Hay pecados que nos cuesta dejar. Los hemos practicado por tanto tiempo que hemos perdido la sensibilidad, la vergüenza, e incluso la culpa que debería producirnos. En ocasiones le entregamos a Dios toda nuestra vida, pero no queremos soltar esos pecados que nos consumen. Romanos 3:23 (TLA) dice: “Todos hemos pecado, y por eso estamos lejos de Dios.” Esto significa que sin importar cuánto pretendamos haber rendido nuestra vida a Dios, si seguimos cometiendo esos mismos pecados, estamos lejos de Él.

En lugar de deshacernos de esos pecados, intentamos justificarlos y hacerlos ver como inofensivos. A veces decimos: “Lo que hago no le hace mal a nadie”, “puedo seguir haciéndolo y ser cristiano”, “nadie lo sabe, así que puedo practicarlo”, “esto no afecta en mi vida en lo absoluto”, “he escuchado que lo que hago, de hecho, es bueno”, “otros cristianos lo hacen, ¿por qué yo no?”, “para las personas que no conocen a Dios, esto es muy normal”, y etc., etc., etc. Encontramos mil maneras de decorar cada pecado y pretender que no son nocivos; sin embargo, Proverbios 28:13 dice que esta práctica no conduce a nada bueno, El que oculta sus delitos no prosperará; quien los reconoce y se enmienda, obtendrá compasión.” (BLPH).Si realmente queremos dejar atrás esos pecados que nos esclavizan, podemos tomar la decisión en este mismo instante.

Dios siempre está con los brazos abiertos para recibir a aquellos que confiesan sus pecados y lo buscan. Él quiere darte una vida llena de libertad y plenitud, pero solo si tomas la decisión. Si ése es tu caso, te animo a orar y acercarte a Dios. Puedes tomar como ejemplo esta oración:

Te interesa:  ¡Todo requiere esfuerzo!

Soberano y misericordioso Padre,

Estoy agradecido porque tu misericordia es más grande que los cielos, más ancho que mis peregrinaciones, más profundo que mis pecados. Por favor, perdona mi frívola actitud ante la vida, mi insensibilidad hacia mis pecados, mi envidia hacia los que tienen más que yo, mi obsesión por crear una vida de placer constante, mi indiferencia a los tesoros del cielo, y mi descuido por tu ley sabia y misericordiosa. Hoy quiero confesarte que no te he entregado todos los aspectos de mi vida. He ocultado ________ y no lo he rendido a tus pies. Sin embargo, hoy quiero ser libre de esa atadura y dejar que seas el verdadero rey en mi vida. Por favor, ayúdame a cambiar mi forma de vida para que pueda desear lo que es bueno, amar lo que tú amas y hacer lo que tú mandas.
En el nombre de tu amado hijo Jesucristo, mi Señor.
Amén.

 

Si aceptaste a Jesús en tu corazón, nos encantaría saberlo y ayudarte en este maravilloso viaje. Por favor, ponte en contacto con nosotros y estaremos orando por ti.

Ingresa a: http://unamorperfecto.com

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

ARTICULOS RELACIONADOS

Dejar una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.