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Tiempo de lectura: 2 minutos

La esencia de la idolatría ha sido para muchos, algo transaccional. Damos admiración, adoración y tenemos la ilusión de recibir algo a cambio por eso. Pero cómo nos cuesta idolatrar a Dios. Tenemos la falsa creencia de que necesitamos adorar cualquier otra cosa que nos traiga aprobación de otros o que nos haga elegibles a formar parte de su grupo.

El hecho es que tenemos afectos que dar y nos llegan a hacer sentir que los podemos usar como transacciones. Cuando damos de ese afecto esperamos que nos retornen afecto. Sin embargo, generalmente no recibimos lo esperado, lo prometido. Tantas personas desilusionadas cuando ven que su ídolo de los deportes o del cine, han caído en una acción aborrecible. Que su amigo le ha mentido y lo ha usado. Que esa persona que idolatraba llevaba una segunda vida escondida.

Aún así, es increíble ver la facilidad con la que las personas siguen siendo capaces de creer en cualquier imagen de moda. Las tendencias y cómo las siguen nos deja ver lo prestos que estamos a adorar. Pero cómo nos cuesta convencer a esas personas de adorar a Dios. Mencionamos a Jesús y es como que los ofendemos; pero se les facilita creer incluso en cualquier dato “interesante” y “novedoso” que crearon a veces de la nada.

En lugar de perseguir esos falsos ídolos, esas novedosas modas, podemos recordar que hay solo Uno que es digno de confianza total, que no cambia y que está en control. En lugar de seguir tratando de estar en control, de nuestras vidas, de nuestro entorno y nuestro destino, dejemos que Dios lo haga. Confiemos en Dios. Él siempre está ahí cuando lo necesitamos. Hagamos de Dios nuestro ídolo. Que no nos cueste idolatrar a Dios.

¿Acaso no te has animado a levantarte, aplaudir y gritar celebrando la victoria de un equipo de deporte? Puede que lo hayas hecho en la presentación de una obra teatral o en la de un grupo musical en concierto. Pero, ¿te cuesta levantar las manos en una canción de adoración en la iglesia o en un estudio Bíblico? Piénsalo bien. Idolatra también a Dios, el Único realmente digno de nuestra adoración.

Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.

Mateo 22:37

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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