Hoy quiero hablar del rechazo, sé que a nadie le gusta la palabra y mucho menos el sentimiento y sin embargo casi todos hemos experimentado su aguijón.

Hablemos de Juan el Bautista, la biblia dice que era un profeta como ningún otro. Juan el Bautista decía las cosas sin filtros, usaba términos como generación de víboras, y motivaba al arrepentimiento sincero de los religiosos de su tiempo (S. Mateo 3:1-7). En otras palabras Juan el Bautista era un arriesgado por Dios, cumplió con el propósito para el cual había nacido y estaba claro en su identidad.

Tal era el respeto que recibía que el mismo Jesús dijo de él: “De cierto les digo que, entre los que nacen de mujer, no ha surgido nadie mayor que Juan el Bautista…” (Mateo 11:11)

Sin embargo a Juan el Bautista le costó ser un fiel seguidor de la palabra de Dios.

Su muerte queda registrada como resultado directo de esa fidelidad.

“Tiempo atrás, Juan el Bautista le había dicho a Herodes: «¡Lo que has hecho no está bien! Herodías es la esposa de tu hermano Filipo, y tú se la quitaste para casarte con ella».

 Entonces Herodes se enojó contra Juan, y ordenó que lo arrestaran, lo encadenaran y lo pusieran en la cárcel. Herodes quería matar a Juan. Pero no se atrevía a matarlo porque le tenía miedo a la gente, pues muchos creían que Juan era un profeta.

Cuando Herodes celebró su cumpleaños, la hija de Herodías bailó delante de los invitados. 7 A Herodes le gustó mucho el baile de la muchacha. Por eso prometió darle lo que ella le pidiera. 8 Herodías escuchó eso, y convenció a su hija de que le pidiera a Herodes la cabeza de Juan el Bautista.

Al oír esto, Herodes se puso muy triste, pues había prometido darle todo lo que ella le pidiera, y no podía romper una promesa hecha delante de sus invitados. Así que no tuvo más remedio, y ordenó a sus sirvientes que le dieran a la muchacha lo que pedía. Entonces los sirvientes fueron a la cárcel y le cortaron la cabeza a Juan, 11 la pusieron en un plato, y se la llevaron a la muchacha. Ella se la entregó a su madre”. (Mateo 14:4-11)

La historia de Juan el Bautista refleja claramente que seguir el evangelio cuesta. Seguir a Cristo no será siempre la opción mas popular, ni la más celebrada. Te va a costar.

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Te costará sentarte solo durante el almuerzo porque tus compañeros saben que no celebras los chistes subidos de color, los chismes ni las criticas destructivas. Te costará pasar sola unos cuantos viernes en la tarde sin citas románticas porque muchos saben que te estás guardando para el matrimonio y ellos no quieren algo serio por el momento. En general te costará. Pero nunca te costará tanto como le costó a Jesús.

El rechazo es inevitable. Pero este tipo de rechazo tiene su recompensa, la palabra de Dios nos dice en Apocalipsis 21:7-9, “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo”.

¡Qué enorme privilegio!

Te va a costar seguir a Cristo, tendrás que vencer el rechazo pero hay una herencia magnífica reservada para ti.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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