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Tiempo de lectura: 2 minutos

Cuentan que un día el joven Blaise Pascal, quien después fue un famoso filósofo, le dijo a su padre:

-Papá, Dios me ha protegido maravillosamente; mi caballo ha tropezado y ha caído sobre mí sin hacerme daño.

-Hijo mío- repuso el padre- Dios me ha protegido a mí aún más maravillosamente. He hecho una jornada de 20 kilómetros y mi caballo no ha tropezado ni una sola vez.

Ambos tenían razón, Dios había sido cuidadoso con ambos en diferentes circunstancias. Uno hacía referencia  al cuidado visible de Dios y el otro a la invisible; el hijo pudo ver la protección de Dios en un momento dado y el padre la vio en todo el viaje.

Muchas veces somos conscientes del cuidado de Dios cuando  sucede algo como el accidente del muchacho o somos testigos de algún milagro; sin embargo, el cuidado de Dios es constante y nunca llegaremos a saber de qué nos ha guardado a lo largo de nuestra vida.

Y el cuidado de Dios va más allá de su protección ante un  accidente, Él provee para nuestras necesidades, nos da de su paz, nos guarda de enfermedades, de gente mal intencionada y de todo tipo de circunstancias adversa; pero aún si las pasamos, como el accidente del joven Pascal, Dios sigue en control porque sus promesas son eternas.

El camino de Dios es perfecto.  Todas las promesas del Señor demuestran ser verdaderas.  Él es escudo para todos los que buscan su protección. Pues, ¿quién es Dios aparte del Señor? ¿Quién más que nuestro Dios es una roca sólida?

2 Samuel 22:31, 32 (NTV)

En este tiempo tan difícil para todos, Dios sigue velando por sus hijos, sabe por lo que estamos pasando, conoce lo que vendrá y está en control de todo. No temas, confía en el Señor, sus promesas son eternas.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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