la vida? Tal vez es porque a diferencia de aquellos antiguos exiliados hoy estamos atosigados de discursos y versiones de la Biblia.
(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Para corregir nuestra vida

La displasia de cadera es una enfermedad ósea hereditaria provocada por una mal formación de la articulación coxofemoral (unión entre coxis y las piernas) en la que el fémur esta fuera de la cavidad que la une a la pelvis. Lamentablemente no se puede detectar del todo desde el momento del nacimiento, pero llega a manifestarse con diversos síntomas a medida que el niño va creciendo.

Hoy en día la ciencia ha logrado desarrollar una manera de tratar ese mal de una forma simple. La primera fase consiste en colocar un arnés metálico que mantiene las piernas del niño abiertas para reubicar los huesos en su lugar. Si la radiografía de control muestra una correcta reducción de la anomalía éste será el tratamiento definitivo, pero si no hay cambios podría ser necesaria una cirugía.

Por otro lado, cuando una displacía no es tratada en su momento puede dejar lesiones permanentes como cojera y dolor en la articulación.

Algo similar sucede con el pecado. Todos nacemos con una inclinación a hacer siempre lo malo y aunque al principio cualquiera parece un niño inocente, con el tiempo se manifiestan todo tipo de pecados: ira, mentira, robo, malos pensamientos, envidia, celos, etc. Todas esas acciones se hacen evidentes en proporciones pequeñas al principio y si no son corregidas suelen crecer descontroladamente.

Es verdad que al llegar a los pies de Cristo todos los pecados son limpiados completamente por la obra redentora de Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, pero después es necesario someterse a Su voluntad escrita en la Biblia para que nuestras vidas sean corregidas.

“¿Cómo podrá el joven llevar una vida limpia? ¡Viviendo de acuerdo con tu palabra! Yo te busco de todo corazón; no dejes que me aparte de tus mandamientos. He guardado tus palabras en mi corazón para no pecar contra ti. ¡Bendito tú, Señor! ¡Enséñame tus leyes!” Salmos 119:9-12 Versión Dios Habla Hoy

Permanecer en obediencia a la ley de Dios es como colocarse un arnés que mantiene el pecado sujeto para que las obras de la carne no sigan desgastando nuestra vida. De a poco se manifestarán cambios en nuestras actitudes, costumbres y hábitos, para dar lugar al fruto del Espíritu (amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza) del que habla Gálatas 5:22-23

Someterse a la ley de Dios puede ser incómodo y hasta doloroso al principio, pero podemos estar seguros que obtendremos cambios definitivos y eternos.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Preparado para todo

Hace mucho tiempo vi la película titulada: “Al filo del peligro” que trata de una situación de supervivencia. La avioneta en la que viajaban cuatro personas cae, el piloto muere en el impacto, otro es asesinado por un oso y los dos restantes buscan sobrevivir.

Lo interesante es que Charles Morse, que es uno de los sobrevivientes, es una persona que “sabe todo”,  al gustarle leer libros tenía bastantes conocimientos: hizo una brújula improvisada para darse cuenta de qué camino  debía seguir, trampas para cazar su alimento, armas para defenderse y otras cosas que le permitieron subsistir en el bosque.

Cuando llegó la ayuda, sólo este hombre fue encontrado con vida, lo que hubiera sido imposible si no hubiese estado preparado.

¿Qué pasaría si hubieras estado en su lugar? Posiblemente estarías muerto de hambre o por el ataque de algún animal, lo que nos enseña lo importante que es nuestra preparación.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” 2 Timoteo 3:16-17 (RVR 1960)

La Palabra de Dios, conocida como “la Biblia”, es fundamental para la preparación de un hijo de Dios, porque: enseña, corrige, adiestra y perfecciona, con la finalidad de que estemos preparados para el trabajo que tenemos como cristianos.

El Señor quiere que en su camino seamos como Charles Morse y “sepamos todo”;  es decir, que seamos competentes espiritualmente y no nos hundamos o desesperemos en el camino, que sepamos enseñar o corregir al que lo necesita, y ser sabios para actuar cuando enfrentemos una situación inesperada, siendo guiados por lo que dice la palabra de Dios porque solamente de este modo saldremos victoriosos.

Si estás perdiendo la confianza en Dios porque estás enfrentando un tiempo de conflicto como una enfermedad, un derrumbe económico, pérdida de empleo u otros; entonces necesitas Palabra de Dios en tu corazón o quizá quieres dar a conocer el mensaje de Jesús pero no sabes cómo empezar, entonces requieres preparación.

En este momento, te animo a tomar la decisión de prepararte todos los días, apartando un tiempo importante para estudiar la palabra de Dios y realizar un buen servicio para Él.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La palabra en su laberinto

“En la mayoría de los casos de personas hablando con otras, la comunicación humana no puede ser reducida a información. El mensaje no solamente implica, sino que es una relación entre el que habla y el que escucha. El medio en el cual el mensaje es instalado es inmensamente complejo, infinitamente más que un código: es un idioma, una función de una sociedad, una cultura, en todo lo cual el lenguaje, el que habla y el que escucha están involucrados.”

(Ursula K. Le Guin, Hablar es escuchar)

En las últimas semanas me ha correspondido enviar varios correos electrónicos a una gran cantidad de personas. En un primer caso, más de la mitad de los correos fueron devueltos porque el remitente cerró su cuenta, está inactiva o inhabilitada. Esto, pese a que continuamente estamos recomendando a las personas que nos ayuden a mantener actualizados sus datos.

En otros casos la respuesta recibida contiene preguntas que están respondidas en el correo original. Deducimos de esto que o no han leído todo el documento o no lo han comprendido.

Digamos en descargo nuestro que los mensajes enviados están diseñados de una manera directa y clara; al menos eso nos parece después de haberlo sometido previamente a la revisión de uno o más de nuestros colegas.

Me intrigan dos cosas en esta experiencia: una es que casi todas las personas a las que dirigimos estos mensajes son comunicadores que operan un medio masivo cristiano. La otra es que como cristianos se espera que conozcan adecuada y ampliamente un documento escrito de unas 980 páginas que es el fundamento verbal de lo que creen: la Biblia.

En ambos casos, la palabra el instrumento crítico y fundamental de su trabajo. ¿No deberían, por lo mismo, tener un dominio mínimo de la palabra para comunicar en forma efectiva? Por otra parte, ¿no deberían tener, en tanto comunicadores públicos, un manejo suficiente del documento escrito que sirve de base a su fe – la Biblia – que contiene más de 770.000 palabras?

Como en todas los ámbitos de la vida, hay saludables y honrosas excepciones a esta cuestión. Pero como hemos dicho tantas veces aquí, tales excepciones confirman la veracidad del hecho.

“… El medio en el cual el mensaje es instalado es inmensamente complejo, infinitamente más que un código: es un idioma, una función de una sociedad, una cultura…”

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Aprender

El aprendizaje es el proceso a través del cual se modifican y adquieren habilidades, destrezas, conocimientos, conductas o valores como resultado del estudio, la experiencia, la instrucción, el razonamiento y la observación. En nuestra vida es una tarea constante que realizaremos hasta el final de nuestros días.

Cuán importante es que no dejemos de adquirir conocimiento, en especial cuando hemos empezado la vida cristiana, pues el quedarse con sólo las cosas básicas de la Palabra de Dios, es permanecer como un bebé, dice Hebreos 5:11-14 “Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.” Versión Reina-Valera 1960

Pablo exhortaba claramente a no conformarse, más bien instaba a aprender más para tener la capacidad de discernir entre el bien y el mal.

Cuando eres ingenuo, eres presa fácil de engaños. Hay cierto tipo de estafa donde el delincuente aprovecha la ingenuidad de sus víctimas para robar, se lo llama el “cuento del tío” Básicamente consiste en engañar a una persona haciéndole creer que está realizando un buen negocio al intercambiar su dinero por un objeto que presumiblemente tiene mayor valor, pero que en realidad es falso o carece del valor indicado. Así también hay engañadores que, a nombre de Dios, aprovechan de la ingenuidad de las personas sacando provecho para sí mismas. Consideras que ¿Eres capaz de discernir lo malo y lo bueno?

No te conformes con un aprendizaje limitado, más bien explora más, comprende y experimenta lo que Dios tiene para ti por su Palabra. Recuerda que también tus batallas son ganadas cuando sabes quién eres en Dios.

¡Aprende y también enseña lo bueno!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

9 versículos para antes de dormir

No todas las noches podemos dormir de inmediato. Algunos pasamos minutos (o a veces horas), tratando de conciliar el sueño, pero en ocasiones parece como si éste escapara de nosotros. Es en esos momentos donde debemos dejar nuestros problemas a Dios y pedirle que nos dé la paz necesaria. En la Biblia hay diferentes versículos que nos animan a descansar confiando en Dios y en sus promesas. Éstos son algunos de ellos:

Salmos 4:8 (TLA)

Cuando me acuesto, me duermo enseguida, porque sólo tú, mi Dios, me das tranquilidad.”

Salmos 3:5 (TLA)

“Yo me acuesto, y me duermo, y vuelvo a despertar, porque tú vigilas mi sueño.”

Salmos 56:3-4 (TLA)

Cuando siento miedo, confío en ti, mi Dios, y te alabo por tus promesas; Confío en ti, mi Dios, y ya no siento miedo. ¡Nadie podrá hacerme daño jamás!”

Salmos 62:5-7 (TLA)

“Sólo Dios me da tranquilidad; sólo él me da confianza. Sólo él me da su protección, sólo él puede salvarme; ¡jamás seré derrotado! Dios es mi salvador; Dios es mi motivo de orgullo; me protege y me llena de fuerza. ¡Dios es mi refugio!”

Salmos 116:7 (TLA)

Dios mío, tú has sido bueno conmigo; ya puedo dormir tranquilo.

Proverbios 3:21-24 (TLA)

Querido jovencito, aprende a tomar buenas decisiones y piensa bien lo que haces. Hacerlo así te dará vida y los demás te admirarán. Andarás por la vida sin problemas ni tropiezos. Cuando te acuestes, podrás dormir tranquilo
y sin preocupaciones.”

Isaías 26:3 (NTV)

“¡Tú guardarás en perfecta paz a todos los que confían en ti; a todos los que concentran en ti sus pensamientos!”

Isaías 41:10 (NTV)

“No tengas miedo, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te daré fuerzas y te ayudaré; te sostendré con mi mano derecha victoriosa.”

Filipenses 4:6-7 (TLA)

“No se preocupen por nada. Más bien, oren y pídanle a Dios todo lo que necesiten, y sean agradecidos. Así Dios les dará su paz, esa paz que la gente de este mundo no alcanza a comprender, pero que protege el corazón y el entendimiento de los que ya son de Cristo.”

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Biblia y lágrimas

Hay una escena en la Biblia (Nehemías 8:1-20) que nunca deja de conmoverme. Al regreso del exilio los judíos encontraron una Jerusalén completamente devastada. Los escombros eran la triste huella de un pasado glorioso. Abocados al trabajo de reconstruir y restaurar la nación desde sus fundamentos se encuentran una madrugada todos reunidos en una plaza para algo que la mayoría de ellos nunca había experimentado: oír la lectura de la ley de Dios.
En una tarima de madera construida para la ocasión, el escriba Esdras lee durante al menos seis horas diversas porciones de la Torá. Algunos levitas se distribuyen entre la gente para ir explicándoles lo que no entiendan de la lectura.
A medida que avanza la mañana, la gente comienza a llorar, a gritar “¡Amén, amén!” y algunos se inclinan con su rostro a tierra. Tanto, que los dirigentes les dicen que por favor no lloren, que es un día de alegría, de celebración, de comer y beber. Al fin los convencen y se van a su casa, invitan a los más pobres del pueblo y comparten algo nuevo y reconfortante en sus vidas. No hay que olvidar que vienen de regreso de un exilio oprobioso que ha durado al menos setenta años.
No puedo dejar de pensar en el efecto que produjo en esa gente el oír por primera vez la palabra de Dios. Muchos de ellos habían nacido en cautiverio y allí no había libertad para practicar la fe. Ese encuentro con el pensamiento de Dios expresado en palabras les parte el corazón. Descubren su propia realidad, la triste distancia entre sus vidas y la ley de Dios. Son iluminados con la verdad y no pueden ocultar su emoción. Por eso lloran: la palabra ha comenzado a transformar sus vidas.
Hoy, que tenemos Biblias en innumerables versiones, desde ediciones de lujo hasta las más baratas, que se la predica semana a semana en los templos, la palabra de Dios no nos produce nada. Un video de YouTube que nos recomendaron, una película de Netflix, el mínimo episodio de un animal que muestra rasgos humanos nos conmueve y le damos miles de veces Me gusta, lo compartimos y comentamos cuánto nos emocionó. Pero la ley de Dios es una rutina en nuestros oídos, un trámite ritual, pequeñas cápsulas de palabras que al fin nos hacen inmunes al poderoso impacto de su significado.

Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches, se ha mezclao la vida, y herida por un sable sin remache ves llorar la Biblia junto a un calefón. (Del tango Cambalache de Enrique Santos Discépolo).

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Cuál es el tema central

A la mayoría le puede resultar extraño, además de políticamente incorrecto, que se diga que es exagerado el énfasis de los entendidos cuando dicen que el mensaje central de la Biblia es la salvación del hombre. Este concepto está presente en la mayoría de los libros que se usan en las instituciones de enseñanza teológica.

He comentado en esta columna y en otros espacios que la marca del tiempo presente es la centralidad del problema humano. La política, la economía, la cultura, la ciencia, el arte, los medios de comunicación tienen como interés supremo el tema del bienestar y la felicidad humana. Todo como una gran selfie. Somos el centro de toda preocupación. Y quienes estudian la Biblia parecen haber sido atraídos por esta corriente fundamental.

La brevedad del espacio no permite mucha elaboración. Tal vez un ejemplo nos sirva de clave para entender el problema. Es un detalle pequeñito, ignorado por casi todas las personas, precisamente porque se considera natural que seamos el centro de las cosas.

Los editores de la Biblia han titulado como “Parábola del hijo pródigo” (Lucas 15:11-32) el pasaje del padre que entrega los bienes heredables al hijo menor y la historia que se desarrolla después. La sola lectura del título nos empuja a entender que el personaje central del relato el muchacho que después de malgastar su fortuna vuelve arrepentido al hogar.

Es curioso que la palabra “padre” aparece once veces en el pasaje y la palabra “hijo” solamente seis. Ese solo dato podría ayudarnos a pensar que hay alguien más importante ahí que el muchacho. Alguien que tiene paciencia, compasión, sensibilidad, humildad y sobre todo amor; es el que hace posible toda la belleza del cuadro. Tal vez convenga remarcarlo: la belleza del cuadro no está en el arrepentimiento del hijo. Está en el amor del padre.

Si pensamos que el tema central de la vida es alcanzar redención, descuidamos dos hechos muy significativos: uno, que nada de eso sería posible si no hay Uno que construye y que pone en marcha esa redención; dos, que la gran obra de ese Uno no es únicamente resolver el dilema humano del pecado personal y de la entrada en el cielo, sino “por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos…” (Colosenses 1:20)

Todas las cosas, no únicamente el problema de la redención personal.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Un error que cometen los cristianos

En Mateo 25:14-30 se encuentra una parábola muy conocida donde Jesús hace una comparación entre el reino de los cielos y la actitud de un hombre y sus siervos. En la historia, antes de irse de viaje, un hombre le entregó cinco talentos a un siervo, a otro dos, y a otro uno. Cuando regresó de su travesía, pidió que sus siervos le explicaran qué habían hecho con sus talentos. “El que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. El que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.” (v. 17-18, RVR1960) El hombre estuvo complacido con la actitud de los dos primeros siervos, pero recriminó al que había escondido un talento (dinero).

Algunos pueden pensar que la actitud del hombre en la historia es un poco drástica; después de todo, el siervo que recibió un solo talento fue precavido y cuidadoso con lo que se le había encomendado. No obstante, en el versículo 24, el siervo afirma que conocía el carácter de su señor; pese a ello, él escogió no hacer la voluntad de su amo.

El error que cometen los cristianos:

Aquellas personas que ya tienen años en el cristianismo muchas veces caen en el error de hacer lo contrario a lo que Dios espera de ellos. Al igual que el siervo, estos cristianos tienen un conocimiento firme sobre Dios; sin embargo, no ponen en práctica los talentos que recibieron y prefieren pasar una vida pasiva y sin acción.

En la parábola, los dos siervos que generaron ganancias lo hicieron por medio de los negocios; por otra parte, cuando el amo reclama al tercer siervo, no le exige hacer lo mismo que los demás. En cambio, le sugiere otro método de ganancia igual de efectivo (v. 26-27). Asimismo, Dios no espera que todos desarrollemos nuestros talentos de la misma manera que otros. Lo que a Él le interesa es que no enterremos esos talentos y nos quedemos de brazos cruzados. No podemos hacer la voluntad de nuestro Padre si no estamos dispuestos a ejercer aquello que ya tenemos.

No seas como el siervo que desaprovechó lo que recibió de su señor. Usa tus talentos y da lo mejor para que Dios se muestre a través de todo lo que haces y, al final de todo, tendrás la dicha de ser parte del grupo de siervos fieles que gozan en la presencia del Creador.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Si tan sólo conociéramos la verdad

“¡El mensaje de la cruz es una ridiculez para los que van rumbo a la destrucción! Pero nosotros, que vamos en camino a la salvación, sabemos que es el poder mismo de Dios.” 1 Corintios 1:18. (NTV)

Si tan sólo entendiéramos que la palabra de Dios es el único libro que cambia vidas, todo sería diferente. Muchos vivimos sin esperanza alguna, condenados por el pecado, atrapados en el vicio y otros afanados por la vida, porque nunca le hemos dado el interés o la importancia necesaria a meditar y escudriñar las Escrituras.

Dios quiere cambiar nuestra vida y nuestra situación, pero todo comienza por su Palabra, sin ella nunca podremos ser salvos, ni experimentaremos sus bendiciones ni su poder libertador. Y tampoco sabremos los propósitos que Él tiene para nuestras vidas.

Jesús dijo: “El espíritu es el que da vida; lo carnal no sirve para nada. Y las cosas que yo les he dicho son espíritu y vida. Pero todavía hay algunos de ustedes que no creen. Juan 6:63-64 (DHH)

Posiblemente tengas luchas que por años no has logrado vencer, tal vez tienes problemas familiares, económicos o en el área de la salud y vives preocupado por la vida, quizás simplemente nunca te ha interesado la Biblia y no la has leído. Hoy quiero que sepas que la palabra de Dios es un libro que ha transformado innumerables vidas desde su existencia, si empezamos a leerla llegaremos a ser parte de los privilegiados que han visto y conocido el poder que hay en ella.

A través de la Palabra nosotros podemos encontrar esperanza y el propósito especial por el cual existimos en este mundo. (Juan 3:16)

Podemos limpiar nuestro camino y mantener el pecado fuera de nuestras vidas (Salmos 119: 9, 11). Podemos tener victoria sobre Satanás a través de ella, así como lo hizo Jesús (Mateo 4:1-11 y 1 Juan 2:14). Y si hemos caído, levantarnos confiando en su promesa: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” 1 Juan 1:9.

También podemos obtener sabiduría cuando no sabemos qué hacer. “Tu Palabra es lámpara para mis pies, y luz para mi camino”. Salmos 119:105. Definitivamente es una guía perfecta para tomar buenas decisiones.

Si necesitamos sanidad física debemos estar atentos, escuchar su palabra y confiar. “Porque son vida a los que las hallan, Y medicina a todo su cuerpo.” Proverbios 4: 22.

Sin duda alguna el éxito de la vida está en meditar la palabra de Dios en todo tiempo. “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.” Salmos 1:1-3. (RVR1960)

Oremos:

“Dios amado, perdóname por no darle tanta importancia a tu palabra ni confiar lo que en ella dice, muchas veces he dudado de lo que está escrito y he preferido confiar en mis capacidades. Me arrepiento de haberlo hecho y, a partir de hoy, quiero conocerte mejor y vivir cada meditando en tu Palabra, por favor ayúdame y guíame siempre en tu verdad, en el nombre de tu hijo Jesús, amén.”

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Qué dice la Biblia sobre el trabajo?

En un mundo tan competitivo y exigente, se puede creer que el trabajo es una simple forma de ganar dinero y sobrevivir. No obstante, a veces olvidamos que Dios es el que instituyó el trabajo. Al entender esta verdad, nuestra actitud con respecto al trabajo debe cambiar por completo. Ésto es lo que la Biblia dice con respecto al trabajo:

Trabajar es un mandato de Dios:

Génesis comienza con la historia de un Dios al que le gusta crear y trabajar. Cuando hizo al hombre, lo creó a su imagen y semejanza (Génesis 1:27), por lo cual, es de esperar que la primera tarea que le fue encomendada a Adán fuese un trabajo (Génesis 2:15).

El trabajo no solo es un mandato de parte de Dios, sino también un propósito y una bendición. Génesis 1:28 (NVI) dice: “y los bendijo con estas palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo».” Ser fructífero no solo se refiere a la parte reproductiva, sino al hecho de generar ganancias y ser de utilidad. A Dios le importa que sus hijos sean productivos en todo momento, y cuando lo son, Él sabe recompensar a su debido tiempo.

Trabajar es una forma de adoración a Dios:

El trabajo no se puede ejercer por obligación. Colosenses 3:23 (TLA) dice: “Todo lo que hagan, háganlo de buena gana, como si estuvieran sirviendo al Señor Jesucristo y no a la gente.” Esto indica que sin importar la labor que tengamos, siempre demos lo mejor de nosotros para hacer un excelente ejercicio de nuestras funciones. Lo cual implica que nuestro esfuerzo no debe basarse en la remuneración económica, sino porque es una manera de adorar a Dios y predicar a otros con nuestro ejemplo.

No trabajar es como no creer en Dios:

El trabajo nos provee los recursos para sostenernos individualmente y a nivel familiar; y quien se niega a hacerlo “no se porta como un cristiano; es más, tal persona es peor que quien nunca ha creído en Dios.” (1 Timoteo 5:8, TLA) Ejercer una labor demuestra un nivel de compromiso con los que nos rodean, con nosotros mismos y con Dios. Negarse a trabajar, teniendo la posibilidad de hacerlo, es una desobediencia directa al mandato de Dios.

Por otra parte, hay personas que se dedican a tareas que no necesariamente generan un ingreso económico (por ejemplo las amas de casa, trabajadores voluntarios, etc). Esto no quiere decir que su labor sea menos importante, sino más bien demuestra que su motivación para trabajar va más allá del dinero.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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