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La vida es corta, aprovecha cada instante 1

La vida es corta, aprovecha cada instante

“Haznos entender que la vida es corta, para así vivirla con sabiduría.” Salmos 90:12 (PDT)

Qué rápido pasa el tiempo, estamos a punto de culminar este 2018 y pasar a un nuevo año. Quizás para muchos este sea un año inolvidable y para otros un año para el olvido, pero lo cierto es que este 2018 jamás volverá a repetirse.

Sin embargo, debemos analizar nuestra vida y reflexionar en la manera de vivir que llevamos, porque de todo lo que hagamos en esta vida un día rendiremos cuentas a Dios. El Señor dice: “…disfruten de cada momento. Hagan todo lo que quieran hacer, ¡no se pierdan nada! Pero recuerden que tendrán que rendirle cuentas a Dios de cada cosa que hagan.” Eclesiastés 11:9 (NTV)

¿Cómo está tu relación personal con Dios? ¿Cuánto tiempo le dedicas al Señor para buscarlo y meditar en su palabra? ¿Sirves a Dios en la iglesia o en algún otro lugar como Él se merece? ¿Compartes el mensaje de Jesús con las personas? ¿Estás viviendo conforme a su palabra?

Cada uno de nosotros es responsable y consciente de cómo está delante de Dios. Si en este momento te encuentras lejos de Dios y envuelto en problemas, necesitas volver al Señor. Jesús dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” Juan 15:5.

No podemos retroceder el tiempo, pero podemos aprovechar este día y los que vendrán para mejorar nuestra relación con Dios y sobre todo, para transmitir el amor del Señor a través de nuestra actitud.

Recuerda que, “todo el que ama es un hijo de Dios y conoce a Dios;  pero el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.” 1 Juan 4:7-8 (NTV)

Aprovecha cada día de tu vida y vive amando a todos los que te rodean.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cuando la tarde cante 2

Cuando la tarde cante

Qué difícil era pensar en la orilla del agua, los cerros cercanos, el viento y las hojas caídas. En el centro de la ciudad evocar la soledad de la montaña era casi imposible. Sólo se oía el ruido de las sirenas de las ambulancias o la policía, el tren que cada cuatro o cinco horas cruza las avenidas y los parques, las motos con sus insolentes escapes libres.

Cada tanto, la memoria de la penúltima casa del pueblo acudía para mitigar un poco el cansancio de las cosas cotidianas. Había estado ahí por unos meses y se le antojaba ser el último lugar donde había experimentado una paz casi perfecta. ¿Cómo era la frase de la doctora Betancourt? “Hay que envejecer para apreciar la paz.”

Es verdad que la tranquilidad tiene más que ver con el estado de la conciencia. El sentimiento de no tener cuentas pendientes es un tesoro invaluable difícil de encontrar. Siempre hay alguna arista, algún asunto que terminó mal, una cuestión inconclusa que inquieta el espíritu, una materia que disuelve el sueño y transforma las noches en un desierto blanco y estéril.

Sin embargo, el rumor del agua en el río o el lago, el viento y el sol que se desmadejan entre los pinos, las nubes que anuncian una tormenta benigna apaciguan el ardor de las jornadas y ralentizan la maquinaria de los pensamientos. Abren la puerta a la plegaria, propician el encuentro con la reflexión, invitan a la razón a reconocer el camino donde se perdieron cosas importantes y se adquirieron algunas tristezas imborrables.

La ciudad apura los pasos, apretuja los deberes, multiplica la rutina, vacía de energía la acción creadora. Repiquetea sus demandas, altera los sentidos, llena la mente de cuidados y alarmas. Se vuelve a revisar si uno cerró con llave la puerta de entrada, se olvida un teléfono o una billetera en la mesa del café.

Hace unos días leí unas palabras de Arthur Rimbaud que bien pueden considerarse un corolario para estos pensamientos peregrinos, o una expresión un poco más bella de la esperanza:

“Iré, cuando la tarde cante, azul, en verano, herido por el trigo, a pisar la pradera; soñador, sentiré su frescor en mis plantas y dejaré que el viento me bañe la cabeza.”

Gente 3

Gente

Tanta gente.
Que cree cosas. Que sigue mansamente la voz de los que mandan. Que no cuestiona nada ni se le ocurre que haya algo que cuestionar. Que nunca se hizo preguntas sobre lo que les instilaron como educación cuando entraron felices en los cuadros del sistema. Que no encuentra fisuras en el edificio institucional. Que nunca le vino a la cabeza que las verdades irrecusables pueden ser no más que puntos de vista, tradiciones incorporadas como la pátina de polvo que se acumula sobre la pulida superficie de los muebles. Que nunca se preguntó si no habría más reflexión disponible respecto del discurso pronunciado desde las solemnes plataformas. Que repite el argumento hasta la náusea. Que cierra sus oídos a toda otra interpretación Que resume la vida es esquemas, en principios generales y en cuatro definiciones fundamentales.
Tanta gente.
Que huye del natural comportamiento de las emociones y los sentimientos. Calificando intenciones. Juzgando motivos. Que sentencia historias ajenas porque no entran en el círculo de su “escala de valores”. Que reprime sentidos originales que desterraron del mundo antiguos nuncios extranjeros. Que mata sus propias historias, que olvidó su propio lenguaje y que lee el mundo y la vida con el idioma de reverendos y magistrados venidos de otras latitudes. Que abjura de su pasado como si no existiera porque no cabe en los artículos de fe del Manual de Cortapalos que les dieron a la entrada.
Tanta gente.
Sin conciencia de su tiempo. Desorientada por agoreros y videntes a sueldo que no tienen ni la más remota idea de los auténticos signos de los tiempos. Consumidora final de noticieros pauteados, aparatos multimedia, comida chatarra, encuestas de opinión y revistas de divulgación científica. Que se suma a las consignas de moda y las distribuye por internet porque le parecen tan importantes.
En fin, tanta gente…

10 preguntas que debes hacerte todos los días 4

10 preguntas que debes hacerte todos los días

Los niños tienen la habilidad de maravillarse de todo. Cuando son pequeños, todo es nuevo y fascinante para ellos. Sin embargo, cuando comienzan a crecer, se acostumbran a lo que se encuentra a su alrededor y ya no se asombran con facilidad. Si antes les parecía extraordinario la manera en que funcionan las cosas, una vez que aprenden cómo se realiza, ya no tienen más admiración por ellas.

De adultos, estamos tan acostumbrados a despertar y seguir viviendo, que olvidamos que el simple hecho de abrir los ojos cada mañana es un milagro. Al entender esto, debemos aprender a ser más considerados y agradecidos con cada nuevo día. De esta manera, podremos vivir de manera diferente y productiva. Estas son algunas preguntas que ayudan a reflexionar sobre la vida y a darse cuenta de lo que realmente importa:

  1. ¿Qué aprendí de ayer?
  2. ¿Qué puedo cambiar hoy?
  3. ¿En qué pienso invertir mi tiempo libre?
  4. ¿Cómo puedo mejorar mis relaciones interpersonales?
  5. ¿Las decisiones de hoy tendrán repercusión a largo plazo?
  6. ¿Estoy orgulloso de los planes que tengo para hoy?
  7. ¿Tengo algún problema con alguien que deba solucionar?
  8. ¿Qué puedo hacer para ayudar a otros?
  9. ¿De qué manera quiero recordar este día?
  10. ¿Qué mal hábito debo cambiar hoy?

Tampoco debemos dejar de lado la oración, el ejercicio y la lectura de la Biblia. Ésos son los tres ingredientes para comenzar el día de la mejor manera posible.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Pensar o no pensar 5

Pensar o no pensar

Creo que la reflexión filosófica no debe alejarse de la coyuntura política de este tiempo. Por eso también creo que… tiene que intentar dar un paso adelante sobre el mero análisis para convocarnos en la irritación, en la incomodidad, en la necesidad de exigirnos pensar. Porque si la filosofía no incomoda, no es filosofía, dice Emmanuel Taub, doctor en Ciencias Sociales (Universidad de Buenos Aires), filósofo, poeta y editor en una entrevista del domingo en un matutino nacional.
Como el Quijote, ya medio loco por tanta lectura de libros de caballería, quisiera ponerle mi firma a esta declaración como si yo la hubiera escrito. Trayéndola a nuestros círculos evangélicos diría que si la reflexión entre los cristianos no incomoda, no irrita, no obliga a pensar no es reflexión para nada. Hay demasiada complacencia y superficialidad en el tipo de cuestiones y preguntas que se plantean en los medios evangélicos.
Debo haberles hablado aquí de aquel profeta antiguo que nos cuenta cómo la gente le pedía que les dijera cosas livianas, halagüeñas, agradables. No querían que les hicieran pensar sobre el deterioro político, humano y religioso de Israel y mucho menos que les hicieran acuerdo de sus pecados – nacionales y personales.
En otro pasaje del reportaje mencionado se lee, …(I)nvitar a un cambio de perspectiva o a una forma distinta de ver el mismo problema. En palabras de Slavoj Zizek, ayudar a corregir las preguntas más que dar respuestas. Desafiar a la complacencia y reformular las preguntas son dos cosas que hemos planteado aquí – en una suerte de voz en el desierto, claro está. Nuestra audiencia considera que la reflexión y el serio cuestionamiento de los asuntos revela que uno no ha sido bautizado por el Espíritu Santo. Nunca he podido comprender por qué los evangélicos creen que el don del Espíritu Santo es sinónimo de no pensar; y que pensar es contristarlo!
Pensar la Biblia, pensar la iglesia, pensar la vida, pensar el país, pensar el mundo para que el resultado de ese pensamiento – potenciado por el Espíritu Santo – nos mueva a ser testigos vivientes y comprometidos de Cristo en la realidad pública; porque pensar por pensar es, para citar de nuevo al mismo profeta, embarazarse y llegado el tiempo tener dolores de parto y dar a luz viento! En otras palabras, un esfuerzo y un gasto inútil de recursos.

Eso, en este espacio, no lo tratamos.

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Meditación 6

Meditación

Tengo un amigo que escribe unos Devocionales en pijamas. El devocional es una de las variadas formas que la gente cristiana tiene para acercarse al texto bíblico. Se toma un pasaje de las Escrituras y se le da un breve tratamiento, que usualmente tiene que ver con la consagración, la fe, el amor, la fidelidad, la paciencia o las relaciones humanas.
Quise hacer algo parecido hace algún tiempo. El concepto de pijamas lo veía relacionado con la intimidad del hogar, un espacio privado a saludable distancia de la cotidianidad del trabajo, la ciudad, el mundo exterior. Así que los quise titular Devocionales en overol, con el fin de instalar la idea de una Palabra militante, en interacción en la política, la economía, la cultura, los problemas sociales y otras cosas públicas. Envié uno o dos y me di cuenta que no iba a tener el tiempo para hacer algo así, pensando en los tres artículos que publicamos aquí cada semana en medio de mis otros asuntos de vida personal y trabajo. Así que me propuse otra cosa: incluir en esta columna uno de esos devocionales, quizá cada semana.
Es un hecho sabido que mi lectura de la Biblia me lleva casi siempre por derroteros distintos a los que la mayoría de los cristianos transitan cuando consideran su mensaje. Eso se debe yo creo a que los creyentes son instados a entender la Biblia de la manera en que se la explican los mediadores (maestros, predicadores), por lo que las interpretaciones se ven reducidas al material que han producido los que piensan la Palabra.
Entonces llamé a estas breves entregas Meditaciones inconvenientes. Lo de “inconveniente” se explica porque su lectura provoca casi siempre reacciones contrarias lo cual me pone, supongo, en entredicho con las personas acostumbradas a una lectura predecible del texto. Y a veces la reflexión que uno hace fuera de los márgenes lo pone en una situación incómoda. Inconveniente.
Finalmente he resuelto llamarlas Meditaciones impertinentes porque a pesar de leer los mismos episodios y pasajes que leen todos, siempre hallo una mirada inesperada, un punto invisible, o quizá una conclusión que no se acomoda con la de los señores de la Palabra.
Van a salir a lo menos una vez por semana y voy a usar el modo de las series de TV: Meditaciones impertinentes – Temporada 1 – Episodio 3 (que ya apareció en este blog el lunes pasado).

Palabra fácil 7

Palabra fácil

Esta mañana, viniendo al trabajo, leí un grafitti, un rayado en el muro de una panadería: “No hay revolución sin evolución de conciencias”. Esas frases se encuentran todos los días en Twitter, Facebook, Instagram y otros muros inefables que nos ha ofrecido desde hace tiempo la internet. Son parte de esa cultura pop que ha usurpado el espacio del pensamiento, la reflexión y el rigor conceptual y ha instalado un nutrido rosario de frases hechas de a peso la docena que han sido sacadas de algún libro o de una recopilación de frases famosas, o bien efectivamente han sido escritas por un febril activista de masas en una mesa de café a las tres de la mañana.
Son fragmentos del discurso emotivo y visceral que mueve a la masa, que le ahorra el trabajo de pensar y la prepara para obedecer ciegamente a los dictados del agitador o demagogo de turno. Esas frases del tipo el pueblo al poder, avanzar sin transar, somos más y vamos a ganar, son capaces de generar un desorden o un estallido que cambiará el curso de la historia, en la mayoría de los casos para mal y unas pocas veces para bien.
No deja de sorprendernos, aunque el cuero se va acostumbrando a todo, cómo el lenguaje se va reduciendo cada vez más, la palabra se va transformando en emoticones y términos abreviados que nos remiten al lenguaje gutural de los bebés o de las primitivas comunidades cavernícolas.
No se trata solamente del deseo obsesivo de esquivar el tiempo y el espacio y mucho más el trabajo de la lectura y la reflexión, porque hay muchas otras manifestaciones de la cultura que van por el mismo derrotero. Lo más angustiante de todo esto es que uno se da cuenta (y la mayoría de la gente no) que esa reducción acelerada y la progresiva destrucción del hábito de pensar críticamente da como resultado una masa manipulable, un agregado de seres humanos a los que se puede convencer con un tuit, un meme, una frase ardiente en un discurso político o en una predicación emocionada.
Posiblemente la revolución sí requiera de conciencias más evolucionadas. Entonces la tragedia de este grafitti no es únicamente su brevedad; lo es también la imposibilidad de que haya conciencias evolucionadas porque la palabra y la imagen se van reduciendo hasta el punto en que desaparece el ser y predomina el mero sentir.

Tanta gente 8

Tanta gente

Tanta gente.
Que cree cosas. Que sigue mansamente la voz de los que mandan. Que no cuestiona nada ni se le ocurre que haya algo que cuestionar. Que nunca se hizo preguntas sobre lo que les instilaron como educación cuando entraron felices en los cuadros del sistema. Que no encuentra fisuras en el edificio institucional. Que nunca le vino a la cabeza que las verdades irrecusables pueden ser no más que puntos de vista, tradiciones incorporadas como la pátina de polvo que se acumula sobre la pulida superficie de los muebles. Que nunca se preguntó si no habría más reflexión disponible respecto del discurso pronunciado desde las solemnes plataformas. Que repite el argumento hasta la náusea. Que cierra sus oídos a toda otra interpretación Que resume la vida es esquemas, en principios generales y en cuatro definiciones fundamentales.
Tanta gente.
Que huye del natural comportamiento de las emociones y los sentimientos. Calificando intenciones. Juzgando motivos. Que sentencia historias ajenas porque no entran en el círculo de su “escala de valores”. Que reprime sentidos originales que desterraron del mundo antiguos nuncios extranjeros. Que mata sus propias historias, que olvidó su propio lenguaje y que lee el mundo y la vida con el idioma de reverendos y magistrados venidos de otras latitudes. Que abjura de su pasado como si no existiera porque no cabe en los artículos de fe del Manual de Cortapalos que les dieron a la entrada.
Tanta gente.
Sin conciencia de su tiempo. Desorientada por agoreros y videntes a sueldo que no tienen ni la más remota idea de los auténticos signos de los tiempos. Consumidora final de noticieros pauteados, aparatos multimedia, comida chatarra, encuestas de opinión y revistas de divulgación científica. Que se suma a las consignas de moda y las distribuye por internet porque le parecen tan importantes.
En fin, tanta gente…

Tanta gente 10

Tanta gente

Tanta gente.
Que cree cosas. Que sigue mansamente la voz de los que mandan. Que no cuestiona nada ni se le ocurre que haya algo que cuestionar. Que nunca se hizo preguntas sobre lo que les instilaron como educación cuando entraron felices en los cuadros del sistema. Que no encuentra fisuras en el edificio institucional. Que nunca le vino a la cabeza que las verdades irrecusables pueden ser no más que puntos de vista, tradiciones incorporadas como la pátina de polvo que se acumula sobre la superficie de los muebles. Que nunca se preguntó si no habría más reflexión disponible respecto del discurso pronunciado desde las solemnes plataformas. Que repite el argumento hasta la náusea. Que cierra sus oídos a toda otra interpretación. Que resume la vida en esquemas, en principios generales y en cuatro definiciones fundamentales.
Tanta gente.
Que huye del natural comportamiento de las emociones y los sentimientos. Calificando intenciones. Juzgando motivos. Que enjuicia historias ajenas porque no entran en el círculo de su “escala de valores”. Que reprime sentidos originales que desterraron del mundo antiguos nuncios extranjeros. Que mata sus propias historias, que olvidó su propio lenguaje y que lee el mundo y la vida con el idioma de reverendos y magistrados venidos de otras latitudes. Que abjura de su pasado como si no existiera porque no cabe en los artículos de fe del Manual de Cortapalos que les dieron a la entrada.
Tanta gente.
Sin conciencia de su tiempo. Desorientada por agoreros y videntes a sueldo que no tienen ni la más remota idea de los auténticos signos de los tiempos. Consumidora final de noticieros pauteados, aparatos multimedia, comida chatarra, encuestas de opinión y revistas de divulgación científica.
En fin, tanta gente…

¿Eres orgulloso? 11

¿Eres orgulloso?

Hay mucha diferencia entre la clase de orgullo que Dios odia (Proverbios 8:13) y la clase de orgullo que podemos sentir por un trabajo bien hecho.

El orgullo con el que nos vanagloriamos y nos jactamos de lo que hemos logrado es pecado y Dios lo odia porque se convierte en obstáculo para nuestra búsqueda de Él.

Cuando las personas solo se preocupan por sí mismos y piensan al tomar decisiones solo en sí mismos; cuando no consultan con Dios y tampoco con su pareja o en otros casos con sus superiores en el cargo o puesto de trabajo, están cayendo en la clase de orgullo que Dios detesta. Ese tipo de orgullo es lo opuesto al espíritu de humildad que Dios busca. Los orgullosos llegan a pensar que no necesitan de Dios o que Dios los debe aceptar tal como son, porque ellos se lo merecen.

Hemos visto en las escrituras las consecuencias del orgullo. Precisamente por orgulloso, Satanás fue echado del cielo. Lo vimos en la historia de Nabucodonosor en Daniel 4. Si no lo has leído, es una historia fascinante con extraordinaria lección.

El orgullo ha impedido que muchos acepten a Jesús como su Salvador, y tienen el concepto de que la historia de Jesús fue creada por los seres humanos para controlar. Muchos piensan que el poder está en ellos. Es como toda esa nueva ola de personas que dicen que el poder está en ti, que “lo declaras y lo reclamas”. Son todas guías hacia el orgullo, pues dan a ver como que tenemos el poder de Dios en nosotros. Son conceptos errados.

Tenemos un Dios maravilloso que nos ama y si es cierto que muchas veces nos consiente, pero no debemos creer que nos merecemos lo que nos da. La humildad es una de las cualidades que Dios más ama. Pídele a Dios que te revise y te deje ver si tienes algo en ti que haya que cambiar. ¡Es bueno hacerlo a diario!

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