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Locos

El profeta es un asaltante de la mente. A menudo, sus palabras comienzan a quemar donde termina la conciencia… Las cosas que horrorizaron a los profetas son, aun ahora, sucesos cotidianos.

(Santiago Kovadloff, Locos de Dios, Ed. Emecé, 2018)

El autor, cuyo libro recomiendo fervientemente, nos hace saber que los antiguos israelitas llamaban “locos de Dios” a los profetas: Meshuguei Elohim en el idioma original.

Examina el rol que cumplieron los profetas del período que va desde Samuel hasta el exilio en Babilonia y su ardiente confrontación contra los poderes políticos y religiosos que han dejado de lado no sólo la Ley sino a su Dios y han prescindido de la ética, fundamento de la gestión pública.

El fragmento que cito al comienzo me interpela en dos sentidos.

El primero, aquello de “asaltante de la mente”. Me atrae la violencia que entraña esa descripción. Porque no es otra cosa que violencia conceptual lo que necesita esta generación, acostumbrada a la pereza mental.

La jibarización del pensamiento a manos de aparatos “inteligentes”, internet, redes sociales, farándulas diversas, política de baja estofa y fútbol obliga al profeta a sacudir semejante molicie y convocar a la sobriedad y el rigor de la acción responsable.

Sus palabras queman, dice Kovadloff donde se termina la conciencia. Piensen en Greta Thunberg, Nadia Murad, Safia Minney, Muhammad Yunus, Verónica Guerin. Piensen en Alexander Solzhenitsyn, Albert Camus, Nelson Mandela, Gandhi. Ellas y ellos lucharon por despertar en la mente de la inmensa mayoría una rebelión transformadora.

El otro concepto que me provoca es que las cosas no han cambiado nada desde la antigüedad. El gobierno se descompone. La corrupción destruye la confianza pública. La codicia empresarial crea pobreza y opresión laboral. La embriaguez de poder de los dictadores genera guerras, desplazamientos masivos, miseria y muerte.

Entonces que hay que hablar. Hay que gritar. Hay que sacudir. Hay que quemar. Hay que dejarse de discursos dulzones y conciliadores. La mentira se viste de mil maneras. Cuenta con inteligentes asesores de imagen, creativos community managers y contundentes estudios de opinión. Pero la mentira es la misma.

Una frase muy potente de este libro y que me queda como consigna es que el profeta quiere a la política subordinada a la ética. Vivimos en un continente donde la política es instrumento de poder y de riqueza, sea de izquierda o de derecha. Ladrones y enfermos de poder ya no tienen banderías: son todos inmorales. El profeta debe denunciarlos.

¿La mente de Cristo?

Nosotros tenemos la mente de Cristo

(1 Corintios 2:16)

Mucha gente entiende estas palabras así: Por una misteriosa operación espiritual los cristianos no solamente entendemos todo, sino que lo entendemos de la única manera que puede ser entendido.

Esta conclusión se aleja completamente del sentido original de lo que está escrito. Las cosas no son así de sencillas. Nunca lo son.

San Pablo trajo al pensamiento cristiano una serie de conceptos altamente abstractos que por siglos han devanado los sesos de los especialistas en el texto. El apóstol Pedro fue el primero en darse cuenta (2 Pedro 3:15-16).

Pareciera que Pablo supone que cuando dice “mente de Cristo” todos nosotros entendemos de qué esta hablando. No es tan así, la verdad.

Así que, si existe algo como la mente de Cristo en nosotros, el escritor no está diciendo qué es, sino cómo trabaja. Y ésas, amigas y amigos, son dos cosas muy diferentes.

La mente de Cristo, lo que sea que es, no otorga un entendimiento automático de todas las cosas. A mi modesto entender lo que haría sería algo como iluminar el conocimiento o, si me permiten decirlo, extremar los recursos de comprensión.

Si ustedes miran todos los pasajes que mencionan el tema de la mente de Cristo van a descubrir verbos que tienen que ver con un ejercicio de la cabeza. Esta es la lista:

Ver, oír, conocer, saber, aprender, acomodar, percibir, entender, discernir, juzgar.

Todas estas acciones descritas por san Pablo en su carta suponen un examen de los temas a tratar: estudio, análisis, comparaciones, síntesis, conclusiones, en fin. No veo nada automático aquí.

Vayamos un poco más lejos. Digamos que por pasar veinte años en la congregación es posible – aunque difícil – que alguien conozca exhaustivamente los temas relativos a la fe cristiana.

Pero si esa persona cree que, por lo mismo, tiene un entendimiento completo y suficiente sobre política, economía, cultura y práctica social y por eso opine ex cathedra sobre esos temas comete un grave error de juicio.

Vamos todavía más lejos. Esa presunción ha hecho que los cristianos crean que para nada es necesario saber de los temas que llaman mundanos porque basta la mente de Cristo.

Así que desde esta modesta tribuna quisiera urgir nuevamente a los creyentes a leer, a informarse, a educarse en la realidad circundante y con ese entendimiento ejercer los atributos de la mente de Cristo.

Melodrama

(Una de las cosas que aprecio de este espacio es la libertad de que dispongo en cuanto a los temas. En pleno uso de esa facultad hoy les ofrezco unas ideas absolutamente ajenas al medio en que me encuentro. Por eso advierto que esta nota es apta sólo para gente sensible a “otra” música.

Una vez – o dos – escribí que toda la música que me gusta, que sigo y que escucho no es más que una serie de notas pie de Samba pa’ ti de Carlos Santana.

Algunas precisiones son necesarias. La primera es que no es desconocido para mis amigos y colegas que, salvo pocas excepciones, prácticamente no escucho la música que emiten los medios cristianos. Las razones deben quedar en evidencia para quienes leen habitualmente este blog.

La segunda es que eso de notas al pie es una bastante inapropiada copia de una afirmación de Alfred North Whitehead, uno de los mejores exponentes de la llamada filosofía de proceso: “Toda la filosofía occidental es una serie de notas a pie de página de la filosofía platónica”.

Finalmente, sobre gustos de música no es posible escribir nada excepto cuestiones personales que están muy lejos de constituir pensamiento universal.

Samba pa’ ti es un clásico que me atrapó cuando era adolescente y nunca más me dejó. No me importa en realidad lo que piense la gente respecto de tal música. Espero que el sentimiento sea mutuo.

Algunas personas podrían decir que me equivoco. Que es mejor Comfortably Numb, o Wild Horses o Stairway to Heaven. No los contradigo en modo alguno.

El impacto profundo, la sugestión de un mundo imaginario donde son proyectados todos los sentimientos que nada ni nadie pudo interpretar, la cadencia que se va transformando en un reclamo visceral y finalmente violento, todo eso y más constituye el anclaje que ha hecho de este tema mi música de cabecera.

Escucho otra música por cierto. Pero para celebrar un momento especial en la boda de mi hija Cristina, o en un sensible homenaje en mi cumpleaños, incluso como tema de fondo para mi inevitable futuro funeral, no hay otra pieza instrumental que yo quisiera.

Samba pa’ ti tiene el sonido que me imagino tiene mi pensamiento, mi corazón y mis emociones en ciertos momentos. En otros, prefiero leer el diario, algún libro de literatura francesa o salir a tomar un café con leche a Amélie.

Cosas de uno no más…

Las palabras en el mundo

La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas; nunca hubo en el mundo tantas palabras, con tanto alcance, autoridad y albedrío.

(Botella al mar  para el dios de las palabras, Gabriel García Márquez)

Solía pensar que la palabra estaba en peligro, que la imagen la iba a desaparecer en un mundo que ya no lee y pierde día a día el dominio de la pronunciación. Pero acabo de leer este discurso de García Márquez y tengo que admitir mi error.

Efectivamente la palabra está más viva que nunca y fortalecida por la audiovisualización de todo. Las canciones, los memes, los videos, los mensajes de texto, todo requiere la palabra. Es imposible que desaparezca. Es imprescindible aún para explicar la imagen muda por más evidente que sea su significado.

La palabra finalmente no va a morir. Lo que temíamos no acontecerá y podremos seguir viviendo con ellas, en medio de ellas, a través de ellas. Todavía será posible el discurso, el ensayo, el poema, la conversación, la difusión del pensamiento, el relato y las discusiones. Todavía será posible increpar, protestar, arengar, persuadir, seducir, molestar, irritar, violentar a través de la palabra escrita y hablada. Todavía podremos contar la vida o la ficción y reproducir así el sentido de las cosas que existen.

Alguna vez escribí por ahí que había sido una gran idea que Dios dejara su pensamiento impreso. Fuera en piedra, en papiro, pergamino o papel, se podía multiplicar y transmitir su idea al mundo. La verdad es que todas la religiones y las filosofías que han llegado hasta nosotros lo han hecho a través de la palabra impresa.

Siempre he preferido el papel pero sospecho que un día, cuando yo ya no esté para verlo, sólo será posible comunicar la palabra a través de medios virtuales. Pero siempre serán las palabras, aunque sean unos y ceros transformados en bits, bytes, kilos, megas, teras y lo que sea que venga después.

Serán siempre las palabras codificadas para seguir contando el drama y la belleza de lo humano. Para seguir creyendo y para seguir decepcionándose. Para esperar y para desesperar. Para reír y para llorar.

Bianca Estela Sánchez nos advierte en su libro “Un mundo sin palabras” lo que podría ser: Era un mundo sin historias / Aburrido. Sin estrellas. / A veces hasta los sueños / eran páginas desiertas…

Arte de vivir

Llamamos pensamiento al esfuerzo que hace el hombre para adivinar o prever, combinando símbolos e imágenes, los efectos que producirán sus actos entre las cosas reales.

(El arte de pensar, en el libro “Un arte de vivir” de André Maurois)

Una vez vino un señor a mi casa a ver unos libros que yo quería vender. Eran mis días de locura y de pobreza y pensaba liquidar una parte de la biblioteca que me había legado el tío Carlos. El comprador era un personaje avanzado en años, de mirada serena y movimientos pausados. Después de un rato eligió un solo libro. Quise regalárselo pero no me lo permitió. En un momento dijo algo que nunca olvidaré: “Basta mirar algunos títulos para saber de qué persona se trataba su tío Carlos.” Hasta hoy pienso que debí preguntarle a qué se refería pero era demasiado joven e impaciente. Hoy daría no se qué con tal de saberlo, pero aquel señor hace mucho tiempo que no debe estar entre nosotros.

Uno de los autores favoritos del tío era André Maurois. Por lo cual, a los diez o doce años yo ya había leído Ariel o la vida de Shelley, Los silencios del coronel Bramble, Balzac, Disraeli y Climas.

Hoy, vencido por el deseo de la relectura, conseguí uno de los libros que más recuerdo y atesoro: Un arte de vivir, en el cual elabora algunas páginas sobre el pensamiento, el amor, el trabajo, el mando y la vejez.

Y me quedo al iniciar este viaje de regreso al viejo André con la frase consignada al principio de estas líneas: adivinar o prever los efectos de nuestros actos entre las cosas reales. ¿Se puede hallar una manera más preciosa de definir el arte de pensar? Siempre reducimos el pensamiento a una actividad racional. Pero Maurois vincula el ejercicio de la mente con la vida, con las “cosas reales”. A veces nos cansa la abstracción de los pensadores; nos devanamos los sesos tratando de entender qué rayos es lo que quieren decir y cómo eso se relaciona con la existencia cotidiana. Seguramente los entendidos lo captarán. Pero no nosotros.

En cambio, el señor André habla con una claridad, una pureza, una como ingenuidad que nos abraza y nos conmueve. Anoche le decía a algunos amigos que lo que me cautiva de él es que habiendo escrito este libro hace más de sesenta años, su mirada nos sumerge en el presente con una lucidez que orienta y tranquiliza.

¿Qué tanto lo conoces?

“El que afirma: «Lo conozco», pero no obedece sus mandamientos, es un mentiroso y no tiene la verdad.  En cambio, el amor de Dios se manifiesta plenamente en la vida del que obedece su palabra…”.  1 Juan 2:4-5 (NVI).

Quizá alguna vez te has preguntado: ¿cómo conocer a un Dios que no veo, si conviviendo con alguien me cuesta? Sabemos que por naturaleza necesitamos ver para creer, pero increíblemente Dios en su palabra nos pide todo lo contrario, cuán difícil es esto ¿verdad? Si deseas conocer los pensamientos de Dios, su voluntad, los deberes y beneficios que te corresponden por ser su hijo, debes dedicarle tiempo a estudiar su Palabra, pero no solamente leerla sino también ponerla en práctica, obedeciendo los principios que encontramos en ella. No llegaremos a crecer en nuestra amistad con Dios si no dedicamos tiempo a leer su palabra para luego aplicarla ¿Te das cuenta qué tan importante es leer la Biblia? No debemos engañarnos al pensar que el sólo hecho de asistir a la iglesia o hacer buenas obras nos aportan conocimiento sobre nuestro creador, ¿te has puesto a pensar cuánto tiempo inviertes en leer su palabra?, ¿cuándo fue la última vez que pasaste tiempo con Él? Si reconoces que has tenido dificultades apartando tiempo para relacionarte con Dios, pídele perdón por no buscarlo de la manera que debieras y comienza hoy a tomar un compromiso más serio que te conduzca a un conocimiento más profundo de tu amado Padre.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Mundo lateral

“El pensamiento lateral busca soluciones a los problemas de un modo que no sigue las pautas lógicas; se apoya en ideas que se salen de lo habitual, busca caminos alternativos de resolución que escapan de las ideas preconcebidas… Aprender a analizar los problemas desde una multitud de puntos de vista”, se lee en el sitio de Aprender a Pensar.

Leí en un muy buen libro un comentario del relato de Jesús sobre el rico y Lázaro, específicamente en Lucas 16:24: Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. La observación era ésta: ¡Aún en el tormento, el rico consideraba a Lázaro un sirviente para él! Es decir, no había cambiado nada. Lo habré leído cientos de veces, pero nunca vi este detalle. Observo la Biblia bastante desde hace muchos años pero es obvio que el pensamiento lateral aporta siempre cosas nuevas no importa cuánto pasa el tiempo.

Es muy triste comprobar que en la institución cristiana no se estimule este tipo de pensamiento. Una vez que alguien toma el curso básico de discipulado y luego – si es un aventajado estudiante – el curso de liderazgo o de consejería, abandona el cuestionamiento creativo respecto de la Biblia. Repite y replica lo que aprendió durante los días del “primer amor” y jamás recapitula.

No hay espacio aquí para reflexionar sobre las implicaciones de esta situación. La más dramática consecuencia es que el creyente asume que ya sabe todo lo que hay que saber para vivir la vida que lo llevará al cielo y ya no aprecia más nada del entorno. No leen, no escuchan, no ven, no toman conciencia y no piensan nada que no sea del mundo propio de la institución.

Así, menosprecian el mundo de la política, de la economía, de la cultura, de la crisis y de la responsabilidad social. Son monotemáticos en cuanto a sus intereses y por lo mismo resultan aburridos para el resto de la gente. Lo más asombroso es que casi todos se sienten orgullosos de la crítica hacia ellos porque – dicen – el creyente es perseguido y no es amado por el mundo. Si hay algo que NO es pensamiento lateral, es esto.

Un pequeño ejercicio lateral: Qué es lo que Dios efectivamente hizo cuando dijo: “No es bueno que el hombre esté solo”?

Este amor

Camino al café donde suelo desayunar paso por una tienda de artículos de decoración para la casa. Un pequeño cuadrito de madera con la palabra “Amor” en colores y dispuesta en relieve se destaca entre varias piezas. Se me ocurrió que podría sugerir aquí algunas ideas marginales sobre este tema tan principal, un asunto clave en el imaginario humano y que supone una diversidad enorme de significados y de actitudes.

El significado mas común que se le da al amor es el romántico. Se lo relaciona con enamoramiento, compromiso, atracción, sexo, compañía, comunión, intimidad, pasión, deseo, necesidad, usted nómbrelo. Muchas personas sostienen que este amor es irresistible cuando te toca con su varita de virtud; “al corazón nadie lo manda”, te dicen.

Discrepo de esta afirmación arbitraria. La flecha del amor, el amor a primera vista, caer en las redes del amor son frases que quedan bien en los poemas pero no tienen sustento real. Uno decide que el corazón sea flechado; uno decide enamorarse a primera vista, uno decide caer en sus redes. Una vez que uno decide, por supuesto que los sentimientos se hacen cargo y desatan los acontecimiento que siguen.

Creo que respecto del amor romántico uno puede tener la postura del Universo en el poema de Crane: ¿El amor existe? “Mira tú que bien, pero eso no crea en mí un sentido de obligación.” Se puede perfectamente pasar por fuera de sus dominios. Me refiero a este amor, no al otro – el que no tiene que ver con la felicidad personal.

Hay mucha controversia sobre si el corazón genera sentimientos o si nada más responde a los estímulos del cerebro. Como sea, lo relativo a los sentimientos románticos tiene que ver con reacciones químicas que limitan o cancelan el pensamiento crítico, aunque suene muy científico; es más lindo construir sobre el amor imágenes y palabras bellas que eleven el espíritu.

En toda forma de amor romántico hay una definida cuota de egoísmo, a veces más fuerte de lo debido. Llamamos amor a algo que en último término siempre nos complace; por eso se dicen cosas como te necesito, no puedo vivir sin ti, me haces falta, te quiero, porque ese amor nos hace bien a nosotros.

Bastante simple después de todo…

Mentira la verdad

La red social Facebook instituyó unos signos que permiten al usuario hacer saber a la audiencia su sentimiento respecto de una publicación: Me gusta, No me gusta. Reflexionemos en estos sentimientos expresados así: Que algo me guste o no me guste no significa que sea verdad; es simplemente una expresión emocional de complacencia o desagrado. Ambas calificaciones serían simplemente un inofensivo inventario de los efectos que un tema puede producir en el plano de los sentimientos.
Pero la época que vivimos es única. Como en ningún otro momento de la historia humana se ha cambiado pensamiento por sentimiento y verdad por opinión. Es uno de los más devastadores genocidios perpetrados por la masa: la destrucción a granel del pensamiento crítico. Si cierta publicación obtiene, digamos, 53.876 Me gusta en las siguientes 24 horas de su aparición en la red adquiere la apariencia de verdad, de hecho de la causa, de evidencia irrebatible. Es una estadística que refleja, a juicio de la clientela social, una verdad sociológica innegable.
Tal es la fuerza de la manito con el pulgar hacia arriba o hacia abajo, que un lector airado por los contenidos de cierto artículo mío escribió al pie del mismo: “¡Le quité el Me gusta a su página!”, enviándome así (a su parecer) al círculo final del infierno de La Divina Comedia. Me hace recordar a aquella gente que oía la radio cristiana de la cual yo era ejecutivo de Relaciones Públicas que “castigaba” a la emisora dejando de pagar su aporte de dinero mensual si colocaba música no agradable a sus oídos.
Si bien el calificativo que comento puede ser útil para graduar la relevancia o interés que cierta publicación tenga en la red, expone a sus usuarios a que un arrollador caudal de estupidez y banalidad se convierta en verdad sociológica por la cantidad de Me gusta que obtiene.
Una buena parte de lo que se encuentra en la red no merece un minuto de serio análisis. Es impresentable que una propuesta consistente, un argumento esmerado, un temperado ejercicio de la palabra quede al veleidoso arbitrio de un pulgar hacia arriba o hacia abajo y que la belleza de pensar y dialogar se vaya al tacho de la basura.

No aclare que oscurece

Y bueno, nada…
Tengo que volver a la cuestión del contenido de este blog. Estoy releyendo Nativos de este mundo de Carla Cordua, filósofa y ensayista chilena. En el ensayo Borges y los servicios de la palabra escribe:
¿Qué nos dice Borges sobre el lenguaje del que dependen el escritor, el lector, el políglota, el traductor y el bibliotecario, es decir las esferas habituales de su propia vida? No ofrece una teoría formulada como tal, sino más bien intuiciones, observaciones y aplicaciones ocasionales de lo que le enseñan sobre el lenguaje sus propias actividades. Mejor escribir sin teoría, opina Borges a propósito de Gibbon, el historiador ingles.
Alguien me ha propuesto que escriba el libro de mi pensamiento y de los asuntos que enseño en los encuentros de comunicadores. Le he dicho que las cosas en las cuales me ocupo son de tal condición que si se publicaran en un volumen sistematizado carecería de algo fundamental, al menos para los ojos de quienes son el objeto de mi critica, mi reproche o mi denuncia: rigor académico.
No tengo una teoría “científica” sobre lo que expongo. Son, precisamente, intuiciones. Y las intuiciones entran el campo de lo especulativo, emprendimiento que no tiene lugar en las obras que sistematizan la Biblia. A mí no me interesa navegar esas aguas porque hay legión de expertos y expertas para decirle a los creyentes lo que deben entender y creer.
Sigo mi propia lectura de la Biblia y busco aclaraciones sólidas entre libros y personas más entendidas que yo si se hace necesario entender mejor algún asunto confuso. El resto no es más que mi versión del mundo, de la vida, de las cosas, de las personas, de los tiempos que vivimos.
Así que, ni teorías ni doctrinas. Mucho menos, ayuditas para vivir porque de esos menesteres se ocupa el texto bíblico de manera mucho más estable y ajena a los brujuleos del marketing cristiano.
Me despido este viernes con este decir de Nicanor Parra:
Mi situación no puede ser más triste, fui derrotado por mi propia sombra: Las palabras se vengaron de mí.

(Este artículo fue escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Limpia el interior

Las cucarachas son insectos de cuerpo color marrón y ovalado, tienen una cabeza pequeña con antenas filiformes, patas largas aplanadas y espinosas, y pueden medir de 3 a 7,5 cm.

Estos bichos viven en una amplia diversidad de ambientes ya que se adaptan con mucha facilidad, pero normalmente se los encuentra en lugares cálidos y oscuros, donde la hembra puede colocar hasta 20.000 huevos convirtiéndose rápidamente en una plaga.

Una curiosidad en torno a este insecto es que tienen una resistencia superior a la radiación nuclear en comparación con otros seres vivos.

La razón es que la radiación actúa principalmente sobre las células del cuerpo que forman los órganos, los tejidos, los músculos y la piel. En humanos la división celular es constante, pero en cucarachas sólo una vez por semana ya que tienen un organismo muy simple, de modo que es más difícil que se vean afectadas por alguna emanación nuclear.

En caso de que este insecto se haya convertido en una plaga, lo más recomendable es llamar a un especialista para que se ocupe de exterminarlos, pero si se trata de una invasión menor, se pueden eliminar sólo con un insecticida. Las recomendaciones posteriores son: mantener el lugar limpio, no dejar comida a la intemperie, cubrir los huecos en la pared y evitar la acumulación de papel o cartón en depósitos.

Sabemos que la limpieza exterior es importante, pero la Palabra de Dios también habla del interior.

“Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.” 2 Timoteo 2:21 Versión Reina-Valera 1960

La Biblia habla de limpieza espiritual porque a Dios le interesa mucho la santidad de sus hijos, pero también hay un énfasis en mantener limpia la mente. Mateo 5:21-30, dice que odiar a alguien es como haberlo asesinado y codiciar a una mujer es como haber adulterado con ella.

Esto se debe a que los pensamientos son la forma en la que se inician las acciones y Dios se enfoca en atacar el problema de raíz cortando cualquier motivo de pecado. Sin embargo, existen pensamientos que son difíciles de superar igual que algunas cucarachas o plagas.

Muchas veces es un recuerdo de alguien muy querido que ya no está, el dolor por un suceso traumático, palabras hirientes que hacen eco en el interior, pornografía consumida, odio o resentimiento, etc. En realidad existe una lista interminable de pensamientos que podrían desembocar en un pecado.

La Biblia dice que Dios conoce la mente y el corazón del hombre, por lo tanto Él se convierte en el especialista para ayudarnos a eliminar esa plaga que parece que no quiere irse de la mente con nada.

Salmos 139:2 dice: “Tú conoces todas mis acciones; aun de lejos te das cuenta de lo que pienso.” Versión Dios Habla Hoy.

Así como ocurre con un experto en control de plagas, a quien un cliente puede llamar y hablarle con franqueza sobre el problema que tiene, de la misma manera podemos conversar con Dios para que nos ayude a superar cualquier pensamiento que esté ensuciando y causándole daño nuestra vida.

No esperes más, Él está a la distancia de una sola frase: ¡Señor, ayúdame! 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Lo mejor para mí

“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”. Jeremías 29:11 (RVR1960)

Cuantas veces nos hemos preocupado que las personas tengan buenos deseos para nosotros, lamentablemente no todos los que nos rodean tendrán pensamientos de bien para con uno y en ocasiones nos desearan mal. Dios a pesar de lo que hayamos hecho, siempre tiene pensamientos de bien, de paz y no de mal para nosotros; su misericordia se renueva cada día y nos dará aquello que esperamos recibir de parte de Él.

Por Miguel Ángel Veizaga

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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