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Seguridad en la oración

“Respondiendo Jesús le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete tu fe te ha salvado. Y en seguida recobro a vista, y seguía a Jesús en el camino.” Marcos 10:51-52 (RVR1960)

Cuando nuestra capacidad para resolver los problemas o suplir ciertas necesidades quedan fuera de nuestro alcance, buscamos a alguien que nos ayude y haga algo por nosotros para sacarnos de la situación en la que nos encontramos. Pero aún así esta ayuda es limitada y muchas veces insuficiente. Es en estas situaciones cuando podemos clamar a Jesús y entregarle todos nuestros problemas con fe, humildad y con la seguridad de que Él responderá.

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Confianza vs. Vanidad

La confianza es una cualidad muy valiosa que todos debemos tener; sin embargo, hay personas que no saben diferenciar la confianza de la vanidad. Ambas pueden parecer similares, pero en realidad, tienen distinto origen, motivación y efecto.

La confianza construye a la persona y a los que lo rodean; mientras que, la vanidad solo busca su propio provecho. El usar la confianza como una máscara para la vanidad, es algo que tiene repercusión para el individuo y sus relaciones personales. Es por ello que uno mismo se debe examinar y ver si su supuesta confianza no es más que vanidad disfrazada.

CONFIANZA VANIDAD

1. Se caracteriza por la humildad y no se enorgullece con facilidad.

2. Inspira y es un buen ejemplo para los demás.

3. Acepta que le falta aprender y busca la enseñanza de otros.

4. Sirve a otros y no se cree superior a los que le rodean.

5. Se preocupa porque sus acciones sean de corazón.

6. Sabe aceptar la corrección y la crítica.

7. Piensa en el beneficio de los demás por encima del suyo.

8. Se dedica a ayudar para que otros tengan confianza.

1. Es orgulloso y centra su atención únicamente en sí mismo.

2. No le importa nadie más. Se concentra en sus propios logros.

3. Es autosuficiente y cree que no necesita ayuda de nadie.

4. Espera ser servido y no quiere servir.

5. Se preocupa por la imagen que da.

6. No permite ser corregido y se derrumba fácilmente ante la crítica.

7. Piensa en su propio beneficio.

8. Le gusta menospreciar y subestimar a los demás.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Ante todo, AGRADECE

Hace poco vi a una ancianita vendiendo helados por la calle, ella apenas  podía caminar, pero tenía que hacer esto para poder sustentarse. Al verla en ese estado, mucha gente le compraba y al mismo tiempo se preguntaban: ¿Dónde están sus hijos? ¿Por qué la tienen abandonada? Y alguien exclamó: ¡Qué ingratitud!

Muchas  veces sin darnos cuenta actuamos de esta forma con Dios, después de habernos dado la vida, una familia, un techo, un trabajo, alimentación y todo aquello que es necesario para vivir en esta tierra, olvidamos darle las gracias.

Deuteronomio 8:10-14 (NVI) nos dice:

Cuando hayas comido y estés satisfecho, alabarás al Señor tu Dios por la tierra buena que te habrá dado. Pero ten cuidado de no olvidar al Señor tu Dios. No dejes de cumplir sus mandamientos, normas y preceptos que yo te mando hoy. Y cuando hayas comido y te hayas saciado, cuando hayas edificado casas cómodas y las habites, cuando se hayan multiplicado tus ganados y tus rebaños, y hayan aumentado tu plata y tu oro y sean abundantes tus riquezas, no te vuelvas orgulloso ni olvides al Señor tu Dios, quien te sacó de Egipto, la tierra donde viviste como esclavo.

Al pueblo de Israel se le enseñó que después de recibir debía agradecer.

Algo que tal vez hemos olvidado hacer al levantarnos de la mesa que, cuando éramos niños, era una regla en muchos de nuestros hogares y que ahora se ha convertido en algo sin valor.

Si por alguna razón has estado atravesando por escasez o tal vez tienes el sustento necesario para cada día, no olvides agradecer a Dios por lo que te da; pues poco a poco el Señor te conducirá a una tierra buena de arroyos y manantiales, de trigo y de cebada, de viñas, higueras y granados, de miel y de olivares; tierra donde no faltará el pan y fluirán los minerales.

Para que puedas apreciar y valorar lo que el Señor tiene para ti, pero primero debes aprender con humildad a recibir lo poco y agradecer por ello. Te aseguro que  no habrá noche que te acostarás sin cenar, porque la bendición de Dios estará sobre tu hogar.

Por Ruth Mamani

 

 

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La actitud correcta

“En cambio el cobrador de impuestos se quedó a la distancia y ni siquiera se atrevía a levantar la mirada al cielo mientras oraba. Sino que golpeo su pecho en señal de dolor mientras decía: “Oh, Dios, ten compasión de mí, porque soy un pecador” Lucas 18:13 (NTV).

Cuando pedimos algo que realmente queremos, solemos hacerlo de la mejor forma para conseguirlo, a veces incluso recurrimos a ciertos métodos para ser más convincentes.

Pero cuando nos acercamos a Dios en oración, debemos hacerlo como el cobrador de impuestos, en humildad y con sinceridad; pues Él conoce cada aspecto de nuestro ser, y quiere que tengamos la actitud correcta al presentarle nuestras peticiones.

Por Cesia Serna

 

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Un error que cometen los cristianos

En Mateo 25:14-30 se encuentra una parábola muy conocida donde Jesús hace una comparación entre el reino de los cielos y la actitud de un hombre y sus siervos. En la historia, antes de irse de viaje, un hombre le entregó cinco talentos a un siervo, a otro dos, y a otro uno. Cuando regresó de su travesía, pidió que sus siervos le explicaran qué habían hecho con sus talentos. “El que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. El que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.” (v. 17-18, RVR1960) El hombre estuvo complacido con la actitud de los dos primeros siervos, pero recriminó al que había escondido un talento (dinero).

Algunos pueden pensar que la actitud del hombre en la historia es un poco drástica; después de todo, el siervo que recibió un solo talento fue precavido y cuidadoso con lo que se le había encomendado. No obstante, en el versículo 24, el siervo afirma que conocía el carácter de su señor; pese a ello, él escogió no hacer la voluntad de su amo.

El error que cometen los cristianos:

Aquellas personas que ya tienen años en el cristianismo muchas veces caen en el error de hacer lo contrario a lo que Dios espera de ellos. Al igual que el siervo, estos cristianos tienen un conocimiento firme sobre Dios; sin embargo, no ponen en práctica los talentos que recibieron y prefieren pasar una vida pasiva y sin acción.

En la parábola, los dos siervos que generaron ganancias lo hicieron por medio de los negocios; por otra parte, cuando el amo reclama al tercer siervo, no le exige hacer lo mismo que los demás. En cambio, le sugiere otro método de ganancia igual de efectivo (v. 26-27). Asimismo, Dios no espera que todos desarrollemos nuestros talentos de la misma manera que otros. Lo que a Él le interesa es que no enterremos esos talentos y nos quedemos de brazos cruzados. No podemos hacer la voluntad de nuestro Padre si no estamos dispuestos a ejercer aquello que ya tenemos.

No seas como el siervo que desaprovechó lo que recibió de su señor. Usa tus talentos y da lo mejor para que Dios se muestre a través de todo lo que haces y, al final de todo, tendrás la dicha de ser parte del grupo de siervos fieles que gozan en la presencia del Creador.

 

 

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7 señales de inmadurez

Con la edad viene la experiencia, y con la experiencia debería venir la madurez. Sin embargo, el hecho de que tengas muchos años de vida no significa que tu actitud refleje tu edad. En ocasiones tenemos un comportamiento inmaduro, y aunque nadie es perfecto, en todo momento debemos procurar estar atento a esas señales y trabajar en las áreas en las que necesitamos cambiar. Éstos son algunos indicios de inmadurez:

1. Siempre te quejas:

En lugar de ser agradecido por lo que tienes, siempre te quejas por aquello que careces o porque piensas que a los demás les va mejor que a ti. Tu actitud negativa frente a las cosas no solo es un signo de inmadurez, sino también de egoísmo porque todo gira alrededor de ti.

2. Hablas más de lo que escuchas:

Escuchar es una señal de madurez porque demuestra que entiendes que las necesidades de otros importan tanto como las tuyas. Prestar atención a alguien requiere interés genuino y abnegación, los cuales se dan solo cuando tienes amor propio y madurez.

3. Vives en el pasado o en el futuro:

Estás atado al pasado. Constantemente piensas en lo diferente que sería tu vida si hubieses hecho las cosas de otra manera; o que todo tiempo pasado fue mejor. Así como quedarte atrapado en el pasado es una señal de inmadurez, también lo es vivir soñando con el futuro. Las personas maduras saben que los sueños y metas no se logran por sí mismos y, en lugar de solo anhelar, ellos ponen en marcha sus planes.

4. Quieres ganar a como dé lugar:

Lo único que te interesa es ganar. No te importan los demás o si incluso debes recurrir a medios ilegales o no éticos para alcanzar tus objetivos. Si alguna vez pierdes, te lo tomas personal y caes en la amargura, resentimiento y tienes deseos de venganza.

5. Buscas constantemente la aprobación de otros:

Puedes fingir que no te importa la opinión de los demás, pero en realidad, todo lo que haces es para obtener la aprobación de otros. Te sientes bien contigo mismo cuando los que te rodean te admiran, alaban o hablan bien de ti, pero sientes que fracasas cuando no es así.

6. Esperas que todos sean iguales:

Las personas maduras entienden que nadie es igual a nadie. En cambio, tú piensas que por el hecho de que una persona se comporta de una forma, otra lo hará del mismo modo. Esperas que todos tengan la misma mentalidad, pero no aceptas el hecho de que cada quien es único y especial.

7. No puedes perdonar ni pedir perdón:

El perdón es un tema difícil para ti. Te cuesta perdonar, e incluso cuando dices que lo has hecho, traes el tema a relucir una y otra vez. Igualmente, no te gusta admitir tus errores y no te es sencillo pedir perdón. Crees que los demás están equivocados y que solo tú tienes la razón. Si alguien te hirió, siempre te ves como la víctima y no logras superar esa situación.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

9 características que todo cristiano debe tener

Ser cristiano significa seguir el ejemplo de Jesús. Cuando lo aceptas en tu vida, Dios se convierte en el dueño y Señor de todo lo que tienes; y por lo tanto, tu vida cambia. Gálatas 5:22-23 (TLA) dice: “El Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser humildes, y saber controlar nuestros malos deseos. No hay ley que esté en contra de todo esto.” De este versículo se entiende que todo cristiano que verdaderamente tiene a Jesús en su corazón, debe reflejar las siguientes características:

Es imposible que alguien diga que es cristiano y no refleje amor. Esto en sí ya es una contradicción directa, pues, Dios es amor. La Biblia no nos dice que amemos cuando el amor es recíproco, o cuando la otra persona lo merece; sino que amemos a otros de la misma manera en que lo hacemos con nosotros mismos. Sin embargo, para amar a otros, primero debemos amar a Dios. Marcos 12:30 dice: “Ama a tu Dios con todo lo que piensas, con todo lo que eres y con todo lo que vales”, una vez que cumples esa parte, amar a los demás es un simple reflejo de lo que ya llevas dentro: “Cada uno debe amar a su prójimo, como se ama a sí mismo” (v. 31 TLA).

Demostrar alegría no significa sonreír todo el día. Cuando eres cristiano, entiendes que tu lugar no está en la Tierra y que, por lo tanto, las cosas que aquí ocurren son pasajeras. Cada aflicción, problema, tristeza, o preocupación es nada comparado con la eternidad que nos espera. Colosenses 3:2 nos dice que fijemos nuestra atención en lo eternal; y cuando piensas en el cielo que Dios nos tiene preparado, la alegría que Él pone en nuestros corazones se muestra en cada área de nuestra vida.

“Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense!” (Filipenses 4:4, NTV).

Ser cristiano no significa estar libre de problemas, sino tener la paz y seguridad de Dios cuando estas cosas ocurren. Juan 16:33 (NTV) dice: “Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” Hay muchas técnicas y ejercicios que prometen traernos paz; sin embargo, la paz que Dios da no se iguala a ninguna otra, pues, su paz no es circunstancial, sino que es duradera.

La paciencia es algo que todo cristiano debe reflejar, independientemente de su personalidad. Ser paciente demuestra confianza, esperanza, amor, fe e inteligencia (Proverbios 14:29). Si alguien no es paciente, se puede perder las más grandes bendiciones que Dios tiene para su vida.

Ser amables implica demostrar un genuino interés por la otra persona. Filipenses  2:3-4 (DHH) dice: “..que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo. Ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien de los otros.” Uno puede practicar la amabilidad desde pequeños gestos y esforzarse para hacer que otros vean el fruto del amor que Dios nos da.

Hay distintas maneras de demostrar buen trato y una de ellas es con las palabras. Efesios 4:29 nos advierte que debemos decir palabras que edifiquen a la comunidad y traigan beneficios a quienes las escuchen. Debemos de tratar bien a otros, incluso cuando ellos no hacen lo mismo con nosotros. En Mateo 5:43-44 (TLA) también nos recomienda a orar por aquellos que no nos desean lo mejor: “Amen a sus enemigos y oren por quienes los maltratan. Así demostrarán que actúan como su Padre Dios, que está en el cielo.”

Dios nos pide depositar toda nuestra confianza en Él, sin importar los momentos difíciles que pasemos, así como dice Hebreos 11:1 (TLA): “Confiar en Dios es estar totalmente seguro de que uno va a recibir lo que espera. Es estar convencido de que algo existe, aun cuando no se pueda ver.” Dios sabe recompensar a quienes le tienen fe, pues, al hacerlo le estamos demostrando fidelidad. Al ser fiel a Dios, le estás poniendo por sobre todo lo demás en tu vida; y cuando lo haces, todas las cosas siempre trabajan para bien.

La humildad no puede faltar en los cristianos. Efesios 4:2 (TLA) dice: “Sean humildes, amables y pacientes, y bríndense apoyo, por amor, los unos a los otros.” Ser humilde es aceptar que sin Dios no podemos ser nada, y que, gracias a Él lo tenemos todo. Humildad no es sinónimo de baja autoestima ni pobreza, sino de dejar que Dios sea más importante que nuestro yo.

1 Corintios 10:23 (TLA) dice: “Algunos de ustedes dicen: «Yo soy libre de hacer lo que quiera.» ¡Claro que sí! Pero no todo lo que uno quiere, conviene; ni todo fortalece la vida cristiana.” Dios nos ha dado la libertad para elegir entre el bien y el mal. Cada elección que hagamos tiene una consecuencia. A diferencia de los animales, Dios nos entregó dominio propio para que aprendamos a controlar nuestros malos deseos. Quien necesite ayuda para gobernar sus impulsos, puede acudir a Dios para que Él le dé la fortaleza necesaria.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Sorprende a Dios

Muchos se esfuerzan para sorprender a las personas que los rodean, en el campo laboral los empleados a los jefes, los músicos quieren impresionar a su audiencia, los hijos a sus padres y podríamos seguir dando ejemplos de cómo todos desean llamar la atención de los demás e impresionarlos.

Como cristianos, buscamos de muchas formas llamar la atención de Dios para sorprenderlo y en ese afán de querer agradarlo olvidamos presentarnos ante Él con un corazón contrito y humillado, pensamos que es suficiente hacer sacrificios y obras.

Josías hizo lo recto ante los ojos de Jehová como David lo había hecho, no se apartó a derecha ni a izquierda y cumplió con lo que Dios mandaba en su palabra cuando reinó en Jerusalén.

A su corta edad decidió buscar a Dios; a los doce años comenzó a limpiar Judá y Jerusalén de toda la idolatría que su padre y abuelo introdujeron al pueblo. Siendo ya de  dieciocho años después de limpiar la ciudad decidió reparar la casa de Jehová junto a los levitas, quienes fueron fieles trabajando en la restauración del templo. Pese a esto, Jehová había decidido derramar su ira sobre Jerusalén y sus moradores por causa de los antecesores de Josías, quienes no guardaron su palabra.

La noticia dejó al rey sin saber qué hacer porque él había hecho lo bueno, lo correcto y no se apartó de Dios en ningún momento; todo era bueno y Jehová veía con agrado sus acciones, pero Él esperaba algo más que obras y sacrificios.

En ese momento crítico de su vida el rey sorprendió a Dios y no fue con obras ni acciones con esfuerzo humano. Se presentó con un corazón arrepentido, se humilló y lloró en la presencia de Jehová. Esta actitud es la que Dios esperaba para perdonar la desobediencia del pueblo de Jerusalén.

Puede que hayas hecho muchos esfuerzos para llamar la atención de Dios y así poder sorprenderlo haciendo lo bueno y correcto, cumpliendo su palabra sin apartarte de ella en ningún momento; pero lo que necesitamos entender es que es la actitud de un corazón contrito y humillado lo que sorprende al Señor.

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”. Salmos 51:17 (RVR1960)

Por Miguel Ángel Veizaga

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Cómo responder a un halago?

Algunos creen que deben tener cuidado únicamente cuando responden a un insulto o comentario negativo. Sin embargo, la percepción que tienen las demás personas sobre nosotros puede cambiar dramáticamente si no sabemos contestar a un halago. La manera en que reaccionamos ante un insulto o halago dice más de nosotros que el comentario que nos hacen; por tal motivo, debemos ser cuidadosos al momento de hacerlo.

Los sociolingüistas han clasificado las respuestas a los halagos en tres categorías: Aceptación, Desviación, y Rechazo. Ninguna de estas tres clasificaciones es la ideal, pues, si se va a los extremos, podría causar el efecto opuesto al deseado. Por ejemplo:

1. Aceptación:

Cuando aceptamos un halago y sobrevaloramos nuestro éxito, estamos siendo arrogantes y orgullosos. Sin importar cuánto merezcas el elogio de alguien, nunca cometas el error de hacerte ver mejor de lo que eres o menospreciar a los demás. Aceptar que hiciste un buen trabajo es bueno, pero cuando lo conviertes en una herramienta para hacerte ver mejor que otros, entonces no estás siendo humilde.

“Que te alabe otro y no tu propia boca; que lo haga un desconocido, no tus propios labios.” Proverbios 27:2 (NTV)

2. Desviación:

A veces creemos que la mejor manera de aceptar un halago es cambiando de tema. Otros lo hacen porque no saben cómo reaccionar, o porque piensan que no se merecen esa alabanza. Es grosero cuando en una conversación alguien te interrumpe o no escucha lo que dices. Lo mismo ocurre cuando desvías la atención a otro asunto en lugar de aceptar un elogio.

“…Todos deben estar siempre dispuestos a escuchar a los demás, pero no dispuestos a enojarse y hablar mucho.” Santiago 1:19 (TLA)

3. Rechazo:

Hacerte quedar mal, menospreciarte o negar un elogio es sinónimo de baja autoestima y no de humildad. No subestimes tus logros ni minimices tu esfuerzo. Aunque no lo creas, eres ejemplo para muchas personas, y tus actitudes pueden impactar a otros más de lo que crees.

“…Trata de ser un ejemplo para los demás cristianos. Que cuando todos oigan tu modo de hablar, y vean cómo vives, traten de ser puros como tú. Que todos imiten tu carácter amoroso y tu confianza en Dios.” 1 Timoteo 4:12 (TLA)

¿Cuál es la mejor manera de responder?

Aunque parezca una respuesta simple, la mejor manera de responder es solo decir “gracias”. Recuerda que tu lenguaje corporal debe ir acorde a tu actitud de agradecimiento, o de lo contrario, estarás enviando el mensaje equivocado. Si hay alguien que te ayudó a lograr el objetivo, entonces incluye a esta persona y no lo dejes fuera. Algunas frases que podrías decir, de acuerdo a la situación, son:

  • “Me alegra haber podido ayudar.”
  • “Me alegra que todo haya salido bien.”
  • “Me siento honrado por tus palabras.”
  • “Gracias. Significa mucho para mí.”
  • “Tus palabras me animan mucho.”

Recuerda que también debes elogiar y honrar el desempeño de otros. “Traten a los demás como ustedes quieran ser tratados, porque eso nos enseña la Biblia.” Mateo 7:12 (TLA)

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6 señales de que eres más orgulloso de lo que crees

Todas las personas tienen orgullo, pero cuando éste se sale de control, se convierte en algo dañino para nosotros y los demás. A veces es más sencillo reconocer la altivez en otras personas que en uno mismo; sin embargo, podemos ser soberbios sin darnos cuenta. C. S. Lewis dijo: “El orgullo es un cáncer espiritual: se come la posibilidad misma de amar, o el contentamiento, o incluso el sentido común”. Si deseas librarte del orgullo que puede arruinar tu vida, entonces presta atención a las siguientes señales:

1. Engrandeces tus logros:

Cuando uno alcanza algún logro, es normal que se sienta satisfecho consigo mismo y quiera celebrarlo. El problema nace cuando exageramos nuestros triunfos y los hacemos ver más grandes de lo que son. Este comportamiento demuestra escasez de humildad, inmadurez, e incluso puede llevarte a la ruina; así como lo dice Proverbios 18:12: El orgullo acaba en fracaso; la honra comienza con la humildad” (TLA).

2. No consideras el esfuerzo de los demás:

El éxito que se obtiene al trabajar en equipo es el producto de la colaboración de todos, pero cuando intentas llevarte el crédito por toda la labor realizada, es una clara señal de soberbia. A nadie le gusta ser menospreciado, y cuando te colocas sobre los demás, puedes causar antipatía en otros. Incluso Proverbios 21:24 señala: Qué bien le queda al orgulloso que lo llamen «¡malcriado y vanidoso!»” (TLA).

3. Te cuesta ser agradecido:

Si te cuesta tener una actitud de agradecimiento; entonces es tu orgullo el que te impide reconocer el esfuerzo y valor de los demás. Ser agradecido es una práctica que hará que los demás te vean como una persona humilde y prudente. Ésto también se aplica cuando se trata de darle las gracias a Dios en todo momento.

4. Piensas que eres irreemplazable:

Solo porque seas bueno en lo que hagas, no significa que eres irreemplazable. En alguna parte, hay otras personas que son mejores que tú y que podrían tomar tu lugar; es por ello que pensar que tu equipo puede irse a la ruina sin tu presencia, es un pensamiento irreal y arrogante. Recuerda lo que dice Romanos 12:3: “…No se crean mejores de lo que realmente son. Más bien, véanse ustedes mismos según la capacidad que Dios les ha dado como seguidores de Cristo” (TLA).

5. No te gusta aprender de otros:

La vida del ser humano es un constante aprendizaje y al rechazar la enseñanza de alguien, no sólo estás demostrando ignorancia, sino también orgullo. Nunca niegues la instrucción de alguien, incluso cuando pienses que no podría enseñarte nada. Todos tienen algo que enseñar y algo que aprender. Recuerda Proverbios 9:9:“Educa al sabio, y aumentará su sabiduría; enséñale algo al justo, y aumentará su saber” (TLA).

6. No admites tus errores:

Hay dos actitudes que demuestran arrogancia: no admitir los errores, y culpar a otros. Las personas humildes saben admitir su responsabilidad cuando algo sale mal, y es esta conducta la que hace que los demás los admiren y honren. Proverbios 29:23 afirma que: El orgulloso será humillado, y el humilde será alabado” (TLA).

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

 

¿Cuál es tu título?

¿Has depositado todo tu esfuerzo en alcanzar una posición elevada o un título? En diferentes empresas suelen brindar un reconocimiento al “empleado del mes”; e imagino que es encantador para los jefes observar cómo sus empleados usan toda su energía para obtener este nombramiento.

Y, ¿cómo agradar a Dios? En la Palabra del Señor sucede exactamente lo contrario:

“…el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor.” Mateo 20:26

El Señor menciona que el que quiere ser grande debe ser servidor.

Es interesante notar que cuando Pablo escribió la primera y segunda carta a los Tesalonicenses, él no se pone ningún título; sin embargo, en la carta hecha a los Filipenses el primer título que Pablo se pone es “siervo de Jesucristo”.  “Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos.” Filipenses 1:1

El siervo, es el más humilde de la casa, el que atiende a las personas importantes y lava los pies de las visitas o del  dueño de la casa cuando llegan.

“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29).

En el último día de trabajo de Jesús en esta tierra, Él no se sentó a descansar, sino que  lavó los pies de los discípulos, ocupó el puesto de siervo y esclavo, por tanto, deberíamos aprender de Él y el verdadero título que deberíamos esforzarnos por obtener es: siervos y esclavos de Jesucristo.

¿Cuál es tu título? ¿Cómo te conocen las personas? Posiblemente como un magnífico profesional, doctor, auditor, ingeniero o una excelente cocinera, madre o esposa pero ¿Tienes el título que Dios quiere que obtengas? Te animo a esforzarte por conseguirlo, solamente ¡sirve!, acércate a las personas y ayúdalas como si fueran más importantes que tú, con humildad y mansedumbre te parecerás más a Cristo.

Recuerda: ¡Si no sirves, no sirves!

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Sirviendo con amor

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.” Filipenses 2:3-5.

Vivimos en un mundo donde reina el individualismo. Cada cual pelea por la concreción de sus sueños y muchas veces la mirada se centra demasiado en los propios anhelos, descuidando lo que otros desean o pudieran sentir. Jesús siendo Dios, no vino para ser servido sino para servir, por lo cual nosotros como sus seguidores debiéramos imitar esta conducta. (Filipenses 2:6-8).

Servir implica humildad, la decisión de renunciar a honores y privilegios para ponernos voluntariamente en la posición de siervos. Esto parece una locura si lo comparamos con el pensamiento predominante en la actualidad, pero no es otra cosa que lo que hizo Jesús por nosotros. Estimando a los demás como superiores a uno mismo, implica renunciar a sentirnos mejores o dignos de algún reconocimiento.

Cuando en la vida cristiana hablamos de servicio, debemos entenderlo tanto en la dirección vertical como en la horizontal. La primera se refiere a nuestro servicio a Dios, el que muchas veces realizamos en el marco de una iglesia. Participamos en algún ministerio como las alabanzas, enseñanza, cuidado de niños, o bien tenemos una responsabilidad de liderazgo. Pero además de esto necesitamos incorporar el aspecto horizontal del servicio, esto es el dirigido a nuestro prójimo, siendo sensibles a las necesidades de los que nos rodean.

No importa la posición que tengas, lo que hayas estudiado o conseguido, ni tampoco tu cargo ministerial, la Biblia dice que podemos hacer muchas cosas pero si nos falta el amor, de nada sirve. (1 Corintios 13:1).

Recordemos también que si ocupamos una posición de liderazgo, nuestra tarea principal es transformarnos en servidores. Cuando Jesús se enteró que sus discípulos discutían por obtener los primeros lugares, le dio la pauta de cómo se mide esto para Dios. Si alguno quiere ser el primero, tiene que hacerse el último y el servidor de todos. (Marcos 9:35).

Por lo tanto líderes, no están para ser servidos, sino para servir, el liderazgo es una gran responsabilidad por lo cual debes enfocarte en servir con amor a las personas a tu cargo. Recuerda que tu posición no te da una licencia para dañar y manipular, solo para servir. Por lo tanto, te animo en este día a que puedas incorporar en tu vida el concepto del servicio en amor a Dios y a tantas personas que te rodean que seguramente necesitan de lo que el Señor ha puesto en tu vida.

Por Daniel Zangaro

 

 

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