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Tiempo de lectura: 3 minutos

Una de las historias que más impacta mi vida se encuentra en la Biblia. Un día en el la vida de una mujer cambió por completo. Una mujer que representa a cada uno de nosotros en diferentes aspectos. Una mujer con la que quizá puedes identificarte una vez que lo veas de la manera que un día yo lo ví, y tocó mi corazón.

Esta historia se encuentra en el pasaje bíblico de Juan 8:1-11 donde temprano por la mañana Jesús le estaba enseñando al pueblo cuando vino a Él un grupo de personas a consultarle qué hacer con una situación difícil, aunque en verdad venían con deseo de tenderle una trampa.

Una mujer había engañado a su esposo, y según la ley debía ser muerta de la peor manera: APEDREADA. Todos los hombres allí presentes tenían el derecho de tirar cada una de esas piedras, porque la situación que se presentaba estaba MAL, y de la misma manera podría sucederles a ellos. Así que, harían justicia por mano propia, avalados por la ley.

En distintas situaciones de nuestra vida recibimos piedras de “apedreadores profesionales” que piensan que tienen el derecho de tirar cada una de las piedras hacia ti (palabras, chismes, oposición, blasfemias, etc) y hasta se encuentran avalados por “la ley” en las situaciones en las que tienen “la verdad”, como sucedió con la mujer que traían delante de Jesús.

En el pasaje se muestra que al preguntarle a Jesús qué debían hacer con ella, se creó un gran silencio.

Imagino el momento por el que pasó esa mujer. El día ya no había comenzado de buena manera para ella. Esa mañana cometió el peor error de su vida, al cometer adulterio con aquel hombre. Luego, sucedió lo que nunca se imaginó que pasaría: LA ENCONTRARON EN EL ACTO MISMO.

Solamente hay una cosa que pareciera ser peor que el pecado mismo, ¡cuando es encontrado o descubierto!

Ese pecado era pagado con MUERTE, apedreada delante de cientos de personas, donde no solo todos sabrían su pecado sino que se regocijarían en poder hacer justicia con su vida como sacrificio.

Probablemente, durante el transcurso de su vida,  la mujer, había sido testigo de cinco, diez o tal vez cientos de mujeres apedreadas en la plaza principal al pasar caminando por la misma. Ella ya sabía lo que le esperaba.

Pero ese día fue diferente. Al llegar al lugar donde su vida acabaría, los que la acusaban la llevaron delante de este hombre al que muchos llamaban “Jesús, el Mesías”.

Todo parecía tener el mismo rumbo hasta que se generó un silencio. El silencio que le cambió la vida y abrió la puerta a una nueva posibilidad.

Juan 8: 7 dice; “Como ellos seguían exigiéndole una respuesta, él se incorporó nuevamente y les dijo: «¡Muy bien, pero el que nunca haya pecado que tire la primera piedra!»”.

Poco a poco, del más adulto al más joven se fueron retirando. Uno a uno reconociendo su propio pecado. Uno a uno siendo descubiertos delante de los ojos del Maestro.

Puedo ver sus lágrimas de vergüenza, su cabeza baja, esperando pacientemente el desenlace. Ella ya sabía qué pasaría, tenía claro su destino final .

Para su sorpresa, al levantar los ojos, ellos ya no estaban allí.

“Entonces Jesús se incorporó de nuevo y le dijo a la mujer: —¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ni uno de ellos te condenó? Ni uno, Señor —dijo ella. Yo tampoco —le dijo Jesús—. Vete y no peques más”.

El único hombre que realmente podía condenarla, no lo hizo. Con estas dulces palabras Jesús la reivindicó, poniéndola a la altura de todos los demás. Nadie era mejor ni peor que ella.

Luego, con la autoridad que sólo Él tiene, y el amor que lo caracteriza, se olvidó de su pasado y le dio un futuro prometedor. “Lo que hiciste ya no importa. Eres digna de mirar para adelante.”

Y por último le regala una visión, donde ella puede ser alguien que vive fuera del pecado. “Vete y no peques más. Yo se que tu puedes hacerlo.”

No importa que hayas hecho en tu vida, hay algunas verdades que debes recordar hoy:

1- Siempre habrá “apedreadores profesionales” listos para acusar.
2- Solo si tu pecado es descubierto y traído a los pies de Jesús, serás libre.
3- El perdón de Jesús te reivindica y dignifica. ( Ya no eres tus errores)
4- Desde la mirada de Jesús es que tienes un futuro prometedor.
5- Cambia de rumbo. Él confía en ti.

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