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¿Cómo superar tus miedos?

Miedo a la oscuridad, al fracaso, a las alturas, a hablar en público, a las arañas, a la muerte, etc. Todos tenemos, o hemos tenido, alguna clase de miedo en nuestra vida; y esto es normal. De hecho, un estudio realizado por el Instituto de Investigación Statistic Brain, señala que el 90% de los miedos de las personas son cosas consideradas insignificantes, mientras que el 60% son eventos que nunca ocurrirán; y el 30% son hechos que sucedieron en el pasado y que no pueden cambiarse.

Algunas personas saben controlar sus temores y no dejan que éstos sean impedimentos en sus vidas; sin embargo, ¿qué sucede cuando nos volvemos esclavos a ellos? Hay muchas maneras de sobreponerse a los miedos y vencerlos. En los casos extremos de fobia, lo más recomendable es acudir a un especialista; pero si consideras que tienes la suficiente fuerza de voluntad para hacerlo por tu cuenta, entonces practica lo siguiente:

overcomefears01Identifica tu miedo:

En ocasiones, no todos los miedos son lo que creemos que son. Por ejemplo, algunos confunden el temor a las alturas con el miedo a caer. Esto quiere decir que no es un objeto en sí a lo que le temes, sino a un posible evento negativo que podría suceder.
Identificar correctamente tus miedos te ayudará a saber el área específica en la que debes trabajar; además, te dará una mejor perspectiva para comprenderte a ti mismo.

Descubre las causas:

Muchos miedos vienen como consecuencia de un hecho traumante del pasado. Si ése es tu caso, entonces consulta con algún consejero, pastor, o un especialista. Esta clase de temores podrían estar relacionados a otro tipo de problemas, y es mejor que no tomes acciones por tu cuenta. Si tu temor no se debe a un acontecimiento doloroso del pasado; entonces analiza si el origen es producto de tu imaginación que se ha ido a los extremos. Por ejemplo, hay personas que temen ser atacados por anacondas, pero en realidad, nunca han visto una en persona y es probable que jamás lo hagan. De esto se puede presumir que su miedo proviene de las cosas que han visto en películas, documentales u otros medios.

Una vez que descubras de dónde proviene tu miedo, podrás darte cuenta si en verdad es algo por lo que debas preocuparte, o si puedes superarlo.

Controla tu reacción:

Si estás en una situación donde enfrentas tu miedo, lo mejor es que mantengas la calma en todo tiempo. Cuando uno respira lentamente, hace que el cuerpo se mantenga en control y el cerebro no envíe señales al cuerpo para que se tense. Esto hará que te sientas relajado y tranquilo todo el tiempo. También debes cuidar tu mente y tener pensamientos positivos en todo momento. Otra cosa que puedes hacer es distraerte con música que te ayude a mantenerte enfocado o escuchar buen contenido que alimente tu alma, como por ejemplo, la que puedes disfrutar por CVCLAVOZ.

Busca ayuda:

Lo peor que puedes hacer es convertir tu miedo en un secreto. No te quedes callado y busca ayuda de alguien. La persona en quien confíes debe ser madura y debe tener la capacidad de aconsejarte con sabiduría. Si tienes recelo de confiar en una persona extraña, entonces habla con un familiar o amigo. También puedes acudir a un consejero, pastor, especialista, o si deseas, escribirnos a: [email protected]
Cualquiera sea la forma, lo importante es pedir ayuda y no enfrentar solo tus temores.

Ora:

Salmos 34:4 dice: “Le pedí a Dios que me ayudara, y su respuesta fue positiva: ¡me libró del miedo que tenía!” (TLA). Dios responde las peticiones de quienes se acercan a Él en oración. Sin embargo, no es solo cuestión de pedir, sino también de mostrar agradecimiento, incluso cuando parece que no obtenemos respuesta de su parte. Él conoce cuál es el mejor tiempo en el cual contestar nuestras súplicas.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Crees que no te va bien en la vida? 7 pruebas de lo contrario

Si crees que no tienes la vida que te gustaría tener y te sientes desanimado por esto, vuelve a pensarlo. Hay cosas que tienes y no eres consciente de lo afortunado que eres por poseerlos. Éstas son siete pruebas de que te va bien en la vida, incluso cuando piensas que no es así:

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No importa si vives en un lugar propio o alquilado; lo importante es que tienes un lugar donde pasar la noche. Hay miles de personas en el mundo que viven con la incertidumbre de no saber dónde dormirán. En cambio, tú tienes la certeza de que al final del día tendrás un sitio en donde descansar. Si antes nunca te habías sentido agradecido por este hecho, comienza a ver las cosas que tienes a tu alrededor y a valorarlas. No esperes perderlas para apreciarlas.

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Tal vez tu ropa no esté al corriente de las nuevas tendencias en la moda, o puede que no comas en los restaurantes más lujosos de la ciudad; sin embargo, tienes algo con qué cubrirte y alimentar tu cuerpo. La vestimenta y la comida son una bendición que no todos pueden disfrutar, por lo que debes deleitarte en cada oportunidad que tengas. Si comienzas a alegrarte por esos pequeños detalles de la vida, te convertirás en alguien que es mental y emocionalmente fuerte.

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Sabes que cometiste errores en el pasado, que quizá perdiste muchas oportunidades, que no pensaste que el tiempo pasaría tan rápido y no podrías rehacer tus fallas. No obstante, ese tú del ayer no es la misma persona que está en el presente. Quien eres ahora no se ha definido por su pasado, sino que ha aprendido de él. Estos errores te han ayudado a madurar y ser más sabio en tus decisiones ¡Ésto es un logro que no cualquiera alcanza!

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Puede que atravieses un mal momento en tu vida, pero esto no es un límite para ti porque no eres conformista. Sabes que tienes un potencial por desarrollar, y ésa es tu motivación diaria. Incluso cuando has obtenido lo que te propusiste, siempre quieres superarte y alcanzar la excelencia en todo. Esto te hace diferente de los demás, pues, otros se rinden con facilidad cuando llegan los problemas; en cambio, tú usas la adversidad como un escalón para continuar avanzando.

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Todos los seres humanos tienen la potestad de elegir entre lo bueno y lo malo, pero no todos aprecian esta libertad que tenemos. Algunas circunstancias te pueden hacer creer que no tienes más opción que hacer lo malo; sin embargo, tú tienes la plena confianza y seguridad de que el único que puede decidir sobre tu vida, eres tú. También eres alguien que sabe que toda decisión trae consigo una consecuencia; y por eso, eres prudente al hacerlo.

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Mientras otros se dedican a vivir, por el simple hecho de existir; tú tienes metas que quieres lograr. También eres alguien que quiere trabajar y esforzarse para alcanzarlo. Sabes que no todo es fácil en la vida, pero esto no esto no te desanima, sino que te incentiva a luchar con mayor fuerza y obtener lo que te propones.

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Tienes la certeza de que sentirse amado no es cuestión de estar en una relación amorosa. Hay muchas personas a tu alrededor que te aman, y tal vez no muchas veces lo expresan con palabras, sino a través de sus acciones. Tú sabes valorar a cada uno de ellos, y eres recíproco al valorar su afecto. Asimismo, te sientes agradecido porque sabes que eres amado por el ser que te creó, que dio su vida por ti y te perdona en todo momento: Dios.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Mi “Yo 2.0”

Hace unos días tuve que renovar el software de mi celular; y esta vez noté algo que hasta ahora no había prestado atención: el número de la actualización. Con cada nueva actualización, los números ascienden conforme a las mejoras que traen. Así por ejemplo, la primera versión de un software es 1.0, la siguiente puede ser 1.1 ó 2.0, y así sucesivamente. Esto me hizo recordar el versículo bíblico que está en Romanos 12:2, que dice: “No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta.” (NTV)

En toda nuestra vida estamos expuestos a un sinnúmero de cambios que debemos hacer a fin de crecer, madurar y mejorar; y si no nos renovamos con frecuencia, podemos quedarnos obsoletos y morir en el conformismo. Por ejemplo, un software debe ser examinado para detectar sus fallas y buscar cuáles podrían ser sus mejoras. Si la empresa no realiza esta evaluación, es muy probable que la competencia saque al mercado un producto mucho mejor. Aunque a los seres humanos no se nos reemplace con un modelo mejor, a veces perdemos oportunidades cuando no nos adaptamos a los cambios.

Así como lo dice el texto bíblico antes mencionado, actualizarse no significa “imitar las conductas ni las costumbres de este mundo”, sino dejar que Dios transforme nuestra manera de pensar; y convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos. Además de permitir que Dios tome el control de nuestra vida, también podemos hacer pequeños cambios diarios que mejoren nuestra salud, finanzas, relaciones interpersonales, etc. Lo importante es nunca conformarse con nuestro “yo 1.0”, ni tampoco con la versión 2.0, sino buscar siempre la excelencia y estar en constante actualización.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

9 características de las personas exitosas

El éxito no viene sin esfuerzo, y los que lo han logrado lo saben bien. Estas personas tienen muchas cualidades que han ido perfeccionando con el tiempo y se han dedicado a ellas. Éstas son algunas características que tienen y que todos podemos practicar:

1. Aceptan ayuda:

Las personas exitosas están conscientes de sus fortalezas y debilidades. Esto les permite reconocer que hay circunstancias en las que no pueden hacer las cosas por su cuenta; en cambio, ellos buscan ayuda de personas que sí conocen del tema. También saben que no pueden hacerlo todo y es por ello que se rodean de gente adecuada para formar un equipo productivo.

2. Ayudan a los demás:

El conocimiento debe ser transmitido para que sea efectivo; por tal motivo, las personas exitosas comparten lo que tienen y ayudan a los demás. A ellos les importa que todos triunfen y no ven a otros como una amenaza, más bien consideran que todos deben tener triunfos en el campo que mejor dominan.

3. Trabajan para lograr sus metas:

Soñar no hace que las cosas sean posibles. Si se quiere algo se debe trabajar para conseguirlo. Las personas exitosas saben que deben esforzarse para lograr sus metas, y que ningún logro se obtiene fácilmente.

4. Se responsabilizan por sus errores:

Cuando algo sale mal, las personas que no tienen éxito son propensas a culpar a los demás en vez de admitir su propio error. En una situación que ha fracasado, lo ideal es que cada uno asuma la responsabilidad por lo ocurrido, según la medida de su participación en ello. No obstante, se debe tener más enfoque en solucionar el problema, que en el problema en sí.

5. Son humildes:

Sin importar cuán alto lleguen, las personas exitosas nunca se creen superiores a los demás. En cambio, reconocen el valor de otros y saben honrarlos.

6. No están interesados en el dinero:

Las personas exitosas buscan la excelencia y no el dinero. Ellos trabajan porque les gusta el proceso en sí, y saben que las recompensas económicas vienen como consecuencia. Asimismo, ellos evalúan constantemente cuál es su motivación para lograr y se aseguran de que no sea el dinero, sino otros factores que son más valiosos y duraderos.

7. Aceptan los cambios:

Los que quieren triunfar saben que no pueden conformarse ni acostumbrarse a una rutina. Ellos aceptan los cambios y se preparan para cuando éstos lleguen, pues comprenden que el rechazo a los cambios lleva al conformismo, lo cual resulta en fracaso.

8. Cuidan su lenguaje:

Es fácil reconocer cuando alguien es hipócrita en su alabanza, y los exitosos lo saben bien; por tal motivo, ellos no solo se limitan a dar palabras de aliento, sino que también lo hacen de corazón. Ellos cuidan su interior para que se vea reflejado en su exterior y por medio de lo que dicen.

9. Tienen planes a largo plazo:

Las personas exitosas saben vivir un día a la vez, pero también trazan metas a largo plazo. Para ellos es importante trabajar en algo que tenga frutos duraderos, en lugar de obtener algo temporal. También saben que las cosas que son difíciles de conseguir son las que más valen la pena.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Equivocarse es bueno!

Cuando tienes un proyecto en mente y trabajas por lograrlo, siempre tienes alguna clase de expectativa por la calidad de resultados que obtendrás. Es por ello que cuando las cosas no salen como esperas, a veces puedes sentirte desanimado o incluso decepcionado de ti mismo. Sentirse de esta manera es normal pues es todos quieren lograr el éxito. Sin embargo, hay personas que en vez de levantarse y continuar intentando, se rinden con facilidad y dejan que el pesimismo se apodere de sus vidas.

En la Biblia, hay un personaje que atravesó por situaciones tan difíciles que hubiese sido comprensible si de pronto hubiera sucumbido en la depresión. No obstante, José nunca perdió la esperanza de que algún día las cosas mejorarían. Su historia se encuentra en Génesis 37-50, y de ella podemos rescatar muchas lecciones de vida. Una de ellas es que cada situación mala que el pasó fue un aprendizaje para lo que aguardaba en su futuro. Sin estas malas experiencias, probablemente José no habría llegado a convertirse en un poderoso líder de Egipto.

En la actualidad, los problemas que enfrentamos pueden ser muy distintos a los de José; pese a ello, debemos mantener nuestra mirada en las victorias y lecciones que aprendemos de nuestros errores. Tampoco debemos olvidar que Dios está presto y atento para ayudar a quienes lo solicitan con humildad y sinceridad. Después de todo, Él es nuestro Padre y su amor siempre nos acompaña. Así que hay que entender que más se aprende del fracaso que del éxito.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Evalúa tu año con estas 30 preguntas!

Algunos dicen que el tiempo pasa volando y en ocasiones así es como se siente. Los años transcurren con rapidez pero no deben pasar en vano. Cada día debe ser un momento de aprendizaje que sirva para ayudarnos a crecer en todas las áreas de nuestra vida. Una persona que vive sin razón o no pone interés en madurar, envejecerá creyendo que la vida es vacía e inútil. En cambio, alguien que vive a plenitud sabe evaluar su propio progreso. Éstas preguntas te ayudarán a hacer un balance del año y ver en qué áreas puedes mejorar:

  1. Si pudieras describir tu año en tres palabras ¿cuáles serían?
  2. ¿En qué aspecto cambiaste para bien?
  3. ¿Cuál fue tu mayor logro del año?
  4. ¿De qué es lo que estás más agradecido?
  5. ¿Qué lugar nuevo conociste que te gustaría volver a visitar?
  6. ¿Cuál fue la mejor noticia que recibiste?
  7. ¿Qué experiencia te gustaría repetir?
  8. ¿Cuál fue la lección más importante que aprendiste?
  9. ¿Qué buen hábito desarrollaste?
  10. ¿Cuál fue la sensación más frecuente que experimentaste?
  11. ¿Qué o quién tuvo el mayor impacto en tu vida este año?
  12. ¿Cuál es el mejor recuerdo que tienes?
  13. ¿Qué personas nuevas conociste y planeas mantener en tu vida?
  14. ¿Cuál fue la mejor decisión que tomaste este año?
  15. ¿Qué problema superaste?
  16. ¿Cuál es el cambio más significativo que hiciste este año?
  17. ¿Qué libro o película te impactó más?
  18. ¿En qué situación te hubiese gustado recibir consejo de alguien?
  19. ¿Qué cambio significativo hiciste para mejorar tu salud?
  20. ¿Cuál fue el mejor regalo que recibiste?
  21. En comparación al año pasado, ¿crees que has madurado?
  22. ¿Cuál fue el momento más gracioso que viviste este año?
  23. ¿Qué preocupación tuviste que al final resultó innecesaria?
  24. ¿Cuál fue el error que cometiste que no quisieras repetir?
  25. ¿Desarrollaste algún nuevo pasatiempo?
  26. ¿Cuál fue el mejor momento que pasaste con tus amigos o familia?
  27. ¿Sobre qué temas nuevos aprendiste?
  28. ¿Cuál fue la actividad que más consumió tu tiempo?
  29. ¿Qué riesgos tomaste este año?
  30. ¿Qué consejo le darías a tu “yo” del 2016?

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Nuevos Inicios

Con cada fin de año llegan las evaluaciones de nuestras vidas, del año que transcurrió, de las metas alcanzadas y aquellas que quedaron postergadas.

Algunos podrían afirmar que el  2016 fue el mejor año de sus vidas, han alcanzado todas sus metas o tal vez la mayoría de ellas. Para otros en cambio, puede haber sido el año más complicado y lo único que desean es que termine a la brevedad posible.

Sin importar cómo fue este año puedes estar seguro de que a unos días de distancia se encuentra uno nuevo que trae consigo nuevas oportunidades, metas y sueños que tal vez durante mucho tiempo se postergaron pero que ahora se realizarán.

No importa si fueron días  buenos o malos, lo importante es que no te aferres al pasado, las victorias y las derrotas quedarán en nuestras memorias y dejarán en nosotros enseñanzas que han hecho de nosotros mejores personas. Con cada prueba el Señor nos va perfeccionando. Recuerda que no puedes quedarte abrazando tus éxitos y tus fracasos, tienes que tener las manos libre para poder recibir las bendiciones que Dios tiene para ti.

“Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”. Lucas 9:62

Antes de hacer cualquier lista de metas y propósitos para el 2017 te invito a recordar todas las bendiciones que Dios te dio este año. Tal vez no tuviste un trabajo estable pero Dios siempre proveyó para tus necesidades, posiblemente hayas luchado con una enfermedad pero el Señor siempre estuvo ahí para sostenerte y te mostró su mano poderosa, quizás te han calumniado o acusado injustamente, pero Él ha estado ahí para defenderte, tal vez tu familia ha enfrentado duras crisis pero el Espíritu Santo siempre te ha consolado y fortalecido, o posiblemente, nada de lo que planeabas resultaba y te sentías confundido pero Dios te ha mostrado qué camino seguir y te ha sostenido.

No importa lo que hayas atravesado, Dios siempre es fiel y te ha sostenido porque tiene planes de bien para tu vida.

Agradécele con todo tu corazón porque por más duro que haya sido este año Él nunca te ha dejado, nunca te ha desamparado y jamás lo hará. Puedes tener la certeza de que Dios siempre estará contigo.

Ahora, elabora tu lista de nuevos propósitos y encomienda tu vida al Señor, deja que Él sea quien dirija tus pasos, ¿quién más sabe lo que es mejor para nosotros?

“Encomienda a Jehová tu camino, confía en él; y él hará”. Salmos 37:5

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El hombre de la mano seca

“Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?” Mateo 12:10

La Biblia nos relata la historia de este hombre, del cual no sabemos demasiado. Simplemente que tenía una mano enferma, la expresión utilizada es que esa mano estaba “seca”.

Una de las maneras de interpretar la palabra seca es relacionándola con la falta de fruto y hasta con la muerte, cuando por ejemplo decimos: esa planta se está secando.

Digamos que este hombre tenía un área de su vida en necesidad, hacía falta el toque sanador de Jesús para restaurar el normal desenvolvimiento de su mano.

¿Cuántas personas podrían estar en la misma situación? Tal vez, no necesariamente teniendo una mano con problemas, sino que tienen áreas de su vida, que se encuentran secas, áridas y sin fruto, que parecen muertas aunque no lo están. Hay personas muy exitosas en lo profesional y /o laboral, pero que experimentan un área seca en lo relacionado con los sentimientos.  Y aunque parecen fuertes y con toda la apariencia de un ganador, íntimamente sienten la insatisfacción de no poder desarrollar su parte afectiva.

Quizás en otro extremo, se ubica un grupo de personas que tienen una gran facilidad para socializar y las relaciones, pero ven que no prosperan económicamente, pese a los descomunales esfuerzos que realizan, mientras que hay quienes experimentan sequedad en el área espiritual. Algunos, que aun habiendo conocido a  Jesús, ven que no pueden dar fruto y otros que han comenzado bien y con mucho entusiasmo pero se fueron secando y ya no sirven al Señor con el fervor y el entusiasmo que lo hacían en otro tiempo.

Finalmente, el hombre de la mano seca, tuvo un encuentro con Jesús y Él lo sanó; la enfermedad instantáneamente se fue.

¿Hay algún área en tu vida que consideres “seca” o que no da fruto? ¿Está tu vida espiritual secándose? Riégala hoy retomando la oración, entrégale a Jesús, esa parte de tu vida que parece estéril, deja que el obre y verás como la salud vuelve a tu cuerpo, deja que Él intervenga en tu vida sentimental y también sanará esa área. ¿Trabajas mucho y no ves el fruto de tanto esfuerzo? Permítele a Jesús intervenir para que seas prosperado.

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Me trataste mal ¡Ahora me vengaré!

José y María eran compañeros de trabajo y amigos. Por distintas circunstancias de la vida comenzaron a tener conflictos que causaron fuertes discusiones entre ellos. Conforme el tiempo pasó, su relación se resquebrajó más y más y llegó al punto de crear fuerte tensión entre ellos. Un día, María fue promovida de cargo y llegó a ser superior en cargo que José. Cuando esto sucedió, ella decidió buscar la manera de vengarse de José.

Este relato ficticio es un ejemplo que nos ayuda a entender lo que sucede con algunas personas. Hay relaciones amicales, de trabajo, sentimentales, etc. que terminan de una manera tan abrupta que son dolorosas y dejan profundas heridas en los involucrados. Esta situación se ve vuelve más compleja cuando uno de los dos adquiere mayor poder sobre el otro y busca venganza.

Tener una posición de poder sobre la persona que nos hirió y querer aprovechar este cargo puede ser una idea tentadora. Pero obtener venganza no produce ninguna satisfacción; sino más bien, genera más hambre de ella. La venganza no cura las heridas, las crea. Y tal vez en el momento en que uno se siente lastimado, crea que el perdón es algo imposible de alcanzar; pero en realidad, es la mejor opción posible. El perdón no es fácil y lleva tiempo; sin embargo, vale la pena.

Si tienes algún problema con alguna persona, procura solucionarlo antes que se multiplique. La venganza no es el mejor recurso para remediar un conflicto. En vez de eso, procura perdonar y pedir perdón. De esta manera no solo estarás reparando las relaciones rotas, sino también sanando las heridas causadas. Después de todo, no puedes pedir perdón si no lo practicas primero con los demás (Mateo 6:14-16).

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Quiero ser igual que….

Estamos rodeados de muchas personas que, de una u otra forma, son influencia en nuestras vidas. Al verlos, pensamos en el éxito que han alcanzado, y nos preguntamos si algún día lograremos lo mismo. Es allí donde muchas veces, nuestra admiración se convierte en un profundo deseo de querer ser como esas personas. Entonces, caemos en el vicio de copiar a alguien más, y en el proceso perdemos nuestra identidad.

El éxito no es inmediato.

Los seres humanos pasamos por etapas a lo largo de nuestra vida: niñez, adolescencia, juventud, adultez y vejez. No hay ninguna persona que haya nacido teniendo la madurez y experiencia que alguien de 80 años. Así como es obligatorio pasar por estas fases en la vida, para alcanzar el éxito también se debe atravesar un proceso. Es erróneo pensar que alguien llegó a ser exitoso instantáneamente, así que tampoco debemos pretender obtenerlo de esta manera.

Cada quien tiene su propia historia.

Las personas exitosas han tenido experiencias que las han llevado a convertirse en lo que son hoy en día. No obstante, esto no quiere decir que debas imitarlas. Cada uno tiene sus propias vivencias; y estas vivencias conforman nuestra historia. Si quieres ser exitoso, no imites las acciones de otro y aprende a utilizar tu vida como un recurso para impactar a otros.

No pierdas tu identidad.

Charles Caleb Colton dijo: “La imitación es la forma más sincera de halago.” Sin embargo, al querer emular a alguien, estás perdiendo tu identidad. Dios nos hizo diferentes porque a Él le agradamos de esa manera. Si quieres ser una persona de impacto, aprende a serlo tal y como eres. No necesitas copias las acciones de alguien más para ser especial. Si estás vivo, es porque Dios te creó. Y si Él te creó, es porque te ama tal y como eres.

Hacemos lo mismo, pero diferente.

Todos tenemos distintos dones y talentos. Incluso si dos personas hacen el mismo trabajo, siempre se obtendrá resultados distintos. Así que no esperes tener el mismo resultado que la persona a quien admiras.

El único digno de imitar.

Jesús es el ejemplo por excelencia. Si hay alguien a quien debamos representar, es a Él. Las demás personas cometen errores y podemos sentirnos decepcionados al ver que ellos fallan. Por otra parte, el único que nunca nos decepcionará es Jesús.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Perdí… ¿qué puedo hacer?

Cuando damos lo mejor de nosotros y tenemos altas expectativas de una situación, siempre esperamos tener excelentes resultados. No obstante, en ocasiones nuestros anhelos se ven frustrados cuando sucede lo contrario a lo esperado.
En estos casos es muy fácil caer en el pesimismo y no volverlo a intentar. Otro pensamiento común es creer que no merecemos el éxito y nos consideramos inferiores a otras personas.

2 Crónicas 15:7 dice: “Pero ustedes, ¡manténganse firmes y no bajen la guardia, porque sus obras serán recompensadas.” Entonces, si ya hemos perdido, ¿qué podemos hacer?

1. No dejar que los malos pensamientos nos invadan:

Estamos acostumbrados a medir nuestra valía de acuerdo a nuestros hechos, y dejamos que los malos pensamientos nos hagan creer que valemos menos que otros. Sin embargo, olvidamos que Dios nos creó, y para Él, somos únicos y especiales (Jeremías 1:5). Por lo tanto, cuando no cumplas tus expectativas, no te tengas en poco, porque para Dios no lo eres.

2. Evaluar qué podemos aprender:

A veces las derrotas sirven para aprender de nuestras fallas. Si examinas tus errores y debilidades, encontrarás la clave que te ayudará a mejorar la siguiente vez. A esto se le llama, aprender del fracaso.

3. Intentarlo otra vez:

En estas Olimpiadas Río 2016, han participado muchos deportistas que no ocuparon puestos relevantes en las olimpiadas pasadas. No obstante, esto no ha sido motivo para que dejen el deporte, sino para que entrenen más, mejoren su técnica y consigan una medalla. Al igual que en el deporte, no debemos darnos por vencidos con facilidad y dar lo mejor de nosotros para intentarlo una siguiente vez.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Por qué prosperan los malos?

Si alguna vez te has sentido frustrado porque otras personas prosperan gracias a medios ilegales, mientras que tú te esfuerzas por hacer lo correcto y parece que no tienes éxito; entonces es hora de cambiar de actitud.

Es común desalentarnos cuando el hacer el bien parece ser inservible en comparación al mal. La facilidad con la que se obtienen las cosas por medios fraudulentos es un gran atractivo cuando estamos pasando por momentos de necesidad. No obstante, no es justificación para caer en ello.

Esta situación se da prácticamente en cada etapa de nuestra vida; cuando alguien copia las respuestas del examen, cuando se gana un trabajo por influencias y no por conocimiento, etc.

Entonces, si practicar la verdad y justicia es lo correcto, ¿por qué envidiamos a los que triunfan gracias al mal? Estas dos razones te ayudarán a entender lo vano que es anhelar tener lo mismo:

1. No dura con el tiempo: La Biblia advierte que debemos alejarnos de la gente que practica el mal (Proverbios 24:1); no solo porque no debemos imitar ese tipo de conductas, sino también porque no tiene validez con el tiempo. De nada vale tener dinero o bienes materiales si el medio no es el correcto, pues al final, la justicia siempre llegará. No hay nada que genere más satisfacción que haber triunfado en algo, sabiendo que se hizo en la manera correcta.

2. No tiene verdadero valor: Dios no nos creó para vivir en la Tierra eternamente. Nuestro verdadero hogar está en el lugar que Él nos tiene preparado. Allí no podremos llevarnos las cosas que acumulemos aquí, entonces ¿para qué anhelarlas? (Mateo 6:19-21).

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.