Jesus | CVCLAVOZ

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Búscalo con pasión

Algunas personas, generalmente los hombres, se hacen admiradores de un jugador de fútbol que suele destacar por su destreza al manejar el balón o por ser quien marca los goles.

El hincha, nombre con el que se conoce a la persona que sigue con pasión y entusiasmo a su deportista favorito, ama ver un partido de fútbol y por eso no se pierde ninguno de los días que su equipo va a presentarse: no importa si está lloviendo o nevando,  si está haciendo un temporal que invita a quedarse en casa o si el partido es muy tarde o muy temprano, de hecho existen fanáticos que suspenden actividades familiares con tal de ir al estadio.

Es verdad que hay una transmisión televisiva para que cualquiera pueda ver el encuentro deportivo en la comodidad de su hogar, pero el aficionado verdadero conoce muy bien la diferencia de ver el partido en la tv y gritar los goles en vivo y directo.

¿Alguna vez te hiciste fanático de algún equipo y fuiste a ver un partido de fútbol sin importar la oposición de la naturaleza y hasta suspendiste algunas actividades que ya tenías programadas con tal de estar cerca de tu jugador favorito?

Tal vez te parezca una locura esforzarse tanto sólo por ver a alguien que quizás nunca se entere quien eres, sin embargo la Biblia destaca a un hombre que hizo algo similar.

Lucas 19:1-10, relata la vez que Jesús entraba en Jericó y un hombre rico llamado Zaqueo quería verlo pero no podía porque había mucha gente. Para ese momento la fama de Jesús se había extendido, Lucas 5:15 dice que siempre tenía una gran muchedumbre siguiéndole a todos lados.

Zaqueo desistió de su intento por penetrar la multitud porque era imposible y decidió adelantarse al trayecto que recorría Jesús, y a pesar de tener baja estatura logró subir a un árbol para verlo, entonces cuando el Señor llegó al lugar, levantó la vista y dijo: “Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.”

Es increíble lo que muchos fanáticos hacen por ver a sus estrellas de fútbol, pero también son extraordinarias las acciones que muchos hombres hicieron para acercarse a Dios, la diferencia es que el admirador de alguna estrella del deporte quizás nunca pueda darle la mano a su ídolo, pero Jesús sí está dispuesto a dar Gracia a todos los que de corazón humilde lo buscan.

Consideremos: Jesús tenía una muchedumbre siguiéndole y podía escoger a cualquiera para pasar la noche, pero eligió a uno solamente. No lo hizo al azar o porque el publicano sí tenía el dinero para dar un banquete, esos son aspectos irrelevantes que Dios nunca tomó en cuenta para elegir a alguien, lo hizo porque de entre todos los que lo rodeaban el que tuvo más pasión por buscarlo fue ese hombre pecador.

Eso mismo pasó con la mujer que tenía el flujo de sangre: mucha gente lo seguía, pero sólo ella tuvo la audacia para acercarse a Él con fe (Marcos 5:25), en otra ocasión un ciego llamado Bartimeo gritaba y aunque todos le decían que se callara gritó mucho más, y al final terminó recibiendo su milagro (Marcos 10:46-52).

Si la pasión, la determinación y unas ganas verdaderas de conocer a Jesús no acompañan la búsqueda de su presencia, es posible que no podamos encontrarnos con él.

“Dios mío, tú eres mi Dios, con ansias te busco, pues tengo sed de ti; mi ser entero te desea, cual tierra árida, sedienta, sin agua. ¡Quiero verte en tu santuario, y contemplar tu poder y tu gloria, pues tu amor vale más que la vida! Con mis labios te alabaré; toda mi vida te bendeciré, y a ti levantaré mis manos en oración.” Salmos 63:1-4 Versión Dios Habla Hoy

 

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¿Crees que Reír Mucho Atrae Llanto?

Hay personas que han crecido con dichos como ese. Desde pequeños les inculcan que reír mucho trae lágrimas o que no deben hacerlo porque atrae todo lo contrario.

Son supersticiones. Son cuentos. Pero confieso que yo por muchos muchos años tuve ese chip en mi cabeza. No tengo la menor idea dónde lo recogí. Y por los giros de la vida, que de pronto estás muy feliz y de pronto te vienen razones para estar triste o llorar, creía que eso era cierto. Era como un sentido de culpa por ser muy feliz aunque fuera por solo un momento. ¡Es increíble pensar en las cosas con las que uno puede cargar desde chico y sin siquiera saber por qué ni de donde vienen!

Lo cierto es que si has sentido así como yo, sea porque alguien te lo inculcó o porque lo escuchaste tanto que te lo creíste, te tengo muy buenas noticias:

Nuestro Dios, Jesús es un Dios que nos libera de todo tipo de cadenas, incluso de cositas como esas que nos han sembrado en la mente y que a veces nos limita el ser felices. Desde que recibí a Dios en mi vida, he sentido lo que llaman con mucha certeza “el gozo del Señor”. Y buscando Escritura para respaldar mi sensación encontré en Salmos 16:11 Tú me enseñas el camino de la vida; con tu presencia me llenas de alegría; ¡estando a tu lado seré siempre dichoso!”

Eso me confirmó que no debo sentir ninguna culpa por reírme demasiado, más bien de inmediato pienso que es Él, ya que nos llena de alegría con Su Santa Presencia.  Haz la prueba. Recibe a Jesús en tu corazón. ¡Va a ser la mejor decisión de tu vida!

Su gracia

Simón  era un hombre que se dedicaba a la pesca,  cuando Jesús lo vio a orillas del mar le dijo: “Sígueme”.  Después  le cambio el nombre a  Pedro, para que fuera un pescador de hombres.

Jesús, hizo algo extraordinario cuando Simón  aún era pescador,  llenó su barca de peces  y ese milagro fue el que quedó grabado en la memoria de este hombre.  Después, cuando seguía al Maestro,  todo iba muy bien hasta el momento en el que Jesús reveló que moriría y resucitaría;  fue ahí cuando  Pedro prometió  seguirle hasta la muerte, una promesa que no duró porque  cuando Jesús fue arrestado y lo condujeron a la casa del sumo sacerdote,  Pedro  lo seguía de lejos, y cuando todos se sentaron en el patio de la vivienda,  tres personas reconocieron al discípulo  y  a todas ellas les negó conocer a Jesús.

Pedro, sintiéndose quizá indigno,  volvió a su vida de antes a ser un pescador.  Cuando Jesús resucitó fue a buscarlo,  Él sabía dónde podía encontrarlo e  hizo  lo mismo que la primera vez: llenó su barca de peces. En seguida, Pedro reconoció  al autor del milagro y cuando estuvo delante de Jesús, el Maestro le preguntó tres veces,  una por cada negación:   ¿Simón, me amas?  Y él respondió: Sí, Señor, tu sabes que te amo.   Pedro, no fue condenado, él vio la gracia de Dios en su vida después de haberle fallado en  las promesas que  hizo.

Dios te ha  redimido y  dado un nuevo nombre,   con el transcurrir del tiempo quizá le has fallado negándole con tus acciones. Hoy posiblemente te encuentres lejos de Él y regresaste a tu vida pasada,  olvidando las promesas de Dios en tu vida.  El Señor, te está buscando porque quiere restaurarte  y derramar su gracia sobre tu vida con amor.

 Si Jesús  te  preguntara: ¿Me amas?  Desde lo más profundo de tu corazón y con sinceridad, ¿tu respuesta sería como la de Pedro: Sí, Señor, tu sabes que te amo?.

 “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo”. 1 Corintios 15:10  (RVR1960)

Por Miguel Ángel Veizaga

 

 
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¿Sabes Por Qué hay Gente que no Cree?

Parece mentira. A tantas personas se les hace tan fácil creer en “teorías” o en cualquier invento que tenga cualquier persona por ahí, de pronósticos, de inventos que se crean y se difunden por los medios. Ni tan siquiera hay que convencerlos mucho. ¡Ellos toman la decisión de creer!

Entonces nos preguntamos: ¿Y por qué cuando yo le hablo de Dios, de que es nuestro Creador, que nos ama y por eso envió a Su Único Hijo a morir para el perdón de nuestros pecados…no me creen? ¿Por qué si les cuento cómo me ha ayudado Dios a salir de todos los problemas en los que estaba y me da paz y sosiego para soportar los que aún tengo, no me creen? Creen en los eventos históricos que aparecen en los libros pero dudan de la Biblia…¡insólito!

La respuesta está en que es Dios quien con Su inmensa misericordia, cuando siente en ellos una duda o una apertura hacia Él, les quita “las escamas de los ojos”, ablanda sus corazones y hace el cambio en ellos. Por eso, hay que orar por las personas que queremos que abran sus corazones a Jesús. No está en nuestro desempeño, poder de convencer o preparación. No hay una fórmula que sea cien por ciento efectiva. Es sólo Dios y a Él tenemos que dar siempre la gloria.

Dios sigue obrando milagros. Sólo los que no creen no los pueden ver. Dios sigue vivo, Jesús sigue vivo en cada uno de nosotros y Su Espíritu Santo continúa obrando maravillas en todas partes del mundo y muchas veces en los lugares más inesperados.

La gente toma la decisión de no creer porque tampoco quieren compromiso. Cuando tú decides seguir a Jesús, aunque Él no te exige nada; Él lo que desea es una estrecha amistad contigo, pero Su Espíritu te da convicción, te hace sentir mal cuando haces algo mal, te hace sentir mal cuando tratas mal a alguien, cuando dices una mentira, cuando dices una mala palabra, cuando haces un mal gesto, cuando te dejas llevar por el orgullo. La gente toma la decisión de seguir dándose mala vida; porque el actuar de mala manera les trae malas consecuencias…pero piensan que es el “destino” o que “estaban de malas”. Dios no promete que no vas a tener problemas, pero te da una actitud muy diferente ante ellos. Dios no te quita los problemas pero te acompaña y te ayuda a soportarlos y a sentirte bien aún pasando por ellos.

Si aún no has abierto tu corazón a Jesús, te invito que lo hagas ahora mismo para que conozcas Su paz, Su amor, Su compañía. Sólo tienes que decirlo a solas con Él en voz alta: Jesús, creo en ti, en tu muerte por mis pecados, en tu resurrección y te pido que perdones todos mis pecados y entres en vida para ser mi Señor y mi Salvador. En el nombre de Cristo Jesús, amén.

Si hiciste esta oración por primera vez o estás regresando de nuevo a Cristo, comunícate conmigo. Dios te bendiga abundantemente.

¡Se busca!

Un día un pastor perdió a una de sus 100 ovejas y no dudó en dejar a las 99 y salir a buscar a aquella que se había perdido. Es impresionante ver esa muestra de amor por una oveja, pues hasta una fiesta hizo porque la encontró, y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido” Lucas 15:6 (NTV).

Así es el amor de un padre por su hijo, sin importar la distancia que debe caminar o lo que deba sufrir o dejar, su padre lo haría solamente para encontrar y estar junto a su hijo.

“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” Lucas 19:11 (NTV).

Quizás los problemas, afanes y necesidades te hayan alejado del camino correcto y tu mirada y tus pensamientos ya no están encaminados a Dios, dejaste el redil para seguir tus planes, tus metas y te perdiste.

Puedes tener muchas equivocaciones y estar tan perdido en el pecado que ya no tienes el ánimo y la esperanza de encontrar una salida, pero recuerda “Jesús te está buscando” no te escondas por vergüenza y tampoco te quedes en silencio, es tiempo de llamar a tu Padre para que te rescate de donde estás.

Jesús vino a buscar aquello que se ha perdido, quizás hoy estás vagando por la vida y no sabes a dónde ir o qué hacer y has pensado en quedarte sentado y en silencio esperando morir. ¡Qué equivocados estamos! Si pensamos que Dios se olvidó de sus hijos por caer en el pecado y peor aún negar que nos esté buscando para ayudarnos.

¡Vuelve a casa, junto a tu Padre!

De la misma manera, ¡hay más alegría en el cielo por un pecador perdido que se arrepiente y regresa a Dios que por noventa y nueve justos que no se extraviaron!” Lucas 15:7 (NVT).

Por Judith Quisbert

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La curiosidad no mató al gato

La Biblia relata la vida de un hombre llamado Zaqueo que era jefe de los cobradores de impuestos, era una persona que tenía riquezas y vivía sin carencias.

A pesar de que tenía todo, él sentía una falta en su corazón que debía ser llenada de amor. Zaqueo no era del agradado de las personas porque se aprovechaba de ellas. Un día cuando Jesús estaba pasando por la ciudad de  Zaqueo quiso ver quien era Él.

¿Has escuchado el dicho que dice: La curiosidad mató al  gato?  Estoy seguro que sí, muchas veces es mencionado en momentos cuando alguien es entrometido en lo que no le concierne.

En esta oportunidad la curiosidad de Zaqueo no lo mató, es más, por causa de esto la salvación llegó a su casa y su vida fue transformada para bien.

“Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham”. Lucas 19:8-9

La curiosidad de este hombre lo llevó a subirse a un árbol, ahí fue donde Jesús lo vio y le dijo que era necesario que  Él entrara en su casa. Hoy necesitas hacer un poco  de esfuerzo porque el Señor  quiere entrar a tu corazón para cambiarlo y limpiarlo, sé un curioso de las cosas de Dios y de su palabra porque eso no te matará; sino te dará vida eterna.

“Porque el que me halle, hallará la vida, Y alcanzará el favor de Jehová”. Proverbios 8:35

Por Miguel Ángel Veizaga

 
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¡Dios moverá todo, para encontrarte!

Posiblemente alguna vez has oído o cantado esta canción:

Jonás no hizo caso a la palabra de Dios por eso del mar profundo un pez se lo comió

Además de ser una canción bonita, contiene una gran verdad, pues cuando Dios llama y el hombre se resiste a oír y obedecer, Él moverá todo para alcanzar a quién llamó.

Jonás fue llamado a predicar en Nínive pero intentó huir de la responsabilidad que Dios le había dado y en medio de su huida en barco, una tempestad lo alcanzó y cayó en el estómago de un pez gigante y allí pasó tres días hasta que se arrepintió.

¡Dios movió el mar para alcanzar a Jonás, quién tenía una misión!

Ahora bien, el Señor mandó un poderoso viento sobre el mar, el cual desató una violenta tempestad que amenazaba con despedazar el barco Jonás 1:4 (NTV).

Para muchos escapar es la respuesta a sus problemas y responsabilidades pero escapar es el acto más cobarde y egoísta que puede hacer el hombre.

Cada verdadero hijo de Dios tiene una misión (Proclamar las buenas nuevas), Marcos 16:15 dice: Entonces les dijo: «Vayan por todo el mundo y prediquen la Buena Noticia a todos, la misión ya fue dada a cada uno de aquellos que ha tenido el privilegio conocer y aceptar a Cristo en su corazón.

Ahora, ¿Cuántos de nosotros hemos estado cumpliendo con la misión? Así como Dios movió el mar para llamar a Jonás a cumplir lo que le había encomendado, así también Dios puede mover nuestras vidas.

No esperes a que Dios mueva el piso donde estás parado para que cumplas lo que te ha sido encomendado,  sé valiente y comienza a ser obediente a la voz de Dios. Por Judith Quisbert

 
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¡Feliz Cumpleaños Jesús!

Y llegó la Navidad.

Tiempo de felicidad, de alegría, de bondad.

 

Qué belleza…la grandeza vino al mundo.

¡Majestad!

 

Tan precioso, Rey hermoso;

Su pureza sin igual.

 

Sacrificio por los vicios, los pecados, la maldad.

 

Y tu amor es asombroso, Rey glorioso.

Tus promesas, Tu verdad…

 

Por tu creación amada, tan perdida, tan cegada

Que no vieron tu Deidad.

 

Sin embargo no hizo mella, Tu cumpliste, tu vida diste

Por tu amada humanidad.

 

Reviviste la esperanza y una hermosa relación.

Diste al mundo redención, y un mensaje:

¡Amor y paz!

 

Feliz Navidad a todos.

El hombre de la mano seca

“Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?” Mateo 12:10

La Biblia nos relata la historia de este hombre, del cual no sabemos demasiado. Simplemente que tenía una mano enferma, la expresión utilizada es que esa mano estaba “seca”.

Una de las maneras de interpretar la palabra seca es relacionándola con la falta de fruto y hasta con la muerte, cuando por ejemplo decimos: esa planta se está secando.

Digamos que este hombre tenía un área de su vida en necesidad, hacía falta el toque sanador de Jesús para restaurar el normal desenvolvimiento de su mano.

¿Cuántas personas podrían estar en la misma situación? Tal vez, no necesariamente teniendo una mano con problemas, sino que tienen áreas de su vida, que se encuentran secas, áridas y sin fruto, que parecen muertas aunque no lo están. Hay personas muy exitosas en lo profesional y /o laboral, pero que experimentan un área seca en lo relacionado con los sentimientos.  Y aunque parecen fuertes y con toda la apariencia de un ganador, íntimamente sienten la insatisfacción de no poder desarrollar su parte afectiva.

Quizás en otro extremo, se ubica un grupo de personas que tienen una gran facilidad para socializar y las relaciones, pero ven que no prosperan económicamente, pese a los descomunales esfuerzos que realizan, mientras que hay quienes experimentan sequedad en el área espiritual. Algunos, que aun habiendo conocido a  Jesús, ven que no pueden dar fruto y otros que han comenzado bien y con mucho entusiasmo pero se fueron secando y ya no sirven al Señor con el fervor y el entusiasmo que lo hacían en otro tiempo.

Finalmente, el hombre de la mano seca, tuvo un encuentro con Jesús y Él lo sanó; la enfermedad instantáneamente se fue.

¿Hay algún área en tu vida que consideres “seca” o que no da fruto? ¿Está tu vida espiritual secándose? Riégala hoy retomando la oración, entrégale a Jesús, esa parte de tu vida que parece estéril, deja que el obre y verás como la salud vuelve a tu cuerpo, deja que Él intervenga en tu vida sentimental y también sanará esa área. ¿Trabajas mucho y no ves el fruto de tanto esfuerzo? Permítele a Jesús intervenir para que seas prosperado.

 
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Características de los que son fuertes en la fe

La fe no se puede medir en cantidades; sin embargo, las personas pueden desarrollar mayor madurez, fe y obediencia como resultado de su compromiso con Dios. Es así como se puede decir que alguien es fuerte en la fe (Romanos 15:1-6). Éstas son algunas prácticas que podemos realizar para llegar a ser como ellos:

1. No ser egoístas:

El conocimiento de cualquier tema relacionado con Dios o que ayude a conocerlo mejor, debe ser compartido. De nada vale acumular estudios si éstos no son de utilidad para otros. Los fuertes en la fe saben que no todos tienen la oportunidad de adquirir conocimientos, por lo tanto, están más que gustosos en ayudar a los demás.

2. No menospreciar a otros:

El saber algo que otros desconocen, no nos otorga el poder de degradar a los demás. Es fácil criticar y señalar los errores de otros, pero las personas maduras nunca se creen más que los que lo rodean.

3. Apoyar a los demás:

No basta con solo dejar de criticar. También se debe prestar ayuda a los que fracasan. Los que son fuertes en la fe saben que nadie está seguro y que todos podemos equivocarnos. Así que prestar apoyo sin juzgar, es una práctica digna que debemos imitar.

4. Ser humildes:

Los que son fuertes en la fe no se jactan de ello, sino que son humildes y prefieren darle la honra a quien verdaderamente se lo merece: Dios.

5. Seguir el ejemplo de Jesús:

Ser cristiano no implica imitar a un líder o pastor. Ser cristiano es seguir el ejemplo de Jesús y tener completo entendimiento de que para ello necesitamos de Dios. Si quieres ser fuerte en la fe, deja que Jesús sea tu modelo de vida y no te dejes influenciar por aquellos que digan lo contrario.

6. Promover la unidad:

Debemos ser pacificadores y no destructores. Ser maduro es estar consciente de que un grupo de personas siempre tendrá diferencias por el simple hecho de que todos somos distintos. Los fuertes en la fe son sabios al momento de promover la unidad y mantener paz en tiempos difíciles.

7. Vivir en esperanza:

Es importante vivir con la certeza de que este mundo es pasajero y que nuestro verdadero hogar nos espera en el cielo. Al comprender esta verdad, podrás afrontar cualquier adversidad y vivir en esperanza, así como muchas otras personas fuertes lo hacen.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Quieres que el Señor te lleve a Su presencia cuando Él vuelva?

Enoc vivió trescientos sesenta y cinco años andando en íntima comunión con Dios. Y un día desapareció, porque Dios se lo llevó. Génesis 5:23-24 (NTV)

Enoc es uno de esos personajes bíblicos de quien, aunque vivió 365 años, no se conoce mucho, pero lo poco que la Biblia dice de su vida es que él tuvo una vida digna y agradable delante de Dios. A tal punto que Dios se lo llevó sin que Enoc conociera la muerte física.

¿Qué hermoso verdad? Irse con el Señor y estar al lado de él todos los días de nuestra vida, sin tener necesidad de nada. Pues esa es nuestra esperanza: “Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” Juan 3:16. (NTV)

“Los que creen en el Hijo de Dios tienen vida eterna. Los que no obedecen al Hijo nunca tendrán vida eterna, sino que permanecen bajo la ira del juicio de Dios.” Juan 3:36. (NTV)

“Pues la paga que deja el pecado es la muerte, pero el regalo que Dios da es la vida eterna por medio de Cristo Jesús nuestro Señor.” Romanos 6:23. (NTV)

Una de las características de Enoc, por la cual fue llevado al cielo, era que caminaba en íntima comunión con Dios. Y es que el Señor creó a la humanidad para que ésta tuviera en una relación personal de amor con él. Más que cualquier otra cosa, Dios desea que le amemos con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas.

No estoy aquí para juzgarte ni hacerte sentir mal, pero si no estás manteniendo una relación personal con Jesús, amándolo como Él se merece, ni siendo obediente a lo que el Señor te pide en Su palabra, entonces terminarás mal.

No te puedes pasar la vida diciendo que todo está bien cuando tú sabes que en tu interior las cosas no están tan bien como tú piensas. No podemos engañarnos a nosotros mismos, cada uno sabe cómo esta nuestra relación con Dios y qué cosas están impidiendo que caminemos como Dios quiere que lo hagamos.

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan. Señálame cualquier cosa en mí que te ofenda y guíame por el camino de la vida eterna.” Salmos 139:23-24. (NTV)

Es hora de que te levantes en el nombre del Señor y que comiences a vivir en íntima comunión con Dios. Tus errores no te van alejar de Dios si tu no lo permites, Él siempre está dispuesto a perdonar y levantar a aquellos que se arrepienten.

 
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Gracia que me salvó

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Efesios 2:8-9

Uno de los temas más importantes, que es necesario que comprendamos bien, es el tema de la gracia.

Es necesario, en primer lugar, establecer qué es y qué no es la gracia para no caer en exageraciones.

Lamentablemente, a veces se enseña esto, con un concepto tan desproporcionado, que lleva al libertinaje, pensando que la gracia implica una especie de licencia para pecar.  Sin embargo, nada más lejos de la realidad.

En posición diametralmente opuesta, se encuentra otro grupo, que al reducir el alcance de la gracia, termina imponiendo el legalismo en sus congregaciones.

Suele verse en estos casos, que llega el necesitado a la iglesia, y en lugar de encontrarse con el amor cristiano, recibe una lista de requisitos que debe cumplir. Teniendo que soportar unas veces el rigor de la ley y otras el prejuicio religioso.

En cuanto a este tema, es muy interesante el libro de Philip Yancey “Gracia divina, condena humana” donde el autor nos confronta con muchas actitudes, que tienen más que ver con el juzgar que con el restaurar.

Tomemos el ejemplo de Jesús:

Dice la Biblia, que en una oportunidad, encontraron a una mujer en pleno acto de adulterio. La ley decía que correspondía que fuera apedreada. ¿Era justo? Según la ley sí, porque no había duda sobre lo que la mujer había hecho y la ley era clara al respecto.

Sin embargo, con Jesús llega la gracia. Dice el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra, entonces nadie pudo condenarla.

En este caso, vemos claramente el obrar de la ley y la gracia.

Gracia, es favor inmerecido, un regalo dado por Dios, no por los méritos humanos, no por lo buenos que somos, sino por su infinito e incondicional amor.

Es importante aprender a vivir bajo la gracia.  Como pecadores que somos, la necesitamos.

Aceptar la gracia implica renunciar al legalismo y obrar con amor y misericordia para con nuestro prójimo. Restaurando al caído, animando y reflejando en nuestra vida el amor de Cristo.

Esto también funciona para uno mismo, por las veces que le hemos fallado a Dios, hoy podemos ir confiadamente delante del Señor, sabiendo que hay una nueva oportunidad para cada vida.

Por Daniel Zangaro.

 

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