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Tiempo de lectura: 3 minutos

Se dice mucho sobre las finanzas y la manera en que Dios quiere que vivamos, pero en esta ocasión examinaremos tres posturas sobre este tema. La primera, señala que las riquezas son malas y que debemos evitarlas a toda costa. La segunda sostiene que tenemos el derecho de recibir dinero de parte de Dios; y la tercera, que Dios quiere que seamos pobres porque es una señal de humildad.

Contrario a lo que muchos creen, Dios no está en contra de las riquezas. Ejemplos en la Biblia y a lo largo de la historia demuestran que Dios prospera económicamente a sus hijos. Es cierto que Jesús dijo que «es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre al reino de Dios» (Marcos 10:25, PDT), pero en ese contexto se refería a un joven que priorizaba el dinero sobre todo lo demás. El dinero en sí no es malo, sino el amor que se tiene por él. 1 Timoteo 6:9-10 (NTV) dice: «Pero los que viven con la ambición de hacerse ricos caen en tentación y quedan atrapados por muchos deseos necios y dañinos que los hunden en la ruina y la destrucción. Pues el amor al dinero es la raíz de toda clase de mal; y algunas personas, en su intenso deseo por el dinero, se han desviado de la fe verdadera y se han causado muchas heridas dolorosas». Este pasaje señala con claridad que el dinero no es el problema, sino la importancia y la posición que nosotros le damos. Al igual que cualquier otra herramienta, las riquezas pueden ser utilizadas para bien o mal, pero ya depende de cómo se administre.

Por otra parte, hay personas que esperan recibir todo de Dios, como si Él fuera una especie de máquina de dinero que tiene la obligación de regalar a quien se lo pide. No obstante, esta forma de pensamiento también es errada. Para profundizar más sobre este tema, lea el artículo La verdad sobre la prosperidad.

Así como hay personas que creen que el único propósito de Dios es prosperarnos económicamente, o que el dinero es malo; hay quienes sostienen que Dios nos llamó a vivir una vida de pobreza. Algunos piensan que la pobreza es una forma de demostrar humildad y, por lo tanto, no debemos ambicionar tener ninguna clase de bienes materiales. Sin embargo, Proverbios 10:22 dice que cuando Dios bendice a sus hijos, ese regalo que nos da no nos produce preocupación. Hay muchos pasajes en la Biblia que dicen que Dios premia a los que se esfuerzan, son diligentes y trabajan, como también condena a los perezosos (leer Señales de que eres más perezoso de lo que crees). Dios nos llama a ser humildes, pero no a ser pobres, tanto así que la única forma de pobreza que sí nos pide es la espiritual (Mateo 5:3).

El dinero no es malo, pero sí lo es cuando lo ponemos en el primer lugar de nuestras vidas. Dios no está en contra de las riquezas, pero tampoco es su deber hacernos ricos. La pobreza no es señal de humildad y no es una excusa para no trabajar. En conclusión, lo que debemos hacer es practicar es lo que dice Proverbios 30:7-9 (TLA),

«Dios mío, antes de mi muerte concédeme sólo dos cosas; ¡no me las niegues! Manténme alejado de la mentira, y no me hagas pobre ni rico; ¡aléjame de toda falsedad y dame sólo el pan de cada día! Porque si llego a ser rico tal vez me olvide de ti y hasta me atreva a decir que no te conozco. Y si vivo en la pobreza, puedo llegar a robar y así ponerte en vergüenza.»

 
 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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