Crisis de Coronavirus

Por tratarse de un tema de salud pública y de alto interés informativo, como servicio a los usuarios, CVCLAVOZ ha decidido habilitar este espacio con toda la información más relevante en cuanto a la pandemia del coronavirus.

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Hoy voy a escribir sobre las hojas y el viento. Pero, vayan sabiendo que es un texto de perfecta inutilidad práctica. No les va a ayudar a planear mejor su presupuesto familiar, desarrollar más productivas relaciones humanas o enriquecer la sobrevalorada espiritualidad.

Debe ser porque, viviendo solo, no necesito casi nada para vivir: un poco de ropa, algo para comer y unos pocos trámites inevitables de salud.

No le debo —casi— nada a nadie. Aprendí a puro golpe que es completamente posible prescindir de algunas personas, de la mayor parte de la plata y de ciertas instituciones.

Los sonidos de las hojas y el viento

¿Qué tendría que ver todo esto con las hojas y el viento? La verdad, no lo sé. Tal vez, si me acompañan en la intención, puedan escuchar su sonido.

A veces, las hojas y el viento son un rumor impreciso cuando agita los árboles la brisa fresca de primavera.

Otras veces, es el crujido que produce la pisada sobre la alfombra otoñal. Rojas, amarillas, marrones, las hojas ensayan su final sinfonía en el humus y el olvido.

Regresarán, claro, en primavera. Parecerán las mismas, pero ya no lo son.

La suma de los días

Hace años, era un crédulo, inocente y entusiasmado seguidor de discursos, doctrinas y declaraciones de la nomenclatura colegiada.

Tanto zarandeo de cosas, al modo de las hojas y el viento, desprendió de mí los miedos, las culpas y las vergüenzas. Ya no soy el mismo.

Y me siento a una curiosa distancia del promedio, para bien o para mal mío, por cierto. Estoy lejos de la Inmensa Mayoría que se inclina ante los señores, los decretos y otras potestades superiores.

Postludio

Hay ciertos personajes que se especializan en mentar pasajes literarios que condenan la duda, la crítica y la independencia personal. No se dan cuenta, posiblemente, que uno prefiere las hojas y el viento en lugar de candados, letreros y rejas.

Las hojas y le viento nos recuerdan que somos frágiles, hijos de la intemperie, navegantes del aire.

Queden para otros las seguridades estrictas de la convicción. Yo me retiro. Por hoy, al menos


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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