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Libros escritos 1

Libros escritos

Los libros que escribí, esas piezas de museo” es una frase que va a aparecer alguna vez en la red social que uso por estos días.

Es que no tengo otro pensamiento acerca de los libros que he escrito. No son malos (no adolezco de falsa modestia). Lo que pasa es que el que era cuando los escribí ya no soy.

El que fui entonces era mucho más indocumentado de lo que soy ahora. Lo sigo siendo, por supuesto, pero ahora tengo menos inocencia. Soy más escéptico. Dejé de creer algunas cosas. Empecé a creer en otras diferentes.

Eso suele espantar a quienes operan desde la firmeza de ciertas convicciones adquiridas hace mucho. A mí no me sucede tal cosa.

Escribí “Impresiones” en 1994. En 1999 me despaché con “Entrelíneas”. Cuando los miro hacia atrás encuentro que el primero era definitivamente ingenuo. El segundo era arrogante.

Me había prometido no publicar nada más. Lo que sí he hecho ha sido escribir innumerables notas de prensa, apuntes de clases y artículos para diversos blogs.

Hace un año compilé una serie de temas que dicto en las Jornadas de Capacitación de CVCLAVOZ bajo el título de “La palabra en su laberinto”. La rendición se ha debido a que muchas personas que me aprecian insisten en que esas cosas deben ser publicadas en bien de una cierta audiencia. Si se mira bien, no es una publicación muy original.

Se me ha ocurrido por la misma razón que debería publicar una selección de los artículos que escribo aquí. El tema por el momento está en estudio.

¿En qué sentido considero piezas de museo aquellos libros que escribí hace tanto? En que son una fotografía mía de hace 25 años.

Un cuarto de siglo es demasiado tiempo el pensamiento y la memoria. Si eso no hubiera cambiado no los consideraría una pieza de museo porque yo seguiría afirmando lo mismo. Creería que son vigentes. Pero eso sería la triste evidencia del congelamiento del ser. Yo mismo, junto a esos textos, sería una pieza de museo.

No pasa lo mismo con el poema. Es eterno. No está atrapado en la circunstancia. Habla a las personas de todos los tiempos. Por eso debe ser que la mayor parte de la profecía bíblica está escrita en forma de poemas. Se mantiene actual.

Eso me parece a mí, al menos…

Estados alterados 2

Estados alterados

A fin de sacar algunas frases interesantes para colocar en el estado de WhatsApp releo artículos que he escrito aquí desde octubre de 2012.

Confieso que si alguien lee la totalidad de estas notas, que superan las 650 ediciones, habrá hecho un viaje al fondo de mí.

Esto no es poco decir porque es un viaje complejo. Volver a leerlos ha sido algo revelador porque describen un período de dramáticas decisiones y grandes cambios.

Me di cuenta que los primeros tres años exploraban mucho más los sentimientos que el pensamiento. A este último modo lo he denominado “escritura técnica”, que se dedica a tratar cuestiones de orden, digamos, material.

La mayor parte de ese primer período profundiza en el dolor, la soledad, el redescubrimiento del entorno físico, el cuerpo en transición, la ida al amor y el regreso, los deseos contenidos, la celebración del libro, la escritura y el viaje, otros detalles mínimos como la rosa, el helecho, la buganvilla, la lavanda y el café. También las empanadas del “18” (sólo para chilenos).

Observo estados de gran esperanza y expectante contemplación de las posibilidades junto a otros de gran desapego, casi despedida y sosegado escepticismo, especialmente frente a la convicción de que no parece que las cosas van a cambiar para mejor.

Una de mis colegas del trabajo solía decirme – ahora no, curiosamente – que yo era ciclotímico, es decir, que experimentaba frecuentes altibajos emocionales. Leo que estos estados son menos agresivos que el trastorno bipolar pero se le parecen.

Le explico a mi amiga que son “estados alterados” porque no siempre me someto a los dictados de la justa razón.

A veces la razón no me entiende y no me encuentro dispuesto a entenderla a ella. Es decir, a pesar de lo que dice un amigo mío, en esos momentos simplemente no voy y hago lo correcto.

(Noto algo interesante sobre la gente que siempre hace lo correcto: tiene ese aire de “yo soy más santo que tú” aunque a veces tengo la sospecha de que se sujetan a la razón pero se mueren de ganas de otra cosa).

Tengo preguntas. No tengo todas las respuestas que me hacen falta. No todo está tan clarito. Hay días que en que me asiste, como a Sábato, una demencial esperanza en la gente y otras veces no tengo más ganas de tener esperanza.

Debo parar aquí. Me estoy repitiendo…

Se verá que no 3

Se verá que no

Harta de la complacencia y el talante indolente, el alma se subleva.

Escribe la crónica de la sangre, el relato de la injusticia, la historia de los pasillos donde la grey susurra su desamparo.

Pero es en vano.

Como decíamos cuando éramos chicos, “no hay coté”, no está el horno para bollos.

La multitud prefiere la paz de la soberana medianía. Al fin y al cabo, se dice a sí misma, las cosas siempre han sido como son.

Se alinea con las noticias y las tendencias de la red social, se divierte con memes y videos, deposita su voto al mejor postor porque vota al que le dé.

Traga discursos carismáticos, oxidadas consignas setenteras y televisión farandulera.

Transita por las anchas avenidas del sentido y el lugar común.

A la inmensa mayoría le irrita la provocación de la diferencia, la mirada otra, la confrontación del pensamiento y la exigencia de las letras.

Para la gente está bueno que las cosas cambien un poco para que todo siga siendo igual.

(Vive y deja vivir, no te metas, no agites el gallinero, no vayas donde no te llaman, vuelve a tu cubil, lobo estepario, rebelde malagradecido. Aquí las cosas marchan como deben, cada uno cumple su papel, todo marcha viento en popa y al final vamos a ganar y si no lo crees, peor para ti.)

Así que éste no parece ser mi lugar. Es más, a lo mejor no existe tal lugar y lo único que me pasa es que padezco una rara enfermedad que se me contagió una mañana debajo de unos manzanos silvestres.

Me iré entonces acurrucando al amparo de la poesía, compañera fiel igual que los libros. Me voy a apotincar en la temperada caricia del recogimiento y voy a buscar el abrazo cada vez más simpático de la soledad.

A lo mejor habría que hacer caso del consejo “No agites, hermano”.

Entonces, a hacer no más la pega de todos los días, seguir desayunando en Amélie (los domingos en Marzola) y aparentar que me quedo en el molde.

Un día, cuando me vaya, se verá que no.

El ocaso del pensamiento 4

El ocaso del pensamiento

“No estamos haciendo de internet una extensión de nuestros cerebros; estamos dejando que reemplace nuestra capacidad de pensar”.

(Nicholas George Carr, premio Pulitzer estadounidense)

Estas palabras están citadas en un artículo semanal de don Julio Petrarca, Defensor de los Lectores del diario Perfil de Argentina.

Incluye don Julio otra cita que pertenece a Umberto Eco, una admonición a uno de sus nietos un poco antes de morir:

La memoria es un músculo igual que los de las piernas. Si no lo ejercitas, se atrofia y te conviertes en un discapacitado mental. Es decir, un idiota”.

Así que parece evidente que existe una estrecha relación entre memoria, pensamiento e internet.

Cuando estaba en la universidad la novedad era que los profesores nos permitían usar una calculadora para el examen de Estadística aunque, advertían, tendríamos diez minutos menos que los chicos que no las usaban. Justo, me parece.

Desde entonces, y luego con la llegada de los teléfonos celulares, fuimos perdiendo la habilidad de hacer operaciones aritméticas simples o recordar números telefónicos sin apoyo de aparatos.

Tanto cambiaron las cosas que hoy se considera algo así como un “crimen” pedagógico pedirles a los escolares que memoricen, que tomen dictados o que hagan una copia diaria a mano.

Así nos ha ido.

Menos del 50% de las personas comprenden contenidos de relativa complejidad (instrucciones para armar un mueble modular, instalar un equipo electrónico o preparar una suspensión antibiótica).

Prácticamente desapareció la noción de comprensión de lectura, la redacción de documentos simples o hacer una presentación oral.

No es mi intención aquí abominar de internet o de los teléfonos celulares. Han resuelto enormes dificultades de trabajo y comunicación.

Lo que no han logrado es mejorar la calidad de la comunicación entre las personas y, lo que es más grave, han reducido peligrosamente la capacidad del pensamiento crítico y del análisis.

Es interesante constatar que muchos jóvenes continúan leyendo libros y nos apresuramos a celebrar eso.

Lo triste es que constituyen un magro porcentaje y pocos tienen la capacidad de ofrecernos un resumen o una reflexión de lo que han leído.

Leer continúa siendo uno de los mejores modos de entrenar la memoria y el pensamiento. Sea en papel o e-books el libro continuará otorgando un espacio para imaginar, observar, preguntar, discutir y sobre todo disfrutar de la belleza de pensar.

Flashback 5

Flashback

(Flashback: Verónica Rojas explica en el sitio Aloha Criticón que es una técnica narrativa que retrotrae la narración temporal a un acontecimiento pasado, casi siempre con la intención de situarse en algo importante para la configuración del presente del personaje o situación desarrollada).

Una vez escribí las palabras que transcribo abajo, fragmento de muchos otros enervantes murmullos que pululaban por mi cabeza por aquellos días. Vivía entonces en una cabaña. A veces se aparece en mis sueños y me embarga una nostalgia terrible. Un día tuve que abandonarla y relaté así ese trágico episodio:

“Una noche de mayo el cielo se vino abajo y por todas partes llovió el desastre, la tormenta brutal. Hubo goteras inmensas en medio de la sala y el corazón se anegó en estúpidas lágrimas. Es peligroso ser pobre y viejo.”

Somero resumen: mi cuarto estudio mínima biblioteca ropero cama baja bastante menor y silencio. Cuarto, pasillo, cocina, patio.

Tengo que caminar. La hora pasa y no consigo el pensamiento que amaina el desasosiego. De pronto, una pequeña luz, una idea que es apenas un susurro en esta quietud que me ensordece. A veces, es una imagen de los años que pasaron por el patio trasero y que no alcancé a atrapar.

Un rostro, un aroma de pan caliente, un café con medialunas, un perfume de mujer, un inolvidable perfume de mujer…

Una montaña estallada de helechos entre la neblina de las alturas. El mar, esa bestia incansable que me besa los pies pretendiéndose vencida; otras, un diálogo sin palabras, una mínima plegaria que sólo espera ser oída – es tan simple…

A veces, la frase de una canción, un poema de Neruda, unas líneas de Pescetti, un fragmento de Balzac, un episodio de la vida de Mandela.

Y entonces, tenue, sin prisa, el sueño viene a aplacar esta otra tormenta que soy yo.

Así elaboro este aprendizaje, así aprendo en esta escuela que me acerca a los que siguen buscando, a los que no se conforman con siete doctrinas y cinco libritos que les resuelven la vida.

Porque es voluntario este ensayo de soledad, este exilio de comuniones y hermandades complacientes. Hay intención en esta nota al margen que soy ahora.

Me quiero lejos de las atosigantes victorias y de las cifras del éxito. Me quiero a salvo de las frases hechas que embriagan el sentido. Huyo de las exhortaciones sin compasión de los que se creen propietarios de mi conciencia.

Prefiero noches como ésta, cuando la dura gramática del dolor compone sus mejores páginas…

Confesión de parte 6

Confesión de parte

Soy hijo de padres pentecostales. No recuerdo un día en que que no haya estado vinculado a lo evangélico. Sí, he estado fuera de la iglesia muchas veces y por mucho tiempo pero tengo la marca registrada.

No puedo, por lo mismo, relacionarme con las historias de “Cuando conocí al Señor” porque lo conocí siempre, al menos institucionalmente.

En la adolescencia, en mis primeros años de adulto, ya adulto y en mis años marrón estuve expuesto a cuatro grandes experimentaciones de doctrina, como llaman los cristianos a sus constructos formativos.

En todas ellas la secuencia fue como sigue: enamoramiento exultante, profundización, confrontación, quiebre y alejamiento. Las primeras fueron explosivamente breves. Ya más adulto los procesos tomaron más tiempo y por eso tal vez dolieron más.

Cierta mañana, en un lugar bien lejos de aquí, sufrí una crisis de pensamiento que no creo posible describir en breve. Digamos que debajo de unos manzanos, en medio de un mar de lágrimas y bronca, resolví a partir de ese día desinstitucionalizarme (perdón por la palabra).

Lo cual quiere decir que di, no uno, sino varios pasos al costado y me propuse volver a pensar todo desde fuera. Si tal proceso me llevaría a reinstitucionalizarme o no es algo que entonces no me preocupó ni me preocupa actualmente.

Desde entonces hasta ahora me dedico diligentemente a dos cosas. Una, seguir explorando el texto bíblico en forma independiente. Sé cuánto ofende esto a la institución porque sostiene que fuera de ella eso es imposible de hacer. Yo creo que sí es posible.

La segunda es servir a los creyentes, particularmente quienes trabajan en el área de la comunicación. Mi interés constante es que comprendan el mundo en que viven y que puedan establecer un diálogo que haga posible y entendible el mensaje de Dios.

El proceso que acabo de describir es un hecho absolutamente personal. No persigo en manera alguna promoverlo. Estas líneas no tienen ni una pizca de propaganda. Entre otras cosas, porque es devastador, doloroso y solitario.

¿Por qué colocar aquí hoy esta confesión de parte? Por razones que no vienen al caso esta tarde pensé en las hijas y los hijos de creyentes que vivieron procesos similares. Algunos se fueron para siempre. Otros regresaron por temor a perder algo de eternas consecuencias y no quisieron pensar más.

Pocos encararon el camino de volver a pensar todo, amar a su generación y servirla con otra inteligencia.

Locos 7

Locos

El profeta es un asaltante de la mente. A menudo, sus palabras comienzan a quemar donde termina la conciencia… Las cosas que horrorizaron a los profetas son, aun ahora, sucesos cotidianos.

(Santiago Kovadloff, Locos de Dios, Ed. Emecé, 2018)

El autor, cuyo libro recomiendo fervientemente, nos hace saber que los antiguos israelitas llamaban “locos de Dios” a los profetas: Meshuguei Elohim en el idioma original.

Examina el rol que cumplieron los profetas del período que va desde Samuel hasta el exilio en Babilonia y su ardiente confrontación contra los poderes políticos y religiosos que han dejado de lado no sólo la Ley sino a su Dios y han prescindido de la ética, fundamento de la gestión pública.

El fragmento que cito al comienzo me interpela en dos sentidos.

El primero, aquello de “asaltante de la mente”. Me atrae la violencia que entraña esa descripción. Porque no es otra cosa que violencia conceptual lo que necesita esta generación, acostumbrada a la pereza mental.

La jibarización del pensamiento a manos de aparatos “inteligentes”, internet, redes sociales, farándulas diversas, política de baja estofa y fútbol obliga al profeta a sacudir semejante molicie y convocar a la sobriedad y el rigor de la acción responsable.

Sus palabras queman, dice Kovadloff donde se termina la conciencia. Piensen en Greta Thunberg, Nadia Murad, Safia Minney, Muhammad Yunus, Verónica Guerin. Piensen en Alexander Solzhenitsyn, Albert Camus, Nelson Mandela, Gandhi. Ellas y ellos lucharon por despertar en la mente de la inmensa mayoría una rebelión transformadora.

El otro concepto que me provoca es que las cosas no han cambiado nada desde la antigüedad. El gobierno se descompone. La corrupción destruye la confianza pública. La codicia empresarial crea pobreza y opresión laboral. La embriaguez de poder de los dictadores genera guerras, desplazamientos masivos, miseria y muerte.

Entonces que hay que hablar. Hay que gritar. Hay que sacudir. Hay que quemar. Hay que dejarse de discursos dulzones y conciliadores. La mentira se viste de mil maneras. Cuenta con inteligentes asesores de imagen, creativos community managers y contundentes estudios de opinión. Pero la mentira es la misma.

Una frase muy potente de este libro y que me queda como consigna es que el profeta quiere a la política subordinada a la ética. Vivimos en un continente donde la política es instrumento de poder y de riqueza, sea de izquierda o de derecha. Ladrones y enfermos de poder ya no tienen banderías: son todos inmorales. El profeta debe denunciarlos.

¿La mente de Cristo? 8

¿La mente de Cristo?

Nosotros tenemos la mente de Cristo

(1 Corintios 2:16)

Mucha gente entiende estas palabras así: Por una misteriosa operación espiritual los cristianos no solamente entendemos todo, sino que lo entendemos de la única manera que puede ser entendido.

Esta conclusión se aleja completamente del sentido original de lo que está escrito. Las cosas no son así de sencillas. Nunca lo son.

San Pablo trajo al pensamiento cristiano una serie de conceptos altamente abstractos que por siglos han devanado los sesos de los especialistas en el texto. El apóstol Pedro fue el primero en darse cuenta (2 Pedro 3:15-16).

Pareciera que Pablo supone que cuando dice “mente de Cristo” todos nosotros entendemos de qué esta hablando. No es tan así, la verdad.

Así que, si existe algo como la mente de Cristo en nosotros, el escritor no está diciendo qué es, sino cómo trabaja. Y ésas, amigas y amigos, son dos cosas muy diferentes.

La mente de Cristo, lo que sea que es, no otorga un entendimiento automático de todas las cosas. A mi modesto entender lo que haría sería algo como iluminar el conocimiento o, si me permiten decirlo, extremar los recursos de comprensión.

Si ustedes miran todos los pasajes que mencionan el tema de la mente de Cristo van a descubrir verbos que tienen que ver con un ejercicio de la cabeza. Esta es la lista:

Ver, oír, conocer, saber, aprender, acomodar, percibir, entender, discernir, juzgar.

Todas estas acciones descritas por san Pablo en su carta suponen un examen de los temas a tratar: estudio, análisis, comparaciones, síntesis, conclusiones, en fin. No veo nada automático aquí.

Vayamos un poco más lejos. Digamos que por pasar veinte años en la congregación es posible – aunque difícil – que alguien conozca exhaustivamente los temas relativos a la fe cristiana.

Pero si esa persona cree que, por lo mismo, tiene un entendimiento completo y suficiente sobre política, economía, cultura y práctica social y por eso opine ex cathedra sobre esos temas comete un grave error de juicio.

Vamos todavía más lejos. Esa presunción ha hecho que los cristianos crean que para nada es necesario saber de los temas que llaman mundanos porque basta la mente de Cristo.

Así que desde esta modesta tribuna quisiera urgir nuevamente a los creyentes a leer, a informarse, a educarse en la realidad circundante y con ese entendimiento ejercer los atributos de la mente de Cristo.

Melodrama 9

Melodrama

(Una de las cosas que aprecio de este espacio es la libertad de que dispongo en cuanto a los temas. En pleno uso de esa facultad hoy les ofrezco unas ideas absolutamente ajenas al medio en que me encuentro. Por eso advierto que esta nota es apta sólo para gente sensible a “otra” música.

Una vez – o dos – escribí que toda la música que me gusta, que sigo y que escucho no es más que una serie de notas pie de Samba pa’ ti de Carlos Santana.

Algunas precisiones son necesarias. La primera es que no es desconocido para mis amigos y colegas que, salvo pocas excepciones, prácticamente no escucho la música que emiten los medios cristianos. Las razones deben quedar en evidencia para quienes leen habitualmente este blog.

La segunda es que eso de notas al pie es una bastante inapropiada copia de una afirmación de Alfred North Whitehead, uno de los mejores exponentes de la llamada filosofía de proceso: “Toda la filosofía occidental es una serie de notas a pie de página de la filosofía platónica”.

Finalmente, sobre gustos de música no es posible escribir nada excepto cuestiones personales que están muy lejos de constituir pensamiento universal.

Samba pa’ ti es un clásico que me atrapó cuando era adolescente y nunca más me dejó. No me importa en realidad lo que piense la gente respecto de tal música. Espero que el sentimiento sea mutuo.

Algunas personas podrían decir que me equivoco. Que es mejor Comfortably Numb, o Wild Horses o Stairway to Heaven. No los contradigo en modo alguno.

El impacto profundo, la sugestión de un mundo imaginario donde son proyectados todos los sentimientos que nada ni nadie pudo interpretar, la cadencia que se va transformando en un reclamo visceral y finalmente violento, todo eso y más constituye el anclaje que ha hecho de este tema mi música de cabecera.

Escucho otra música por cierto. Pero para celebrar un momento especial en la boda de mi hija Cristina, o en un sensible homenaje en mi cumpleaños, incluso como tema de fondo para mi inevitable futuro funeral, no hay otra pieza instrumental que yo quisiera.

Samba pa’ ti tiene el sonido que me imagino tiene mi pensamiento, mi corazón y mis emociones en ciertos momentos. En otros, prefiero leer el diario, algún libro de literatura francesa o salir a tomar un café con leche a Amélie.

Cosas de uno no más…

Las palabras en el mundo 10

Las palabras en el mundo

La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas; nunca hubo en el mundo tantas palabras, con tanto alcance, autoridad y albedrío.

(Botella al mar  para el dios de las palabras, Gabriel García Márquez)

Solía pensar que la palabra estaba en peligro, que la imagen la iba a desaparecer en un mundo que ya no lee y pierde día a día el dominio de la pronunciación. Pero acabo de leer este discurso de García Márquez y tengo que admitir mi error.

Efectivamente la palabra está más viva que nunca y fortalecida por la audiovisualización de todo. Las canciones, los memes, los videos, los mensajes de texto, todo requiere la palabra. Es imposible que desaparezca. Es imprescindible aún para explicar la imagen muda por más evidente que sea su significado.

La palabra finalmente no va a morir. Lo que temíamos no acontecerá y podremos seguir viviendo con ellas, en medio de ellas, a través de ellas. Todavía será posible el discurso, el ensayo, el poema, la conversación, la difusión del pensamiento, el relato y las discusiones. Todavía será posible increpar, protestar, arengar, persuadir, seducir, molestar, irritar, violentar a través de la palabra escrita y hablada. Todavía podremos contar la vida o la ficción y reproducir así el sentido de las cosas que existen.

Alguna vez escribí por ahí que había sido una gran idea que Dios dejara su pensamiento impreso. Fuera en piedra, en papiro, pergamino o papel, se podía multiplicar y transmitir su idea al mundo. La verdad es que todas la religiones y las filosofías que han llegado hasta nosotros lo han hecho a través de la palabra impresa.

Siempre he preferido el papel pero sospecho que un día, cuando yo ya no esté para verlo, sólo será posible comunicar la palabra a través de medios virtuales. Pero siempre serán las palabras, aunque sean unos y ceros transformados en bits, bytes, kilos, megas, teras y lo que sea que venga después.

Serán siempre las palabras codificadas para seguir contando el drama y la belleza de lo humano. Para seguir creyendo y para seguir decepcionándose. Para esperar y para desesperar. Para reír y para llorar.

Bianca Estela Sánchez nos advierte en su libro “Un mundo sin palabras” lo que podría ser: Era un mundo sin historias / Aburrido. Sin estrellas. / A veces hasta los sueños / eran páginas desiertas…

Arte de vivir 11

Arte de vivir

Llamamos pensamiento al esfuerzo que hace el hombre para adivinar o prever, combinando símbolos e imágenes, los efectos que producirán sus actos entre las cosas reales.

(El arte de pensar, en el libro “Un arte de vivir” de André Maurois)

Una vez vino un señor a mi casa a ver unos libros que yo quería vender. Eran mis días de locura y de pobreza y pensaba liquidar una parte de la biblioteca que me había legado el tío Carlos. El comprador era un personaje avanzado en años, de mirada serena y movimientos pausados. Después de un rato eligió un solo libro. Quise regalárselo pero no me lo permitió. En un momento dijo algo que nunca olvidaré: “Basta mirar algunos títulos para saber de qué persona se trataba su tío Carlos.” Hasta hoy pienso que debí preguntarle a qué se refería pero era demasiado joven e impaciente. Hoy daría no se qué con tal de saberlo, pero aquel señor hace mucho tiempo que no debe estar entre nosotros.

Uno de los autores favoritos del tío era André Maurois. Por lo cual, a los diez o doce años yo ya había leído Ariel o la vida de Shelley, Los silencios del coronel Bramble, Balzac, Disraeli y Climas.

Hoy, vencido por el deseo de la relectura, conseguí uno de los libros que más recuerdo y atesoro: Un arte de vivir, en el cual elabora algunas páginas sobre el pensamiento, el amor, el trabajo, el mando y la vejez.

Y me quedo al iniciar este viaje de regreso al viejo André con la frase consignada al principio de estas líneas: adivinar o prever los efectos de nuestros actos entre las cosas reales. ¿Se puede hallar una manera más preciosa de definir el arte de pensar? Siempre reducimos el pensamiento a una actividad racional. Pero Maurois vincula el ejercicio de la mente con la vida, con las “cosas reales”. A veces nos cansa la abstracción de los pensadores; nos devanamos los sesos tratando de entender qué rayos es lo que quieren decir y cómo eso se relaciona con la existencia cotidiana. Seguramente los entendidos lo captarán. Pero no nosotros.

En cambio, el señor André habla con una claridad, una pureza, una como ingenuidad que nos abraza y nos conmueve. Anoche le decía a algunos amigos que lo que me cautiva de él es que habiendo escrito este libro hace más de sesenta años, su mirada nos sumerge en el presente con una lucidez que orienta y tranquiliza.

¿Qué tanto lo conoces? 12

¿Qué tanto lo conoces?

“El que afirma: «Lo conozco», pero no obedece sus mandamientos, es un mentiroso y no tiene la verdad.  En cambio, el amor de Dios se manifiesta plenamente en la vida del que obedece su palabra…”.  1 Juan 2:4-5 (NVI).

Quizá alguna vez te has preguntado: ¿cómo conocer a un Dios que no veo, si conviviendo con alguien me cuesta? Sabemos que por naturaleza necesitamos ver para creer, pero increíblemente Dios en su palabra nos pide todo lo contrario, cuán difícil es esto ¿verdad? Si deseas conocer los pensamientos de Dios, su voluntad, los deberes y beneficios que te corresponden por ser su hijo, debes dedicarle tiempo a estudiar su Palabra, pero no solamente leerla sino también ponerla en práctica, obedeciendo los principios que encontramos en ella. No llegaremos a crecer en nuestra amistad con Dios si no dedicamos tiempo a leer su palabra para luego aplicarla ¿Te das cuenta qué tan importante es leer la Biblia? No debemos engañarnos al pensar que el sólo hecho de asistir a la iglesia o hacer buenas obras nos aportan conocimiento sobre nuestro creador, ¿te has puesto a pensar cuánto tiempo inviertes en leer su palabra?, ¿cuándo fue la última vez que pasaste tiempo con Él? Si reconoces que has tenido dificultades apartando tiempo para relacionarte con Dios, pídele perdón por no buscarlo de la manera que debieras y comienza hoy a tomar un compromiso más serio que te conduzca a un conocimiento más profundo de tu amado Padre.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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