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Hay personas que se te acercan y te cuentan a diario de sucesos que han tenido con muchas personas con las que se han topado ese día, sea por casualidad o porque comparten alguna actividad, ya sea trabajo, el gimnasio, el mercado donde hacen las compras.

Se les hace fácil encontrar una palabra, un gesto, una mirada para comenzar una discusión o pensar que les están queriendo hacer daño y por tanto… se defienden. Y esos son sus cuentos diarios.

Viven la vida como a la defensiva y muchas veces viendo peligro donde realmente no lo hay.

Debemos analizar a este tipo de personalidad, ya que por algo llegaron a ser así. Muchas veces es porque no están contentas con su vida, o tal vez de pequeños les maltrataron. Es posible que les hayan desilusionado muchas veces, decepcionado o roto el corazón y su manera de desquitarse suele ser con las personas más cercanas aunque esas personas sean familia o su pareja, y no necesariamente hayan sido culpables de lo que les ocurrió de pequeños o no hayan sido quienes les hirieron.

Demostrarles amor suele ayudar, pero no siempre. Menos aún si ya llevan años siendo así. Hay que tener un nivel de paciencia, tolerancia y amor bastante elevados, pero pienso que sí es posible mantener la relación con personas así. Buscando la ayuda de Dios, nunca dejar de orar por ellos y respirar cada vez que tratan de iniciar una discusión es algo que los deja sin más qué decir. Si no hay respuesta hostil, hasta allí llega la intención. Por eso lo dice la Biblia: “La respuesta amable calma la ira; la respuesta grosera aumenta el enojo”. Por muy injusta que nos parezca la observación de esa persona que está siempre buscando pleito, respiremos y no respondamos o digamos: “es posible que tengas razón” o simplemente quedarnos callados y en otro momento hacer la observación adecuada.

El trato de estas personas nos suele parecer injusto, pero si no lo decimos en algún momento de buena manera, podemos estar almacenando resentimiento por todas las veces que nos hacen una observación injusta, y luego en lugar de conversarlo amablemente, un día podemos explotar y querer decir todo junto. Eso tampoco es solución.

Las relaciones, como siempre digo, son complicadas, delicadas y difíciles, pero poniendo de nuestra parte, buscando de Dios en oración y recordando no responder de mala manera, podremos llevarlas en armonía.

 

 


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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