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¡Tengo miedo!

“En medio de mis angustias y grandes preocupaciones, tú me diste consuelo y alegría”. Salmos 94:19 (TLA)

El miedo no solo nos paraliza sino que además nos sumerge en un profundo abismo, haciéndonos olvidar las promesas que Dios tiene para nuestras vidas. Cuando esto pasa, entra la duda, nuestra fe se debilita y comenzamos a ver nuestro problema como un gigante mucho más grande que nuestra fe. Es en estos momentos cuando debemos rendirnos ante Dios, reconociendo que no podemos que en todo necesitamos de Él. La Biblia nos dice que Su amor es todo lo que necesitamos y que Su poder se perfecciona en nuestra debilidad. Es allí que nuevamente nuestra fe se activa y empezamos a creer que pronto El actuará. Quizás estés pasando por algo parecido en tu vida, sientes que el tiempo pasa, no hay cambio y el problema sigue allí parado como un gigante amenazador infundiendo temor en tu vida. Sin embargo Dios no dejará que enfrentes solo esta situación sino que estará contigo para darte la victoria.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Alístate y marcha!

“..¡Adelante! Éste es el día en que el SEÑOR entregará a Sísara en tus manos. ¿Acaso no marcha el SEÑOR al frente de tu ejército?…” Jueces 4:14 (RVR1960)

Muchas veces, en nuestro diario vivir nos sentimos frenados, ya que las situaciones difíciles que debemos enfrentar nos infunden temor al punto de congelarnos y quitarnos la paz. Si algo de esto sucede en tu vida, te animo a confiar que Dios te dará la victoria porque Él va delante de ti.

Por Danitza Luna

 

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Rendido

Es mejor sentarse a observar el partido, que ser un jugador, posiblemente el equipo pierda por culpa mía o no sea capaz de meter un gol y no quiero arriesgarme.”

¿Alguna vez has pensado de esta manera? Estos son los pensamientos de una persona derrotada  que  aún sin haber intentado jugar ya piensa que va a perder.

A veces actuamos como personas derrotadas, no deseamos implicarnos en el problema ni nos arriesgamos a actuar por miedo, preferimos no correr el riesgo, siendo espectadores de los logros de otras personas.

Si no quieres fracasar, simplemente no hagas nada

Las personas que nunca han fracasado, son aquellas que nunca han hecho nada, jamás han corrido riesgos en su vida y, por lo tanto, no conocen lo que es “meter la pata”,  sufrir por haber tropezado; no conocerán el dolor de perder pero tampoco disfrutarán el increíble sentimiento de la victoria.

La vida es corta y creo que uno recuerda más aquellas vivencias que nos han marcado, tanto los fracasos como las victorias, aquellos eventos que nos hicieron tocar el fondo de nuestras emociones ¿Lo has sentido?

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Marcos 12:30

En el camino del Señor, Él desea que le entregues tu vida con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Esto significa que quiere verte en la cancha, sudando la camiseta y no simplemente sentado en la banca de la iglesia; que salgas a predicar, ores por los enfermos, por tus familiares, que apoyes a los que tienen necesidad, que madrugues para buscarlo.

Si estás enfrentando el dolor de no hacer nada, no pierdas más el tiempo y cambia tu mente ¡Vuélvete una persona activa y luchadora! Recuerda que los premios no son para los espectadores, sino por aquellos que se esfuerzan por alcanzar la meta. Si deseas recibir una respuesta o bendición de Dios, tendrás que preguntarte si has entregado tu vida con pasión.

¡Asume el reto y esfuérzate por ganar!

 

 

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Todo tiene su precio

Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. Génesis 22:1-3

Cuando leemos este pasaje, seguramente nos suena muy fuerte, ¿cómo después de todo lo que esperó Abraham, Dios le pide su único hijo, el de la promesa y además teniendo en cuenta que Dios le había dicho que sería padre de multitudes? Pareciera no tener sentido, pero la fe de Abraham era tan grande, que creía que aún si sacrificaba a Isaac, Dios era poderoso para resucitarlo.

Dios tenía preparadas naciones para que salieran de la descendencia de Abraham, pero previamente hacía falta una prueba más, la de su fe, obediencia e integridad. ¿Sería capaz de entregar a su único hijo y ofrecerlo a Dios?

Muchas veces, estudiando la vida de determinadas personalidades, ya sean deportistas, o bien alguien dedicado al arte y que seguramente admiramos por su destreza, podemos ver el precio que han tenido que pagar, para alcanzar el lugar que hoy desempeñan. Conozco el caso de un futbolista, que tuvo varias lesiones de larga recuperación, una vez festejando un gol, se le cayó una pared encima por lo cual se fracturó su pierna, luego tuvo pérdidas de familiares muy queridos. Varias veces, el periodismo dio por terminada su carrera, pensando que la historia de su vida había concluido, pero siempre volvía a la actividad y seguía alcanzando logros cada vez mayores. ¿Cuantas veces habrá pensado en dejar todo? ¿Cuantos lo dieron por perdido? ¿Cuantos momentos de soledad y tristeza? sin embargo, cada vez que superaba una dificultad, eso significaba alcanzar un nuevo nivel y agregar una meta cumplida a su historia.

En el ámbito espiritual, también vemos siervos con ministerios exitosos, pero cuando nos adentramos en las profundidades de su historia personal, vemos cuantos momentos difíciles, de crítica, incomprensión, frustración, seguramente pensando en su interior en dejar todo, sin embargo, al lograr superar estos tiempos, pudieron alcanzar las promesas de Dios para su vida.

En el ámbito académico, vemos como algunos jóvenes, tienen que pasar “privaciones” en cuanto a salir o acostarse tarde, porque necesitan prepararse para sus exámenes. Luego se lo puede ver ejerciendo su profesión y hasta alguien irreverentemente puede decir “que suerte que tiene” pero obviamente no es cuestión de suerte, sino de precios que estuvo dispuesto a pagar. Precios de constancia, privaciones, determinación para lograr su meta.

Si hay cosas que te cuestan, o estás a punto de bajar los brazos, o quizás hasta te comparas con otros que a tus ojos son más exitosos que tú, recuerda que hay precios que pagar, al igual que Abraham, después de la prueba, viene un nuevo nivel de bendición que Dios te quiere dar. No temas en pagar el precio, porque grande es la recompensa.

Por Daniel Zangaro

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Luchando por la Pureza una Batalla Interna

Dios quiere llevarte a un nuevo nivel de identidad y autoridad pero las luchas internas con tus deseos impuros pueden robarte esta oportunidad.  Cuando deseas servir  a Dios tus deseos se convierten en secundarios y la prioridad se vuelve honrar a Dios, sin embargo muchos anhelando agradar a Dios caen en situaciones en las que no desean estar. El Apóstol Pablo dice: “Porque lo que hago, no lo entiendo; porque no practico lo que quiero hacer, sino que lo que aborrezco, eso hago” (Rom.7:19). La transparente descripción de la lucha interna en los pensamientos del ser humano, no puede ser mas evidente en este versículo. Sin embargo, el hecho de que la palabra de Dios registre esta contradicción nos anima a pensar que cuando se menciona un problema se debe también mencionar una solución. Y la Biblia está cargada de soluciones.

Entonces ¿cómo ganarle la batalla a los pensamientos impuros? Primero entendiendo que Dios nos ha dado un ayudador, el Espíritu Santo y que la santidad no fue diseñada para ser lograda sino para ser manifestada, según el Pastor y consejero Daniel Arbolaez. Algunos puntos claves que te pueden ayudar a vencer la lucha contra la impureza.

-Honra tus relaciones motivado por amor y no por temor.

-La santidad no es odiosa es hermosa (Salmos 96:4).

-El pecado viene débil la primera vez, pero va tomando fuerza. El mejor momento para vencerlo es el inicio.

Escucha la entrevista completa para más recomendaciones.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

20 textos bíblicos para vencer el temor

No permitas que el temor se convierta en un límite que te prive de las cosas que más disfrutas. Cuando estés atravesando una situación en la que sientas que el miedo quiera apoderarse de tu vida; acude a Dios y cree en sus promesas. En la Biblia, hay historias de personas que vencieron el temor con la ayuda de Dios; y éstos son algunos versículos que te ayudarán a lograrlo de la misma forma.

  1. Deuteronomio 31:6: “Sean fuertes y valientes. No teman ni se asusten ante esas naciones, pues el Señor su Dios siempre los acompañará; nunca los dejará ni los abandonará.”
  2. Deuteronomio 3:22: “No les tengas miedo, que el Señor tu Dios pelea por ti.”
  3. Josué 1:9: “Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas”
  4. Salmos 56:3:Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza.”
  5. Salmos 27:1:El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida; ¿quién podrá amedrentarme?”
  6. Salmos 118:6-7: “El Señor está conmigo, y no tengo miedo; ¿qué me puede hacer un simple mortal? El Señor está conmigo, él es mi ayuda; ¡ya veré por los suelos a los que me odian!”
  7. Salmos 34:4: “Busqué al Señor, y él me respondió; me libró de todos mis temores.”
  8. Proverbios 29:25: “Temer a los hombres resulta una trampa, pero el que confía en el Señor sale bien librado.”
  9. Isaías 12:2: “¡Dios es mi salvación! Confiaré en él y no temeré. El Señor es mi fuerza, el Señor es mi canción; ¡él es mi salvación!”
  10. Isaías 35:4: “Digan a los de corazón temeroso: «Sean fuertes, no tengan miedo. Su Dios vendrá, vendrá con venganza; con retribución divina vendrá a salvarlos»”
  11. Isaías 41:10: “Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa.”
  12. Isaías 41:13: “Porque yo soy el Señor, tu Dios, que sostiene tu mano derecha; yo soy quien te dice: “No temas, yo te ayudaré”.”
  13. Marcos 5:36: “Sin hacer caso de la noticia, Jesús le dijo al jefe de la sinagoga: ―No tengas miedo; cree nada más.”
  14. Juan 14:27: “La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden.”
  15. Romanos 8:38-39: “Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.”
  16. Romanos 8:15: “Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡Abba! ¡Padre!»”
  17. Filipenses 4:6-7:No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.”
  18. 2 Timoteo 1:7: “Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio.”
  19. Hebreos 13:6:Así que podemos decir con toda confianza: «El Señor es quien me ayuda; no temeré. ¿Qué me puede hacer un simple mortal?»”
  20. 1 Juan 4:17-18:Ese amor se manifiesta plenamente  entre nosotros para que en el día del juicio comparezcamos con toda confianza, porque en este mundo hemos vivido como vivió Jesús. En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor.”

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Vida líquida

Es posible que la liquidez de las cosas de las que escribía Zygmunt Bauman no sea más que el miedo a involucrarse. Mientras más te importa, más formas tiene el mundo de lastimarte, dice una chica en alguna película que vi una noche lluviosa. Nadie, creo, tiene un deseo innato de alejarse, de estar solo, de no tener más ganas. Pero al mismo tiempo, nadie quiere seguir infligiéndose voluntariamente la herida de la decepción.
La fragilidad de las relaciones humanas parece ser no otra cosa que la muestra de cuán poco, o casi nada, conocemos el verdadero amor. De tanto creer para desengañarse, de tanto desear para poseer, de tanto tener celos, de tanto malentendido, el amor va perdiendo su carácter y su belleza original; en cada esquina, en cada hora, tropezamos con su sombra en vez de encontrarnos alborozadamente con su materia profunda y eterna.
Tal vez por eso nos volcamos a las cosas y, por su naturaleza efímera, necesitamos reemplazarlas por otras más nuevas, más veloces, más potentes. El consumismo se convierte así en un amparo para el miedo, un linimento para el dolor y un artificio para esquivar la levedad de todo.
Tengo una libreta en la mesita baja del living de mi casa y a veces voy anotando ideas breves que dan cuenta del estado de las cosas más o menos líquidas que me conmueven. Algunas voy a mostrarles:

Preferían las ollas de carne, el pan, los ajos y las cebollas en esclavitud en lugar de los peligros y los sufrimientos de la libertad.
Me voy, me voy. A mi tren nocturno que no se suba el amor. Quédese en el andén con su pesado equipaje de abalorios y querellas.
La vida, ese absoluto lugar común…
Hasta que ya no tuve ganas de tener más ganas.
La inescapable realidad del cuerpo adverso.
La sabiduría nos llega cuando ya no nos sirve para nada (Fermina Daza).
Al final, la calavera era ñata.
Reía… pero luego guardaba silencio.
Con el tiempo, la soledad comenzó a mostrarme su lado agradable.
Esplendor en la hierba, una pequeña luz, un destello de los días que se fueron.
Por los sueños que se hundieron allá.
No hay nostalgia peor que añorar aquello que nunca jamás sucedió (Joaquín Sabina).

No sé cuán líquida sea en realidad nuestra vida. Algo muy profundo dentro de nosotros aspira, creo, a la solidez de la verdad. Si no, no habría esperanza…

Cuando abres tus ojos…

¿Alguna vez realizaste una dinámica cerrando los ojos? En la oscuridad se siente inseguridad e incluso temor puesto que todo lo que tienes por delante es incierto.

¿Te imaginas vivir sin poder ver? ¡Por supuesto que no será una vida fácil! Las personas que tienen dificultades con la visión presentan grandes limitaciones. Así como una ceguera física podría ser un impedimento para alcanzar nuestros logros, la ceguera espiritual también lo es, ya que no te permitirá creer y vivir seguro, con gozo y paz.

Entonces envió el rey allá gente de a caballo, y carros, y un gran ejército, los cuales vinieron de noche, y sitiaron la ciudad. Y se levantó de mañana y salió el que servía al varón de Dios, y he aquí el ejército que tenía sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿Qué haremos?

Él le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo. 2 Reyes 6:14-17

Un gran ejército rodeó a Eliseo, por lo cual su criado se angustió en gran manera. Lo interesante es que en ese instante Eliseo realizó una oración para que su sirviente “abriera sus ojos” y cuando esto sucedió se dio cuenta que en realidad “eran más los que estaban con ellos que con los enemigos”, estaban protegidos por Dios.

“Jehová abre los ojos a los ciegos…” Salmos 146:8

El milagro que Jesús hacía más a menudo era el devolver la vista a los ciegos y continúa haciéndolo. No solamente hace referencia a la ceguera física, sino también a la espiritual que impide ver quién es Dios y qué es lo que Él puede hacer.

“Abre mis ojos, y miraré…” Salmos 119:18

¿Estás viendo a Dios en tu vida, en tus problemas y necesidades? ¿En los conflictos te domina la inseguridad, el miedo o la angustia? Es necesario que pidas al Señor que abra tus ojos. Esta ceguera puede traerte mayores limitaciones y seguramente has perdido muchísimas bendiciones por no ver lo que Dios tenía para ti.

Este tiempo te animo a ponerte de rodillas y pedir que puedas ver.

 

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¡Despídete del miedo!

¿Alguna vez has enfrentado una situación inesperada y te congelaste por unos segundos?

Cuando estamos frente a situaciones nuevas, en nuestro cerebro ocurre algo inusual. La amígdala envía la señales al lóbulo frontal, quien es la encargada de la resolución de problemas, y este proceso le toma el doble de tiempo de lo normal pues es una experiencia nueva de la cual el cerebro no tiene registro. Esto resulta en una señal de pánico enviada a todo el cuerpo, el cual no sabe cómo reaccionar. Es por ello que se cometen muchos errores o aciertos al reaccionar por miedo. Sin embargo, hay una manera de minimizar el tiempo de reacción del cuerpo ante cualquier situación y superar el miedo. Éstos son algunos consejos útiles que puedes seguir:

1. Fija metas pequeñas:

En vez de fijarte en culminar un suceso en su totalidad, hazlo fijándote metas cortas y alcanzables. De esta manera no te sentirás frustrado ni con mayor temor al no ver progreso. Recuerda que se termina una carrera cuando se da paso tras paso.

2. Imagina el acontecimiento:

Si vas a afrontar una situación desconocida, visualiza que lo estás haciendo una y otra vez. Así estarás acostumbrando a tu cerebro a la acción y te sentirás más relajado cuando aquello ocurra.

3. Dedícate palabras positivas:

Las personas suelen tener pensamientos negativos cuando enfrentan situaciones difíciles, pero el hablar con uno mismo y decirse palabras de aliento es una excelente manera para mantenerse motivado. Practica este consejo y sé optimista en todo momento.

4. Controla tu respiración:

El cuerpo reacciona de mala manera cuando la respiración es agitada; por lo tanto, modera tu respiración y mantén la calma. Esto te ayudará a concentrarte y relajará tus músculos, de tal modo podrás salir victorioso de cualquier situación.

5. Ora:

Dios está en todo lugar y siempre dispuesto a escucharte. Él promete darnos paz y echar fuera el temor, de modo que si hablas con Él, el temor no tendrá espacio en tu mente ni corazón (Juan 14:27).

 

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Caminando por fe

“Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá” Gálatas 3:11.

Vivimos en un mundo que cada día se nos presenta más inseguro, vemos con sorpresa como aun las estructuras mas sólidas y antiguas pueden derrumbarse de un momento a otro. Esto también aplica a los sistemas económicos, actualmente vemos que los modelos que durante décadas fueron muy efectivos, en la actualidad ya no ofrecen respuestas satisfactorias a las necesidades de la economía mundial. Lugares que parecían seguros, de pronto son atacados y puestos en riesgo ya sean por atentados o bien por la naturaleza misma que parece expresarse con furia a través de terremotos, huracanes y otras calamidades, lamentablemente cada vez mas frecuentes.

Todo este panorama pudiera llenarnos de temor, inseguridad y desaliento. Y si bien estas serían reacciones perfectamente comprensibles, la Biblia nos invita a vivir por fe. Esto implica no enfocarnos tanto en lo que vemos, sino en la convicción de lo que no vemos que es la definición bíblica de la fe. Contrariamente al pensamiento del mundo que parece afirmar el principio “ver para creer” el desafío de la fe es creer sin ver. Jesús le dijo a Tomás: “…Tú crees porque me has visto, benditos los que creen sin verme.” Juan 20:29 (NTV).

La realidad puede tornarse muy amenazante para nosotros, pero el desafío es pasar estos momentos difíciles, puestos los ojos en Jesús el autor y consumador de la fe. Quizás te sientes que no tienes mucha fe, pero es necesario saber que la misma viene por el oír la Palabra de Dios, por lo tanto es nuestra responsabilidad alimentarla cada día para que crezca. De tal manera llegaremos a tener esa fe que es capaz de conquistar, que no se maneja simplemente por lo que se puede ver, sino que como la define Hebreos 11:1 “… es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. A veces vemos la realidad y pensamos que no hay salida, ni siquiera imaginamos ninguna vía de solución, pero tal vez si fueran abiertos nuestros ojos espirituales, “los ojos de la fe”, podríamos ver caminos aún en el desierto.

Por lo tanto, te animo a que pidas al Señor en este momento que abra los ojos de la fe, para que puedas ver lo que El ve. De esta manera podremos ver cada circunstancia como una oportunidad para ver la grandeza de nuestra Dios obrando en nuestras vidas. Decídete a caminar por fe, abre tus ojos y mira mas allá del problema, sabiendo que Dios está contigo en todo momento.

 
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No tengo esperanza

La Palabra de Dios da a conocer la historia de un hombre que buscaba a Jesús desesperadamente porque su hija se encontraba en un estado crítico.

Mientras él regresaba con Jesús, vinieron de su casa para decirle que no moleste más al maestro porque su hija había muerto, en otras palabras, que deje de clamar y pedir porque no había esperanza.

“Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar. Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá. 

Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban.” Marcos 5:21-24

“Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro? Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente. Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo.

Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña.

Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente.” Marcos 5:35-42

¿Cuál es la dificultad que estas enfrentado? Es posible que las personas que te rodean crean que no existe esperanza para ti, incluso que tú mismo pienses que tu problema no tiene solución y que estás perdiendo el tiempo buscando a Jesús; pero en este momento Él te dice: “No temas, cree solamente”

 

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Un mal consejero

A veces creemos que no servimos para nada y  quizás, por algunos fracasos, estamos arrepentidos de levantarnos una y otra vez.

En la Parábola de los talentos, Jesús intenta que entendamos aspectos que tal vez ignoramos. Y es que cuando el hombre les dio a sus siervos los talentos, lo hizo para pudieran trabajarlos. Él no lo hubiera delegado esa responsabilidad si hubiera sabido o pensado  que no podrían lograrlo o que les era imposible, ya que en esos tiempos un talento era mucho dinero.

Cuatro de los que recibieron los talentos, los trabajaron y le regresaron al hombre mucho más de lo que habían recibido, pero hubo uno que no lo hizo; al contrario, guardó el talento y al final, cuando lo presentó a su señor le fue quitado.

Pero, ¿por qué guardo en la tierra su talento? Por miedo, está palabra tal vez se nos hace muy familiar, el temor es aquel mal consejero que nos dice que no podremos, que estamos destinados a fracasar y que no somos capaces. Incluso hace que perdamos mucho más que dinero.

Dios nos comisiona cosas que nosotros no nos animamos a cumplir por miedo, pero Él no se equivoca, jamás nos mandaría a hacer algo de lo que no somos capaces.

“Porque yo soy el Señor, tu Dios, que sostiene tu mano derecha; yo soy quien te dice: “No temas, yo te ayudaré.” Isaías 41:13 (NVI)

El miedo a veces pondera lo que el enemigo quiere que pensemos de nosotros y subestima el poder que Dios ejerce a través de sus hijos. El miedo es un mal consejero que no deja que crezcas y camines.

Dios no te hubiera dado la vida si no supiera que puedes con ella, ni te encomendaría ser su discípulo si no creería  que eres capaz de ser un canal de bendición para otros. No permitas que el miedo evite que cosas maravillosas sucedan en tu vida.

 

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