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Tiempo de lectura: 2 minutos

Uno se tendría que preguntar seriamente por los problemas de la vida abundante de la que habla Jesús. O más bien, si esa vida está bien entendida por sus seguidores. Un alto porcentaje de los materiales dedicados a creyentes tratan con las necesidades y problemas que les afectan. Todo esto a la vista de que son personas que habrían encontrado la vida «abundante» en Cristo.

Esa es la ironía: los que han gustado el don de la salvación parecen tener muchas necesidades “espirituales”. Así que estamos obligados a preguntar de qué se ha salvado la gente que dice que se ha salvado. Si es solamente de un futuro fuego del infierno no queda muy claro qué continúan haciendo en esta vida los que han recibido a Cristo. ¿Cuál sería el sentido de seguir enfrentándose con los peligros y tentaciones de una vida terrenal insegura y compleja?

La vida abundante se trata de algo distinto

Entonces habría que preguntarse si la obra de Cristo tiene que ver con algo más que la felicidad y el bienestar personal. Porque en la vida presente tales dones no están garantizados. La existencia es adversa las más de las veces. Las relaciones más importantes se resienten y se quiebran. La salud del cuerpo es no pocas veces precaria. Hay pobreza, violencia, maltrato y abuso, crimen, corrupción, destrucción ambiental y todo eso en nuestro mundo cotidiano.

Si uno viniera de una galaxia distante y revisara el contenido de la literatura y los medios cristianos de comunicación se preguntaría por qué hay tanta atención sobre los problemas de la vida abundante. Porque, si se mira bien, difiere muy poco de quienes no son cristianos. La diferencia estaría solamente en la práctica de ciertas devociones, el culto y la comunidad de creyentes.

Entonces, ¿qué es la vida abundante?

Así que tendríamos que asumir una de dos conclusiones sobre la vida abundante. La primera es que la vida, sea uno cristiano o no, es complicada y no pocas veces dolorosa y de lo que hay que ocuparse no es tanto de la propia felicidad sino de mejorar el mundo en el que vivimos.

La segunda sería que el cristianismo no es tan eficiente como se dice y los cristianos tienen que pasar la mayor parte de la vida sanando de dolencias físicas, psicológicas y espirituales. En este último caso habría que reconsiderar en el discurso evangelístico sobre la vida abundante.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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