“Ese líder no tiene nada qué enseñarme”; “el pastor solo critica en sus prédicas”; “en la iglesia no hay nada nuevo”.

¿Alguna vez has tenido pensamientos similares?

Las diferentes malas situaciones pueden hacernos perder las ganas de congregarnos. Sin embargo, por más que existan problemas en la iglesia, no son una razón para dejar de asistir (Hebreos 10:25). Si nos comportamos de esa manera, es un sinónimo de que nuestra fe es vacía y no está depositada en Dios, sino en los líderes, los demás cristianos, y que depende de las circunstancias.

No existe la congregación perfecta.

Cuando dos personas se casan y comienzan a vivir juntos, es de esperar que tengan desacuerdos en su convivencia porque ambos provienen de diferentes ámbitos. En las organizaciones también hay discusiones y malos entendidos porque tienen distintos puntos de vista, por más que compartan el mismo objetivo. De la misma manera, en las iglesias hay conflictos porque éstas se componen de personas. Esperar que en una iglesia no hayan problemas es una ilusión; y es justamente este es el factor que debe unirnos.

La Biblia nos insta a ser de un mismo sentir (1 Pedro 3:8), a preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Efesios 4:3),  a edificarnos mutuamente (Romanos 14:19), fomentar la comprensión (Romanos 12:16), y a dedicarnos a un mismo propósito (Filipenses 2:2). La unidad en la iglesia es primordial, ya que todos somos miembros del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:12-27). A pesar de nuestras diferencias, debemos trabajar en conjunto para cumplir el propósito por el cual fuimos creados y fomentar la paz, en lugar de destruirla.

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Tu actitud frente a la iglesia sí importa.

Como en toda congregación hay problemas, tienes dos opciones de reaccionar ante ellas:

  1. Convertirte en alguien que no hace nada, critica, desanima a otros, no comparte sus conocimientos, no se adapta a los cambios, se fija más en los problemas, y al final permite que su relación con Dios se deteriore.
  2. Ser parte del grupo de cristianos que buscan primero el Reino de Dios (Mateo 6:33), que ponen sus talentos a disposición de Jesús, trabajan para buscar soluciones, fomentan la paz y crecen espiritualmente.

Fijarse en las soluciones en vez de los problemas, no es ignorar la realidad, sino demostrar una actitud proactiva. Si vas a la iglesia predispuesto y convencido de que no aprenderás nada, que los líderes lo hacen todo mal, y que las reuniones no te servirán de edificación; entonces eso es lo que ocurrirá.

Si quieres cambiar tu actitud y empezar a asistir a los cultos porque quieres aprender, ser de bendición para otros y alabar a Dios, entonces pídele al Espíritu Santo que renueve tu forma de pensar y te ayude a no juzgar antes que las cosas ocurran. No creas que las enseñanzas de los líderes no son de provecho; si Dios utilizó a un asna para darle una gran lección a Balaam (Números 22:21-33), ¿no crees que con más razón puede usar a las personas?

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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