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Del acto de pensar

… (D)edicó su vida, con sus aciertos, errores y polémicas, a la labor cotidiana de entender, alertar e invitar a los demás a ejercer el oficio del pensamiento. Porque el acto de pensar, cuando se lo toma en serio, no es un fin en sí mismo: es una herramienta vital para la supervivencia colectiva, escribe Tomás Borovinsky en un breve homenaje al intelectual búlgaro Tzvetan Todorov.
Es posible que haya gente que se interese en pensar sin otra consecuencia que el placer personal de hacerlo. Pero la mayoría de las personas que conozco y aquellas sobre las cuales he leído evidencian en su acto de pensar un compromiso a que las cosas mejoren en la vida y en la sociedad.
Por eso me resulta cada vez más foráneo el entorno de las iglesias porque dentro de ellas no veo manera de ejercer el pensamiento en forma libre e independiente. La institución reclama – a veces sutilmente, otras no – lealtad a la declaración de fe, a la doctrina, a la disciplina interna. El propósito de ese orden de cosas no es otro que disponer de un contingente de personas que asientan, obedezcan, apoyen y propaguen la misión. Y de paso, la financien.
Por eso dentro de las instituciones se estimula sólo la lectura de libros que haya escrito el líder o aquellos textos que siguen la línea del imaginario corporativo (si es que estimula alguna lectura). Conozco muy pocos cristianos que leen ensayos, novelas, cuento, poesía, filosofía. O que miren películas que planteen cuestiones de conciencia como la muerte, la opresión o el abuso contra la mujer. O que participen en espacios que se propongan ayudar a la gente necesitada sin esperar a cambio ninguna decisión de fe. O que hagan preguntas más profundas e incisivas a los contenidos de la enseñanza o a la interpretación de la Biblia.
Observo que la mayoría de las personas en las instituciones cristianas se sienten cómodas sin involucrarse en ninguna de las actividades descritas arriba. Están complacidas que alguien les haya ahorrado la tarea de pensar en lo que leen y en lo que creen; y al abrigo de esa anuencia disfrutan periódicamente de su cuota de comunión, liturgia devocional y paz personal.
Pensar, como era la convicción de Todorov, es una herramienta para la supervivencia. Pero no una supervivencia precaria, con la cabeza apenas fuera del agua. Más bien una existencia plena, responsable, solidaria, respetuosa y decidida.
Nada más. Nada menos.

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No me preguntes

Me sigue asombrando – especialmente en estos últimos años – cuánta gente llama o escribe a segmentos del tipo “Pregúntale a…” o “Un minuto con…” para consultar sobre las relaciones de noviazgo o matrimonio, el llamado, el buen uso del dinero, el perdón o la venida del Señor. Me río con Angel Galeano contándole acerca de aquella persona que consultó seriamente si era bueno o malo masticar chicle cuando uno estaba ayunando.
Pienso que las inquietudes que motivan esas preguntas deberían corresponder a quienes inician su vida cristiana y que naturalmente tendrían muchas dudas. Pero la evidencia indica que copan los mensajes de texto o audios personas que asisten regularmente a la iglesia, escuchan periódicamente predicaciones, se inscriben en cuanto taller pueden y han tomado toda la serie de cursos que las instituciones cristianas formulan para su gente. Es decir cristianos que ya deberían tener una idea clara acerca de la doctrina y la vida de la fe. Es asombroso: como si siempre estuvieran aprendiendo y nunca llegaran al conocimiento de la verdad. Para otro espacio queda la pregunta de a quién le puede interesar perpetuar este orden de cosas.
Otra consideración importante: ¿por qué creen que una persona puede dar respuestas todos los días a tan diferentes materias con una disposición que parece casi infalible? Más aún: ¿por qué tienen tal seguridad en el respondedor de preguntas y no la depositan en la fuente original de la doctrina y de la vida que es la Biblia?
Desde hace mucho la gente ha resignado el explorar por sí misma el texto y prefiere confiar en quienes le explican la vida en cápsulas bíblicas de cinco minutos. Lo que corresponde es examinar lo que nos enseñan y cotejarlo concretamente con el texto bíblico. No leer la Biblia excepto los versitos que se indican en la predica del domingo y algún salmito en la mañana antes de salir a la calle conduce indefectiblemente a la confianza ciega en los gurús que todo lo saben y lo que no…
Por eso cuando las personas me preguntan acerca de temas que tienen que ver con la vida o la doctrina me apresuro a decirles que no soy una factoría de respuestas. Los urjo a leer, a pensar ellos las implicaciones de la pregunta y, a lo más, me atrevo a abrirles alguna puerta.
No me preguntes a mí. Intenta leer, aprender y comprender tú.

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¿Cómo memorizar textos bíblicos?

La existencia de muchas herramientas tecnológicas ha hecho que dejemos de utilizar nuestra memoria y confiemos la recolección de información a nuestros dispositivos. Hoy en día, casi nadie podría recitar de memoria los números de celular de su agenda, pues todos esos datos se encuentran disponibles en nuestros teléfonos móviles. Sin embargo, no podemos hacer lo mismo cuando se trata de la Biblia. En Josué 1:8, dice: “Estudia constantemente este libro de instrucción. Medita en él de día y de noche para asegurarte de obedecer todo lo que allí está escrito. Solamente entonces prosperarás y te irá bien en todo lo que hagas.” Cuando uno tiene la Palabra de Dios presente en su mente y corazón, le es mucho más fácil hacer el bien e ignorar el mal. Es por ello que debemos memorizar versículos bíblicos. Aún si no eres bueno haciéndolo, estos tips te ayudarán:

1. Elige un versículo que tenga significado para ti:

No se trata de memorizar sin razón. Los versículos bíblicos que quieras guardar en tu mente deben ser los que sientas que te hablan a nivel personal; de esta manera, te será más fácil recordar. Para comenzar, elige uno que sea corto y esté en alguna versión que utilice un lenguaje sencillo.

2. Utiliza la mejor herramienta:

Hay muchas clasificaciones para las distintas formas de aprendes de una persona. Las más comunes son: visual, auditivo y kinestésico. Al saber cuál de éstas es la que más te funciona, te será más fácil memorizar un versículo.

  • Aprendizaje visual: Si eres de los que recuerda con rapidez los gráficos o texto, entonces eres una persona visual. Para memorizar versículos puedes escribirlos y colocarlo en lugares que frecuentes en tu casa o lugar de trabajo, ¡también puedes aprovechar la ocasión y decorar los espacios con textos bíblicos!
  • Aprendizaje auditivo: Si tienes facilidad para recordar letras de canciones, o no olvidas las conversaciones que tuviste; entonces eres una persona auditiva. Cuando memorices un versículo, agrégale la melodía de tu canción preferida y practica cada vez que puedas.
  • Aprendizaje kinestésico: Si para aprender necesitas tocar o sentir algo, entonces eres una persona kinestésica. Para que recuerdes mejor un versículo bíblico, añade movimientos corporales simples que te ayuden a conectar una palabra con un gesto. De esta manera podrás recordar con mayor comodidad.
3. Practica con frecuencia:

Memorizar versículos bíblicos, al igual que cualquier otro aprendizaje, requiere práctica y constancia. Ve un paso a la vez y memoriza el texto de poco a poco. Verás que si practicas con regularidad, en poco tiempo lograrás repetir de memoria muchos otros textos.

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Cliché

Hace muchos años cuando la imprenta llegó a su punto de uso más alto como herramienta para la comunicación, un grupo de franceses empezó a notar que había varias frases y hasta párrafos enteros repetidos en cada material impreso. Algunos lo dejaron pasar por alto, pero los más curiosos decidieron indagar al respecto.

Lo que sucedía era que en ese entonces se fundía una plancha tipográfica entera la cual era usada en la impresión de varios ejemplares de un mismo trabajo. El encargado de la imprenta guardaba esa plancha y solía usarla nuevamente cuando otro autor quería publicar otro trabajo con alguna semejanza en el manuscrito. Recordemos que en aquella época usar una imprenta costaba bastante dinero y mucho más si se quería personalizar la impresión.

Esa era la razón por la que se repetían tantos párrafos en las publicaciones. Lo interesante es que estos críticos notaron el “Clicher”, sonido que hacia la matriz cuando la plancha tipográfica se estampaba repetidamente contra el papel, de esa onomatopeya nació el término Cliché.

Hoy en día esa palabra es usada para describir una frase, expresión, acción o idea que ha sido empleada en exceso hasta el punto en el que pierde la fuerza o novedad inicial, especialmente si en un principio fue considerada sobresaliente.

El cine está lleno de clichés: el protagonista siempre sobrevive al final, el más apuesto se queda con la muchacha más atractiva, alguien siempre llega a rescatar al personaje principal, etc. Por ejemplo: En un principio la idea de una bomba a punto de explotar realmente cautivaba al público manteniéndolo al borde del suspenso extremo, pero luego en casi todas las películas se veía como el artefacto explosivo era desactivado a unos cuantos segundos de detonar. Con el tiempo se convirtió en un verdadero cliché y ya no causaba impacto.

En la literatura también suele ocurrir esto. Existen muchísimos libros impresos alrededor del mundo y una repetición de ideas indica la falta de creatividad, innovación o sinceridad por parte de un autor y se puede suponer que no se toma la molestia de formular ideas propias.

Sin embargo aquí surge un problema. Podríamos cometer el error de percibir como cliché aquello que realmente no lo es. Cuántas veces oíste a alguien decir: “Dios tiene un propósito para ti” o la frase “Tranquilo, Dios tiene el control…” De hecho existen versículos enteros que los repetimos de memoria sin tomar en cuenta el verdadero poder que tienen.

Filipenses 4:13 es una declaración poderosa y muchos la conocemos, pero en el momento de necesidad lamentablemente es tomada en cuenta como una frase de revista o como un grafiti que se puede leer en algún muro.

Las promesas y leyes escritas en la Biblia no son un cliché, más bien son poderosas, fuertes, actuales, relevantes y transformadoras. Nunca hubo antes ni habrá algo tan poderoso sobre la faz de la tierra capaz de mantenerse a través del tiempo con el mismo vigor y sin sufrir deterioro.

Ninguna palabra que viene de Dios puede considerarse un cliché.

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” Hebreos 4:12 Versión Reina-Valera 1960

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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11 textos bíblicos sobre la amistad

Ningún ser humano puede vivir sin crear vínculos estrechos con otras personas. Estas relaciones interpersonales nos permiten desarrollarnos en muchas áreas de nuestra vida. Es por ello que es fundamental elegir con sabiduría a las personas a quienes consideramos nuestros amigos. En la Biblia hay consejos sobre cómo ser un buen amigo, las características de una buen amigo, y cómo podemos elegir nuestras amistades. Éstos son algunos versículos bíblicos que te pueden ayudar a tener una mejor perspectiva del tema:

  1. Lucas 6:31. “Traten a los demás como les gustaría que los demás los trataran a ustedes.”
  2. Eclesiastés 4:9-10. “La verdad, «más valen dos que uno», porque sacan más provecho de lo que hacen. Además, si uno de ellos se tropieza, el otro puede levantarlo. Pero ¡pobre del que cae y no tiene quien lo ayude a levantarse!”
  3. Proverbios 13:20. “Quien con sabios anda a pensar aprende; quien con tontos se junta acaba en la ruina.”
  4. Proverbios 17:17. “El amigo siempre es amigo, y en los tiempos difíciles es más que un hermano.”
  5. Proverbios 27:17. “Para afilar el hierro, la lima; para ser mejor persona, el amigo.”
  6. Proverbios 12:26. “El buen amigo da buenos consejos; el malvado se pierde en su maldad.”
  7. Proverbios 27:5-6. “Quien de veras te ama te reprenderá abiertamente. Más te quiere tu amigo cuando te hiere que tu enemigo cuando te besa.”
  8. Proverbios 18:24. “Con ciertos amigos, no hacen falta enemigos, pero hay otros amigos que valen más que un hermano.”
  9. Proverbios 22:24-25. “No te juntes con gente de mal genio ni te hagas amigo de gente violenta, porque puedes volverte como ellos y pondrás tu vida en peligro.”
  10. 1 Corintios 15:33. “¡No se dejen engañar! Bien dice el dicho, que «Las malas amistades echan a perder las buenas costumbres.»”
  11. Juan 15:13. “Nadie muestra más amor que quien da la vida por sus amigos.”
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5 pasos para superar los errores

La historia del rey David en la Biblia es un gran ejemplo de humildad, valentía, fe y amor. No obstante, hay un episodio en su vida en donde él cometió un pecado que marcó por completo su existencia y la de su pueblo (2 Samuel 11 y 12). En esa ocasión David mandó a asesinar al esposo de una mujer con quien había tenido relaciones sexuales. Ante este hecho Dios le envió a un profeta para anunciarle que su pecado tendría como consecuencia la muerte de su hijo. Cuando el niño nació, cayó gravemente enfermo y David se vistió de luto para ayunar y rogar a Dios por su sanidad. Sin embargo, el bebé murió tal y como lo había anunciado el profeta; y cuando David se enteró, se levantó y volvió a su vida cotidiana. De todo este suceso, David escribió el Salmos 51, el cual denota su profundo y sincero arrepentimiento hacia Dios. Y nosotros ¿qué podemos aprender de esto?

Todos tenemos momentos difíciles en la vida y algunas circunstancias parecen más complejas que otras; pese este hecho no podemos rendirnos tan fácilmente sino más bien, seguir adelante. Al examinar la historia de David, podemos extraer los siguientes pasos:

Paso 1: Arrepentirse.

Reconocer nuestras debilidades y faltas no nos hacen ser menos, pues en realidad sólo los valientes pueden admitir que se han equivocado. Sin embargo, no basta solo con sentirse apenado, también hay que estar dispuestos a pedir perdón y enmendar los daños causados a otras personas y a uno mismo.

Paso 2: Asumir las consecuencias.

Las consecuencias son obligatorias y nadie puede escapar de ellas, es por eso que debemos asumirlas con humildad y no quejarnos de ellas. Después de todo, sólo son el efecto de algo que hemos causado.

Paso 3: Orar.

Las consecuencias pueden causar mucho dolor y aflicción, y éstas pueden ser un buen momento para acercarnos a Dios. Usa este tiempo para pedir por las vidas de las personas que han sido afectadas y también para que Dios te dé la paz para perdonarte a ti mismo.

Paso 4: Levantarse.

Nadie puede caminar si se queda recostado en el suelo. De la misma forma, no puedes avanzar si te quedas atrapado en tus errores. Así como hay tiempo de dolor, también lo hay de alegría; así que no detengas y continúa.

Paso 5: Conectarse con otros.

Relaciónate con personas que puedan ayudarte y a otros a los que puedas ayudar. El hombre es un ser sociable por naturaleza y no puede convivir sin la compañía de los demás. Por lo tanto, no te encierres y acércate a otros.

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Registro elemental

          Recuento de los estados del alma. Inventario de las emociones antiguas y nuevas. Crónica mínima de las estaciones de la vida. Pequeños artefactos que acompañan la melancolía y a veces los instantes bendecidos. Planilla existencial para tomar razón de las condiciones en que se encuentra la vida en su último cuarto…

La risa que adquirió ese tonito escéptico y a veces un poco cínico. Las lágrimas que ya no brotan por ninguna razón importante. Las nuevas estaciones de la noche, sus detenciones imprescindibles. Los hallazgos del pensamiento en los momentos más inesperados. La aparición de cierta sabiduría que hace más sensible el dolor del alma. El sentimiento de la época que se desmorona y nadie parece advertir. El miedo, el viejo miedo. La culpa, la vieja culpa.
La luz que se va apagando de a poco. La duda que se acrecienta más y más sobre uno mismo y la especie. La última frontera de la esperanza: el Dios de la Biblia como único espesor auténtico y realidad última. El cansancio vital. Los espacios cada vez más reducidos. La impecable caracterización de mi hermano David: Benjamín, soñador inconcluso.
Los libros. El último reducto para un diálogo silencioso; la decepción de algunos viejos textos, la confirmación de algunas intuiciones en Bauman, Eco, Galeano, Frankl y los viejos profetas del Antiguo Testamento. Relecturas y nuevos encuentros. Los libros, con su ilustrado silencio, con sus tesoros a disposición de los exploradores que tienen tiempo y que no desesperan en el vértigo de las pantallas.
El café con leche sin espuma, con un bizcocho y una medialuna. El diario del domingo – y el asado, también. La mochila de cuero con la vida a cuestas. La hora del regreso a casa que prodiga su silencio y su secreto. El amparo de las películas sin comerciales. Algunos cafés de la ciudad.
El arrinconamiento progresivo. La miniaturización de las relaciones humanas. Los alejamientos imprescindibles. Los silencios a ultranza. Las negociaciones ineludibles. El infaltable clamor de la conciencia. Las disculpas tardías. Los encontronazos inevitables. La fragilidad de la paciencia. La irritación a flor de piel.
La ironía de Groucho Marx sobre la época presente, multiplicada en púlpitos, plataformas y testamentos existenciales: “Estos son mis principios. Si no te gustan… tengo otros.”

soy y sigo

Soy y sigo

La cosa viene más o menos así: Lo he pensado bastante estos días y voy encontrando más razones para abandonar las meditaciones y la referencias públicas a la Biblia (mis búsquedas y litigios con las palabras sagradas las he de seguir, como he hecho desde hace cuarenta años, en privado).
Hay un estudio sistemático y documentado de la Biblia que se llama teología y a eso se han dedicado, más o menos noblemente, hombres y mujeres desde antiguo. Digo más o menos, porque algunos han usado sus estudios para adelantar agendas culturales y personales más propias de sus convicciones que del texto original, pero eso ya es cuestión de ellos. Otras y otros lo han hecho con una gracia y una lucidez admirable.
Pese a su validez e importancia nunca me interesó particularmente ese estudio disciplinado. Por alguna razón no me atrajo nunca. Pero he cometido muchas veces la imprudencia de publicar por escrito ciertas interpretaciones mías del texto porque sí me gusta explorar la Biblia en forma personal. Y como bien saben, una vez que la cosa queda escrita se hace crónica perenne de nuestros aciertos o estupideces. Debido a la supina ignorancia de que adolezco respecto de la rigurosidad del estudio bíblico he escrito cosas que me hacen recordar a aquel oficial del ejército boliviano que hace mucho años se acercó a mí después de una conferencia y me dijo estas palabras brillantes: “Ha sostenido usted una serie de imprecisiones”.
Ayer estaba tratando de documentar las palabras de Lamec a sus mujeres Ada y Zila y hallé cinco versiones diferentes. En una se entiende que iba a matar a un par de personas; en otra, se entiende que ya las mató, o al menos una y a la otra la dejó herida; otra versión dice que lo hizo pero parece que está arrepentido. Ahí me detuve. Cualquier camino que uno tome va a desechar otros que reclaman ser también auténticos. Así que cualquier cosa que uno afirme puede terminar siendo una imprecisión – o una ignorancia – de proporciones… bíblicas.
Y como no me asiste – ni por asomo – la intención de inaugurar otra versión pública y heterodoxa del famoso discurso de Lamec a sus mujeres declaro que en lo sucesivo estos artículos estarán exentos de referencias al texto y me he de concentrar en cuestiones de orden telúrico, poético, coyuntural y existencial.
Para reflexiones escriturales sepan nuestras lectoras y lectores que hallarán una abrumadora cantidad de materiales en internet donde serán satisfechas todas sus angustias, necesidades y ansiedades espirituales de orden bíblico.

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Opinión en la mira

Este espacio comenzó como un “paralelo” independiente. Luego fue propuesto como un lugar para la literatura y finalmente, después de otros ajustes en la plataforma, terminó como una propuesta de opinión. De este resultado aprecio dos cosas. La primera, que no sea un lugar “mío”; comparto tribuna, aunque no muy seguido, con otros contribuyentes. La segunda, que sea de opinión. Eso me proporciona una agradable libertad de movimiento.
Advertí desde el principio a la audiencia que leería estas líneas que éstas no tenían pretensiones devocionales ni doctrinales. Dije también que no era un recurso de autoayuda espiritual, tan en boga por estos rumbos. Siempre hice hincapié en que era una columna de opinión. Y la opinión, perdón por la rareza de la expresión, es “opinable”; es decir, la audiencia puede discrepar, ignorar y despreciar, o bien apreciar, disfrutar y compartir las expresiones vertidas aquí. Son puntos de vista; no me interesa dictar cátedra sobre ningún tema, aunque no me limito en la variedad ni el carácter de lo que escribo.
Cuando reviso los casi setecientos artículos publicados en estos años debo admitir que en algunos de ellos sí hubo, desgraciadamente, algunas expresiones que pueden calificarse de pretenciosas, injustas o desafortunadas. O directamente ignorantes. Si es que alguno de ustedes las recuerda, les solicito sinceramente disculpen el yerro. A veces el entusiasmo – o la tontería – supera a la prudencia.
Pero sin solución de continuidad reivindico la independencia de estos comentarios. Independencia de obligaciones institucionales, de las indispensables reverencias a los principales señores, de las formas impuestas sobre cómo se debe entender la cultura de los cristianos y de lugares comunes, correcciones políticas y convenciones semejantes.
Cuento – todavía – con la anuencia del director de este proyecto y en retribución a esta inapreciable confianza, reconozco un límite y lo respeto lo más que puedo: la naturaleza de este sitio que supone cuidar el lenguaje y la imagen.
Algunas personas deben haber resentido que haya incluido en la categoría de opinión las “Meditaciones impertinentes”. Admito que fue una licencia amparada en la idea que es una opinión absolutamente mía y no de la institución. Pero como en política, fútbol y economía, en la interpretación de la Biblia todos suponemos tener el entendimiento verdadero. Así, muchas más personas son afectadas por mis impertinencias bíblicas que por mis comentarios sobre las buganvillas y mis noches de insomnio, razón por la cual “opino” que deben ser canceladas inmediatamente.

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5 versículos bíblicos para ser felices

La Biblia nos enseña que la felicidad sólo viene de Dios. Esto implica que viene en el tiempo que Él considera adecuado. Muchas veces podemos pensar que Él nos ha abandonado y estamos solos contra el mundo; no obstante, Dios se preocupa por su creación y siempre muestra su amor.

La felicidad es vivir con la esperanza puesta en Dios, pese a las circunstancias. Una vez que aprendemos eso, no habrá problema que nos separe del amor de Dios:

Filipenses 4:12-13

«Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.» 

2 Corintios 12:10

«Por eso me regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.»

1 Pedro 4:13

«Al contrario, alégrense de tener parte en los sufrimientos de Cristo, para que también sea inmensa su alegría cuando se revele la gloria de Cristo.»

Job 5:17

«¡Cuán dichoso es el hombre a quien Dios corrige! No menosprecies la disciplina del Todopoderoso.»

Salmos 37:4-5

«Deléitate en el Señory él te concederá los deseos de tu corazón. Encomienda al Señor tu camino; confía en él, y él actuará.»

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Supersticiones

Supersticiones

Por Saraí Llanes y Ahmed Otero

 

– Este era un hombre tan, pero tan, pero tan supersticioso… que se hizo carpintero.

– ¿Y carpintero para qué?

– ¿Para qué va a ser?

– Para estar siempre tocando madera.

 

Muchas veces reímos de este tipo de chistes que nos recuerdan las mil y una tradiciones y supersticiones de nuestras culturas. Con ellas hemos crecido ignorando su origen y significado. Tocar madera, por ejemplo, es una esas supersticiones que tienen su historia. Algunos dicen que guarda relación con los trozos que se conservaron de la Santa Cruz. Otros, que proviene de los Estados Unidos, donde hace 4 mil años los indios veneraban al roble como la morada de los dioses.

¿Y sabes por qué se dice “Jesús” o “salud” cuando alguien estornuda? Porque el estornudo era el principio de muchas enfermedades y por eso se pedía a Dios que apartara el peligro de cualquier infección. Aunque también se dice que era para evitar que entrara el demonio a través de la boca. ¿Y qué me dicen de la maldición del número trece? Cuentan que se originó en la última cena de Jesucristo con los doce apóstoles, porque Judas era el número 13 y delató al Señor. Así que se cree que, si se sientan a comer trece personas en una misma mesa, una de ellas morirá antes de un año.

Otras supersticiones famosas son las de usar amuletos, azabaches, o herraduras para espantar la mala suerte. O creer que encontrarse con un gato negro, pasar por debajo de una escalera o que se rompa un espejo la traerá. Supersticiones. Supersticiones y nada más. Todo por creer que nuestra vida está ligada a los objetos o a las circunstancias y no a la voluntad de Dios.

La Biblia no apoya la idea de que las cosas ocurran por casualidad. Más bien nos enseña que nada pasa fuera del control soberano de Dios: él causa o permite todo en consonancia con su plan divino. Nuestra fe no debe basarse en las casualidades ni en rituales de origen humano. Más bien debemos confiar en el único y eterno Dios. Así lo expresó el apóstol Pablo en su carta a los Colosenses: “Tengan cuidado. No presten atención a los que quieren engañarlos con ideas y razonamientos que parecen contener sabiduría, pero que sólo son enseñanzas humanas. Esa gente obedece a los espíritus poderosos de este mundo, y no a Cristo. Cristo es completamente igual a Dios, y reina sobre todos los espíritus que tienen poder y autoridad. A ustedes no les falta nada, pues están unidos a Cristo”.

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La oración de Jabes.

La oración de Jabes.

 

“La senda del dolor, y solamente esa senda, conduce al lugar donde el dolor es desconocido”.

William Cowper

Por Saraí Llanes

 

En el Antiguo Testamento, la Biblia cuenta la historia de Jabes, un hombre que le hizo una petición a Dios y este se la concedió. ¿Cuál fue la petición, cuál su historia? Dejemos que él nos la cuente:

El dolor es el heraldo; la alegría es el príncipe anunciado. Así como la furiosa tormenta da lugar a la clara luz del sol, del mismo modo la noche de llanto precede a la mañana de gozo. A veces sucede que, cuando hay muchísimo dolor en los antecedentes, hay sumo placer en las consecuencias.

Jabes, ¿Por qué me pondría ese nombre tan feo mi madre? Se supone que para los hijos uno escoge el mejor nombre. Por ejemplo, Jonatán Esteban, que quiere decir “El señor me dio una corona”… o Marcos Andrés: “el que trabaja varonilmente”. Mal o bien nuestro nombre representa lo que nosotros somos. Posiblemente para mi madre el embarazo fue traumático, o pudo haber enfrentado un dolor emocional, tal vez murió alguien o tuvo mucha estrechez económica… tan grande que la perspectiva de otra boca para alimentar y educar le causó muchos temores y preocupaciones. Quizás por eso me puso Jabes. No lo sé. Lo cierto es que, siendo de la tribu de Judá, la tribu de los leones, crecí con un nombre que muchos odiaron. Hasta se burlaban constantemente en todo lado donde alguien me llamaba. Así que mi futuro no era promisorio en modo alguno. Más bien parecía estar marcado sempiternamente por la desdicha. Pero no me conformé. Nunca lo hice. Creía firmemente que había muchos favores aguardando en las alturas. Siempre lo creí. Por eso los pretendía con respeto y muchísima osadía. ¿A quién no le gusta un obsequio grande? ¿Por qué pensar que el Cielo no concedería mis anhelos? ¿Por qué dudar, cuando las riquezas de la gloria son inmensurables? “Oh Dios, si me dieras bendición”. ¡Yo quería vivir más allá de los límites que me habían impuesto! ¡Quería ir por más! Por eso pedí. Y supe cómo. “Ensancha mi territorio”. Mas sabía que no sería fácil. Al principio sentí que no podría encarar mi desafío. Pero finalmente apareció su toque de grandeza.  Ese mismo toque que, de hombres insignificantes, predestinados al fracaso como Moisés, hizo que se levantaran gigantes. “¡Oh si tu mano estuviera conmigo!”. Aquel era el secreto. Y me así de él. Y me abandoné a su antojo para que me guardara del mal, y de todo el dolor y del daño de esta vida, y de mis propios sentimientos y emociones, y de cuanto pensamiento pretendiera perturbarme. Así fue como entré –pudiéramos decir- al cuadro de honor. Dicen que he llegado a ser el más ilustre de mis hermanos. Pero no por lo que aseveran algunos: que soy un privilegiado de Dios. No creo que tenga favoritos. Otros, los más, me tienen por arrogante. Pero anhelar galardones de parte de Dios no es arrogancia.  Arrogancia es tratar de aventajar a otros carnalmente. Dejar atrás objetivos mediocres nunca será arrogante. ¡Oh, si me dieras bendición y ensanchara mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo y me libraras del mal, para que no me dañe! Y el Señor me dio todo lo que pedí. A mí, que parecía que estaría para siempre marcado por la desdicha. Pero mi oración superó mi nombre. He llegado a ser un renombrado escriba y he logrado instituir una escuela con decenas de discípulos. Viven bajo la sombra de la profecía y sus voces son como trompetas cuando cantan al Dios de las moradas eternas. ¡Quién sabe! A lo mejor un día, cualquier día… algún lugar de esta tierra llegue en su bautizo a recordar mi historia*.

 

* Escrito y dramatizado en el programa por Ahmed Otero Prado

 

En esta emisión de “Una Historia que Contar” hablamos de la vida de Jabes y entrevistamos a un grupo que lleva su nombre. Procedente de Cuba, este cuarteto nos presenta sus producciones musicales y nos relata cómo decidieron comenzar su ministerio.

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