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Tiempo de lectura: 2 minutos

Que el fanatismo destruye relaciones y sociedades es el tema de la reflexión de hoy. La mayoría de las personas considera que no es un tema que les afecta, pero vamos a ver que no está tan lejos de todos nosotros.

Se solía decir hace muchos años en Chile: “Nosotros no somos racistas”. En lo que no habíamos caído en cuenta era que a nuestro país no llegaban muchos extranjeros en esos años. Al menos extranjeros de naciones andinas.

Pero cuando comenzaron a llegar personas de otras razas y colores las cosas cambiaron bastante. Ahí aprendimos a ver cómo el fanatismo (en forma de nacionalismo chauvinista en este caso) destruye relaciones y sociedades.

De dónde viene la palabra fanatismo

Proviene de la voz latina fanum que quiere decir “santuario”. De ahí viene que fanaticus es la persona que sirve en el santuario. Cómo ese vocablo, de puro origen religioso, pasó a definir diversas expresiones de violencia social, no está muy claro para mí.

Tal vez sea porque todo fanatismo es una forma degradada de religiosidad. El fanático considera el tema de su odio una verdadera religión. Ya sea se trate de una creencia política, una raza, un equipo deportivo, una religión o un modo de vida determinado, el fanatismo no es otra cosa que idolatría.

Breve caracterización del fanatismo

Como mencionamos cuando analizamos el tema religioso, cuando adquiere matices violentos, el fanatismo destruye relaciones y sociedades. Sabemos hoy que, por razones políticas, hay familias que se han dividido; están en distintos lados de la grieta. Genera persecuciones laborales, linchamientos mediáticos,

El fanatismo deportivo denigra, se burla o desprecia al que es de otro equipo. En más de alguna ocasión en la historia de los últimos cien años, ha generado al menos un par de guerras entre países. Ha producido lacras sociales como las barras bravas y los hooligans que han formado verdaderas mafias en torno al deporte. Es verdad, en el fútbol más que en ningún otro deporte.

El fanatismo religioso es quizá uno de los que más daño ha causado en la historia humana. Es la prueba más doliente de cómo el fanatismo destruye relaciones y sociedades. Basta pensar en el cristianismo y el islam.

Es curioso cómo muchos cristianos se escandalizan del fanatismo musulmán y olvidan los larguísimos siglos de dominación y guerras que el cristianismo propició en el llamado Occidente. “Herejes” torturados en maneras indescriptibles, quemados en la hoguera o martirizados de diversas maneras dan cuenta de semejante herencia.

A modo de conclusión

Claro, los tiempos han cambiado. El mundo de algún modo se piensa diferente – aunque no lo es tanto si somos sinceros. Pero no hay que olvidar que cada vez que sentimos que nuestras preferencias, nuestras creencias o nuestras inclinaciones son desafiadas por los opuestos, algo dentro de nosotros nos provoca a responder con violencia, sea de palabra o de hecho.

Por al menos dos razones. Es malo el fanatismo porque destruye relaciones y sociedades. Pero también lo es porque, aunque no cause un daño físico, es contrario completamente al espíritu de Cristo:

Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea.

Lucas 9:53-55 RVR1960

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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