Crisis de Coronavirus

Por tratarse de un tema de salud pública y de alto interés informativo, como servicio a los usuarios, CVCLAVOZ ha decidido habilitar este espacio con toda la información más relevante en cuanto a la pandemia del coronavirus.

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Vivimos en la vida frenética que impone la era de la información. WhatsApp ha inaugurado un modo de oír los audios que demuestra palmariamente lo locos que estamos. Ahora se les puede aumentar la velocidad para disminuir el tiempo de escucha.

Mi amigo Gonzalo Mihail de Uno nunca sabe en CVCLAVOZ ha lanzado un consigna que sugiere que si un audio dura más de tres minutos, es mejor hacer la llamada. Podríamos elaborar aquí diez razones por las que es legítimo enviar audios largos.

Pero el mundo ya no resiste eso. Todo es corre, corre, corre. Mucha gente no tiene idea hacia dónde va su vida, pero… ¡están apurados!

Sin embargo, esta enfermedad de la vida frenética no es nueva:

La gente nace y se casa, vive y muere en medio de un tumulto tan frenético que uno pensaría que enloquecerán.

William Dean Bowells, 1907, citado por Carl Honoré en “Elogio de la lentitud”

Ya en 1907, Bowells, escritor del realismo estadounidense de fines del siglo XIX, sentía la fuerza de la vida competitiva y feroz de Nueva York. Entonces no había nada de lo que hay hoy. En estos días enloquecería con toda seguridad.

La vida frenética hoy

Diversos autores se han referido al virtual “encogimiento” del tiempo a causa de Internet y las diversas aplicaciones sociales. Hay una desesperación por enviar y recibir mensajes en el menor tiempo posible.

De este modo, las abreviaciones de palabras y los íconos que resumen diversas reacciones han aplastado literalmente la noción de la vida lenta. Lo tranquilo se considera atrasado, negligente, fuera de época.

¡Comida rápida, checkout express, café al paso, viajar sin equipaje de bodega, corre, corre, corre, porque se viene encima de uno la vida frenética!

Elogio a la lentitud

¿Por qué elogiar y rescatar el tiempo lento? Porque no estamos hechos para la velocidad. La rapidez impuesta por la vida contemporánea es un destructor literal del cuerpo y de las relaciones humanas. La vida frenética no forma parte de nuestra humanidad en forma natural.

El frenesí de la existencia ha sido instalado por las nuevas formas de esclavitud al trabajo, al transporte, a las comunicaciones, a la vida social, al ascenso económico. Es una tragedia que ha producido la vida industrializada y ahora la vida informatizada.

Es absolutamente ridículo que una búsqueda de internet arroje 2.456.098 resultados de tu consulta en 1.07 segundos. No hay manera que un ser humano normal pudiera procesar ni siquiera el 10 por ciento de semejante volumen de información.

Reposemos un poco los sentidos con estas palabras:

¡Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido, y sigue la escondida senda, por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido…

Oda 1. Oda a la vida retirada, Fray Luis de León, siglo XVI

Es bastante posible que no haya tanta sabiduría en la vida frenética…


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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