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9 características que todo cristiano debe tener

Ser cristiano significa seguir el ejemplo de Jesús. Cuando lo aceptas en tu vida, Dios se convierte en el dueño y Señor de todo lo que tienes; y por lo tanto, tu vida cambia. Gálatas 5:22-23 (TLA) dice: “El Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser humildes, y saber controlar nuestros malos deseos. No hay ley que esté en contra de todo esto.” De este versículo se entiende que todo cristiano que verdaderamente tiene a Jesús en su corazón, debe reflejar las siguientes características:

Es imposible que alguien diga que es cristiano y no refleje amor. Esto en sí ya es una contradicción directa, pues, Dios es amor. La Biblia no nos dice que amemos cuando el amor es recíproco, o cuando la otra persona lo merece; sino que amemos a otros de la misma manera en que lo hacemos con nosotros mismos. Sin embargo, para amar a otros, primero debemos amar a Dios. Marcos 12:30 dice: “Ama a tu Dios con todo lo que piensas, con todo lo que eres y con todo lo que vales”, una vez que cumples esa parte, amar a los demás es un simple reflejo de lo que ya llevas dentro: “Cada uno debe amar a su prójimo, como se ama a sí mismo” (v. 31 TLA).

Demostrar alegría no significa sonreír todo el día. Cuando eres cristiano, entiendes que tu lugar no está en la Tierra y que, por lo tanto, las cosas que aquí ocurren son pasajeras. Cada aflicción, problema, tristeza, o preocupación es nada comparado con la eternidad que nos espera. Colosenses 3:2 nos dice que fijemos nuestra atención en lo eternal; y cuando piensas en el cielo que Dios nos tiene preparado, la alegría que Él pone en nuestros corazones se muestra en cada área de nuestra vida.

“Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense!” (Filipenses 4:4, NTV).

Ser cristiano no significa estar libre de problemas, sino tener la paz y seguridad de Dios cuando estas cosas ocurren. Juan 16:33 (NTV) dice: “Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” Hay muchas técnicas y ejercicios que prometen traernos paz; sin embargo, la paz que Dios da no se iguala a ninguna otra, pues, su paz no es circunstancial, sino que es duradera.

La paciencia es algo que todo cristiano debe reflejar, independientemente de su personalidad. Ser paciente demuestra confianza, esperanza, amor, fe e inteligencia (Proverbios 14:29). Si alguien no es paciente, se puede perder las más grandes bendiciones que Dios tiene para su vida.

Ser amables implica demostrar un genuino interés por la otra persona. Filipenses  2:3-4 (DHH) dice: “..que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo. Ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien de los otros.” Uno puede practicar la amabilidad desde pequeños gestos y esforzarse para hacer que otros vean el fruto del amor que Dios nos da.

Hay distintas maneras de demostrar buen trato y una de ellas es con las palabras. Efesios 4:29 nos advierte que debemos decir palabras que edifiquen a la comunidad y traigan beneficios a quienes las escuchen. Debemos de tratar bien a otros, incluso cuando ellos no hacen lo mismo con nosotros. En Mateo 5:43-44 (TLA) también nos recomienda a orar por aquellos que no nos desean lo mejor: “Amen a sus enemigos y oren por quienes los maltratan. Así demostrarán que actúan como su Padre Dios, que está en el cielo.”

Dios nos pide depositar toda nuestra confianza en Él, sin importar los momentos difíciles que pasemos, así como dice Hebreos 11:1 (TLA): “Confiar en Dios es estar totalmente seguro de que uno va a recibir lo que espera. Es estar convencido de que algo existe, aun cuando no se pueda ver.” Dios sabe recompensar a quienes le tienen fe, pues, al hacerlo le estamos demostrando fidelidad. Al ser fiel a Dios, le estás poniendo por sobre todo lo demás en tu vida; y cuando lo haces, todas las cosas siempre trabajan para bien.

La humildad no puede faltar en los cristianos. Efesios 4:2 (TLA) dice: “Sean humildes, amables y pacientes, y bríndense apoyo, por amor, los unos a los otros.” Ser humilde es aceptar que sin Dios no podemos ser nada, y que, gracias a Él lo tenemos todo. Humildad no es sinónimo de baja autoestima ni pobreza, sino de dejar que Dios sea más importante que nuestro yo.

1 Corintios 10:23 (TLA) dice: “Algunos de ustedes dicen: «Yo soy libre de hacer lo que quiera.» ¡Claro que sí! Pero no todo lo que uno quiere, conviene; ni todo fortalece la vida cristiana.” Dios nos ha dado la libertad para elegir entre el bien y el mal. Cada elección que hagamos tiene una consecuencia. A diferencia de los animales, Dios nos entregó dominio propio para que aprendamos a controlar nuestros malos deseos. Quien necesite ayuda para gobernar sus impulsos, puede acudir a Dios para que Él le dé la fortaleza necesaria.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Sorprende a Dios

Muchos se esfuerzan para sorprender a las personas que los rodean, en el campo laboral los empleados a los jefes, los músicos quieren impresionar a su audiencia, los hijos a sus padres y podríamos seguir dando ejemplos de cómo todos desean llamar la atención de los demás e impresionarlos.

Como cristianos, buscamos de muchas formas llamar la atención de Dios para sorprenderlo y en ese afán de querer agradarlo olvidamos presentarnos ante Él con un corazón contrito y humillado, pensamos que es suficiente hacer sacrificios y obras.

Josías hizo lo recto ante los ojos de Jehová como David lo había hecho, no se apartó a derecha ni a izquierda y cumplió con lo que Dios mandaba en su palabra cuando reinó en Jerusalén.

A su corta edad decidió buscar a Dios; a los doce años comenzó a limpiar Judá y Jerusalén de toda la idolatría que su padre y abuelo introdujeron al pueblo. Siendo ya de  dieciocho años después de limpiar la ciudad decidió reparar la casa de Jehová junto a los levitas, quienes fueron fieles trabajando en la restauración del templo. Pese a esto, Jehová había decidido derramar su ira sobre Jerusalén y sus moradores por causa de los antecesores de Josías, quienes no guardaron su palabra.

La noticia dejó al rey sin saber qué hacer porque él había hecho lo bueno, lo correcto y no se apartó de Dios en ningún momento; todo era bueno y Jehová veía con agrado sus acciones, pero Él esperaba algo más que obras y sacrificios.

En ese momento crítico de su vida el rey sorprendió a Dios y no fue con obras ni acciones con esfuerzo humano. Se presentó con un corazón arrepentido, se humilló y lloró en la presencia de Jehová. Esta actitud es la que Dios esperaba para perdonar la desobediencia del pueblo de Jerusalén.

Puede que hayas hecho muchos esfuerzos para llamar la atención de Dios y así poder sorprenderlo haciendo lo bueno y correcto, cumpliendo su palabra sin apartarte de ella en ningún momento; pero lo que necesitamos entender es que es la actitud de un corazón contrito y humillado lo que sorprende al Señor.

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”. Salmos 51:17 (RVR1960)

Por Miguel Ángel Veizaga

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Cómo responder a un halago?

Algunos creen que deben tener cuidado únicamente cuando responden a un insulto o comentario negativo. Sin embargo, la percepción que tienen las demás personas sobre nosotros puede cambiar dramáticamente si no sabemos contestar a un halago. La manera en que reaccionamos ante un insulto o halago dice más de nosotros que el comentario que nos hacen; por tal motivo, debemos ser cuidadosos al momento de hacerlo.

Los sociolingüistas han clasificado las respuestas a los halagos en tres categorías: Aceptación, Desviación, y Rechazo. Ninguna de estas tres clasificaciones es la ideal, pues, si se va a los extremos, podría causar el efecto opuesto al deseado. Por ejemplo:

1. Aceptación:

Cuando aceptamos un halago y sobrevaloramos nuestro éxito, estamos siendo arrogantes y orgullosos. Sin importar cuánto merezcas el elogio de alguien, nunca cometas el error de hacerte ver mejor de lo que eres o menospreciar a los demás. Aceptar que hiciste un buen trabajo es bueno, pero cuando lo conviertes en una herramienta para hacerte ver mejor que otros, entonces no estás siendo humilde.

“Que te alabe otro y no tu propia boca; que lo haga un desconocido, no tus propios labios.” Proverbios 27:2 (NTV)

2. Desviación:

A veces creemos que la mejor manera de aceptar un halago es cambiando de tema. Otros lo hacen porque no saben cómo reaccionar, o porque piensan que no se merecen esa alabanza. Es grosero cuando en una conversación alguien te interrumpe o no escucha lo que dices. Lo mismo ocurre cuando desvías la atención a otro asunto en lugar de aceptar un elogio.

“…Todos deben estar siempre dispuestos a escuchar a los demás, pero no dispuestos a enojarse y hablar mucho.” Santiago 1:19 (TLA)

3. Rechazo:

Hacerte quedar mal, menospreciarte o negar un elogio es sinónimo de baja autoestima y no de humildad. No subestimes tus logros ni minimices tu esfuerzo. Aunque no lo creas, eres ejemplo para muchas personas, y tus actitudes pueden impactar a otros más de lo que crees.

“…Trata de ser un ejemplo para los demás cristianos. Que cuando todos oigan tu modo de hablar, y vean cómo vives, traten de ser puros como tú. Que todos imiten tu carácter amoroso y tu confianza en Dios.” 1 Timoteo 4:12 (TLA)

¿Cuál es la mejor manera de responder?

Aunque parezca una respuesta simple, la mejor manera de responder es solo decir “gracias”. Recuerda que tu lenguaje corporal debe ir acorde a tu actitud de agradecimiento, o de lo contrario, estarás enviando el mensaje equivocado. Si hay alguien que te ayudó a lograr el objetivo, entonces incluye a esta persona y no lo dejes fuera. Algunas frases que podrías decir, de acuerdo a la situación, son:

  • “Me alegra haber podido ayudar.”
  • “Me alegra que todo haya salido bien.”
  • “Me siento honrado por tus palabras.”
  • “Gracias. Significa mucho para mí.”
  • “Tus palabras me animan mucho.”

Recuerda que también debes elogiar y honrar el desempeño de otros. “Traten a los demás como ustedes quieran ser tratados, porque eso nos enseña la Biblia.” Mateo 7:12 (TLA)

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

6 señales de que eres más orgulloso de lo que crees

Todas las personas tienen orgullo, pero cuando éste se sale de control, se convierte en algo dañino para nosotros y los demás. A veces es más sencillo reconocer la altivez en otras personas que en uno mismo; sin embargo, podemos ser soberbios sin darnos cuenta. C. S. Lewis dijo: “El orgullo es un cáncer espiritual: se come la posibilidad misma de amar, o el contentamiento, o incluso el sentido común”. Si deseas librarte del orgullo que puede arruinar tu vida, entonces presta atención a las siguientes señales:

1. Engrandeces tus logros:

Cuando uno alcanza algún logro, es normal que se sienta satisfecho consigo mismo y quiera celebrarlo. El problema nace cuando exageramos nuestros triunfos y los hacemos ver más grandes de lo que son. Este comportamiento demuestra escasez de humildad, inmadurez, e incluso puede llevarte a la ruina; así como lo dice Proverbios 18:12: El orgullo acaba en fracaso; la honra comienza con la humildad” (TLA).

2. No consideras el esfuerzo de los demás:

El éxito que se obtiene al trabajar en equipo es el producto de la colaboración de todos, pero cuando intentas llevarte el crédito por toda la labor realizada, es una clara señal de soberbia. A nadie le gusta ser menospreciado, y cuando te colocas sobre los demás, puedes causar antipatía en otros. Incluso Proverbios 21:24 señala: Qué bien le queda al orgulloso que lo llamen «¡malcriado y vanidoso!»” (TLA).

3. Te cuesta ser agradecido:

Si te cuesta tener una actitud de agradecimiento; entonces es tu orgullo el que te impide reconocer el esfuerzo y valor de los demás. Ser agradecido es una práctica que hará que los demás te vean como una persona humilde y prudente. Ésto también se aplica cuando se trata de darle las gracias a Dios en todo momento.

4. Piensas que eres irreemplazable:

Solo porque seas bueno en lo que hagas, no significa que eres irreemplazable. En alguna parte, hay otras personas que son mejores que tú y que podrían tomar tu lugar; es por ello que pensar que tu equipo puede irse a la ruina sin tu presencia, es un pensamiento irreal y arrogante. Recuerda lo que dice Romanos 12:3: “…No se crean mejores de lo que realmente son. Más bien, véanse ustedes mismos según la capacidad que Dios les ha dado como seguidores de Cristo” (TLA).

5. No te gusta aprender de otros:

La vida del ser humano es un constante aprendizaje y al rechazar la enseñanza de alguien, no sólo estás demostrando ignorancia, sino también orgullo. Nunca niegues la instrucción de alguien, incluso cuando pienses que no podría enseñarte nada. Todos tienen algo que enseñar y algo que aprender. Recuerda Proverbios 9:9:“Educa al sabio, y aumentará su sabiduría; enséñale algo al justo, y aumentará su saber” (TLA).

6. No admites tus errores:

Hay dos actitudes que demuestran arrogancia: no admitir los errores, y culpar a otros. Las personas humildes saben admitir su responsabilidad cuando algo sale mal, y es esta conducta la que hace que los demás los admiren y honren. Proverbios 29:23 afirma que: El orgulloso será humillado, y el humilde será alabado” (TLA).

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

 

¿Cuál es tu título?

¿Has depositado todo tu esfuerzo en alcanzar una posición elevada o un título? En diferentes empresas suelen brindar un reconocimiento al “empleado del mes”; e imagino que es encantador para los jefes observar cómo sus empleados usan toda su energía para obtener este nombramiento.

Y, ¿cómo agradar a Dios? En la Palabra del Señor sucede exactamente lo contrario:

“…el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor.” Mateo 20:26

El Señor menciona que el que quiere ser grande debe ser servidor.

Es interesante notar que cuando Pablo escribió la primera y segunda carta a los Tesalonicenses, él no se pone ningún título; sin embargo, en la carta hecha a los Filipenses el primer título que Pablo se pone es “siervo de Jesucristo”.  “Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos.” Filipenses 1:1

El siervo, es el más humilde de la casa, el que atiende a las personas importantes y lava los pies de las visitas o del  dueño de la casa cuando llegan.

“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29).

En el último día de trabajo de Jesús en esta tierra, Él no se sentó a descansar, sino que  lavó los pies de los discípulos, ocupó el puesto de siervo y esclavo, por tanto, deberíamos aprender de Él y el verdadero título que deberíamos esforzarnos por obtener es: siervos y esclavos de Jesucristo.

¿Cuál es tu título? ¿Cómo te conocen las personas? Posiblemente como un magnífico profesional, doctor, auditor, ingeniero o una excelente cocinera, madre o esposa pero ¿Tienes el título que Dios quiere que obtengas? Te animo a esforzarte por conseguirlo, solamente ¡sirve!, acércate a las personas y ayúdalas como si fueran más importantes que tú, con humildad y mansedumbre te parecerás más a Cristo.

Recuerda: ¡Si no sirves, no sirves!

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Sirviendo con amor

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.” Filipenses 2:3-5.

Vivimos en un mundo donde reina el individualismo. Cada cual pelea por la concreción de sus sueños y muchas veces la mirada se centra demasiado en los propios anhelos, descuidando lo que otros desean o pudieran sentir. Jesús siendo Dios, no vino para ser servido sino para servir, por lo cual nosotros como sus seguidores debiéramos imitar esta conducta. (Filipenses 2:6-8).

Servir implica humildad, la decisión de renunciar a honores y privilegios para ponernos voluntariamente en la posición de siervos. Esto parece una locura si lo comparamos con el pensamiento predominante en la actualidad, pero no es otra cosa que lo que hizo Jesús por nosotros. Estimando a los demás como superiores a uno mismo, implica renunciar a sentirnos mejores o dignos de algún reconocimiento.

Cuando en la vida cristiana hablamos de servicio, debemos entenderlo tanto en la dirección vertical como en la horizontal. La primera se refiere a nuestro servicio a Dios, el que muchas veces realizamos en el marco de una iglesia. Participamos en algún ministerio como las alabanzas, enseñanza, cuidado de niños, o bien tenemos una responsabilidad de liderazgo. Pero además de esto necesitamos incorporar el aspecto horizontal del servicio, esto es el dirigido a nuestro prójimo, siendo sensibles a las necesidades de los que nos rodean.

No importa la posición que tengas, lo que hayas estudiado o conseguido, ni tampoco tu cargo ministerial, la Biblia dice que podemos hacer muchas cosas pero si nos falta el amor, de nada sirve. (1 Corintios 13:1).

Recordemos también que si ocupamos una posición de liderazgo, nuestra tarea principal es transformarnos en servidores. Cuando Jesús se enteró que sus discípulos discutían por obtener los primeros lugares, le dio la pauta de cómo se mide esto para Dios. Si alguno quiere ser el primero, tiene que hacerse el último y el servidor de todos. (Marcos 9:35).

Por lo tanto líderes, no están para ser servidos, sino para servir, el liderazgo es una gran responsabilidad por lo cual debes enfocarte en servir con amor a las personas a tu cargo. Recuerda que tu posición no te da una licencia para dañar y manipular, solo para servir. Por lo tanto, te animo en este día a que puedas incorporar en tu vida el concepto del servicio en amor a Dios y a tantas personas que te rodean que seguramente necesitan de lo que el Señor ha puesto en tu vida.

Por Daniel Zangaro

 

 

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Sin protocolos

Es difícil poder tener contacto con alguna personalidad, ya sea un artista, político, etc. En nuestros días casi siempre se debe pasar por una serie de protocolos y personas antes de poder presentarse ante alguien que ocupa un puesto importante en nuestra sociedad. De la misma manera ocurría  en el tiempo en que Jesús estuvo en la Tierra.

En Marcos 5:21 en adelante podemos leer acerca de la vida de Jairo y su hija. Se dice que Jairo era uno de los principales de la Sinagoga, eso quiere decir que era una personalidad importante, que tenía varias personas a su servicio por el grado que ocupaba, si necesitaba algo solamente lo pedía por medio de ellos.

Jairo buscó a Jesús y dejó a un lado la posición que tenía, rompió protocolos para poder presentarse ante el Maestro con un corazón humillado y angustiado por la enfermedad de su hija.

A Cristo no le interesa tu posición ni tus grados, sólo desea que te acerques sin protocolos, sin ceremonias, con un corazón sincero y creyendo que Él es fiel y único.

Al igual que hizo Jairo, nosotros también debemos de romper todo muro, toda barrera que quiera impedir que podamos estar en presencia de nuestro Dios, tenemos que tener presente que nada somos y nada tenemos sin Él.

“Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma.” Deuteronomio 4:29 (RVR-1960)

Hoy puedes buscar a Cristo y acercarte a Él, no pongas barreras a tu intención de hablar con Dios, Él quiere que seas tú quien lo busque porque quiere bendecirte. No le interesa tu posición, lo que tengas o hayas logrado, Dios mira el corazón, somos nosotros los que ponemos límites para poder ser humildes y acercarnos.

 

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Nuestros planes y los planes de Dios

“No te jactes del día de mañana, porque no sabes lo que el día traerá.” Proverbios 27:1

La Biblia definitivamente es una guía maravillosa que dice tantas verdades que nos ayudan en el día a día. Sin embargo muchos no quieren leerla.

Hay quienes sienten que no la van a entender… pero si no lo intentan, ni modo que les vaya a dejar algo.

¡Pero ese Proverbio es tan cierto! Nos pasamos la vida haciendo planes desde que tenemos uso de razón. Pensamos qué queremos ser cuando grandes, qué carrera vamos a estudiar, a qué edad nos vamos a casar, cómo va a ser la casa de nuestros sueños, cuántos hijos vamos a tener, cuántos países vamos a conocer; y la lista puede continuar. La mayoría de las veces, las circunstancias lo cambian todo y muchos terminan frustrados porque no lograron lo que habían planificado.

Si lo hubiesen consultado con Dios o lo hubiesen puesto en Sus manos, la historia podría haber sido otra. Tal vez las circunstancias hubieran cambiado de la misma manera, pero la frustración no estaría porque tendrían claro que la voluntad de Dios está por encima de la nuestra.

Dios busca gente dispuesta y la pone donde a Él le parece. Seamos humildes y dejemos que nuestro Padre amado nos guíe y dirija nuestras vidas. Él solo quiere lo mejor para nosotros. Consúltale, dile cuáles son tus sueños y pídele que te ayude a lograrlos. Si hay un cambio, recíbelo con la misma alegría que hubieses recibido lo que has anhelado. Dios te está respaldando.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Qué espera Dios de mí?

Cada quien tiene un concepto de lo que significa ser una buena persona. Esto depende del contexto en donde hemos sido criados, el entorno donde nos desarrollamos, nuestras creencias, y otros factores más. Al leer Miqueas 6:8 podemos entender qué espera Dios de nosotros:

Que practiquemos la justicia:

En no todas las situaciones es fácil ser justos; no obstante, la Biblia nos inculca a serlo aun cuando parezca complejo. A veces esto implica dejar de lado nuestras propias comodidades y hacer lo correcto.

Siempre debemos recordar que la justicia se aplica en base al amor, pues Dios actúa con nosotros de la misma manera. También debemos diferenciar la justicia de la venganza. La primera hace que un asunto se dé por concluido, mientras que la segunda solo causa más dolor y hace que la herida se profundice.

Que amemos la misericordia:

Ser misericordiosos quiere decir que debemos estar dispuestos a perdonar y ser compasivos con otros. Ésta es la manera en que Jesús actúa, y que por lo tanto, nosotros también debemos hacerlo.

Podemos mostrar misericordia en pequeños actos cotidianos con las personas que nos rodean. Estas acciones dirán mucho más que cualquier discurso que podamos decir.

Que nos humillemos ante Él:

Humillarse ante Dios es reconocer su grandeza y dejar que actúe en nuestras vidas. Cuando esto sucede, podremos impactar a otros con nuestro ejemplo. Así que no descuidemos nuestra relación con Dios, y mantengamos constante comunicación con Él por medio de la oración y la lectura de la Biblia.

“¡Ya se te ha declarado lo que es bueno! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el SeñorPracticar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios.”. – Miqueas 6:8

 

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Enséñame

Victoria, últimamente había tenido muchos problemas con sus hermanos y padres, al parecer ella cometía muchos errores en su comportamiento y frecuentemente era confrontada y corregida. Llegó al punto de evitar tener contacto con ellos, pues se sentía atacada a pesar de que en su corazón sabía que no tenían malas intenciones.

Ya sin saber qué hacer, cambió el tipo de oración que hacía a Dios de “víctima” a una de humildad: “Señor, ayúdame a ser perceptiva a lo que me quieres enseñar, si soy yo la que está fallando, ayúdame a ser humilde y a tomar de buena manera la corrección de mi familia, ¡dame paz! no quiero estar angustiada en vano sino quiero tener el corazón confiado en que tú estas obrando, aunque parezca que todo va en mi contra enséñame a ser humilde”

Días después ella vio el cambio no sólo en su reacción, pues tenía paz a pesar los conflictos, sino también en su familia, ya que ella veía que lo que hacían era por amor porque querían lo mejor para su vida y eso le ayudaba a ser obediente.

Ver el problema desde un mejor enfoque, y no sólo desde  donde pareces ser la víctima, puede mejorar las cosas si disponemos nuestro corazón primeramente a Dios con humildad y predisposición para ser corregidos, pues muchos de los problemas nos ayudan a detectar malas actitudes o hábitos que llevamos realizando por mucho tiempo.

Mateo 11:28-29 (NTV) dice “Luego dijo Jesús: «Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso. Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma.”

Dios quiere lo mejor para ti y esto implica cambios que nos ayuden a llegar a la eternidad, y no sólo a mejorar momentáneamente como dejar de mentir, implica renunciar a hábitos pecaminosos, dejar la amargura, el odio, el temor, la mala administración de tiempo y dinero y muchos otras cosas que nos estancan en la carrera.

Deja que Dios te enseñe a través de la mala situación que estás pasando y verás excelentes resultados.

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¿Cómo podemos practicar la humildad?

“Vivan en armonía los unos con los otros; compartan penas y alegrías, practiquen el amor fraternal, sean compasivos y humildes.” – 1 Pedro 3:8

Contrario a lo que muchos pueden creer, practicar la humildad no significa tener baja autoestima o tener pocos recursos económicos. En cambio, es la virtud de aceptar que todo lo que somos se lo debemos a nuestro Creador.

1. Los humildes aceptan las críticas:

Saber aceptar los comentarios y críticas de los demás, sin responder de manera hiriente, es una forma de practicar la humildad. Debemos aprender a rescatar lo bueno que trae la crítica, y tomarlo como una lección para mejorar en nuestra vida.

2. Los humildes no buscan la alabanza:

Ser humilde implica hacer las cosas por el acto de hacerlo, no con la intención de recibir alguna recompensa por ello. La humildad es algo que se lleva dentro, no algo que se autoproclama. Si se recibe elogios por un trabajo hecho, debemos recordar que sin importar lo que hagamos, si no está en los planes de Dios, nada sería posible.

3. Los humildes ponen a los demás por delante de sí mismos:

Ayudar a otros, ser compasivos y amables, son acciones de una persona humilde. Jesús fue un ejemplo de ello cuando realizó muchas acciones en favor de los demás, en vez del suyo.

4. Los humildes se aman a sí mismos:

Ser humildes implica conocer nuestro propio valor, pero no por eso creer que somos más que los demás. Dios nos hizo a todos iguales, por lo tanto, no podemos hacer diferencia entre uno y otro. Si Dios nos ama sin discriminación ¿por qué no hacer lo mismo?

5. Los humildes son agradecidos:

Agradecer a los demás por sus acciones, es parte de la práctica de la humildad. Sobre todo, debemos tener en cuenta agradecer a Dios por cada cosa que recibimos sin merecer.

 

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La humildad es muy poderosa

Digo que es muy poderosa la humildad, porque he visto, no solo he leído, he visto que cuando uno realmente suelta las riendas, se hace totalmente humilde ante Dios, reconociendo que no podemos en nuestras propias fuerzas hacer algo, Él nos da la fortaleza, Él hace que pasen las cosas, y eso, sólo si es algo que está en Su plan de vida para nosotros.

En Salmos 45:4 leemos: “¡Que tengas prosperidad y gloria! ¡Cabalga defendiendo la verdad, la humildad y la justicia, guiado por tu diestra portentosa!”

En Proverbios 15:33, “El temor del Señor corrige y da sabiduría; antes que honra, humildad.”

En Proverbios 18:12, “El orgullo humano es presagio del fracaso; la humildad es preludio de la gloria.”

Y por último en 1Pedro 5:6, “Por lo tanto, muestren humildad bajo la poderosa mano de Dios, para que él los exalte a su debido tiempo.”

Así como en esos consejos directos acerca de la humildad, hemos leído también en las historias bíblicas que solo cuando los personajes de relatos como el de David, el de Esther, se rinden ante Dios y ponen toda su confianza en Él es que logran el éxito, la meta, el objetivo que estaba requerido de ellos.

Hoy día el mensaje en todas partes, incluso desde algunos púlpitos es que el poder está en nosotros, en nuestra tenacidad, en nuestras acciones y decisiones y el sello que le ponen para justificar este mensaje es que Jesús vive en nosotros. Esa parte es muy cierta, (Jesús vive en nosotros cuando lo recibimos en nuestros corazones) pero no debemos creer que nosotros tenemos el poder y que podemos usar ese “poder” que nos da el hecho de llevar a Jesús en nuestro corazón para lograr cuanto se nos ocurra desear en nuestra mente. Eso puede llegar a hacer a muchos vanagloriarse de sus “propios” logros. Por favor, no nos confundamos. Dios ama la humildad y el que tengamos fe nos hace saber que si algo que deseamos está dentro de los planes de Dios, muy probablemente se dará, pero no es que porque nosotros lo deseemos, nuestro Amado Dios va a estar a nuestra disposición, solo esperando que pidamos algo para complacernos.

Solo con humildad y la fe, la esperanza y la atención puesta en Dios, es posible lograr las maravillas que Él tiene preparadas de antemano para nosotros.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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