Perdon | CVCLAVOZ

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Volviendo a casa

Un niño, cansado de la disciplina de sus padres, un día decidió huir de casa, creyendo que era la solución para su vida. Sin embargo, una mujer maliciosa encontró a este pequeño y aprovechó de su situación para ponerlo a trabajar para ella, después de unos días el niño logró fugarse y entre indecisiones volvió a su casa. Cuando llegó, vio por la ventana a sus padres, entonces el miedo y la vergüenza lo dominaron haciendo que se quedara afuera toda la noche.

A la mañana siguiente su padre lo halló tendido en el suelo, durmiendo y con mucho frío; en ese momento lo llevó en sus brazos a su habitación y cubrió al pequeño para que entrara en calor.

Al despertar el niño no pudo mirar a su padre cara a cara, estaba muy avergonzado por lo que hizo, pero su papá sin decir palabras simplemente lo abrazó y se alegró de tenerlo nuevamente en casa.

Sin duda es un peligro salir de la cobertura de quien te protege. Es igual y aún más peligroso salir de la protección de Dios por sólo querer experimentar deseos que van en contra de Su Palabra,  por llevar una vida a la ligera y sin control. Es un gran riesgo porque puedes terminar muy herido.

Si estás alejado del Señor, tampoco te quedes aislado, anhelando desde la ventana el abrigo y el calor que Dios ofrece. No dejes que la vergüenza o el sentirte indigno te detenga. Solamente debes tocar la puerta porque Él te ha estado esperando para abrazarte, para darte el calor de su amor y su perdón.

Aférrate a esta Palabra: “Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos.” Hebreos 4:16 (NTV)

¡Vuelve a casa!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Versículos sobre el perdón de Dios

Si una persona infringe la ley, las autoridades tienen el derecho y el deber de otorgarle una sentencia de acuerdo a su falta. De la misma manera, como todos somos pecadores, merecemos pagar por nuestras culpas. Sin embargo, el amor de Dios es tan grande que envió a Jesús para pagar ese precio en nuestro lugar. Es así como podemos obtener perdón y salvación.

La Biblia está llena de pasajes que cuentan la misericordia y la gracia de Dios; y éstos son algunos textos que demuestran que el perdón de nuestro Creador es gratuito e incomparable:

2 Crónicas 7:14 (NTV)

“Pero si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, busca mi rostro y se aparta de su conducta perversa, yo oiré desde el cielo, perdonaré sus pecados y restauraré su tierra.”

Salmos 86:5 (NTV)

¡Oh Señor, eres tan bueno, estás tan dispuesto a perdonar, tan lleno de amor inagotable para los que piden tu ayuda!”

Joel 2:13 (TLA)

¡Arrepiéntanse y vuelvan a mí, pero háganlo de todo corazón, y no sólo de palabra! Yo soy tierno y bondadoso, y no me enojo fácilmente; yo los amo mucho y estoy dispuesto a perdonarlos”.

Daniel 9:9 (NTV)

“Pero el Señor, nuestro Dios, es misericordioso y perdonador, a pesar de habernos rebelado contra él.”

Miqueas 7:18-19 (TLA)

No hay otro Dios como tú. Somos pocos los que quedamos con vida. Tú perdonas nuestra maldad y olvidas nuestro pecado. Tan grande es tu amor por nosotros que tu enojo no dura para siempre. ¡Vuelve a compadecerte de nosotros, y arroja todos nuestros pecados a lo más profundo del mar!”

Hechos 3:19 (NTV)

“Ahora pues, arrepiéntanse de sus pecados y vuelvan a Dios para que sus pecados sean borrados.”

2 Corintios 5:17 (DHH)

“Por lo tanto, el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo.”

Efesios 1:7 (NTV)

“Dios es tan rico en gracia y bondad que compró nuestra libertad con la sangre de su Hijo y perdonó nuestros pecados.”

Colosenses 1:13-14 (TLA)

Dios nos rescató de la oscuridad en que vivíamos, y nos llevó al reino de su amado Hijo, quien por su muerte nos salvó y perdonó nuestros pecados.”

1 Juan 1:9 (TLA)

“Pero si reconocemos ante Dios que hemos pecado, podemos estar seguros de que él, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad.”

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Necesitas una oportunidad más?

Juan 8: 1-11 relata que  cuando Jesús estaba enseñando en el templo, los escribas y los fariseos llegaron con una mujer sorprendida en el acto mismo del adulterio. Según la ley debía ser apedreada; entonces preguntaron a Jesús cuál era su postura, su respuesta hizo que la conciencia de ellos los acusara y abandonaran el lugar, porque les dijo: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra a ella.”  Después viendo que nadie se quedó, preguntó a la mujer “¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?” y ella dijo que ninguno, entonces Jesús le dijo: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más. “

Jesús quería perdonar, mostró compasión hacia una mujer débil, despreciada y acusada por sus pecados, mientras los escribas y fariseos querían condenarla, aplicando la ley fríamente sin tomar en cuenta la gracia. A pesar de todo, ella necesitaba ayuda para salir de su mala vida.

Un comentarista dice:”…De hecho, Jesús no le dijo: “No te preocupes; todo está bien… Dijo: “No voy a dictar una sentencia definitiva ahora; ve, y demuestra que puedes mejorar. Has pecado; vete, y no peques ya más, y Yo te ayudaré todo el tiempo. Cuando llegue el final, veremos cómo has vivido.”

¿Alguna vez sentiste que nadie confía en ti por errores que cometiste? Cuando la gente ya no tiene esperanza en ti, ni cree que puedes mejorar debes tener la confianza de que a pesar de tus tropiezos Dios mismo cree en ti, porque Él tiene el poder para transformar tu vida, no superficialmente o momentáneamente, sino para la eternidad. Pero es indispensable que le entregues tu vida y  permitas que su Palabra sea la que guíe tu vida.

¡Cree en el perdón de Dios y en la nueva oportunidad que te da hoy!

 

 

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Agradecidos

Cuando Jesús se dirigía a Jerusalén, pasó por una aldea y allí diez hombres con lepra comenzaron a pedir su ayuda y fueron sanados, pero sólo una persona volvió para agradecer por el milagro que había recibido ¿Qué pasó con los otros nueve? (Lucas 17)

Esta historia nos muestra dos tipos de personas: los que saben agradecer y los que no lo saben hacer.

¿Qué es la gratitud? Es un sentimiento de estima y reconocimiento que una persona tiene hacia quien le ha hecho un favor o prestado un servicio, por el cual desea corresponderle.

Si hoy estás vivo, viste el amanecer y tuviste el privilegio de ver a los seres que amas ¡Ya tienes muchos motivos para agradecer!

1 Tesalonicenses 5:18 señala: Den gracias a Dios por todo, porque esto es lo que él quiere de ustedes como creyentes en Cristo Jesús” (DHH), la palabra nos dice que debemos dar gracias por todo.

Quizás creas que no tienes una razón para agradecerle a Dios porque estás atravesando problemas físicos, espirituales, sentimentales, económicos, etc. resulta fácil agradecer por las cosas que recibimos y cuando estamos en tiempos de bendición pero ¿Podrías agradecer en medio de los problemas?

Reconocer el favor de Dios debe ir más allá de las circunstancias que atravesamos, el sólo hecho de amanecer con vida es un motivo enorme para dar gracias.

Demostrar agradecimiento en circunstancias dolorosas es una decisión personal, es la actitud que uno toma porque está totalmente seguro que No está solo y que Dios lo sostendrá. Agradecer también es una muestra de fe.

“Entrad por sus puertas con acción de gracias,
Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre”
Salmos 100:4 (RVR 1960)

Por Judith Quisbert.

 

 

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¿Hijo obediente o desobediente?

Los niños pequeños tienen la peculiaridad de hacer justo lo que les pides que no hagan, a cierta edad esto es característico de ellos, pareciera que quieren comprobar qué pasa si hacen lo que no les es consentido.

Lo gracioso es que no sólo pasa con los niños sino también con las personas ya mayores, que ya tienen conciencia y carácter formado. Este es el caso del Rey Salomón 1 Reyes 11:1-2 dice: “Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas;  gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón con amor.” Lo que Dios había dicho que no hiciera, el rey lo hizo como un niño.

Dios había advertido lo que pasaría si desobedecían esta instrucción, sin embargo Salomón no obedeció y la consecuencia fue que estas mujeres desviaron el corazón del rey hacia sus dioses. Obviamente Jehová se enojó contra Salomón y hubo consecuencias.

Cuando los padres advertimos a nuestros hijos acerca de algo, no es para evitar que sean felices o experimenten cosas buenas; al contrario, lo hacemos para resguardar su bienestar, porque los amamos y queremos cuidarlos las malas consecuencias. Dios, nuestro Padre, también tiene la misma actitud con nosotros, nos ama y si hay algo que dice que no lo hagamos es para nuestro bien: “Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza.” Jeremías 29:11 (NTV)

Debemos ser perceptivos a sus advertencias, confiando que si obedecemos y hacemos caso no sólo evitaremos las malas consecuencias sino que también estaremos cumpliendo el propósito de Dios para nuestras vidas.

¿Hay algo en lo cual no has sido has escuchado la advertencia de Dios? Medita, dispón tu corazón para ser guiado a la voluntad de Dios y también pídele que te ayude a ser un hijo obediente.

 

 

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¡Reenfócate y avanza!

“No importa cuántas veces caiga, siempre se levantará….” Proverbios 24:16 (TLA)

Las reiteradas equivocaciones pueden ocasionar que uno se desanime pensando que Dios ya no seguirá perdonando nuestros continuos errores. Sin embargo, es bueno recordar que el amor de Dios por nosotros no cambia y que en El hay perdón. Pero además de recibir su perdón es bueno que meditemos acerca de nuestros errores haciendo una profunda introspección con el propósito de corregir aquello que termina conduciéndonos al pecado. De tal manera podremos tomar nuevas fuerzas, reenfocarnos y superar toda circunstancia en su nombre. Hoy es el día para escribir un nuevo capítulo de tu historia que hable de las victorias que con Dios has podido alcanzar.

Por Danitza Luna

 

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Volver a empezar

Si tuvieses la oportunidad de volver al pasado  ¿Qué cambiarías?

Muchos al oír esta pregunta pensamos rápidamente en aquello que hicimos mal o en lo que nos causó dolor y en las consecuencias de una mala decisión que hasta hoy vivimos. Dios nos dio la suficiente inteligencia para lograr cosas impresionantes pero como seres humanos tenemos límites, no podemos arreglar una telaraña destrozada y tampoco podemos devolverle a una mariposa una de sus alas rotas.

Lamentablemente no tenemos la posibilidad de volver en el tiempo, como seres humanos no podemos borrar nada de lo que hicimos y nos causó sufrimiento, vergüenza o dolor y mucho menos borrar el daño que les hicimos a otras personas, pero cuánto anhela el hombre arrepentido poder reparar lo que hizo.

Dios es soberano y logra aquello que para el hombre es imposible; Él puede borrar nuestros errores y con ello nos da una oportunidad para volver a empezar “Pero yo, por ser tu Dios, borro tus crímenes y no me acordaré más de tus pecados” Isaías 43:25 (DHH).

Las palabras “No tiene solución” no valen nada cuando Dios interviene, quizás no se pueda volver a vivir el momento en que te equivocaste pero sí puede perdonarte y ayudarte a hacer mejor tu presente y futuro,  puede restaurar a quien lastimaste y darte la oportunidad de pedir perdón y ser perdonado.

Si te equivocaste y has tomado muchas malas decisiones, Dios puede ayudarte y darte esa oportunidad que necesitas para volver a comenzar, solamente debes estar dispuesto a aceptarlo en tu corazón, Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!” 2 Corintios 5:17 (NTV).

Cristo puede marcar en tu vida personal un antes y un después, no te quedes quieto viviendo sumido en el pasado y en el pecado, si sabes que necesitas una oportunidad para volver a comenzar, búscala en Dios porque solamente Él puede darte lo que necesitas para resurgir.

Dios puede hacer nuevas las cosas “Y el que estaba sentado en el trono dijo: «¡Miren, hago nuevas todas las cosas!». Entonces me dijo: «Escribe esto, porque lo que te digo es verdadero y digno de confianza” Apocalipsis 21:5 (NTV).

¿Quieres tener un nuevo comienzo?

Por Judith Quisbert.

 

 

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¿Puede alguien esconderse de Dios?

“¿Puede alguien esconderse de mí en algún lugar secreto? ¿Acaso no estoy en todas partes en los cielos y en la tierra?», dice el Señor.” Jeremías 23:24 (NTV)

Muchos creemos que podemos escondernos del Creador de la vida y de todo lo que existe; sin embargo, olvidamos que Dios es omnisciente, que significa que lo sabe todo. Él conoce el pasado, el presente y el futuro. Salmo 139:2-3 dice: “Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo y todos mis caminos te son conocidos”. En los versos 7-12 dice: “¿a dónde me iré de tu espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del Mar, aún allí me guiara tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: ciertamente las tinieblas me encubrirán; Aún la noche resplandece alrededor de mí. Aún las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz”.

Adán y Eva trataron de esconderse de Dios, pero no lo lograron y terminaron siendo expulsados del paraíso (Génesis cap. 3). Ocultarnos cuando cometemos algún pecado no es la solución, es mejor humillarnos, arrepentirnos y pedir perdón. Salomón escribió: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13). Juan añadió: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Mientras haya vida y esperanza no hay razón suficiente para esconderse de un Dios amoroso y perdonador. Él puede vestirnos nuevamente con ropas blancas (Apocalipsis 7:14) y lino fino (Apocalipsis 19:8). Sólo necesitamos despojarnos del pecado y recurrir a la sangre de Cristo.

No sé cuál es tu situación en este momento, pero no olvides que no puedes esconderte de Dios (Salmo 139:11-12), regresa a Él con arrepentimiento y fe.

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.” Salmos 139:23-24 (RVR1960)

Oremos:

“Señor Jesús, tú conoces mi vida, examíname hasta lo más íntimo de mi ser y mira si hay pecado en mí, corrígeme de acuerdo a tu verdad y muéstrame la senda que debo seguir. Quiero vivir para ti y agradarte a partir de hoy. Amén. “

 

 

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¡Da el primer paso!

Cuenta una antigua historia que cada año, con motivo de las fiestas de aniversario de su coronación, el rey de una pequeña ciudad liberaba a un prisionero. Cuando cumplió 25 años como monarca, él mismo quiso ir a la prisión acompañado de su Primer Ministro y toda la corte para decidir cuál prisionero iba a liberar.

  – Majestad – dijo el primero- yo soy inocente pues un enemigo me acusó falsamente y por eso estoy en la cárcel.

  –  A mí – añadió otro, me confundieron con un asesino pero yo jamás he matado a nadie.

  –  El juez me condenó injustamente- dijo un tercero.

Y así, todos y cada uno manifestaba al rey las razones por las que merecían la gracia de ser liberados.

Había un hombre en un rincón que no se acercaba y que, por el contrario, permanecía callado y algo distraído. Entonces, el rey le preguntó: “Tu, ¿por qué estás aquí?”

  –  Porque maté a un hombre majestad, yo soy un asesino- respondió el hombre.

  – ¿Y por qué lo mataste? – inquirió el monarca.

  –  Porque estaba muy violento en ese momento – contestó el recluso.

  –  ¿Y por qué te violentaste? – continuó el rey.

  –  Porque no tengo dominio sobre mi enojo.

Pasó un momento de silencio mientras el rey decidía a quien liberaría. Entonces tomó el cetro y dijo al asesino que acaba de interrogar: “Tú sales de la cárcel”.

  –  Pero majestad – replicó el Primer Ministro – ¿acaso no parecen más justos cualquiera de los otros?

  –  Precisamente por eso – respondió el rey – saco a este malvado de la cárcel para que no eche a perder a todos los demás que parecen tan buenos.

Muchas veces nos empeñamos en negar y ocultar nuestra falta o buscamos culpables, pero tratar de tapar tu pecado no te hará libre.

Podemos engañarnos a nosotros mismos y a los demás pero Dios conoce todo lo que pasó y por más que hayas vuelto a pecar, si te acercas a Él de corazón y le pides perdón reconociendo tu falta, Dios te perdonará, olvidará lo que hiciste y te dará una nueva oportunidad.

“Porque seré propicio a sus injusticias, Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades” Hebreos 8:12

No vivas preso de tu pecado, Dios te da la oportunidad de ser libre, ¡Da el primer paso!

 

 

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Sin culpa

“Finalmente te confesé todos mis pecados y ya no intenté ocultar mi culpa. Me dije: «Le confesaré mis rebeliones al Señor», ¡y tú me perdonaste! Toda mi culpa desapareció” Salmos 32:5 (NTV)

¿Vives con culpa? Quizás te hayas equivocado y cada vez que recuerdas lo que hiciste, el sentimiento de culpa te lastima y te atormenta, ya no vivas con el pecado, es mejor confesar y aceptar el perdón de Dios y serás libre, porque la cadena de culpa que el pecado te puso desvanecerá.

Por Judith Quisbert

 

 

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¿Libre o esclavo? ¡Tú decides!

La esclavitud es una forma de sometimiento del hombre por el mismo hombre que se practicó desde la antigüedad, pero luego de una larga lucha para acabar con la sumisión humana se logró terminar con este mal en la sociedad, por ello cada 2 de diciembre se celebra la libertad lograda a través de varios años de lucha.

Si bien la esclavitud ya no existe oficialmente y esas cadenas de metal cayeron, aún el hombre está siendo atado por el amor al dinero, la vanidad, el orgullo y todo aquello que es pecado y que anula la libertad que Dios dio al ser humano.

“Jesús contestó: —Les digo la verdad, todo el que comete pecado es esclavo del pecado” Juan 8:34 (NTV) el pecado es la peor forma de esclavitud que el ser humano puede enfrentar.

El diablo es astuto y tratará de encontrar tu debilidad para hacerte caer y ponerte las cadenas de la opresión que no sólo te paralizarán sino que poco a poco acabarán con tu vida espiritual.

Muchas son las personas que creen que gozan de una libertad plena y que por ello pueden hacer lo que quieren: consumir drogas, alcohol, ver pornografía, robar, mentir, engañar, etc. pero si analizamos la supuesta libertad que disfrutan nos damos cuenta de que son esclavos de aquello que les gusta hacer.

Es necesario examinar nuestra vida, para identificar si hay algo que nos  está haciendo esclavos, muchas veces hacemos cosas que no consideramos pecado, como ser: las excusas, las exageraciones, el hablar demás, comentar de la vida ajena etc. pero si analizamos bien este tipo de acciones son pecado y por ende somos prisioneros, por ello al igual que el rey David debemos pedir a Dios que nos examine, “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan. Señálame cualquier cosa en mí que te ofenda y guíame por el camino de la vida eterna” Salmos 139:23-24 (NTV).

¿Hay algo que te tiene atrapado y no puedes dejar de hacer?

Solamente hay una esperanza para aquel que está viviendo en esclavitud, ¡Jesús!  Pues él nos rescató del reino de la oscuridad y nos trasladó al reino de su Hijo amado” Colosenses 1:13 (NTV).

Si quieres que las cadenas que te oprimen se rompan o que se abran las puertas de la prisión en que te encuentras, debes buscar sinceramente a Jesús (…) Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados, que los ciegos verán, que los oprimidos serán puestos en libertad” Lucas 4:18 (NTV).

Por Judith Quisbert.

 

 

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Ora por ellos

Cuando la enfermedad toca a nuestros seres queridos es cuando comenzamos a pasar más tiempo en oración e incluso, en medio de la desesperación, las personas que decían no creer en Dios comienzan a elevar oraciones para que la persona que ama sea sanada.

¿Pero qué sucede cuando son otras las personas que están enfermas?

Una muestra de amor al prójimo es orar por ellos. Por ejemplo, una persona que estuvo muy enferma durante mucho tiempo dijo: “El dolor es tan fuerte que no puedo orar sólo puedo llorar, mi cuerpo me duele” En medio de su debilidad estaba comenzando a bajar los brazos y no porque no tenía fe sino que su estado físico era muy débil.

Santiago 5:14 dice: ¿Alguno está enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia, para que vengan y oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor.  (NTV) ¡Qué importante y necesario es orar por los demás! No solamente nos limitemos a pedir un milagro por alguien cercano a nosotros, oremos por todos los enfermos.

El amor no solamente se expresa en palabras sino también a  través de las acciones y orar por el otro es un acto de amor “Hay un segundo mandamiento que es igualmente importante: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” Mateo 22:39 (NTV).

Cada día de nuestras vidas es una oportunidad para hacer las cosas de manera diferente, pero también es una ocasión para bendecir a los demás. No te cierres solamente a velar por tu bienestar y el de los tuyos, sino que tienes el deber de mirar más allá e interceder por quienes están pasando por tiempos de debilidad y dolor.

Tu oración puede ser la oportunidad para que el que sufre encuentre descanso y experimente un milagro en su vida, Santiago 5:15 dice: “Una oración ofrecida con fe, sanará al enfermo, y el Señor hará que se recupere; y si ha cometido pecados, será perdonado” (NTV)

Amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos significa tener con ellos la actitud que nos gustaría que ellos tengan con nosotros y darles el trato que desearíamos recibir “Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos el bien a todos, en especial a los de la familia de la fe” Gálatas 6:10 (NTV)

Por Judith Quisbert.

 

 

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