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Tiempo de lectura: 2 minutos

Me ha estrellado contra el suelo; me ha hecho morder el polvo. Me ha quitado la paz; ya no recuerdo lo que es la dicha. Y digo: «La vida se me acaba, junto con mi esperanza en el Señor». Recuerda que ando errante y afligido, que estoy saturado de hiel y amargura. Siempre tengo esto presente, y por eso me deprimo.

Lamentaciones 3:16-20 (NVI)

¿Has tenido este tipo de pensamientos? ¿Te has sentido sin esperanza por las dificultades que te ha tocado atravesar? O quizá lo estás viviendo en estos momentos y te frustras al ver que todo te sale mal y hasta llegaste a pensar que Dios se ha olvidado de ti. Tal vez no sepa lo que te angustia, pero lo que sí sé es que no eres el único, Jeremías (el autor del libro de lamentaciones) se encontraba en una situación deprimente, posiblemente se sentía encerrado en un hoyo, sin saber qué hacer o a hacia dónde ir.

Puede que hoy te encuentres en ese llamado “callejón sin salida”, sin la mínima idea de cómo salir de ahí. Sé que no es fácil, ni siquiera es posible conciliar el sueño porque la mente se concentra  en cómo resolver tal situación e intentar que todo vuelva a la calma. Pero si continuamos la lectura y nos vamos al versículo 21 del mismo capítulo de Lamentaciones, encontramos lo siguiente:

“Pero algo más me viene a la memoria, lo cual me llena de esperanza:…”

¿Qué fue aquello que el autor recordó y que le dio la esperanza de volver a ponerse en pie? Quizás después de haber lamentado su situación, se detuvo por un momento para recordar algo tan importante que no debió olvidar jamás, ¿Sabes de qué se trata? ¡Del amor de Dios!

El gran amor del Señor nunca se acaba, y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad! Por tanto, digo: «El Señor es todo lo que tengo. ¡En él esperaré!»

Lamentaciones 3:22-24 (NVI)

Y justo en ese momento algo cambió dentro de él, ya no más depresión, no más abatimiento, porque el remedio a todos sus males llegó. De igual forma sucede con nosotros, si nos enfocamos sólo en nuestros problemas, olvidaremos de todas las cosas buenas que también nos han sucedido a lo largo de nuestra vida.

Jesús vino a sacarte del hoyo en el que te encuentras hoy, ya no lamentes lo sucedido, no vale la pena. Y si hay algo que deseas recordar que sea el amor de Dios sobre tu vida, la oportunidad de vivir que Él te dio, la familia de la que eres parte. Hay tanto que agradecer, así que, no te enfoques en el problema, mira a Jesús y el alivió llegará a tu corazón aún en medio de toda dificultad.

Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias;

Salmos 103:3-4 (RVR1960)

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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