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El mundo que mira

“… la opción hegemónica de occidente tampoco tiene mucho que ofrecer, porque convengamos que el cristianismo y todas sus ramificaciones están demodé y en franco declive moral. Eso sí, tributariamente hablando, las iglesias derivadas de Jesús tienden a recaudar más que sus hermanas espirituales.”
(Esta sangre es mía, cuento de Pablo Cosin, La Voz, 17 septiembre 2017)

Pasado de moda, en franco declive moral, exitoso en la recaudación de dinero: este parece ser el resumen de la recurrente imagen que proyecta buena parte del cristianismo en el mundo de hoy. El fragmento citado es de un cuento que aparece en un suplemento dominical, así que la audiencia perceptiva podría concluir: “Bueno, es nada más que un cuento.” Pero creo que valdría la pena explorar, aunque sea brevemente, la validez – o no – de esta imagen.
No es que la esencia del cristianismo esté obsoleta. El que ya no tenga la fortaleza de antes se debe principalmente al atraso en el lenguaje que usa para comunicarse con el mundo de hoy. La réplica a las nociones de pecado, de juicio, de cielo o de infierno en una cultura absolutamente post cristiana suena apenas como un eco en un inmenso vacío conceptual. Ha fallado notablemente en articular una respuesta bíblica comprensible y desafiante a la cultura predominante porque continúa atrincherado en un discurso que tuvo algún impacto durante los dos primeros tercios del siglo XX.
En segundo lugar, los casos de dirigentes religiosos involucrados en escándalos sexuales, de dinero y de connivencia con los poderes corruptos de la política y de la justicia han asimilado la imagen de la iglesia cristiana a otras instancias de la cultura que la gente rechaza fervientemente.
Para terminar: He oído, más veces de las que me gustaría admitir, el sambenito si quieres hacerte de plata, abre una iglesia. La rigurosa doctrina de los diezmos y las ofrendas como prueba de una fe madura y comprometida ha permitido a ciertos dirigentes gozar un patrimonio que jamás habrían construido en la actividad laboral que tenían antes de convertirse en líderes espirituales.
Hecha la salvedad de que hay muchas iglesias cristianas que no entran en este breve análisis y que se comportan de un modo más parecido a sus orígenes bíblicos, habría que hacer de todos modos el trabajo de reflexionar un poco en la imagen que sus hermanas exhiben ante el mundo que las contempla.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CCLAVOZ)

3 consecuencias del pecado

Pecar es muy fácil, tal vez sea por ese motivo que minimizamos las consecuencias que tiene, y sólo nos damos cuenta de ellas cuando llega el tiempo de enfrentarlas. C. S. Lewis escribió “Tenemos una extraña ilusión de que el mero tiempo cancela el pecado. Pero el mero tiempo no hace nada ni al hecho ni a la culpabilidad de un pecado.” En la Biblia encontramos que el único que puede perdonar y olvidar nuestros pecados es Dios; sin embargo, esto no nos hace exentos de sufrir las consecuencias.

En Génesis 3 se relata la historia de cómo Adán y Eva fueron expulsados del Jardín del Edén debido a su pecado. A partir de ese entonces, todos sus descendientes (nosotros), fuimos privados de gozar de muchos privilegios. De esa misma historia podemos aprender que el pecado tiene los siguientes efectos:

1. Te aleja de Dios:

Cuando Adán y Eva pecaron, se escondieron de Dios. Esto demuestra que después de pecar, quien se aleja es el hombre y no Dios. Romanos 3:23 (TLA) dice: “Todos hemos pecado, y por eso estamos lejos de Dios.” Dios no puede habitar en donde hay pecado. Además, cuando uno está en falta y ama lo malo del mundo, se vuelve enemigo de Dios (Santiago 4:4).

2. Te destruye:

El pecado afecta a la persona mucho más de lo que puede creer. El pecado trajo miedo y vergüenza a Adán y Eva; y eran sentimientos que ellos nunca antes habían experimentado. Usualmente cuando se comete un pecado procura esconderlo y mantenerlo en reserva; sin embargo, se ha comprobado que el guardar secretos es dañino para la salud y paz mental. Los pecados generan sentimientos negativos y destructivos para la persona; los cuales pueden llegar a ser difíciles de reparar.

3. Arruina tu relación con los demás:

Adán culpó a Eva, y ella a la serpiente. El pecado arruina la relación que tenemos con otros, no solo porque a veces preferimos culpar a otros; sino también porque la misma acción daña a los demás. Por ejemplo, las familias sufren por la infidelidad de uno de los cónyuges, un grupo se ve divide por un chisme o una mentira, el crimen de alguien afecta a la comunidad, etc.

¿Qué podemos hacer?

El pecado tiene una solución: Jesús. 1 Timoteo 2:5 dice que el único mediador entre Dios y los hombres es Cristo Jesús; por lo tanto, si uno quiere ser perdonado de sus pecados debe acudir a Él y confesar todas sus faltas. 1 Juan 1:9 (NTV) dice: “pero si confesamos nuestros pecados a Dios, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.” Dios es amor y quiere restaurar todas las consecuencias que trae el pecado. Para Él no hay nada imposible; sin embargo, no obliga a nadie a aceptar su amor. Dios te dice ahora Yo estoy a tu puerta, y llamo; si oyes mi voz y me abres, entraré en tu casa y cenaré contigo.” (Apocalipsis 3:20, TLA)

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Ayudarás o mirarás?

“Jesús viajó por toda la región de Galilea enseñando en las sinagogas, anunciando la Buena Noticia del reino, y sanando a la gente de toda clase de enfermedades y dolencias. Las noticias acerca de él corrieron y llegaron tan lejos como Siria, y pronto la gente comenzó a llevarle a todo el que estuviera enfermo. Y él los sanaba a todos, cualquiera fuera la enfermedad o el dolor que tuvieran, o si estaban poseídos por demonios, o eran epilépticos o paralíticos.” Mateo 4: 23.24 (NTV)

Es impresionante la actitud de todas estas personas que escucharon el mensaje de Jesús y vieron lo que Él hacía. No esperaron con los brazos cruzados a que llegara el milagro a sus seres queridos que necesitaban ayuda, al contrario, no tardaron en transmitirles lo que habían oído y los llevaron a Él.

No les importó la distancia que tenían que recorrer, ni el tiempo que tardarían en llegar a Jesús, simplemente la compasión y el amor que tenían por sus seres queridos los impulsó a emprender ese viaje. Ellos sabían que no era en vano llevarlos a Jesús, porque Él estaba sanando a todos los que se le acercaban.

¿Acaso tú no harías lo mismo si alguien de tu familia estuviera enfermo, sabiendo que Jesús es la única solución? ¿No le dirías que Jesús puede liberarlo si tan sólo se acerca a Él? ¿Serías tan egoísta que viendo su estado, pasarías de largo?

Tristemente muchas veces actuamos mal, vemos a nuestros familiares, amigos, personas en la calle con problemas, sin esperanzas, enfermos, adictos, etc. y no somos capaces de acercarlos a Jesús. Sabemos que  “Jesucristo nunca cambia: es el mismo ayer, hoy y siempre.” Hebreos 13:8. Y que sigue sanando, restaurando y dando vida a todo el que se le acerca, pero preferimos pasar de largo y los dejamos ahí con su problema.

Olvidamos que Jesús está en todas partes y que no es necesario recorrer largas distancias para que el enfermo o necesitado llegue a Jesús, sólo basta con compartirles del amor de Dios y de lo que puede hacer en sus vidas.

Pedro y Juan, estaban de camino al templo y en la puerta un hombre cojo y  necesitado les pidió dinero; entonces Pedro le dijo: «Yo no tengo plata ni oro para ti, pero te daré lo que tengo. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y camina!». Una vez que le dijo eso, Pedro tomó al hombre lisiado de la mano derecha y lo ayudó a levantarse. Y, mientras lo hacía, al instante los pies y los tobillos del hombre fueron sanados y fortalecidos. ¡Se levantó de un salto, se puso de pie y comenzó a caminar! Luego entró en el templo con ellos caminando, saltando y alabando a Dios. (Hechos 3:1-11)

Hay muchas personas que necesitan de nuestra ayuda, si ves en tu familia, círculo de amigos o en el camino a alguien que necesita de Jesús, acércate, ofrécele tu apoyo y comparte el plan de salvación que Dios tiene para su vida.

Recuerda que nada de lo que haces para el Señor es en vano. (1 Corintios 15:58) y que todo lo que hagas por una persona, es como si  ayudaras a Jesús mismo. (Mateo 25:40)

Oremos:

Dios amado, te pido perdón por mi actitud equivocada frente a la necesidad de mi familia, amigos y personas en la calle. Perdóname por no compartirles de ti y de lo que puedes hacer en sus vidas. Por favor cambia y renueva mi corazón, lléname de tu amor que cuando vea la necesidad de las personas pueda correr y transmitirles tu palabra. Quiero ser como tú, siempre dispuesto a ayudar, en el nombre de Jesús, amén.”

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Versículos sobre el perdón de Dios

Si una persona infringe la ley, las autoridades tienen el derecho y el deber de otorgarle una sentencia de acuerdo a su falta. De la misma manera, como todos somos pecadores, merecemos pagar por nuestras culpas. Sin embargo, el amor de Dios es tan grande que envió a Jesús para pagar ese precio en nuestro lugar. Es así como podemos obtener perdón y salvación.

La Biblia está llena de pasajes que cuentan la misericordia y la gracia de Dios; y éstos son algunos textos que demuestran que el perdón de nuestro Creador es gratuito e incomparable:

2 Crónicas 7:14 (NTV)

“Pero si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, busca mi rostro y se aparta de su conducta perversa, yo oiré desde el cielo, perdonaré sus pecados y restauraré su tierra.”

Salmos 86:5 (NTV)

¡Oh Señor, eres tan bueno, estás tan dispuesto a perdonar, tan lleno de amor inagotable para los que piden tu ayuda!”

Joel 2:13 (TLA)

¡Arrepiéntanse y vuelvan a mí, pero háganlo de todo corazón, y no sólo de palabra! Yo soy tierno y bondadoso, y no me enojo fácilmente; yo los amo mucho y estoy dispuesto a perdonarlos”.

Daniel 9:9 (NTV)

“Pero el Señor, nuestro Dios, es misericordioso y perdonador, a pesar de habernos rebelado contra él.”

Miqueas 7:18-19 (TLA)

No hay otro Dios como tú. Somos pocos los que quedamos con vida. Tú perdonas nuestra maldad y olvidas nuestro pecado. Tan grande es tu amor por nosotros que tu enojo no dura para siempre. ¡Vuelve a compadecerte de nosotros, y arroja todos nuestros pecados a lo más profundo del mar!”

Hechos 3:19 (NTV)

“Ahora pues, arrepiéntanse de sus pecados y vuelvan a Dios para que sus pecados sean borrados.”

2 Corintios 5:17 (DHH)

“Por lo tanto, el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo.”

Efesios 1:7 (NTV)

“Dios es tan rico en gracia y bondad que compró nuestra libertad con la sangre de su Hijo y perdonó nuestros pecados.”

Colosenses 1:13-14 (TLA)

Dios nos rescató de la oscuridad en que vivíamos, y nos llevó al reino de su amado Hijo, quien por su muerte nos salvó y perdonó nuestros pecados.”

1 Juan 1:9 (TLA)

“Pero si reconocemos ante Dios que hemos pecado, podemos estar seguros de que él, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad.”

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Sin límites

“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” Juan 8: 31-32 (RVR1960).

Muchos solemos creer que la libertad es no tener que rendir cuentas a nadie, hacer o decir lo que queramos; sin embargo, aquel que no conoce a Jesús, no conoce la verdad, porque Él es la verdad y sólo a través de ella podemos liberarnos de la condición pecaminosa en que vivimos. Acércate a Jesús y experimenta una libertad sin igual.

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Dios entiende tu dolor y puede ayudarte

“El sufrimiento me hizo bien, porque me enseñó a prestar atención a tus decretos.” Salmos 119:71 (NTV)

Sé que no es nada fácil pasar por una prueba y estoy convencido de que a nadie le gusta atravesar momentos de dolor y sufrimiento, pero créeme que todo esto es necesario aunque no lo entendamos así. Por lo general, el dolor es el medio a través del cual nuestro Padre Celestial nos moldea para que seamos cada día más como Él.

Puede que sea difícil la situación que estás viviendo, y que tengas razones suficientes para decir que no puedes más, que todo terminó y que ya no hay solución para tu problema. Tal vez  tus circunstancias te han llevado a perder la fuerza y las ganas de seguir luchando. Pero no somos los únicos que pasamos ese proceso, también nuestro Salvador pasó por esos momentos desesperantes.

“Mientras estuvo aquí en la tierra, Jesús ofreció oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía rescatarlo de la muerte. Y Dios oyó sus oraciones por la gran reverencia que Jesús le tenía. Hebreos 5:7 (NTV)

La Biblia nos muestra dos escenas más en las que  Jesús lloró por el dolor, mostrándonos que ningún ser humano es inmune al sufrimiento. Lee: Juan 11:33-36; Lucas 19:41-44.

Sea cual sea tu situación no te limites a mostrar tu dolor delante de Jesús, acércate a Él y dile cómo es que te sientes en este instante. Recuerda que Él también pasó por momentos dolorosos y grises, y no hay nada mejor que escuchar Su voz por medio de Su palabra para seguir adelante.

“En mi angustia, clamé al Señor; sí, oré a mi Dios para pedirle ayuda. Él me oyó desde su santuario; mi clamor llegó a sus oídos.” Salmo 18:6 (NTV)

Dios puede hacer que el sufrimiento que estás atravesando sea una bendición para ti y los que te rodean.

Oremos:

“Señor amado, tú conoces mi situación y cómo está mi alma en este momento. Te pido que renueves mis fuerzas, me des sabiduría y dirección para seguir adelante. Pongo en ti mi esperanza y mi confianza. Amén.”

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Volver a empezar

Si tuvieses la oportunidad de volver al pasado  ¿Qué cambiarías?

Muchos al oír esta pregunta pensamos rápidamente en aquello que hicimos mal o en lo que nos causó dolor y en las consecuencias de una mala decisión que hasta hoy vivimos. Dios nos dio la suficiente inteligencia para lograr cosas impresionantes pero como seres humanos tenemos límites, no podemos arreglar una telaraña destrozada y tampoco podemos devolverle a una mariposa una de sus alas rotas.

Lamentablemente no tenemos la posibilidad de volver en el tiempo, como seres humanos no podemos borrar nada de lo que hicimos y nos causó sufrimiento, vergüenza o dolor y mucho menos borrar el daño que les hicimos a otras personas, pero cuánto anhela el hombre arrepentido poder reparar lo que hizo.

Dios es soberano y logra aquello que para el hombre es imposible; Él puede borrar nuestros errores y con ello nos da una oportunidad para volver a empezar “Pero yo, por ser tu Dios, borro tus crímenes y no me acordaré más de tus pecados” Isaías 43:25 (DHH).

Las palabras “No tiene solución” no valen nada cuando Dios interviene, quizás no se pueda volver a vivir el momento en que te equivocaste pero sí puede perdonarte y ayudarte a hacer mejor tu presente y futuro,  puede restaurar a quien lastimaste y darte la oportunidad de pedir perdón y ser perdonado.

Si te equivocaste y has tomado muchas malas decisiones, Dios puede ayudarte y darte esa oportunidad que necesitas para volver a comenzar, solamente debes estar dispuesto a aceptarlo en tu corazón, Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!” 2 Corintios 5:17 (NTV).

Cristo puede marcar en tu vida personal un antes y un después, no te quedes quieto viviendo sumido en el pasado y en el pecado, si sabes que necesitas una oportunidad para volver a comenzar, búscala en Dios porque solamente Él puede darte lo que necesitas para resurgir.

Dios puede hacer nuevas las cosas “Y el que estaba sentado en el trono dijo: «¡Miren, hago nuevas todas las cosas!». Entonces me dijo: «Escribe esto, porque lo que te digo es verdadero y digno de confianza” Apocalipsis 21:5 (NTV).

¿Quieres tener un nuevo comienzo?

Por Judith Quisbert.

 

 

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Ven y sígueme

Jesús, después de ser bautizado,  fue llevado por el Espíritu Santo  al desierto, donde fue  probado y salió victorioso.   Posteriormente el Señor inicia su ministerio haciendo un llamado  a quienes Él había escogido diciéndoles: “Venid en pos de mí,   y os haré pescadores de hombres” (Mateo 4:19),  los llamó a cada uno de ellos  y dejando sus ocupaciones lo siguieron.

Todos ellos fueron instruidos por Jesús y en su caminar con Cristo vieron milagros asombrosos: Los ciegos podían ver, paralíticos caminar, mudos hablar, vieron a los mares y vientos obedecerle, también fueron testigos de la multiplicación de panes y peces para alimentar a multitudes. Los hombres que decidieron seguir a Jesús no se imaginaban que era un tours con el mismo Dios.

En Marcos 10:17-12 está el relato de la oportunidad en la que un joven que tenía muchas posesiones le preguntó a Jesús qué podía hacer para heredar la vida eterna, a lo que el Maestro le respondió que debía guardar los mandamientos que conocía. El joven entonces le dijo: Maestro, todo  he guardado desde mi juventud. Jesús lo miró a los ojos y le hizo una propuesta: Vende todo lo que tienes y dalo a los pobre, y tendrás tesoros en el cielo; y ven y sígueme.  Al escuchar esto  el hombre se fue triste porque tenía muchas posiciones.

El seguir a Jesús demanda renunciar a nuestras comodidades, es salir de nuestro estado de confort. “Ven y sígueme” es una invitación de Jesús para poder capacitarnos y  mostrarnos la gloria de Dios de cerca con milagros y prodigios.  Hoy te animo a que aceptes la invitación del Maestro a seguirlo, que tu respuesta sea como la de los discípulos que dejaron lo que estaban haciendo y lo siguieron.

 “Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”.  Lucas 9:62

¿Cuál será tu respuesta?

Por Miguel Ángel Veizaga.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Afirmar

Hemos visto grandes cruzadas de milagros y sanidades en las que multitudes reciben al Señor como su Salvador; pero en algunos casos no se   hace un seguimiento para poder  afirmar   a los nuevos convertidos en la fe.

El afirmar a nuevos creyentes es parte de nuestra labor como discípulos  para poder tener personas realmente comprometidas con la obra del Señor.

¿Qué es afirmar?

Afirmar es: cimentar, establecer, asegurar, consolidar  y fortalecer la decisión del nuevo convertido.  Es hacerle el seguimiento apropiado hasta que crezca  y pueda  sostenerse por sí mismo en la fe, a pesar de todo lo que pueda pasar en su caminar con Cristo.  También es formarlo  para que pueda  ser discípulo y un líder en el reino de Dios, instruido en los valores cristianos,  renovando así su mente para que de  esa forma sea transformado por completo.

El nuevo cristiano, tiene que estar enteramente preparado  e instruido con la palabra de Dios y ser un  discípulo  que no tenga de qué avergonzarse; si no se afirma nunca podrá dejar de ser un seguidor y no estará dispuesto a hacer todo por amor al Señor. “…a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.  2 Timoteo 3:17

Los doce discípulos se afirmaron aprendiendo a orar para tener una comunicación e intimidad con Dios,  estaban comprometidos con el reino de nuestro Señor,  vivieron  en  obediencia y sumisión. Estaban dispuestos a pasar procesos que iban a moldear sus vidas,  eran  valientes en las pruebas  porque sabían a quién seguían.  Tenían  un corazón adorador; no importaba el momento ni el lugar para adorar a su creador, su fe estaba puesta en Jesús y  aprendieron a esperar en Dios; pero sobre todo anhelaban ser mejores cada día.

El afirmarse es cumplir con lo que Dios manda en su palabra, es estar dispuesto a seguir sin importar lo que uno pueda pasar. Seguir a Cristo es confiar plenamente en Él  y estar seguros de que nada nos puede separar de su gran amor.

 “Bendito el hombre que confía en el Señor, y pone su confianza en él. Será como un árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme que llegue el calor, y sus hojas están siempre verdes. En época de sequía no se angustia, y nunca deja de dar fruto”. Jeremías 17:7-8

Por Miguel Ángel Veizaga.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Un error que cometen los cristianos

En Mateo 25:14-30 se encuentra una parábola muy conocida donde Jesús hace una comparación entre el reino de los cielos y la actitud de un hombre y sus siervos. En la historia, antes de irse de viaje, un hombre le entregó cinco talentos a un siervo, a otro dos, y a otro uno. Cuando regresó de su travesía, pidió que sus siervos le explicaran qué habían hecho con sus talentos. “El que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. El que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.” (v. 17-18, RVR1960) El hombre estuvo complacido con la actitud de los dos primeros siervos, pero recriminó al que había escondido un talento (dinero).

Algunos pueden pensar que la actitud del hombre en la historia es un poco drástica; después de todo, el siervo que recibió un solo talento fue precavido y cuidadoso con lo que se le había encomendado. No obstante, en el versículo 24, el siervo afirma que conocía el carácter de su señor; pese a ello, él escogió no hacer la voluntad de su amo.

El error que cometen los cristianos:

Aquellas personas que ya tienen años en el cristianismo muchas veces caen en el error de hacer lo contrario a lo que Dios espera de ellos. Al igual que el siervo, estos cristianos tienen un conocimiento firme sobre Dios; sin embargo, no ponen en práctica los talentos que recibieron y prefieren pasar una vida pasiva y sin acción.

En la parábola, los dos siervos que generaron ganancias lo hicieron por medio de los negocios; por otra parte, cuando el amo reclama al tercer siervo, no le exige hacer lo mismo que los demás. En cambio, le sugiere otro método de ganancia igual de efectivo (v. 26-27). Asimismo, Dios no espera que todos desarrollemos nuestros talentos de la misma manera que otros. Lo que a Él le interesa es que no enterremos esos talentos y nos quedemos de brazos cruzados. No podemos hacer la voluntad de nuestro Padre si no estamos dispuestos a ejercer aquello que ya tenemos.

No seas como el siervo que desaprovechó lo que recibió de su señor. Usa tus talentos y da lo mejor para que Dios se muestre a través de todo lo que haces y, al final de todo, tendrás la dicha de ser parte del grupo de siervos fieles que gozan en la presencia del Creador.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Su gloria

Todos en algún momento hemos querido experimentar un milagro en diferentes áreas de nuestras vidas.

Creerle a Dios no es un sentimiento,  es una decisión basada en la convicción que produce la verdad de la palabra del Señor en nuestras vidas.  Confiar en Dios nos lleva a ser sus amigos, nos hace sentir seguros a su lado  y también podemos ver su poder  manifestarse en respuesta a lo que le pedimos.

Hay situaciones que nos impiden creerle a Dios, como las malas experiencias vividas, ver milagros en las vidas de otros que están pasando la misma necesidad que uno, una oración no contestada y podemos mencionar muchos casos más que hacen que nuestro corazón se llene de duda.

Puede ser que delante de ti se encuentre una piedra que te impide ver lo que Dios quiere hacer en tu vida.  La duda, la falta de fe y el no creer al Señor son obstáculos muy fuertes que nos imposibilitan poner nuestra confianza en Él; toma la decisión de quitarlas de tu mente y corazón  para que puedas ver la gloria del Padre.

Posiblemente  tu situación no tiene solución, probablemente tu matrimonio se esté desmoronado, tus hijos se encuentren presos de  los vicios y  económicamente no estés bien. Muchas  situaciones pueden agobiar tu corazón e impedir que  creas  que Dios va a responder a tu petición, pero lo importante es confiar en lo que el Señor promete en su palabra: “Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible”. Marcos 9:23.    Aún en el peor momento de tu vida, cuando no veas una salida a lo que estás atravesando, tienes que poner tu mirada en Jesús.

La mujer con flujo de sangre,  Jairo, Bartimeo y muchos  más creyeron en el peor momento de sus vidas.  Pusieron su confianza en Jesús y no en las personas,  su situación no los detuvo y  los llevó creer mucho más que recibirían lo que buscaban.

¿Quieres ver la gloria de Dios?   El secreto está en creer, no dejes que la duda y los acontecimientos diarios desvíen tu mirada de Jesús.

“Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” Juan 11:40.

Por Miguel Ángel Veizaga

 

 

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

40 preguntas: Examina tu relación con Dios

El hecho de ser cristianos no nos hace perfectos ni libres de problemas. Al igual que cualquier otro ser humano, los cristianos pasamos por momentos buenos y malos. No obstante, lo que hace la diferencia entre alguien que tiene a Jesús como su salvador, del que no lo tiene, es que los cristianos podemos disfrutar de la esperanza y paz que sólo Dios puede dar.

Conocer a Dios de manera personal y darle el primer lugar en nuestra vida debe mostrarse en nuestro comportamiento, autoestima, carácter, relaciones con la familia, compañeros, amigos y demás personas. Lamentaciones 3:40 (NVI) dice: “Hagamos un examen de conciencia y volvamos al camino del Señor.” Cada cristiano debe estar en constante evaluación de su relación con Dios y con los demás, para que pueda corregir sus malas acciones y pedir perdón a Dios.

Éstas son algunas preguntas que te ayudarán a darte cuenta si realmente estás reflejando el carácter de Jesús y si es que Él es el Señor de tu vida:

  1. ¿Le he entregado a Dios todas las áreas de mi vida?
  2. ¿Quién ocupa el primer lugar en mis pensamientos?
  3. ¿Realmente Dios es el dios de mi vida?
  4. ¿En qué forma reflejo el mensaje de Dios?
  5. ¿Adoro a Dios en todo momento?
  6. ¿Busco a Dios solo cuando tengo problemas o está presente en cada momento de mi vida?
  7. ¿Alguna vez me he avergonzado de ser cristiano y/o he negado a Dios?
  8. ¿Hay algún pecado que me niego a dejar?
  9. ¿Pongo excusas para mis pecados?
  10. ¿Soy obediente a Dios, incluso cuando me es difícil?
  11. ¿Oro con sinceridad, humildad, y fe?
  12. ¿Leo la Biblia porque quiero aprender de Dios o por obligación?
  13. ¿Leo la Biblia con un corazón dispuesto?
  14. ¿Cuál es mi motivación para asistir a la iglesia?
  15. ¿Estoy conforme con mi apariencia física?
  16. ¿Soy alguien que critica y causa división o alguien que fomenta la unidad?
  17. ¿Pongo al chisme como una excusa para ayudar a otros?
  18. ¿Perdono a otros así como Dios lo hizo conmigo?
  19. ¿Guardo resentimiento o rencor hacia otros?
  20. ¿Las demás personas saben que soy cristiano?
  21. ¿Soy de ejemplo para otros?
  22. ¿Qué dicen otros de mí? ¿Tengo un buen testimonio?
  23. ¿Mi lenguaje refleja amor?
  24. ¿Me regocijo en mi trabajo, estudios, o en la labor que realizo?
  25. ¿Soy obediente y respetuoso con mis padres, tutores o alguna otra figura de autoridad?
  26. ¿De qué manera cuido mi pureza sexual?
  27. Cuando tengo problemas, ¿mi primer recurso es acudir a Dios o a los hombres?
  28. ¿Estoy acostumbrado a mentir? ¿Por qué me es tan difícil decir la verdad?
  29. ¿Soy compasivo y paciente con otros?
  30. ¿Le he entregado mi carácter a Dios?
  31. ¿Soy humilde?
  32. ¿Agradezco a Dios en todo momento?
  33. ¿Veo a los demás cristianos como a mis hermanos o como competencia?
  34. ¿Estoy predicando con mi ejemplo?
  35. ¿Doy un buen testimonio en mi familia?
  36. ¿En mi trabajo me conocen por mi carácter intachable?
  37. ¿Todo lo que hago es como para Dios?
  38. ¿Soy justo en mis acciones?
  39. Hasta este momento, ¿mi vida ha reflejado el carácter de Jesús?
  40. Si mi relación personal con Dios no ha sido la mejor ¿cuán dispuesto estoy de entregarle mi corazón, mente y pensamientos?

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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