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Como las palmeras…

“Manténganse alerta; permanezcan firmes en la fe; sean valientes y fuertes. 1 Corintios 16:13 NVI


Al momento de llegar el huracán a tierra no viene solo, sino con inundaciones, vientos y olas devastadoras. Se empiezan a ver cómo los techos de las casas se desprenden y grandes árboles caen por la fuerza de la tormenta, pero es increíble cómo las palmeras se mantienen de pie sin sufrir ningún daño. ¿Te has preguntado por qué?


Aunque no lo creas, la estructura de las palmeras funciona de forma similar a los edificios diseñados contra los terremotos. No se trata de tener rigidez en su tronco sino de flexibilidad para contrarrestar los temblores o fuertes vientos; no se trata de tener una raíz gruesa y profunda, sino de la cantidad de las mismas, lo cual le permite tener una base mucho más pesada y firme.


De una forma similar sucede con nuestras vidas. Mientras más enraizadas estén nuestras convicciones en Cristo Jesús, más resistentes seremos a las tormentas de la vida.


El enemigo está en contra de nuestro crecimiento espiritual, porque sabe que somos una amenaza para él; por lo tanto, hará hasta lo imposible para detenerte y destruir cualquier progreso que intentes obtener, te atacará de una forma o de otra hasta verte derrotado.


Por ello, es importante que te mantengas alerta. La Biblia dice claramente que el diablo está rondando buscando a quien devorar, no seas esa presa fácil para el enemigo.


A pesar de las artimañas que haya planificado en tu contra, no te sueltes de la mano de Dios y permite que te guíe, porque a pesar de los obstáculos en el camino, tu vida estará segura en sus manos. Recuerda que mayor es El que está en ti que el que está en el mundo.


Tal vez estés peleando por tu salud, tus finanzas, tu cónyuge, por tus hijos, etc. Por supuesto que es mucho más fácil darse por vencido pero, ¿realmente vale la pena? No, ¡claro que no! Porque finalmente los que perseveran firmes en la fe en Cristo Jesús llegarán a la meta y podrán disfrutar de lo que el Padre ha preparado para ellos.


Así que, sin importar los problemas que vengan sobre ti, no te desanimes, mas al contrario, mantente firme en tu fe, y serás testigo de las grandes bendiciones de papá Dios.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Cuál es tu mayor gozo?

“Ustedes lo aman a pesar de no haberlo visto; y, aunque no lo ven ahora, creen en él y se alegran con un gozo indescriptible y glorioso, pues están obteniendo la meta de su fe, que es su salvación.” 1 Pedro 1:8-9 (NVI)

Alguna vez escuché preguntar a diferentes niños, qué era lo que les llenaba de felicidad, algunas respondían tener la muñeca más grande, otros decían vivir en el parque, pero la respuesta de uno de ellos fue diferente, porque dijo: “vivir con mis padres”. Es posible que hayas tenido una familia disfuncional como también puede que hayas experimentado los mejores momentos de su vida al lado de ellos. ¿Cuál es tu situación? ¿Qué es aquello que trae el mayor gozo a tu vida? No olvides que nuestra vida terrenal tiene un límite, alcanzar cada una de tus metas o formar una familia, no está mal, pero ¿qué viene después de eso? Por muy difícil que haya sido todo en tu vida, no hay mayor privilegio que conocer a Dios. ¡Alégrate! porque poco a poco te vas acercando a la meta de tu fe, que es la salvación.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No soy digno…

¿Alguna vez has fallado a tus padres? Seguro que sí, ningún hijo es perfecto y muchas veces hemos fracasado en nuestras calificaciones, en cumplir un encargo o mandato que nos han dado. Sin embargo, esta no ha sido una razón para que nos dejen de alimentar y cuidar, puesto que nuestros padres nos aman y quieren hacerlo; porque a pesar de cómo seamos, ellos conocen nuestras necesidades.

Así mismo, a veces tenemos miedo de acercarnos al Señor para pedir su ayuda, porque tenemos vergüenza, en el fondo de nuestro corazón sabemos que no somos dignos, esto por los pecados que cometemos o porque estamos cada día más lejos de Dios; cualquiera fuera el caso, no olvidemos que siempre necesitaremos de Él.

“Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.

Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.

Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.” Mateo 8:5-10 (RVR 1960).

El centurión era una autoridad responsable de cien soldados. Su criado estaba en un estado crítico, por lo que busca a Jesús para pedir su misericordia, es posible que haya tenido una lucha emocional antes de pedir su ayuda porque no se creía digno de ser atendido por el Señor, pero eso no lo detuvo para tener un encuentro con Dios.

“Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora.” Mateo 8:13 (RVR 1960).

Algo que permitió que este hombre reciba el milagro de Dios es que no dudo ni por un momento que el Señor podía responder a su necesidad, a pesar de que él no era digno o no lo merecía, sabía que Jesús tenía misericordia; seguramente este fue un inicio en su vida espiritual y también puede ser el tuyo para volver a tu padre.

¿Necesitas ayuda de Dios? Si estás enfrentando alguna dificultad tal vez es con un propósito, es posible que sea tiempo de volver al camino; no olvides que separados de Él nada podremos hacer.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Litigios del alma

El alma.

En la película “21 gramos”, entre otros temas de intenso interés, se menciona la idea de que el alma pesa esos pocos gramos que se perderían del cuerpo al momento de que ésta vuela.

Desde antiguo la idea del alma atrae a cristianos y creyentes de otras religiones. No vamos a discutir aquí su existencia real porque es un tema de fe, no de evidencia material. Aparte que los estudios del Dr. Duncan MacDougall sobre el tema están lejos de ser concluyentes a la vista de la más elemental razón.

Lo que sí resulta de interés para mi continua curiosidad sobre las cosas que creen o no creen los cristianos es la afirmación de que el alma es la depositaria final y exclusiva de la salvación.

Lo grato de esta discusión es que no tengo que entrar en litigio con la evidencia bíblica que ellos reclaman al respecto sino con los efectos prácticos de tal creencia.

La consecuencia más dramática de creer que todo reside en el alma es el menosprecio por todo lo material. El cuerpo sería una cosa inferior, algo que habría que someter al flagelo de la disciplina en beneficio de cierta elevación espiritual del alma que lo haría a uno más “digno”.

Por otra parte, toda producción cultural que no provenga de cristianos es considerada de menos o de ninguna importancia. Política, relaciones internacionales, ciencia, literatura o arte no forma parte del interés del alma. Esta sólo se preocupa de lo de arriba y de la institución que la convoca, es decir, la iglesia.

Además la persona cuya alma está salvada no tiene interés en luchar por la transformación de la sociedad ni por la mejora de las condiciones de vida de la gente porque todo eso se configura dentro de lo profano por lo que no tiene relación con las cosas llamadas espirituales.

Finalmente, el alma salvada tiene como única y prioritaria mira su entrada final y triunfante a la eternidad. Es lo que algunos pensadores cristianos actuales llaman la “escatologización de la esperanza”: nada tiene interés presente excepto el momento climático del vuelo hacia la eternidad.

Así que la reflexión no se debería centrar tanto en la base bíblica de su existencia porque todo ello constituye un acto de fe. Lo que debería interesarnos es la aplicación de esta creencia en la vida cotidiana presente.

Nueva vida en Él

“Ustedes bien saben que, por medio del bautismo, nos hemos unido a Cristo en su muerte. Al ser bautizados, morimos y somos sepultados con él; pero morimos para nacer a una vida totalmente diferente. Eso mismo pasó con Jesús, cuando Dios el Padre lo resucitó con gran poder.” Romanos 6:3-4 (TLA).

El bautismo es un acto de obediencia al Señor en la cual un cristiano después de haber aceptado Jesús como Su Señor y Salvador es sumergido en agua, lo cual simboliza el fin de un modo de vida y el comienzo de algo nuevo. Es decir, que cuando nos bautizamos empezamos a vivir siendo obediente a los mandamientos de Dios. Sin embargo se necesita de una cierta madurez para tomar esta decisión y permitir que el Señor de ahora en adelante dirija nuestras vidas.

Entonces, ten presente que el bautismo es importante puesto que es un acto de obediencia en el cual una persona hace una proclamación pública de fe demostrando su nueva vida en Cristo. 

Y tú ¿Ya decidiste dar ese paso de obediencia?

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Inmortal

“Todo el que vive en mí y cree en mí jamás morirá. ¿Lo crees, Marta?” (Juan 11:26 NTV)

¿Alguna vez te interesó la palabra “inmortal”? Dios es Eterno e inmortal, vive por siempre.

El diccionario la define inmortal como: “aquel cuya vida es eterna ya que no puede fallecer”, y lo relacionan a seres mitológicos o de ficción; pero no podemos comprender  la inmortalidad real en series de televisión sino con la palabra del Señor.

La Biblia nos narra la historia de Lázaro, uno de los amigos íntimos de Jesús. Este hombre lo recibía en su casa cada vez que el Maestro pasaba por Betania, era un buen amigo, hospitalario y amable, pero un día Lázaro enfermó de gravedad.

Jesús se enteró de la noticia pero no fue inmediatamente a ver a su amigo, esperó unos días pero en esa espera Lázaro murió.

“—Después agregó—: Nuestro amigo Lázaro se ha dormido, pero ahora iré a despertarlo.”(Juan 11:11 NTV)

Cuando Jesús llegó a Betania, María le dijo que si hubiese llegado antes su hermano no habría muerto, lo mismo hizo Marta; es lo que cualquier persona hubiese hecho ante tal situación, pero Él les habló sobre la importancia de la fe, de creer, les dijo que Lázaro iba a resucitar.

Jesús se dirigió a la tumba, lloró y luego pasó lo siguiente: “Entonces Jesús gritó: «¡Lázaro, sal de ahí!».  Y el muerto salió de la tumba con las manos y los pies envueltos con vendas de entierro y la cabeza enrollada en un lienzo. Jesús les dijo: «¡Quítenle las vendas y déjenlo ir!».” (Juan 11:43-44 NTV)

Lázaro resucitó y fue un testimonio vivo del poder del Señor, por este milagro mucha gente creyó en Jesús.  Lázaro vivió por un tiempo más y cuando le llegó la muerte alcanzó la inmortalidad al creer en Jesucristo.

Jesús murió y resucitó al tercer día quitándole las llaves de la muerte al que tenía el imperio de la misma, al recibir a Cristo en el corazón y vivir para Él en obediencia a su palabra, los hijos de Dios alcanzamos la vida eterna en el reino de los cielos evitando la muerte segunda en el lago de fuego.

1 Corintios 15:53 NTV: “Pues nuestros cuerpos mortales tienen que ser transformados en cuerpos que nunca morirán; nuestros cuerpos mortales deben ser transformados en cuerpos inmortales.”

¿Alcanzaste la vida eterna en Cristo?

Por Carlos E. Encinas

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Sálvanos Señor que perecemos!

La Biblia cuenta la historia de un momento cuando los discípulos se encontraron en una situación de peligro, donde incluso implicaba perder la vida.

“Ese día al anochecer, les dijo a sus discípulos: Crucemos al otro lado. Dejaron a la multitud y se fueron con él en la barca donde estaba. También lo acompañaban otras barcas. Se desató entonces una fuerte tormenta, y las olas azotaban la barca, tanto que ya comenzaba a inundarse. Jesús, mientras tanto, estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, así que los discípulos lo despertaron. ¡Maestro! gritaron, ¿no te importa que nos ahoguemos? Él se levantó, reprendió al viento y ordenó al mar: ¡Silencio! ¡Cálmate! El viento se calmó y todo quedó completamente tranquilo. ¿Por qué tienen tanto miedo? dijo a sus discípulos. ¿Todavía no tienen fe? Ellos estaban espantados y se decían unos a otros: ¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?” Marcos 4:35-41 (NVI)


Imagino lo asustados que se encontraban los discípulos estando en una barca a punto de hundirse, aún sabiendo que Jesús se encontraba allí, era inevitable no sentir miedo.


Obviamente nada iba sucederles porque Jesús estaba con ellos, pero pareciera que los discípulos no conocían bien a su maestro y no tenían plena confianza en que al andar con Él, toda situación de peligro y riesgo era simplemente parte del camino; se enfocaron en lo que veían, en sus temores y no así en el capitán del barco.


¿Cuántas veces hemos actuado de esa forma? Sabemos que Jesús está a nuestro lado para socorrernos, pero creemos que su presencia no es suficiente, porque necesitamos ver sus obras.


Es posible que te encuentres en una situación de peligro y no sabes qué hacer. Pero hoy te animo a llevar dentro de tu barca al que tiene poder y dominio sobre toda tempestad, porque a pesar del silencio, Él está para darte la victoria.


Así que no te desanimes, en la vida tendremos tormentas y riesgos que enfrentar, pero si nuestra fe está puesta en Jesús, podremos ver más que la realidad, ver lo que Dios puede hacer y no sólo lo que podemos perder.


¿Estás dispuesto a poner tu confianza en Jesús?

Por Ruth Mamani

 

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¿Qué estás haciendo tú?

Hay casos tristes que se ven a diario en los noticieros y que realmente alarman, ¿qué está pasando con el mundo? Las personas ya no tienen temor ni vergüenza de hacer maldades a gente inocente.


Vosotros sois la sal del mundo, dice la Biblia y ¿Dónde está la sal cuando hay gente que se está perdiendo en el pecado? Sin duda también el enemigo está aprovechando para llevarse esas vidas al infierno porque así es él, es un ladrón, y ha venido a robar, matar y destruir, dice Juan 10:10


Un caso en particular que conmovió muchísimo hace semanas, fue de un padre que dio fin a la vida de sus 4 hijos, y luego intentó suicidarse. Sea cual sea la razón, me hizo pensar, este hombre no sólo mató a sus hijos físicamente, sino que quizás también los mandó al infierno, si es que ellos no conocieron a Jesús como Salvador. ¿Cómo un padre puede hacer esto?


Por otro lado ¿Qué estás haciendo tú para dirigir a la gente a Dios y así asegurarles que se irán al cielo? En medio de tantas malas noticias debe brillar la esperanza que Dios da, y cada uno de nosotros es responsable de ello, predicando acerca de la Salvación en Jesús.


“»Ahora, hijo de hombre, te pongo por centinela del pueblo de Israel. Por lo tanto, escucha lo que digo y adviérteles de mi parte. Si yo anuncio que unos malvados de cierto morirán y tú no les dices que cambien su manera de vivir, entonces ellos morirán en sus pecados y te haré a ti responsable de su muerte. En cambio, si les adviertes que se arrepientan y no lo hacen, morirán en sus pecados, pero tú te habrás salvado.” Ezequiel 33:7-9 NTV


No nos quedemos de brazos cruzados viendo como muchas personas se pierden y se van a la eternidad sin Dios, contemos cuál ha sido nuestra experiencia conociendo personalmente a Jesús y todo el amor que tiene para dar una vida nueva.


¡Sé parte de los que comparten su fe!

 

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¿Cómo está tu fe en Dios?

“Manténganse alerta; permanezcan firmes en la fe; sean valientes y fuertes.” 1 Corintios 16:13 (NVI)

Hay muchos que anhelan tener una fe inquebrantable y además es algo que Dios nos manda a desarrollar, pero el problema es que muchas veces no hay la disposición a pagar el precio por obtenerla.

La fe en Dios se va perfeccionado a diario, es el fruto de un trabajo arduo en conocerlo, estar en comunión, guardarse en santidad, y también considerar los desafíos de la vida como escalones hacia una fe firme.

Un ejemplo es de los tres jóvenes judíos, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cuando dijeron a Nabucodonosor: “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Daniel 3:17-18).

Ellos no sabían qué iba a hacer Dios ni cómo los libraría, pero su fe mantuvo su esperanza y aunque no veían la respuesta creyeron que Dios los salvaría porque estaban obedeciendo Su Palabra antes que  adorar a otros dioses. No les importó la condición en la que estaban sino en qué iban a hacer para que esa fe que tenían en Dios sea su fortaleza. ¡El Señor los salvó y respaldó su confianza!

Quizás sea fácil hablar de fe cuando todo marcha bien en nuestro alrededor, pero la fe que se desarrolla en medio de la tormenta es la más poderosa, la que te permite crecer espiritualmente, alcanzar los propósitos de Dios y experimentar la respuesta divina.

Tu fe en Dios no sólo debe estar viva cuando todo esté bien, sino también ante las adversidades, porque te unirá al corazón del Señor para que recibas fortaleza.

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Nadando contra la corriente

Es impresionante cómo el pez Salmón nada en contra de la corriente del río para poder volver a su lugar de origen, tiene que pasar torrentes que son extremadamente rápidos, y no puede permitirse ni siquiera un descanso, ya que al hacerlo la corriente del río lo arrastraría invariablemente. De la misma manera como hijos de Dios debemos mantener nuestra integridad sin dejarnos llevar por la corriente del mundo.


Al igual que el salmón la pasividad solo nos llevaría a ser arrastrados hacia donde no queremos ir. Desde el mismo momento en que aparecen las dudas en el camino de nuestra fe, corremos serios riesgos de ser llevados por la corriente del mundo. Es por ello que Dios nos da una mandato: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” Josué 1:9 (RVR 1960).

Por Neyda Cruz

 

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Sin fe, nada pasará

“La fe es la confianza de que en verdad sucederá lo que esperamos; es lo que nos da la certeza de las cosas que no podemos ver.” Hebreos 11:1 (NTV)


La Biblia está llena de relatos maravillosos que muestran a Dios haciendo innumerables milagros y sanidades, podemos ver ciegos recuperando la vista, paralíticos de pie, leprosos sanos, endemoniados libres y hasta muertos resucitando. Pero parece que hoy en día esto no sucede, ¿Por qué?


Las escrituras relatan que las personas de aquel tiempo buscaban a Jesús con una fe inquebrantable y eran capaces hasta de romper techos para recibir un milagro. (Marcos 2:1-12) Esto explica porque muchas veces nosotros no recibimos respuesta a nuestras oraciones.


Pregunto: ¿Buscas a Dios creyendo y confiando en Él?


“Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora.” Mateo 9:22.


“Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.” Marcos 10:52.


“Y él le dijo: «Hija, tu fe te ha sanado. Ve en paz. Se acabó tu sufrimiento».” Marcos 5:34 (NTV)


Es la fe que tienes lo que provocará que ocurran cosas maravillosas y recibas respuesta a tus oraciones. Sin fe y confianza nada ocurrirá, porque escrito está que sin fe es imposible agradar a Dios.


En Marcos 6:5-6 la Biblia dice que Jesús no pudo hacer ningún milagro debido a la incredulidad de las personas, sólo puso sus manos sobre algunos enfermos para sanarlos. Debido a esta situación, el Señor estaba asombrado porque su propia gente no creía en Él.


Analiza tu relación personal con Dios y medita en la fe que tienes. ¿Crees firmemente que Dios obrará en tu situación o todavía dudas? Porque si tu fe está en Dios, Él hará en tu vida cosas inexplicables a los ojos de los demás.

 

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¿Realmente confías en Dios?

A cuántos de nosotros no nos ha tocado atravesar circunstancias complicadas, momentos duros que nos llevan a observar nuestro estado espiritual y a valorar si nuestra fe es firme o no.

Como humanos tendemos a desesperarnos y afligirnos, olvidamos que contamos con la ayuda de Dios, y en lugar de enfocarnos en Sus promesas, nos perdemos cavilando en maneras de solucionar nuestro problema. Y hasta pedimos a Dios que nos dé una salida, pero terminamos limitándolo, puesto que, aunque pedimos no esperamos recibir Su respuesta, porque seguimos buscando soluciones por nuestros propios medios sin dar descanso a nuestra mente.

“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; 4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, 5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” 2 Corintios 10:3-5 (RVR1960).

En este pasaje el apóstol Pablo nos recuerda que aunque andemos en la carne no actuamos según la carne, o al menos no deberíamos; es de Dios de quien recibimos armas poderosas para vencer fortalezas, argumentos, toda altivez, y también para llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia  a Cristo.

Esto significa que es posible tener control de nuestros pensamientos, entonces, a pesar de las dificultades podemos encontrar descanso en Dios, siempre que pidamos y además aprendamos a confiar en la provisión y cuidado del Señor.

En la Nueva Traducción Viviente, se define a la fe como la confianza de que sucederá lo que esperamos.

“La fe es la confianza de que en verdad sucederá lo que esperamos; es lo que nos da la certeza de las cosas que no podemos ver.” Hebreos 11:1 (NTV).

Por lo tanto, si crees en Dios pero no confías en Él y en que recibirás respuesta suya, lamentablemente estás dando pie a la incredulidad, que es lo opuesto a la fe.

Hoy te animo a analizar cuánto confías en Dios realmente, ¿logras descansar en Él cuando atraviesas por alguna dificultad o más bien terminas confiando en tu capacidad para resolverlo?

Por Cesia Serna

 

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