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Restitución

Cuentan que uno de los reyes moros de España, queriendo edificar un pabellón en un campo cercano a su jardín ofreció comprarlo a una pobre mujer a quien le pertenecía, pero ella no aceptó porque dicho terreno era parte de la herencia de sus padres. Ante la negativa el monarca se apoderó del campo y el edificio fue levantado.

La pobre mujer se quejó al juez, quien prometió hacer todo lo posible en su favor, aunque le era imposible tratar al rey como lo haría con cualquier otro súbdito. No obstante hizo lo siguiente: Visitó al monarca con quien tenía mucha amistad y le pidió un saco de tierra del campo recién adquirido. El rey se rió y consintió la demanda. Cuando estuvo lleno le pidió completar su acto de bondad ayudándole a cargar el costal sobre el asno. El monarca se rió todavía más y trató de levantarlo pero sus esfuerzos fueron en vano.

– ¿De modo que no puedes levantar esta pequeña parte de la tierra que has arrebatado a uno de tus súbditos? ¿Cómo podrás atreverte, oh rey, a comparecer ante el Juez de toda tierra con el peso de todo este campo sobre ti?
Dicen las crónicas que el rey no solamente dio gracias al juez por su reprensión, sino que restituyó el campo a su propietaria dándole además el edificio que había levantado con todo lo que contenía.
Muchas veces, consciente o inconscientemente hemos lastimado o perjudicado a alguien y cuando nos percatamos de nuestra forma de actuar decidimos quedarnos callados y hacer oídos sordos a nuestra conciencia para no quedar mal ante los demás.

La realidad es que tarde o temprano, todos nuestros actos serán pesados y si hoy no hacemos algo para restituir el mal que causamos, cargaremos con esa culpa hasta el día en el que nos presentemos ante el Juez, y ¿qué pues diremos? Podemos engañar y justificarnos ante nuestra familia, amigos, iglesia y hasta a nosotros mismos pero nunca podremos mentirle a Dios.

Cuando Jesús estaba en la casa de Zaqueo, éste se levantó y dijo:” —Señor, daré la mitad de mi riqueza a los pobres y, si estafé a alguien con sus impuestos, le devolveré cuatro veces más. Jesús respondió: La salvación ha venido hoy a esta casa, porque este hombre ha demostrado ser un verdadero hijo de Abraham. Pues el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar a los que están perdidos”. Lucas 19:8-10 (NTV)

El arrepentimiento genuino no sólo consiste en pedir perdón por el mal que cometimos, sino en restituir y hacer algo más por esa persona que se vio afectada.

No esperes más para solucionar el conflicto que puedas tener, recuerda que en cualquier momento podemos presentarnos ante el Juez. Quita cualquier peso o culpa que puedas estar sintiendo, pide perdón, restituye lo que tomaste, busca resarcir el daño causaste y experimenta la paz que sólo puede darte el perdón y el estar a cuentas con Dios y con el prójimo. Que el enemigo no tenga nada para acusarte cuando te presentes ante Dios.

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Del acto de pensar

… (D)edicó su vida, con sus aciertos, errores y polémicas, a la labor cotidiana de entender, alertar e invitar a los demás a ejercer el oficio del pensamiento. Porque el acto de pensar, cuando se lo toma en serio, no es un fin en sí mismo: es una herramienta vital para la supervivencia colectiva, escribe Tomás Borovinsky en un breve homenaje al intelectual búlgaro Tzvetan Todorov.
Es posible que haya gente que se interese en pensar sin otra consecuencia que el placer personal de hacerlo. Pero la mayoría de las personas que conozco y aquellas sobre las cuales he leído evidencian en su acto de pensar un compromiso a que las cosas mejoren en la vida y en la sociedad.
Por eso me resulta cada vez más foráneo el entorno de las iglesias porque dentro de ellas no veo manera de ejercer el pensamiento en forma libre e independiente. La institución reclama – a veces sutilmente, otras no – lealtad a la declaración de fe, a la doctrina, a la disciplina interna. El propósito de ese orden de cosas no es otro que disponer de un contingente de personas que asientan, obedezcan, apoyen y propaguen la misión. Y de paso, la financien.
Por eso dentro de las instituciones se estimula sólo la lectura de libros que haya escrito el líder o aquellos textos que siguen la línea del imaginario corporativo (si es que estimula alguna lectura). Conozco muy pocos cristianos que leen ensayos, novelas, cuento, poesía, filosofía. O que miren películas que planteen cuestiones de conciencia como la muerte, la opresión o el abuso contra la mujer. O que participen en espacios que se propongan ayudar a la gente necesitada sin esperar a cambio ninguna decisión de fe. O que hagan preguntas más profundas e incisivas a los contenidos de la enseñanza o a la interpretación de la Biblia.
Observo que la mayoría de las personas en las instituciones cristianas se sienten cómodas sin involucrarse en ninguna de las actividades descritas arriba. Están complacidas que alguien les haya ahorrado la tarea de pensar en lo que leen y en lo que creen; y al abrigo de esa anuencia disfrutan periódicamente de su cuota de comunión, liturgia devocional y paz personal.
Pensar, como era la convicción de Todorov, es una herramienta para la supervivencia. Pero no una supervivencia precaria, con la cabeza apenas fuera del agua. Más bien una existencia plena, responsable, solidaria, respetuosa y decidida.
Nada más. Nada menos.

Manteca en la pared

Ya conocen mi inveterada inclinación a comentar grafittis que aparecen de tanto en tanto en los muros de mi ciudad, lo mismo que mi tendencia a novelar sus significados, a suponer intenciones o a imaginar misteriosos desenlaces.
Hay cerca de la oficina tres o cuatro escrituras en una pared. La Cámpora FpV y La Jauretche no serán comentadas aquí por estar referidas a contingencias políticas del país y cuales sean los conceptos que emita levantarían denuestos de un lado u otro.
Me detendré en un escrito fascinante que está justo en la esquina: Manteca, you are dethd (sic). He aquí un manjar para los sentidos. Manteca es un sobrenombre que seguramente describe a alguien con una marcada inclinación a la materia grasa corporal. Pero lo que nos atrae sobremanera es la palabra dethd. Sin duda el muralista quiso hacerle saber a Manteca que estaba “muerto” y se confundió entre el inglés death (muerte) y dead (muerto); la inscripción correcta debió haber sido: Manteca, you are dead.
Hecha esta primera digresión, adentrémonos en la trama de este mensaje que tiene un cierto perfil patotero. Es posible que Manteca, atribulado por el apriete de los cabecillas de una pandilla adversaria o de ciertos policías oscuros, soltó una confesión que ha de significarle la muerte. Otra posibilidad es que Manteca efectivamente es un granuja y ha cometido algún crimen imperdonable que avergonzaría a su santa madre y que además transgrede los intocables códigos de la mafia.
¿Por qué el vocero de sus virtuales verdugos ha escogido el inglés para anunciar a Manteca su inevitable destino? ¿Pensaba que eso lo haría menos accesible para la mayoría de los parroquianos que transitan diariamente por ahí? Es verdad que hay bastante gente que no conoce el inglés. Muchos de ellos – y ellas – caminan por la calle con camisetas que llevan leyendas que crispan los sentidos de quienes sí lo saben.
Pero volvamos a Manteca. ¿Se habrá llevado a cabo la sentencia? ¿O se esconde durante el día y sale por la noche a atender sus asuntos? ¿O dispone de recursos como para moverse en autos blindados y con guardaespaldas armados?
¿O – lo que es sin duda más probable – es un estudiante de secundario que incumplió con algún código del grupo y la leyenda en la pared es un juego de palabras para amedrentar al pobre Manteca que desde hace meses ya no puede vivir en paz?

Melodia (en tres tiempos)

En el primer tiempo fue el cataclismo, la ruptura, el dolor diseminado. La arrancada vertiginosa de los hechos de la vida que parecían inmutables, que durarían hasta el fin de todas las cosas. Fue la violencia de las palabras, la rotura del corazón, el grito feroz del desamparo, el fin de todas las promesas y de todas las lealtades. No hubo linimento alguno. Hizo falta el bálsamo que aliviara el escozor de la piel. Escaseó el sueño, se hizo implacable de la tortura de la conciencia. Entonces la soledad fue una compañera indeseable, un estertor de madrugada, un infierno entre las sábanas, el sol que se hacía esperar eternamente.

Con los días vino alguna esperanza, el anhelo que todavía buscaba realidad. Fluyeron la poesía, la creatividad y los proyectos. Tal vez la vida regalaría otra oportunidad de compartir la piel y el sentimiento. ¿Avistaría por fin la luz de los faros lejanos para acercar el alma perdida a las orillas del descanso? No. Los puertos eran sólo estaciones para desestibar el peso de los días. Tenía uno que lanzarse otra vez a mar abierto para proseguir el viaje, porque todavía esperaba que en algún remoto atardecer en llamas las playas de Ítaca anunciaran el fin de todos los viajes y habría valido la pena la promesa hecha un amanecer entre lágrimas y sueños.

Finalmente vino el tiempo de la paz. De a poco entró en el hielo de los huesos el abrigo calentito de la soledad. Rotos todos los lazos comunes, liberado el corazón de los requerimientos del amor y conjuradas las obligaciones inevitables de los pactos permanentes, quedaba uno a disposición de una libertad costosa, definitiva, violenta y atrozmente conquistada. Fue la hora de firmar con sangre la declaración de independencia, instruir a los embajadores para responder vigorosamente a las exigencias del protocolo, anunciar que en este territorio la soberanía estaría desde ahora escondida de la inteligencia de los dictadores y que jamás volvería a someterse a nación alguna ni a extranjero dominio.

Sí, de verdad era el tiempo de la paz. Dolorosa, imperfecta, pero por fin inaccesible a los artificios y pretensiones del sentido común. Alejada para siempre del trajín de las oficinas, las alcobas y los santuarios…

En la roca

Un poderoso rey, que era famoso por sus riquezas, había podido comprobar que las mismas no le hacían  feliz.

El monarca oyó hablar de un ermitaño, famoso por su sabiduría y piedad, que daba lecciones a los demás hombres para ser felices. Sin demora dirigió sus pasos donde podría encontrar a este varón de Dios, el cual vivía en su rincón del desierto.

  • Amigo, dijo el rey, he venido para que me enseñes cómo podré llegar a ser feliz.

El anciano lo recibió afablemente y lo invitó a ir a dar un paseo con él. Lo condujo por una senda estrecha y lo llevó hasta el pie de una roca, situada encima de la alta montaña. Señalando la roca dijo el anciano al rey:

  • Dígame vuestra majestad: ¿Por qué habrá edificado el águila su nido tan alto allá en la roca?
  • Sin duda, contestó el rey, para estar a salvo de todo peligro.
  • Cierto, dijo el sabio, seguid entonces el ejemplo del Águila. Edificad vuestra casa sobre la “Roca de los siglos”, haceos un hogar en los cielos. Después estaréis seguro de todo peligro y disfrutareis la paz y el gozo todos los días de vuestra vida.

Todo lo que poseemos en la tierra es pasajero y todos nuestros esfuerzos por estar seguros o resguardar nuestras posesiones son vanos si depositamos nuestra vida en las manos de Dios.

Procura hacer tesoros en el cielo, que eso es lo verdaderamente valioso y no perecedero, no confíes en tus posesiones, fuerzas ni conocimientos, nada de eso te dará la felicidad que buscas.

No hay nada ni nadie en este mundo que pueda darte la seguridad y la paz que necesitas, por eso antes que nada, debemos procurar que nuestras  vidas estén refugiadas en Dios, que Él sea la Roca en la que nos apoyamos.

“Solo él es mi roca y mi salvación, mi fortaleza donde jamás seré sacudido”.  Salmos 62:2 (NTV)

Si estás pasando por problemas, si no sabes qué hacer, si te faltan las fuerzas y ya no puedes más, corre a refugiarte en el Señor, nada ni nadie podrá dañar tu vida si te escondes en Él.

“Pero el Señor es mi fortaleza; mi Dios es la roca poderosa donde me escondo”. Salmos 94:22 (NTV)

Refúgiate en el Señor, la paz, el gozo, la seguridad que buscas se encuentran en Él, la Roca de tu salvación.

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No apartes tu rostro de mí

Cuando David escribió este salmo, todo aparentaba estar bajo control. Los filisteos, sus persistentes enemigos no representaban una amenaza, al menos para este tiempo y hasta Absalón, el hijo que se le había revelado, ya había muerto.  David sentía que todo marchaba bien, lo cual lo llevó a afirmar: “En mi prosperidad dije yo: No seré jamás conmovido” (Salmo 30:6). Y sentía el respaldo de Dios en su vida y en todo lo que emprendiera; “Porque tú, Jehová, con tu favor me afirmaste como monte fuerte.” (V. 7). Sin embargo pareciera esbozar un sentimiento de insatisfacción que nos muestra que no do era color de rosa en su vida: David dice: “Escondiste tu rostro fui turbado” (v.7). Aquí vemos como David pese a disfrutar de paz y prosperidad no podía estar plenamente feliz debido a que Dios escondió su rostro de Él y esto evidentemente lo tenía mal. Creo que en esto podemos ver algo de ese corazón conforme al corazón de Dios del que nos habla la Biblia. David quería agradar al Señor con toda su vida y para él esto era tan importante que nada de lo que tenía o había conseguido tenía sentido si Dios apartaba su rostro de él.

Pero, ¿Cuál habrá sido la causa por la que Dios apartó su rostro?. Quizás David se enamoró de la prosperidad y de ese tiempo de calma y bienestar pudiendo haber quitado el enfoque en Dios para ponerlo en las riquezas. O también es posible que, por sus muchas ocupaciones o simplemente por relajarse ante un entorno que en ese momento le era favorable, haya descuidado su relación con Dios y ya no lo buscaba tanto como antes. De todas maneras, David, pese a tenerlo todo se encontraba turbado y en esto nos da un verdadero ejemplo de un siervo de Dios. Entonces clamó y suplicó a Jehová (V. 8) pidiendo misericordia (v. 10). Entonces Dios cambia su lamento en baile, quita su aflicción y le devuelve el gozo por eso David quiere agradecer a Dios por todas sus maravillas, alabarle y darle gloria, por siempre.

A menudo nos pasa, que en los tiempos en que todo parece tranquilo y los problemas que nos acosaban pasan a ser simplemente un mal recuerdo, nos relajamos pensando que nos podremos quedar en ese estado para siempre. Nos sentimos bien, disfrutando de la última victoria en el Señor, pero quizás corremos el riesgo de enamorarnos de ella y sacar la mirada del dador de la bendición. Entonces muy pronto desaparece ese fervor que caracterizaba nuestras oraciones cuando estábamos en medio de problemas y todo se va haciendo más superficial. Pareciera que el mismo David experimentó esta clase de dificultades. Aunque todo parecía estar bien, seguramente él sentía que algo faltaba lo cual no le permitía disfrutar plenamente. Entonces clamó a Dios por su misericordia y Él le restauró el gozo.

Si tu vida espiritual se ha vuelto rutinaria, si te encuentras pasando esos momentos donde como respuesta a tus oraciones solo encuentras el silencio de Dios, clama una vez más como lo hizo David y con todo tu corazón para que seas completamente restaurado.

Por Daniel Zangaro

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Un paso al costado

Konrad Lorenz, naturalista europeo, cuenta que estuvo vigilando en un parque zoológico una lucha entre dos lobos que parecía mortal.

Finalmente, el mayor y más experimentado de los contendientes prevaleció y llevó a su oponente contra la reja donde podía hacer con él como quisiera. En ese momento el señor Lorenz observó un rasgo que él cree ha sido el medio otorgando por la Dios para evitar la extinción de muchas especies de animales. Abandonando la lucha el más pequeño de los lobos dio vuelta a su cabeza, exponiendo las partes vitales de su cuello a las fauces del lobo victorioso.

Los dos permanecieron como estatuas en esta posición por unos momentos, y entonces el vencedor dio media vuelta.  “Debe ser un instinto implantado en la naturaleza de las fieras lo que impide al vencedor destruir al vencido cuando este se rinde voluntariamente”, declara el señor Lorenz.

La mansedumbre debería mover más fácilmente el corazón de un ser humano que el de un lobo aunque a veces no es así. En Mateo 11:21 Jesús  nos invita ser mansos y humildes para poder hallar descanso para nuestras almas: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (NTV)

Como humanos siempre queremos estar en lo cierto y ganar todas las discusiones o problemas que tengamos con los demás. Nuestro orgullo hace que  prefiramos perder amistades o familia antes de ceder, creemos que tener la razón lo es todo y sacrificamos nuestra paz interior además de nuestra relación con las personas que amamos.

“No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” Romanos 12:17-19 (RVR 1960)

Olvida la ofensa, da un paso al costado y permite que Dios tome el control de la situación, Él es Juez Justo y  tiene cuidado de sus hijos. En cuanto dependa de ti busca la paz.

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Cómo llevarse bien con familiares conflictivos?

Tener conflictos con los parientes puede resultar incluso más incómodo de lo que sería si fuera con alguna persona fuera de nuestra familia. Hay ocasiones inevitables en donde la familia se reúne y donde la situación es tan tensa que en cualquier momento puede originarse una discusión. Sin embargo, este problema no tiene que durar para siempre. Cualquier conflicto tiene solución cuando todos cooperan para solucionarlo. Puede que este proceso tome algún tiempo, pero lo importante es que se restauren las relaciones dañadas. Éstos son algunos consejos que puedes aplicar:

Reconoce tus faltas:

Por más que un problema haya sido causado por otra persona, no cometas el error de culpar a los demás; en cambio, reconoce tus fallas y admite qué actitudes contribuyeron a agrandar el conflicto. La humildad es una virtud necesaria cuando se quiere tener buenas relaciones con los demás, y practicarlo con la familia debería ser una prioridad. Incluso si la otra persona no acepta su actitud o palabras erróneas, sé tú quien dé el primer paso hacia la solución y actúe como alguien ejemplar.

Acepta que no puedes cambiar a las personas:

El comportamiento proviene de lo que hay en el corazón; y si allí no está Dios, es improbable que la persona sea transformada de la noche a la mañana. Es por ello que debes aceptar que no puedes cambiar a alguien, y tampoco puedes obligarla a ver sus faltas. Si deseas llevarte bien con un familiar pero esta persona te rechaza, no te sientas ofendido ni adoptes una postura orgullosa. Lo importante es que has demostrado tu buena disposición al cambio y que estás abierto a solucionar los problemas.

Escucha más y habla menos:

Existen casos en los que los problemas fueron originados por dichos de terceros, y esto demuestra que la mala comunicación es peligrosa. Sin importar cuál sea el conflicto, procura dialogar directamente con la persona. En ese momento, no olvides escuchar atentamente a lo que tu familia tiene que decir y luego expresar tu punto de vista. Si quieres, puedes invitar a alguien que no sea tu pariente para que sirva de mediador en el conflicto. Recuerda que el objetivo de este momento no es acusar ni hacerse la víctima, sino de crear soluciones.

Deja el pasado atrás:

Si ya solucionaste un problema con alguien, o si estás en vías de hacerlo, no causes más enfrentamientos. Aprende a controlar tus palabras y no saques a relucir temas que pueden llevar a la discusión. No olvides que si quieres recibir perdón, también debes perdonar; y que una vez que perdonas, no puedes volver a tratar el tema como si aún estuviese pendiente. Esto también es una señal de madurez.

Ora:

Mateo 6:6 dice: “Cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.” Dios es el único que puede cambiar vidas y quien puede tocar el corazón de tus familiares. Si se lo pides con humildad, Él te dará el valor necesario para enfrentar a las personas conflictivas, y pondrá palabras sabias en tu boca para que tus dificultades se resuelvan y las relaciones sean restauradas.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Papá – no – el

Es curioso que la mayoría de las personas no saben a quién agradecer.  En diferentes oportunidades se puede observar que existen hijos que no valoran todo el sacrificio que sus padres realizaron en el transcurso de su crecimiento y dan todo por una novia que los humilla o simplemente tienen poco tiempo de conocer.

Puede pasar lo mismo con el matrimonio, cuando la esposa hace una entrega total de amor y respeto, mientras que el esposo es desleal en su compromiso,  jugando con los sentimientos de las involucradas. Lamentablemente estos casos se observan a diario y cada vez aumenta el número de malagradecidos.

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Romanos 5:8

Del mismo modo sucede en “Navidad”,  la noche de paz y amor es un recuerdo del nacimiento del Salvador en un pesebre. Jesús no nació la fecha exacta de noche buena, pero recordamos su llegada al mundo y lo que hizo por nosotros. Lamentablemente en lugar de darle las gracias por ese amor y el sacrificio que hizo, desviamos nuestra mirada a un hombre de traje rojo que no hizo nada, no es papá Noel, es “papá, No él”.

Festejar la Navidad en el hogar, es reflexionar sobre  a quién debes agradecer. Primeramente pide al Señor que sea el primer invitado en tu hogar, dale gracias por todo lo que hizo por ti y dedícale esta noche.
¡Recuerda que la navidad no se trata de un señor que viene a repartir regalos, sino de alguien que te ama y dio su vida por ti!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Levanta tus manos

Todos hemos librado batallas, unas más grandes, otras pequeñas, cortas o largas, pero todos sabemos lo que es estar en medio de una lucha.

Sin importar su tamaño todas, en determinado momento, parecen no tener fin. Empezamos con todas nuestras fuerzas, con la fe intacta, repetimos todos los versículos que sabemos de memoria y cantamos todas las alabanzas que conocemos,  seguros de que somos fuertes para hacer frente a lo que vivimos.

Pero al cabo de un tiempo, no importa cuánto dure la prueba, nuestras fuerzas empiezan a menguar, nos cansamos, ya no nos quedan versículos que parezcan animarnos, preferimos ya no cantar porque  desentonamos y porque, honestamente,   ¿quién quiere cantar cuando tiene problemas?

En Éxodo 17: 8 -15  se relata la guerra de Israel contra Amelec. Lo increíble de esta historia es que dice que cuando Moisés levantaba las manos Israel ganaba la batalla y cuando las bajaba era Amelec quien obtenía el triunfo.  Entonces,  para poder ganar la batalla  Aaron y Hur sostuvieron los brazos de Moisés hasta que llegó la victoria.

Cuando levantamos los brazos hacia Dios le entregamos las batallas. Es una forma de rendirnos y reconocer Su poderío sobre nuestras vidas, de saber que todo estará bien, que es una victoria asegurada.

Innegablemente es muy duro levantar las manos cuando estamos en una prueba, porque aunque ésta no sea física, nuestras fuerzas parecen abandonarnos al cabo de un tiempo.  Pero,  ¿sabes? Aunque tu canto suene desentonado porque la tristeza y la preocupación te agobian, canta, canta con todo tu corazón y levanta tus manos, ríndete a Él y verás cómo Dios es el que libra tu batalla, Él es tu estandarte y va delante de ti. ¿Por qué temer?

“Él redimirá en paz mi alma de la guerra contra mí, Aunque contra mí haya muchos”.  Salmos 55:18

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Despídete del miedo!

¿Alguna vez has enfrentado una situación inesperada y te congelaste por unos segundos?

Cuando estamos frente a situaciones nuevas, en nuestro cerebro ocurre algo inusual. La amígdala envía la señales al lóbulo frontal, quien es la encargada de la resolución de problemas, y este proceso le toma el doble de tiempo de lo normal pues es una experiencia nueva de la cual el cerebro no tiene registro. Esto resulta en una señal de pánico enviada a todo el cuerpo, el cual no sabe cómo reaccionar. Es por ello que se cometen muchos errores o aciertos al reaccionar por miedo. Sin embargo, hay una manera de minimizar el tiempo de reacción del cuerpo ante cualquier situación y superar el miedo. Éstos son algunos consejos útiles que puedes seguir:

1. Fija metas pequeñas:

En vez de fijarte en culminar un suceso en su totalidad, hazlo fijándote metas cortas y alcanzables. De esta manera no te sentirás frustrado ni con mayor temor al no ver progreso. Recuerda que se termina una carrera cuando se da paso tras paso.

2. Imagina el acontecimiento:

Si vas a afrontar una situación desconocida, visualiza que lo estás haciendo una y otra vez. Así estarás acostumbrando a tu cerebro a la acción y te sentirás más relajado cuando aquello ocurra.

3. Dedícate palabras positivas:

Las personas suelen tener pensamientos negativos cuando enfrentan situaciones difíciles, pero el hablar con uno mismo y decirse palabras de aliento es una excelente manera para mantenerse motivado. Practica este consejo y sé optimista en todo momento.

4. Controla tu respiración:

El cuerpo reacciona de mala manera cuando la respiración es agitada; por lo tanto, modera tu respiración y mantén la calma. Esto te ayudará a concentrarte y relajará tus músculos, de tal modo podrás salir victorioso de cualquier situación.

5. Ora:

Dios está en todo lugar y siempre dispuesto a escucharte. Él promete darnos paz y echar fuera el temor, de modo que si hablas con Él, el temor no tendrá espacio en tu mente ni corazón (Juan 14:27).

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Cansado, agotado, oprimido?

“Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” Mateo 11:30

Muchas veces vemos personas que parecen ir por la vida llevando una pesada carga. En tal sentido La Biblia nos enseña que hay un “yugo de opresión” (Isaías 58:9). El yugo era una pesada madera que se ponía sobre las bestias para arar la tierra de forma pareja, pero también se lo asocia con el trabajo forzado o la esclavitud.

Al igual que aquellos animales que hacían un trabajo forzado, hay personas que viven oprimidas llevando una pesada carga que apenas pueden soportar. Sin embargo Jesús nos dice que su yugo es fácil y que ligera es su carga, lo cual pareciera una contradicción. Si nuestra carga es pesada, es posible que voluntariamente estemos aceptando llevar “otros yugos” u otras cargas que no nos corresponde llevar. Suele pasar que otras personas pudieran venir a nuestras vidas intentado poner yugos, tales como exigencias desmedidas, culpas o responsabilidades que no nos corresponden y entonces terminamos sintiéndonos oprimidos y sin fuerzas.

Pudiera pasar también que sea uno mismo quien se pone yugos que no le corresponde llevar. Tal es el caso de las personas que tienen una auto exigencia desmedida, viven presionados y muchas veces se sienten desalentados de no poder alcanzar el nivel que se proponían.

Dice la Biblia: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” Mateo 11:28. Podemos ir delante de Cristo y dejar toda carga, todo peso extra que nos impusieron o que aceptamos llevar. De tal manera podremos alcanzar la paz y el descanso que tanto necesitamos.

En la presencia de Dios, es posible dejar tus cargas, porque llegará el tiempo que el yugo se pudrirá, como dice Isaías 10:27 “Acontecerá en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro y su yugo de tu cerviz y el yugo se pudrirá a causa de la unción”. Solo en la presencia de Dios resulta posible hallar descanso y libertad de todo yugo de opresión. Decídete hoy a vivir en aquella libertad que Cristo quiere para tu vida.

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.