Crisis de Coronavirus

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El cierre de todo tipo de reuniones ha hecho que los servicios ahora sean virtuales; sin embargo, pese a las facilidades, pareciera como si ser cristiano ahora sea más difícil que antes.

Por primera vez en mi vida, hace dos años comencé a estudiar en línea. Al inicio estuve muy entusiasmada y me esmeré en ser puntual con las clases. Revisaba a diario los materiales, buscaba más información para completar mi conocimiento y hacía los ejercicios. Sin embargo, conforme pasó el tiempo, mis ganas fueron decayendo.

Empecé a cansarme. Trabajo todo el día en la computadora y ya no quería quedarme más horas frente a una pantalla para estudiar. Estaba exhausta. Con el tiempo empecé a postergar las clases y ya no lo hacía a diario, sino solo los fines de semana. Cuando se aproximaba el fin de curso tuve que esforzarme más de lo normal para mantenerme al día.

Pese a los altos y bajos, por fin logré culminar el curso de especialización y sentí un enorme alivio. Fue como si me hubieran quitado un gran peso de encima.

Ahora que la iglesia se ha hecho virtual, entendí por qué es difícil ser cristiano en esta época.

Estudiar en línea requiere mucha disciplina. No hay un horario fijo de estudio y uno mismo tiene que ponerse un límite. Los maestros pueden poner los materiales a disposición, pero el aprendizaje depende del estudiante. Y lo mismo pasa con ser cristiano.

No hay líder que te diga que debes leer tu Biblia y orar

Un docente puede exigir que sus alumnos cumplan, pero no puede obligarlos. Cierto, puede amenazarlos con ponerles una baja calificación si no hacen sus deberes, pero no puede sentarse a su lado y demandar que estudien.

Con los cristianos pasa algo similar. Los pastores y líderes pueden motivarnos a leer la Biblia, orar y crecer en la fe; pero solo porque lo dicen no significa que así lo haremos. Esto es porque ellos no pueden orar o leer la Biblia a nuestra cuenta. Si un pastor ora por nosotros, no implica que nosotros estemos orando. ¡El crecimiento espiritual es personal!

Nadie te ve

La iglesia es una comunidad que nos incentiva. El simple acto de socializar al final de un servicio nos motiva a tener una comunión con Dios. Pero como ahora no hay esa interacción podemos llegar a tener la falsa seguridad de que nadie nos ve. Como a nadie le consta que estamos orando, leyendo y estudiando la Biblia, no lo hacemos.

Inconscientemente, a veces llegamos a pensar que Dios solo está en el local de la congregación. Y como no podemos asistir, flojeamos y olvidamos que Dios lo ve, escucha y sabe todo.

Es muy fácil mentir para guardar las apariencias

Hay alumnos que hacen sus deberes y tienen un comportamiento excepcional cuando el maestro está presente. En cuanto se va, la situación es diferente. Con nosotros puede pasar algo parecido.

Si hay una reunión de la iglesia por videollamada, es fácil hacer otra cosa y aparentar prestar atención. Podemos tener el televisor al fondo, enviar mensajes o incluso jugar al tiempo que alguien está hablando. Pero activamos la cámara, comentamos o hacemos lo que se requiere para mantener las apariencias. Es muy sencillo pretender y no tener el corazón en el mensaje.

Requiere concentración

Uno de los obstáculos más grandes de los estudiantes en línea es la distracción. Es más, un estudio afirma que internet nos hace peores estudiantes porque no nos deja concentrarnos. Y como cristianos no estamos a salvo de este fenómeno. Esto no quiere decir que internet es del diablo y no debemos usarlo. El problema radica en nuestra capacidad de alejar las distracciones.

Si en las congregaciones hay muchos cristianos que solo van a dormir, a hablar, a revisar sus celulares o a ver a alguien, ¡cuánto más si el servicio es por internet!

Hace falta mucha fuerza de voluntad y deseo de estar cerca de Dios para concentrarse durante un servicio por internet.

No pagamos nada

Fracasé varias veces cuando me inscribí en cursos gratuitos en línea. Como no me costaba nada, no sentía el compromiso de finalizar el estudio. Sin embargo, cuando pagué un curso de especialización y me costó dinero, tiempo, horas de sueño y tuve que privarme de muchas cosas, entendí que si algo no cuesta entonces no es valorado.

La situación con la iglesia es similar.

Hay muchas organizaciones, iglesias, institutos, etc. que ponen a disposición materiales gratuitos de ayuda en el crecimiento espiritual. Pero como hay tantas herramientas por las que no pagamos, no las valoramos. Como ya tenemos la Biblia traducida en nuestro idioma, no nos molestamos en leerla. Ya que hablar con Dios no nos cuesta una llamada internacional, no le hablamos.

Por otra parte, también podemos ser parte del grupo que no quiere invertir en su crecimiento espiritual porque cuesta. Cuesta separar un tiempo para orar, leer y estudiar la Biblia. Preferimos hacer otras actividades porque nos parecen más cómodas, divertidas o fáciles de hacer.

En conclusión

Ser cristiano en esta época es difícil. Pero no imposible.

Para no dejar nuestra fe de lado, solo porque no podemos acudir a las congregaciones, debemos tener una convicción firme. Debemos reevaluar por qué asistimos allí y por qué nos hacemos llamar cristianos.

Porque si de verdad tenemos a Jesús como nuestro Salvador, entonces tener un tiempo con Él cada día no es un trabajo: es un placer.

Si es Dios el centro de nuestra vida, entonces le seremos fieles sin importar dónde estemos ni en qué circunstancia.

Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.

Apocalipsis 2:10 (NVI)

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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